miércoles, 17 de marzo de 2010

HABANIGHTMARES...


SUEÑOS POLÍTICOS
Orlando Luis Pardo Lazo

Dormir mal. Tarde. A saltos. En una duermevela de sístoles y diástoles exageradas. Acaso roncando, la garganta reseca. Como una resaca de drogas derogadas tras medio siglo o milenio de revolución. Dando vueltas en el mismo lugar. Con escalofrío, tal vez febrícula. Empatando pesadillas políticas con políticos de pesadilla. Hasta el amanecer. Y aún así no poder nunca del todo despertar.

Son sueños repetitivos. Cínicos, cíclico, clínicos. Orlandouroboros que regurgita su propia cola. Escenas violentas y viles salidas de no sé qué recóndita cresta con filo cerebral. Veo a mis amigos y conocidos discutiendo contra las masas, vapuleados por sus familias, estigmatizados por cierto líder lunático de Cuba o emblemático de la izquierda global, ripiados por la policía uniformada de verdeolivo o con pulovitos patrioteros de soldado civil, metidos en modernos autos con aclimatación, machados por el cuño corrosivo de un fiscal oficial ya a punto de dictar sentencia.

Imposible descansar. Y así ocurre y recurre todas las madrugadas de Lawton, La Habana, América. Marzo mortífero de 2010. Levantarse exhausto. Con ojeras. Ronco. Con calambres. Renqueante. A medio camino entre la paranoia endémica y la política enferma de esta parodia pétrea y pútrea de país. Please... Preferiría no tener que dormirme de nuevo, por ejemplo, hoy.

Y, sin embargo, durante el día nada en mi cuerpo sugiere ningún stress. Estoy bien, parece. Sobreviví, es un hecho. Tengo hasta ganas de fecundar un futuro feliz aunque falaz, y nunca intento chapotear en las memorias muertas de nuestro pretérito impertérrito.

¿De dónde salta entonces el cortocircuito onírico que me pone cada noche a rabiar? ¿Cuál es la causa etiológica o al menos ética de estos sueños políticos donde a los míos siempre les toca perder, incapaces de argumentar a su favor, atragantados de palabras y, en los peores casos, puteados a palos?

Es un misterio. Estoy al borde no del abismo, pero sí de la parálisis. Se va perfilando la idea de una huelga de ideas. Como si algo en mis neuronas naif se resistiera a pensar nuestra realidad rasa desde aquí. Cero conectividad. Como si no valiera la pena vivir una vida humana en medio de tanto ideal inhumado. Socialipsismo a pulso. Como si Cuba hubiera sido sólo un mal cuentecito de terror leído a ras de mi infancia, un relato de retórica rota que incluso ahora me mantiene en vilo a lo largo y estrecho del silencio cubano madrugador.

Necesito alguien que me cuente una fábula favorable, sana, limpia, salvable, en medio de tanta mentira salvaje y tanta mezquindad zoocial. Necesito un comentario cómplice, preferiblemente cuchicheado al oído, y no a gritos groseros en la calle ni en los micrófonos afónicos de los voceros de aquí y de allá. Necesito por esta vez una voz. Necesito recuperar el ritmo de pronto reumático de mi respiración: abrir esta atmósfera asfixiante entre el infarto y el ensifema, creer que todavía no es del todo ridículo crear, imaginarnos menos solos después de décadas de habernos dejado cortar las amarras primero y después las manos.

¿A hacia dónde mirar? ¿Qué leer antes de dormir? ¿Cómo seguir prestando atención a tanto odio informático? ¿Qué será de esos amigos y conocidos que siempre son pisoteados en mis pesadillas que pasan puntualmente dentro de un paraíso parapolicial? ¿Quién me cura de ustedes con una nana sacada de cuando ninguno había nacido? ¿Quién me salva, por ejemplo, esta madrugada, con una lectura anterior a cualquier conato cobarde de revolución?