domingo, 7 de marzo de 2010

DAS KUBITAL


ANTI-KÜBING
Orlando Luis Pardo Lazo

De Pippa Medias Largas, alias Cabeza de Zanahoria, cuyo nombre oficial según ella misma era Pippalota Provisionia Gaberdina Dandelonia Efraisona Mediaslargas, recuerdo una escena en el aula.

La profesora saca un cuadro en el que se ve una islita preciosa, de color verde y rodeada de un mar azul. Suspendida sobre semejante isla tropicalosa hay impresa una letra i.

¡Qué cosa tan rara!, exclama Pippa, azorada de esa vocal que luce como una rayita sobre la que ha soltado algo una mosca. Y enseguida se pregunta, maliciosa, qué tendrán que ver las islas con lo que sueltan las moscas.

Léase (en mal cubano): la huerfanita de Christine Nöstlinger y Efraín Mediaslargas se cuestiona la relación entre nuestra isla y la mierda.

Escatocuba. Heces patrias. País pútreo. Pipa de Servicios Comunales. Fermentación albañal. No lo digo yo. Cada cual puede verificarlo por sus propios medios: mi cita es literalmente pura literatura infantil (si no de la autora, será culpa entonces de la traducción).

Cuba se cae tanto a pedazos que hoy la poética política más rentable sería, sin duda, una parodia de aquella guarachita también casi infantil: Cuba, qué pinga es Cuba, quien la ofende la quiere más...

Thomas Bernhard, un compatriota apátrida de la mala Pippa, aplaudiría entonces hasta rabiar. O tal vez se frustraría en su tumba sin trapo heroico como bandera. Porque lo cierto es que nuestra Cuba de caca carece de escritores caníbales así. Las ficciones Cuban Americans son alto arte por más que se regodeen en las ruinas del reino. Pedro Juan Gutiérrez ha devenido un género publicable incluso dentro del mapita de la isla. Con Reinaldo Arenas muerto y enterrado (a mi alrededor los jóvenes lo hojean sin interés), Juan Abreu apenas abre media decena de latas de cerveza y luego parte a calentarse en un gimnasio barculonés. Mientras que, al otro lado de Los Pirineos, el milagro de Zoé tampoco pare ya mucho más.

Es una verdadera tragedia. La literatura cubana está perdiendo su Era Dorada Fecal, sin que ningún autor se atreva a embarrarse las manos. Ni los sesos.

Y no estoy hablando de la palabrota procaz. Ni del corajudo “cojones” o la formidable frase “qué resingueta e´ la que pasa aquí”. Estoy hablando, con suerte, de una ex-critura límite que se salga del lugar común de todos los historicismos nacionaleros que han hecho del autor cubano una marioneta estatal. Estática. Un ente necesitado de audiencia (ese quórum cómplice de los consensos), donde el éxito es asumido como la medida de todas las cosas. Un engendro intelectual que ya no aspira al poder de su propia voz, sino sólo a ser un vocero del poder (sea la dictadura del mercado o del proletariado: la diferencia es mera cuestión de impuestos).

Veo pasar lo años y los textos. Envejezco. Estoy cansado de no hacer nada. No creo ni siquiera en la inutilidad de la virtud. Leo literatura lírica de la debacle. Muchos ensayos magistrales, pensados desde el futuro. Pero mas sin embargo no aparece la gran novela reaccionaria cubana. No capto incorrección contrarrevolucionaria en ninguna escena. Los diálogos destierran cualquier conato de delirio. Las descripciones son realismo ramplán. Los personajes parecen personajes. Todo legible, todo unívoco, todo patético, casi profesoral. Dan ganas de sacar un cuadro en el que se ve una islita preciosa, de color verde y rodeada de un mar azul, y suspenderle encima un mojón de mosca.

No lo digo yo. Desgraciadamente desde el siglo pasado Pippalota Provisionia Gaberdina Dandelonia Efraisona Mediaslargas tiene la puta patente o al menos el cabrón copyright.