sábado, 10 de abril de 2010







Vámonos al Turf, a una discomierda cualquiera, al muro marinero y mariconero del malecón, a un concierto cómplice de lo que sea, a la playa, a una azotea, al túnel de la bahía, a una carretera, a dar una vuelta en guagua de madrugada, vámonos aunque sea al carajo, please, que a lo mejor sólo allí tú y yo y todos y nadie nos encontramos esa pieza perdida en el rompecabezas patrio del amor en los tiempos de la Cuba de la Post-Revolución.

No me preguntes. No me. No. Don´t you. Just ven. Vente. Como hace veinte o veinte mil años atrás. Cuando el cuerpo era el cuerpo para siempre y la libertad era mirarnos de frente y nadie había muerto o mentido todavía. No me preguntes, porque yo no soy un tribuno ni nunca lo seré mientras sobreviva. No me preguntes, porque un sólo signo de interrogación puede abolir toda la frescura del verbo en función de la belleza y el deseo y las ganas de ser inmortal más allá de la memoria y el dolor. You don´t. Just no me. No.

Salte del círculo del fuego. Sáltate el circo cínico de lo chiquitico cubano. Ni te insultes. El centro del poder no está en la presunta punta del monolito monologante de la Plaza de la Revolución, sino en ti y en mí y en todos y en nadie. Dí sí a la vida. Dí sí a la idea idiota de que aún existe la vida. Dí sí al impostura de que vivir valdrá la pena al final. Cágate en el contexto. Cállate el contexto. No le cuentes al mundo lo que nos pasó. No te hagas el poeta. Profesa una prosa prístina y póstuma y angélica y demoníaca y pacata y empingada. Tú sabes.

Traga. Escupe. Emborráchate de aire. El futuro es hoy. Ayer fue mala literatura. No seas infantil. Enférmate mejor. Pinta un cartel grande grande grande donde no digas nada nada de nada. Tatúate el alma con tinta cómica. Cómete a dios. Cánsate de los tuyos. Sé huérfano. Sé tremendo. Ten sed. Sé tú.

Y allá vamos. Habiéndonos traicionado durante mil y novecientas cincuentinueve noches. y aquí llegamo. perdiendo dientes y letrs, con una ortografia de carroña- comiendo residuos / bomitando boberías a falta de un biográfia creívle, pero al tanto, atento, medio tontos pero con un tin de dinamita discurseando en la sangre, por si mañana por simañana porsimañana empiesa al final de esta noche de liturgia límite, por si al final deste párrafo todavía es legible una traza de la verdad.

Hey, Habana hastiada hasta de ti, vámonos al Turf, a un cementerio cualquiera, al muro macabro de una Cabaña criminal, a un congreso cómplice de lo que sea, a la sierra, a un balcón, a los túneles donde naufraga el río Almendares, a una carreta donde dormir desnudos como bebés (o, mejor, fetos), a dejarnos aplastar bajo las jimaguas de una guagua de madrugada, para después resucitar aunque sea en el carajo, please, que a lo peor sólo aquí tú y yo y todos y nadie extraviaremos esa pieza permanente del rompecabezas pútreo del amor en los tiempos de la Post-Cuba de la Revolución.

No te demores. No me hagas perder el hilo. Te espero para meter el punto final. Ya están listos los primeros muertos de está epoquita sin épica. Pronto tendremos que delatarnos con el mismo deleite. Felonía, felación. Somos falaces aquí. Pero es luego. Es decir, nunca. Hoy no existe y es sábado en la ciudad abandonada por todos, excepto por la policía política. Hoy es nunca todavía en nuestros cuerpos y tenemos la oportunidad única de decirnos adiós con lo último que nos queda. Carnaval, carne. No me contestes. No me don´t. Just vete. Viértete, diviértete. No me contestes, porque una sóla certeza podría bastar para despertar.

LA BLOGDITA CIRCUNSTANCIA DE YOANI POR TODAS PARTES



LAS ANTENAS DEL DESTINO
Jorge Edwards

“Las antenas del destino” era el título de uno de los libros de Violeta Quevedo, seudónimo que ocultaba a dos hermanas escribidoras, ingenuas, en cierto modo ajenas a este mundo, pero buenas observadoras de la realidad chilena de los años cincuenta y sesenta. Me parece recordarlas, delgadas, huesudas, de boinas y calcetines de lana gruesa, llenando modestas papeletas de depósito en las oficinas de un banco del centro de Santiago. “Violeta por lo humilde, declaró una de ellas a la prensa de la época, Quevedo por lo que veo…”
Recordé a las hermanas inefables después de leer “Cuba Libre”, la recopilación de los últimos tres años de la cubana Yoani Sánchez, quien, desde luego, no tiene nada de ingenua, y quizás tampoco sea humilde, pero es una formidable, aguda observadora de la Cuba de estos días. Yoani Sánchez, que empieza a ser conocida en el mundo como “la bloguera cubana”, nació en La Habana hace treinta y cinco años, hija de un empleado de los ferrocarriles que eran entonces de propiedad soviética.

No hay nada más literario que los trenes. Se podría escribir un ensayo interesante sobre los trenes en la literatura del siglo XIX y en la del siglo pasado, sin olvidar al padre ferrocarrilero de Neruda y la historia del “tren lastrero”. Pero Yoani Sánchez, tan escritora como nadie, no escribe, como el autor de “Machu Picchu”, con excesos retóricos, letanías gongorinas, torrentes verbales. Su experiencia de la Cuba contemporánea, precisamente, la lleva a refugiarse en la miniatura, en la viñeta, en el humor leve, soterrado, en las anécdotas cotidianas, de barrio, desprovistas de todo énfasis, pero siempre sugerentes, instructivas, reveladoras.

En su país, el verbo torrencial es el verbo oficial, la manipulación abusiva del lenguaje practicada desde el poder durante décadas interminables, con monotonía abrumadora. Algunos, incluso en Chile, siguen creyendo en la fórmula, en su magia gastada, ramplona, y la respuesta de Yoani Sánchez no puede ser más convincente: una escritura concisa, que recoge la sabiduría de la calle, las voces discretas, los gestos expresivos, una poderosa contracorriente soterrada. Uno de sus posts, por ejemplo, se refiere a las viejas recetas del pan, a la “milenaria combinación”, como dice ella, “de harina, agua, levadura y fuego”.

El socialismo real, que empezó a extenderse por el planeta a partir de 1917, terminó por convertirse en experto de los milagros al revés, de la desmultiplicación de los panes, los peces, los vinos. La bloguera, en pocas palabras, nos habla de los panes de su infancia, desaparecidos, transformados en sustancia de fábula, con cuya masa se podía formar muñequitos y hacer bolitas. En nombre de la teoría revolucionaria, se terminaron los panaderos privados, de barrio, que tenían su especialidad particular, su toque personal, y se produjo la más completa insipidez funcionarial y estatista: un pan blancuzco, que no pesa, que hace daño a las encías y se deshace en una arenilla que mancha la ropa.

Parece una exageración, pero es otra cosa: una verdad menuda y reveladora, que nadie se atreve a decir, con la excepción de Yoani Sánchez. La bloguera tiene la mirada del miniaturista, del escritor comprometido con las cosas pequeñas, que no rehúye su compromiso y que al proceder en esta forma fabrica, como quien no quiere la cosa, pequeñas bombas de tiempo.

Sería extraño que dictadores palabreros, vociferantes, borrachos de retórica, pudieran ser amagados, quizá destruidos, por una palabra menor, deliberadamente modesta, pero sería también una lección de notable higiene mental, un fenómeno que podría volvernos optimistas con respecto a los procesos lentos de la historia. Porque la lectura de los textos de la bloguera, entre otras cosas, nos comunica un aire de verdad y nos hace comprender una frase que parece haberse gastado con el uso: que sólo la verdad nos hará libres.

Supongo que podríamos analizar los textos de Yoani Sánchez utilizando el sistema que descubrieron los teóricos franceses y que bautizaron como “desconstrucción”, pero soy hombre que puede llegar a divertirse con las teorías, pero que se resiste, por temperamento, por lo que sea, a tomarlas en serio. En una de sus viñetas, que casi nunca tienen el menor desperdicio, la autora cita una frase de Julio Antonio Mella, fundador del Partido Comunista de Cuba en 1925. “Todo tiempo futuro tiene que ser mejor”, anunció Mella, en un arrebato de optimismo revolucionario, y la bloguera se hace preguntas inevitables, inevitablemente corrosivas, que ya me tocó escuchar muchas veces en Cuba antes de que ella hubiera nacido, en los remotos finales del año 1970 y comienzos del 71. Porque la calle donde nació ella y donde alguna vez hubo asfalto es ahora “una accidentada superficie de baches, polvo y piedras” y en los garfios oxidados de la carnicería de la esquina ya no cuelga un pedazo de carne “hace mucho tiempo”.

Aquí me atrevo a esbozar no sé si una teoría, pero por lo menos un punto de vista que se amplía con la experiencia reiterada. Hay escritores y filósofos del pasado, incluso de la antigüedad clásica, que desarrollaron una visión del presente, del instante, de la belleza de la vida en su plenitud inevitablemente pasajera. ¿Fueron reaccionarios, indiferentes, egoístas?

El siglo XIX, en cambio, fue una época de constructores de grandes sistemas de anticipación. Carlos Marx es el más conocido e influyente, pero hubo muchos otros. Y el desmentido de la teoría, la gran contraprueba, vino con la implantación de los socialismos reales.

El embajador de la antigua Yugoslavia en La Habana, a fines del año setenta, me decía que ellos (los dirigentes cubanos), no sabían que no existe ninguna filosofía que dure más de cien años. Julio Antonio Mella, mucho antes del castrismo, tampoco lo sabía. Yoani Sánchez, por su parte, sin necesidad de filosofías, lo sabe por la piel, por la experiencia diaria, quizá por su sensibilidad femenina, por la necesidad de encontrar alimentos sanos para su hijo, necesidad que se le plantea al despertar todas las mañanas.

El libro me lleva a una conclusión interesante: el paso cansino, pesado, ahora militarizado, de la Revolución castrista, se queda cada vez más atrás en el camino de la tecnología. Una de las viñetas más logradas tiene un título que resulta algo enigmático para la gente de mi tiempo: “Parabólicas”. Parece que en La Habana de hoy, a nivel de familias, existe un apasionado interés por hacerse de antenas clandestinas que puedan conectar con la televisión de México o de Miami. En vez de los programas oficiales, grises, llenos de interminables discursos políticos, hay películas norteamericanas y de todos lados, espectáculos de baile y de música popular, teleseries.

Leo estas líneas y me reconcilio con las teleseries, culebrones, rockeros de toda especie. Viva la farándula, me digo, y me sonrío. Las familias pagan hasta un salario completo mensual para que los técnicos del mercado informal instalen estas misteriosas parabólicas en lugares ocultos de los techos, de las cañerías subterráneas, bajo amenaza de serias multas y confiscaciones. Es la historia cotidiana, menuda, la intrahistoria, que se burla de las teorías políticas, una vez más. Y la palabra precisa de la bloguera lo pone en la más perfecta evidencia. Da en el centro mismo del blanco.

viernes, 9 de abril de 2010

MI TIO WICHO


UN MUNDO PARA MARIO
Orlando Luis Pardo Lazo

Mario es el menor de mis siete tíos maternos (dos varones ya han muerto).

Mario es largo y flaco como una vara tumbar gatos (la frase común es perfecta para su estólida sencillez).

Mario no es bruto, pero el entorno pesa.

Mario antes bebía y era mujeriego (¿qué más hacer en una finca del Alquízar rojísimo de los años setenta?).

Mario era pitcher y casi llega al equipo Habana de la Serie Nacional de Béisbol (pero se hizo Adventista del Séptimo Día y dejó de beber y se casó y tuvo hijos y los sábados tenía prohibido ni siquiera entrenar).

Mario es asmático malo.

Mario tiene una “mata de mamey” que todavía pare, aunque es un árbol anterior a la Reforma Agraria y seguro será posterior a la Revolución.

Los hijos de Mario crecieron y lo dejaron atrás (como corresponde a todo país civilizado, aunque en Cuba esto sea una excepción).

Mario envejeció, dejó de ir a los estadios y templos, pero nunca dejó de protestar.

Mario está solo y viene a cada rato a mi casa de Lawton, a ver a su hermana María (mi madre de 74), tras un periplo imposible de cambios de camiones y camionetas que cruzan San Antonio de los Baños y Santiago de las Vegas.

Mario se sienta. Habla. Pregunta por el país, como si él no viviera en el país (y no le falta razón).

Ha oído algunas barbaries por la radio del enemigo. Intuye que la cosa se está poniendo peor. Tantea. Pregunta por un tal “Farías” en huelga de hambre y si yo he visto a las Damas de Blanco (no le digo que las he retratado entre el pánico y la compasión). Argumenta con su mejor lucidez de sobremuriente, pero sin el brillo fanático de años atrás.

Mario luce triste. A veces cabecea de cansancio en medio de una conversación. Dan ganas de darle un abrazo y decirle: “Tío, no regreses más”.

Yo le narro la Cuba política. Le renuevo las ganas. Le invento un mundo de mentiras realísimas (las noticias de última hora para Mario son literalmente ciencia-ficción).

Después siempre hablamos un poco del universo. Protestante al fin y al cabo, Mario tiene su veta apocalíptica más o menos apocada. Sabe del átomo y de terremotos (banalidades de difusión cultural). De vez en cuando mi tío justifica a Jesús. De vez en cuando olvida a conveniencia citarlo. De vez en cuando se sienta a almorzar y María le regala mis zapatos de uso (parece una parábola patria de José Martí).

Mario duerme la siesta (desde niño, yo odio esa modorra mongólica cubana).

Mario se despierta apurado porque tiene que viajar hasta Alquízar y no quiere que lo coja la noche por ahí.

Garrapatea una décima de agradecimiento con faltas de ortografía que, cuando se lee en su letra, no parecen faltas de ortografía sino su estilo campestre natural. Entonces Mario se despide y se va, con mis zapatos de uso y la promesa de que pronto lo vamos a visitar (hace veinte años que puntualmente incumplo con mi palabra).

El sol cuando se levanta
en el horizonte tierno
es un Dios rojo y eterno
que al dar calor se ajiganta.
Le da luz a cada planta
despues del primer suspiro
pero cuando ya en su giro
penetra vajo el alero
es abanico el sombrero
en las manos del guajiro.

Lo recuerdo desde mi infancia. Hoy me maravilla Mario aún en el mundo del 2010. Hay algo inhumano en tanta memoria de mentiritas. Hay algo inhumado en tanto olvido de la verdad.

TRIMPLEAÑOS FELIZ


GenY.wmv, originally uploaded by orlandoluispardolazo.

3 AÑOS DE GENERACIÓN Y...!

martes, 6 de abril de 2010

http://jorgecarrion.com/blog/?p=794

LA LITERATURA CUBANA DESDE DENTRO

ENTREVISTA CON JORGE ENRIQUE LAGE, ENTERA (EN ABCD, REDUCIDA)

- En tu relato “15000 latas de atún y aún no tenemos cómo abrirlas”
parodias el proceso de edición de una novela en Cuba, mediante un
cóctel de sexo, dinero a raudales y aventuras disparatadas: ¿Qué hay
de realidad en lo que narras en ese cuento?

Al principio del cuento, cuando todas las editoriales cubanas han
dejado de publicar libros, el protagonista dice: “De todas formas,
aquí no se publicaba lo que yo quería leer”. Y luego, en medio de la
devastación, se pregunta: “¿Cuándo hubiéramos tocado esos libros de
los que todos hablan y que hace cinco, diez, veinte años, pasaron por
las manos del resto del mundo?” La realidad conecta por ahí. Claro que
en Cuba las editoriales publican libros, algunos muy buenos. Pero
entras a una librería y es sólo eso: libros de editoriales cubanas,
libros de autores cubanos. Dos o tres editoriales que publican unos
pocos títulos de autores extranjeros, a menudo seleccionados sin mucho
criterio, y nada más. Como ninguna de las grandes editoriales en
español distribuye en Cuba, esa es toda la literatura contemporánea
que puedes encontrar. La lista de autores fundamentales de nuestra
época que son desconocidos para el lector común cubano es extensísima.
Para un lector más informado, que sí sabe de un autor pero no tiene
acceso a un solo libro suyo, el drama es aún peor. Entonces el cuento
parte un poco de ahí: esa sensación de que en Cuba no hay libros por
ninguna parte, de que no se está publicando prácticamente nada.

- ¿Cómo definirías la literatura actual cubana? ¿Puede entenderse la
que se escribe en la isla sin tener en cuenta la que se escribe fuera
de ella?

Yo no intentaría definirla. Como otras, la literatura cubana actual
tiene su parte de vitrina, donde están los escritores más conocidos
sobre todo de cara al extranjero, los nombres que primero salen a
relucir cuando se habla de ella. La dinámica del mercado es la que
define eso. Pero detrás de la vitrina está el cajón oculto de esos
escritores, muertos y vivos, más o menos secretos, cuya lectura arroja
luces y sombras a las ideas preconcebidas sobre lo que es la
literatura cubana, y la pone en saludable perspectiva ante el lector.
Ese tipo de escritores no suele ser conocido fuera de Cuba, al menos
no inmediatamente. Por eso es que la cuestión dentro-fuera tiene
varias aristas. Del mismo modo que no se puede entender –a menos que
uno se lo proponga arbitrariamente, desde luego– la literatura que se
escribe dentro sin tener en cuenta la literatura que se escribe
afuera –porque los escritores la tienen en cuenta–, también esta
última cambiaría mucho al ser leída en diálogo con la primera. Pero
Cuba es una isla no sólo desde el punto de vista geográfico. El
movimiento editorial y mediático de libros y autores no le hace
justicia a los movimientos internos de la literatura cubana actual.
Puede parecer que lo último que saltó de aquí y cayó en una librería
de Barcelona es lo más novedoso, lo más interesante o, peor, lo único
que hay. Rara vez es así.

- ¿Qué lugar simbólico ocupan los escritores que decidieron quedarse,
como Antón Arrufat o Pedro Juan Gutiérrez?

No es lo mismo para todos. Cada escritor se hace del espacio que
puede. Hay muchas maneras de habitar Cuba. Antón Arrufat es lo que se
dice una vaca sagrada. Premio Nacional de Literatura, con todo lo que
implica ese reconocimiento en términos de (sobre)exposición. Pedro
Juan es un animal de otra clase. Trilogía sucia de La Habana, el libro
que lo situó en la arena internacional –y tal vez su mejor libro–,
permanece inédito en Cuba. No es un escritor al que veas de jurado en
un concurso, ni asistiendo a recepciones u homenajes. El nombre de
Pedro Juan, como el de Leonardo Padura y algún otro, está asociado
permanentemente a los debates sobre literatura cubana y mercado, sobre
el impacto de la literatura cubana más allá de las fronteras. Eso te
ubica de otra manera aquí. Y también hay casos peculiares como el de
Ena Lucía Portela, que ha decidido quedarse y publicar también en su
país, viviendo en Cuba full-time pero sin dejar de estar en todo
momento muy lejos de Cuba.

-¿Y los que decidieron marcharse, como Antonio José Ponte o Rafael Rojas?
Al igual que quedarse, partir no te condiciona de por sí; aunque
influye muchísimo, no es una decisión que defina nada, literariamente
hablando. No son pocos los escritores cubanos que en años recientes
han publicado y se han promovido oficialmente en Cuba viviendo en
cualquier otra parte. Las lecturas y valoraciones de esas obras y esos
autores pueden ser disímiles. Ahora bien, por razones políticas, hay
autores que no son tolerados por el gobierno: Ponte y Rojas entre
ellos. Lo que pasa es que, aunque parezca que no, el veto del gobierno
tiene sus límites. Cuando se trata de ensayistas de ese calibre, los
libros caen en Cuba por fuerza de gravedad. Los libros de Ponte y
Rojas se leen, se discuten, pasan de una mano a otra, reposan con
naturalidad en las bibliotecas privadas de los escritores. Su lugar es
el de la espera: más tarde o más temprano llegará el momento en que
ese diálogo encuentre un espacio para hacerse público.

- ¿Consideras que la tradición de los grandes autores cubanos
exiliados (pienso en Reinaldo Arenas, Cabrera Infante, etc.) está
presente en las nuevas generaciones de escritores?

Creo que sí. Y también Gastón Baquero, y José Kozer, y Enrique
Labrador Ruiz… Y el espectro esquizoide de Lorenzo García Vega. A
Reinaldo Arenas y a Cabrera Infante mi generación los ha leído
muchísimo. Otra cosa es si, por ejemplo, la radicalidad, la risa y el
riesgo de Tres Tristes Tigres y El color del verano están presentes en
lo que se escribe hoy; si hay obras narrativas que muestren una
escritura tan consciente de su propio poder, de su fuerza liberadora.
Entonces la respuesta es definitivamente no.

- ¿Qué corrientes destacarías en la nueva literatura cubana?
Me temo no poder destacar ninguna corriente. Mejor así. Hay algunos
narradores jóvenes y, sobre todo, algunos poetas jóvenes
increíblemente buenos, pero en un panorama donde escasean las
revistas, donde no hay suplementos, donde toda producción editorial
está centralizada y controlada por el Estado, donde apenas existe la
crítica literaria, pretender ejercer de coolhunter es desolador.

- ¿Hasta qué punto son necesarias plataformas de difusión como
editoriales, ferias o un acceso normalizado a Internet para que se
mantenga vivo el debate literario?

Absolutamente necesarias, por supuesto. Pero el debate literario es
lo de menos. En Cuba hacen falta plataformas para un debate abierto
sobre los muchos problemas y traumas que enfrenta hoy la sociedad
cubana, sobre el proyecto político y económico del país. En las
condiciones actuales, este sigue siendo un debate de antemano
condenado a muerte.

- ¿Qué blogs se leen en Cuba?

Me gustaría saberlo. Y quiénes los leen. Y en dónde. Y con qué
frecuencia. Y si comentan o no, y qué comentarios escriben. Toda esa
información –que debe estar registrándose en alguna parte–, si se hace
pública, revelaría cosas muy interesantes. Pero la verdad, no tengo
idea.

¿Qué opinas sobre Yoani Sánchez?

Yo creo que, en su blog, más que un medio de expresión, Yoani
encontró un tono de voz. Un tono que, para mi gusto, apela demasiado a
la emoción por encima de la inteligencia del lector, y a ratos se
muestra excesivamente noble, pero que indudablemente sintoniza con
algo. Yoani ha logrado que en ella hable, sobre todo, la sensatez y el
sentido común. Y esto es muy difícil cuando se trata de la realidad
cubana, tan compleja y repleta de paradojas y sacudida por el absurdo
total. Es obvio que fuera de Cuba, donde la leen mucho más, la leen
diferente. Quien está familiarizado con la realidad que Yoani comenta,
siente al leerla como un deja vu: cualquiera pudiera agregar
descalabros y miserias iguales o peores a los que ella cuenta; en
cualquier esquina es habitual escuchar inconformidades y críticas
parecidas contra el gobierno; casi todo el mundo ha pensado y
compartido en privado con otros frases parecidas sobre el presente y
el futuro del país. Hay algo de tercera persona en ese posteo. Creo
que por eso es que los breves textos de Yoani van a ser leídos, como
una de las tantas visiones de la cotidianidad cubana de estos años,
mucho después de que se hayan sumergido en la oscuridad los que hoy le
caen a golpes, mucho después de que los medios de prensa hayan dejado
de hablar de ella, cuando su generación y la mía hayan sido
desplazadas por otras, espero, más inteligentes.

HACE UN AÑO EN CUBAENCUENTRO


TRECE TRISTES TIGRES
Orlando Luis Pardo Lazo

Estos, Fidel, ¡ay dolor!, que ves agora,
campos de soledad, mustio collado,
fueron un tiempo
Habánica famosa.


La Habana que fue jueves
El 1 de enero de 1959 fue jueves. Esto nadie lo recuerda en La Habana. Entre otras cosas porque, salvo un par de parquímetros rotos y un poema oportuno de sobrevida, tampoco hay mucho que recordar. La Habana era así. Loca y amnésica, invadida de cómics más que de marines. Apáticamente patética. Tan heroica como Santiago de Cuba, pero cínica y septentrional. Imposible contar entonces con ella para protagonizar la barbarie barbada de su epopeya.

El 1 de enero de 2009 será jueves. Esto nadie en La Habana lo recordará. Entre otras cosas porque, salvo un par de millones de cubanos fuera de Cuba y otros tantos poemas oportunistas de sobremesa, tampoco habrá mucho que recordar. La Habana sigue siendo así. Locuaz e hiperestésica, regurgitando resabios ridículos con una inercia infantil. Patrióticamente apátrida. Tan hedonista como Santiago de Cuba, pero cívica y todavía septentrional. Imposible contar hoy con ella para protagonizar la épica broma de su alopecia.

Hiroshimabana, mon amour
La Habana de los años cero es un globo: una burbuja de haches, una cámara de gas contra los mosquitos Aedes. Fumigamos contra la ruleta rusa de la pandemia. Centroamérica es un foco. El flujo de estudiantes es muy intenso. Y cada año hay brotes hemorrágicos que reciben terapia gratis pero nunca diagnóstico: el Dengue es un top-secret de seguridad nacional.

Las bombas borran los barrios mientras las sirenas anuncian que no es otra falsa alarma. Los enfisemas sabotean las estadísticas mórbidas del MINSAP, pero La Habana goza dentro del hongo que la hace invisible e ingrávida en medio del holocastro: limpieza no étnica sino entomológica.
Al rato, la ciudad se recorporiza con puntualidad pioneril: Somos Fénixes Aquí, parodiamos la propaganda. En una atmósfera irrespirable, habanabrasiva, ni los insectos ni las personas se dan el lujito kafkiano de dejarse asfixiar. El humo no nos mata el humor a nosotros, los sobremurientes, que a nadie deberemos la traqueotomía.

Sheherazada antes del alba
Al habanecer, no hay discurso que supere la visión concreta de la ciudad. Le pregunto la hora por señas a un barrendero: “Las 7½”, se planta y alza la vista. No es un hombre, sino la actriz fetiche de nadie. Sus pupilas rabiosas son un plagio en vivo de la tercera Lucía: acaso la más amateur y verosímil de todos los personajes del cine cubano.

Me retiro sin dar las gracias, rumiando las runas en ruinas de mi monólogo exterior (autista más que artista): il n´y a pas Habanors du texte. La Habana no tiene afuera: La Habana es el afuera.

Intempestiva intemperie. Tempera habanacrónica en modo subjuntivo. Aceras perfumadas de orine y calles consteladas de esputos: las patas abiertas de par en par y los párpados cerrados de tan pacata. Descaro del descascaro antes que del desacato. Urbe sustantiva y sobreadjetivada, ubre sana a punto de una mastectomía sumaria: te negaremos tres veces por escrito antes de que calle el gallo, porque no tenía razón Fuenteovejuna, sino el Procurador (quod scripsi is crisis).

La Habaninfa inconstante
Según la novela póstuma de un Infante literalmente difunto, La Habana parece –aparece– indestructible en el recuerdo: eso la hace inmortal.
En el otoño sin patriarca del año 8, en una habanula rasa de huracanes no tan eólicos como ideológicos, con la espuria esperanza de que nuestro XXI no sea un anagrama analfabeto del XIX, debemos reconocer que ya nadie habita esa lengua sacra de lesa habanidad descubierta por G. Caín. No sabemos leer leyendo, ni nos importa tampoco. Nos han emborronado las instrucciones de nuestro cuaderno escolar.

Así, pasamos páginas prodigiosas y nos quedamos en blanco, como si leyéramos en latín: latineratura para una Habana infartada. Excribir, hezcribir: suena apocalíptico, pero es más bien sicalíptico. La Habana no cría lágrimas, aunque se le sequen los ojos. La Habana es una puta piñeriana devenida lolita lela con la vejez. La Habana es, en efecto, una carnada literárida. La Habana es, en defecto, un carnaval. Pero en carne viva.

La ilusión del habanauta
Un frenazo sobre el asfalto y el chofer me acusa de coprofagia peatonal. Me disculpo ante este obrero ofuscado no conmigo, sino con la visita a Cuba de tres ciclones o Reyes Malos: Gustav, Ike y Paloma.

De La Habana parten brigadas intelectuales para desfacer el desastre. Van en son de comunismo de campaña, según nuestra prensa plana, en un gesto voluntarista también muy útil como chantaje. Quien [no] se levanta hoy con Cuba, [no] se levanta para todos los tiempos: la cita pasa de la pluma plúmbea de José Martí a un videoclip light del grupo Moncada.

Me arrodillo en La Virgen del Camino y no pido nada. Cruzo los puentes y escalinatas de Lawton. La Loma del Burro depilada de pinos da pena como paisaje. Asciendo en línea recta por la Avenida de Porvenir. Todo movimiento en un plano, cubanizo al cadáver de un exiliado ex-soviético con Premio Nóbel, es una forma espacial de autoconfirmación.

Ahora que el presidente Medvedev redescubre al elemento Cu para la Tabla Política de Mendeleiev, San Petersburgo y Habanagrado me remiten arqueológicamente a aquel archipiélago de siglas tan sigilosas: GULAG, UMAP. Por algo subimos juntos al cosmos para bendecir polvo patrio del sanctasanctórum mambí. Por algo compartimos cañonazos de Aurora y quinquenios de 50 años y safaris subafricanos y micrófonos espías y 9550 genes en rusañol y el realismo socialipsista de Sovexportfilm y hasta un reactor nuclear devenido catedral ortodoxa. Por algo flotamos en la escarcha del Yate Potemkin o en un Acorazado de corcho llamado Granma, que aún hiberna el insomnio de los justos a la espera de un tiempo humano, demasiado humano, que nunca llegó.

L is for 50
Aullamos en la Plaza de la Revolución: Li-ber-tad, Li-ber-tad. Un Papa polaco y la prensa apostada entre Cristo Rey y el Ché Guevara eran nuestro salvoconducto de impunidad.

Durante 100 horas de compañía, Gabriel García Márquez fungió como Canciller. El Cardenal dilapidaba sus 15 minutos de fama en la TVC y su sonrisa beatífica era un nudo gordiano en nuestras gargantas. Fidel apenas desfruncía su traje de magister ludi en medio del reality show.

Aquella fiesta vigilada hoy sabe a fiasco innombrable: profilaxis de la cruz en un corralito de coros. La libertad se nos quedó muy corta incluso como peorformance, aunque por suerte que los heraldos negros de nuestro provinciano posmodernismo aún siguen aullando (con 50 aniversarios de retraso): Vamos a ser todos libres el año próximo, como nunca lo hemos sido antes.

Un augurio que, en pleno Edipo Rev de nuestra Pax Raulmana inisecular, salta sin transición de lo subliminal a lo subversivo: Rev In Peace, 1959-2009.

Yo, que no sé decirlo: Revolución
Empieza el invierno (palabra sin etimología en el clímax cubano) y continúa parado en stop-motion el Muro del Malecón. La Habana es una jugada a balón parado que nadie desea patear: ¿ver los toros desde la barrera o arar con estos bueyes hasta el silbatazo final?

Doblo por la calle Dolores hacia la calzada más bien deforme de 10 de Octubre: hito republicámbrico devenido hato revoilusionario. La luz es demasiado frágil, pero el polvo forma desde temprano esas columnas más barruecas que barrocas que son los barrotes de esta ciudad.

La esquina de La Víbora funciona como un alef maléfico: cubazos de papel sanitario desde los balcones, guaraperas con gusarapos y un agrio agromercado, animales descuartizados bajo el semáforo y borrachitos habanémicos sobre el contén, más un campus de concentración escolástica en cuyas aulas austeras traicionamos a nuestro querido primer amor. Ahora pasan de nuevo los adolescentes con sus uniformes, pero a mi edad ya me siento el cuerpo muy anciano tras tres tristes décadas de decadencia disciplinaria.

No lejos se empinan los spotlights hipermétropes de Villa Marista, escuela privada devenida cuartel panóptico de la Seguridad del Estado. La casona aún conserva su mayéutica majestuosidad. Algunos amigos pasaron su Servicio Militar de custodios allí. Como ellos no van a narrar ese nicho necro de la nación, yo los interrogo al punto de la tortura.
Desde sus postas, ninguno vio un solo acto de violencia o auto de fe. En todo caso, gestos de somnolencia: ráfagas escapadas a medianoche, broncas callejeras afuera, piropos de guardia a las paseantes y un rosario sub-rosa de ingenuidades increíbles dentro del MININT.

Sweet Habana
Mi escaleta 24-hours-habana es un storyboard no tan aristotélico como aristocrático. Una generación posproletaria no repara en su ciudad de a pie, ni en la voz de los sin voz, ni en las sagas de guerrillerismo mágico, ni en la denuncia zoocial, ni en toda esa bisutería del boom que persiste como un perro webero en la cuba.cult.cu: el pasado del texto.

Más rentable y riesgoso sería narrar la Brave New Habana que desde 1868 o 1895 o 1902 o 1933 o 1959 o 2009 nadie se atreve a entrever: ¿El glamour en los tiempos del coolera?

Semejante ucronía de una Alter-Habana fashion, debris y contracultural, caníbal antes que caliban, próspera y sin perspectivas, fútil más que futurista, habanywoodense; semejante ciudad narrada por entregas desde algún blog bobo o bloqueado (delirio al borde del delito) será una cura de caballos contra los troyanos tediosos de la reiteratura cubana: un corpus texti que nunca supo nombrar a La Habanada ni a su vocubalario atragantado con una sola vocal (a abstracta).

Lo cubano en la periodística
Cientos de acordeones acordonan la capital: son buses articulados de marca Yutong (Made in China). Comfort aparte, enseguida huelen a rancio y carecen de luminarias, y les sobran grafitis y goteras, y ruedan ralentizados como estufas o estafas de 40 centavos. Esa maraña de rutas sustituye al subway planificado en los ochenta por el MITRANS, cuando el telón de acero de estilo Stalin (Back in the USSR) se desmerengó.

En los estanquillos estatales retoñan tabloides de parca solemnidad. El color de la tinta apenas diferencia texturas: Orbe negro, Granma rojo, Trabajadores naranja, Juventud Rebelde azul, y el experimento no tan democrático como democromático de La Calle del Medio. Los ancianos madrugan con tal de acapararlos para su reventa al 500%, aunque la ganancia neta no llegue ni a un peso cubano por ejemplar.

Comprar papel impreso para leer no es muy elegante en La Habana. Pero, como Hemingway con los programas del hipódromo, entre titulares siempre me topo con el iceberg derretido de la verdad: Una ciudad para ciegos, Atraso pudiera beneficiar, Remeros con buenos planes, En Cuba la mayor manada de leones en cautiverio del mundo, Vuelo terrestre nacional, El récord de lo absurdo está vencido.

Muerte perversa, Estado de coma
Un amigo muerto de dos paros: el coqueteo de una enfermera lo resucitó la primera vez, cuando ya nos anunciaban que no había nada que hacer. Mi padre muerto sin caso clínico hasta después de la autopsia: metástasis misericorde que nunca dolió. Otra madre muerta en una cirugía casi ambulatoria. Siempre la muerte y su pose breve, sin índice ni indemnización.

Habana, ábrete y trágame: nos atrapa una tradición pródiga en suicidas sin causa. Pero un verso de nuestro Virgilio no basta para convertirnos a la necrofilia, aunque la muerte nos rodee por todas partes como una circunstancia maldita: ubícuba y habanisciente.

O Death! Where isn´t thy sting? En las Reflexiones del Premier, releídas luego por los medios de difusión o acaso miedos de defunción. En los cortejos fúnebres, que tienen prohibido cortar por la Plaza de la Revolución en su trayecto hacia el cementerio. En un rumor noir que rebota del exilio al inxilio: el embargo, la invasión, una aplanadora de punta a punta del país, la Ley de Ajuste (¿de Cuentas?) Cubano, ciertas cláusulas secretas del Código Da Bush, y una licencia de 3 o 3000 días para matar. En una Mesa Redonda del Canal Cubavisión que inhuma juntos a vagos, antisociales, mercenarios y demás ceros extravagantes. En un panel penoso del Canal 41, donde la fobia vende más que los spots comerciales. En la pena capital y en el estado de emergencia que, desde un siniestro tomo de Derecho, penden sobre nuestros cuerpos sin órganos pero organizados en masa. En el Homer Nuevo que nuestra utopía tupida a la postre parió: Pioneros por el comicinismo, ¡seremos como Simpson!

La muerte pisa fuerte por todas partes, excepto en la bendita circunstancia de una intelectualidad locuaz que presume de su independencia, pero ante el poder se maquilla con rimel retórico de marca Naif (Hecho en Casa).

Madagascuba
Al circunvalar la Ciudad Deportiva, el cobrador de una ruta P-3 explica porqué Beijing dio más oros paralímpicos que olímpicos. Algunos protestan por ese revés inconvertible en victoria. Otros, con cautela, culpan a ciertos conceptos y cargos dentro del INDER. Y los indecisos no entienden para qué tanto alboroto por no cantar el himno cubano en cantonés.

Rebasamos el Zoológico de 26, con sus fieras que sobrevivieron a la famine finisecular y ahora moribundean de aburrimiento. El cine Acapulco anuncia de por vida a Kangamba. Y sus onanistas de luneta son excitados por los héroes sin eros de esta coproducción ICAIC-MINFAR: un guión entre bélico y bucólico donde un doble encarna a Fidel (sólo vemos su charretera y unos grados de atrezo con la máxima graduación).

El P-3 va a morir en la boca del Almendares, junto al Puente de Hierro que le sirve de prótesis a este río. En la desembocadura hay botes varados a falta de petróleo o un permiso de Guardafronteras. Hay pescadores en tierra, con sus redes roídas por una plataforma insular no tan desierta como desertada. Hay chorreras de brujerías y biajacas boqueando por su cuota racionalizada de maná del cieno albañal. ¡Améen!

A la salida del túnel de Las Américas, donde se filmó aquella fuga en bicicletas del Período Especial de Guerra en Tiempos de Paz, un ranger con camuflaje y perro sin bozal me pregunta la hora por señas: “Las 7½”, me planto y bajo la vista, antes de retirarme sin recibir las gracias de este remake aldeano de Rambo: je est un Habanautre, paladeo el palimpsesto pedante de mi desesperación.

Pero La Habana ¡ay! siguió viviendo
El habanero altanero no desea el caos para su ciudad, pero tampoco desea hacer caso: a la vuelta de medio milenio de 50 años, La Habana se deletrea con L no sólo de libidia sino de libertad.

En consecuencia, los restos del territórrido nacional toman venganza contra ese espíritu libertario. Es un ensañamiento con ínfulas de enseñanza: una revolección humillante en contra de nuestra paupérrima pero nunca humilde capital.

Esta Habana ruralizada por Cuba tampoco es el sitio en que peor se está. Como nuestra fascinación por el fracaso es mayor que todas las frustraciones, nos cruzamos de brazos en un espejismo endémico de paciencia, al margen de toda política y de toda poética que le han impuesto mecánicamente a esta ciudad, y a las que ella musicalmente siempre se ha sobrepuesto: ¡Hasta la victrola siempre!

Rehab
La Habana padece –perece– del Síndrome de Habanalzheimer. Inhábil desde una historia ya sin histología, en vano hoy se intenta rehabilitarla con tal de hacerla habitable.

Pero si una promesa podrida le produjo sordera, si el desamor le descarnó los labios, si la demencia le arrancó los cabellos, si la tristeza le fue secando el sexo, si la fealdad la asesinó del todo a las 7½ de esta misma mañana, por ejemplo, el don de perdón ciudadano que ella nunca tuvo para sus hijos, nosotros, sus bastardos, sí lo tendremos con nuestra Habana reumática, aunque sea sólo un réquiem reaccionario de epifanía o tal vez epitafio:

Ah, vana nuestra que estás hecha tierra, nacionalizado será siempre tu nombre. Dinos hoy el discurso nuestro de cada día. Paredón para nuestros pecados. No nos dejes caer en la tentación de librarnos de ti por mar. Habana, si no existieras, habría que reinventarte para reventarte medio silencio o medio siglo después. Cubansummatum est!

lunes, 5 de abril de 2010

FLAGTOGRAFÍAS en CONVIVENCIA 14 / 2010









DISANGELIO CUBANO EN 59 PROSÍCULOS
Orlando Luis Pardo Lazo

1Banderas, banderas, banderas. 2¿Por qué retratar banderas, el paño más promiscuo de toda patria? 3¿Cómo alterar sin ensañamiento el significado de cualquier enseña nacional? 4¿Cómo releer el sacro símbolo a través de una lupa o un lente, reenfocándolo de generación en degeneración? 5¿Cómo apropiarse de su geometría gastada; cómo democratizar su discurso siempre demagógico? 6¿Cómo recolorearlo, como el niño que no distingue lo sagrado de lo infernal? 7¿Cómo tatuar una nueva retórica en nuestras retinas? 8¿Cómo crear sentido a falta de creer en él? 9Banderas, banderas, banderas. 10¿Y por qué no; cómo no?

11Orlando Luis Pardo Lazo es el nombre y el precio de esta voraz vocación de fijar lo efímero. 12Las banderas vuelan, la gente se va, La Habana se vaporiza (se iza en una humareda), Cuba cansa y se acaba, la historia es un trapo mojado en vinagre para borrar el pizarrón del dolor. 13Un circo cósmico, caótico, que ondea y se cicla sobre su propia cola acaso sólo para recomenzar: Orlandouroboros, oficio de ofidio.

14Los años cero o dos mil son la fecha y la fachada para intentar lo más intenso, instantáneas intestinas desde la isla. 15El sol calcina los cielos de nuestra ciudad con hache, arco iris de letras mudas o mefíticas: Hiroshimabana, mon amour. 16Las revoluciones son partos promiscuos que abortan su propia fuente de resistencia. 17Nadie escuchaba, pero todos miraron; todos oyen, pero nadie verá. 18Del clarín escuchad el silencio. 19Insulsa e insultante ingravidez insular, candente cámara de gas, farol infiel. 20Dulce delirio entre el deleite y el delito, triángulo estrellado entre barrotes barrocos: Sweet Home Alahabana.

21Una Canon puede convertirse en la última tabla de salvación. 22Clic, flash, clic. 23O en una bala sin puntería en plena sien: semicien años de soledad, el socialipsismo en los tiempos del colectivo. 24Somos falaces aquí. 25Flash, clic, flash. 26Una Canon puede convertirnos en suicidas inciviles, agentes provocadores que mal traducen las sílabas sin sal de "Lo Cubano en la Fotografía". 27Tartamudos que tiritan desnudos sobre el trampolín de una piscina podrida, olvidada por la familia que se fue a nadar en el éxito del exilio. 28Naderías de una necia noción de nación. 29Memorias de la desmemoria. 30Trabalenguas, trabacuerpos. 31El país como una lúcida trampa de luz.

32Orlando Luis Pardo Lazo ha multiplicado en píxeles nuestro paraíso parapolicial. 33Dígitopintura, fresco zoocial. 34Cada una de sus fotos simula ser un guillotinazo azaroso. 35Hombres y mujeres en público que parecen actuar dentro de un gran retablo. 36Niños paternalizados por un obsoleto Edipo Rev. 37Marionetas materialistas, pesebre paupérrimo del proletariado. 38Simulaciones, collage y pastiche, cut & paste, papelazo en papel cromo o gaceta, recortería de relatos ridículos en 2-D, arte del desastre: en el principio no fue el Verbum sino la Barbariem.
39En el Código Penal cubano se deslegitima este tipo de actividad. 40La constitución como canon acusatorio: caja de Pandora de donde se fugan todas las esperanzas y en el fondo permanece no el vicio, sino el vacío. 41El uso de la bandera como propiedad jurídica. 42El consenso como condena: de la tribuna al tribunal y del podio al patíbulo. 43La belleza de lo espontáneo escachada por la estética estática del Estado.

44Banderas, banderas, banderas. 45El sonsonete de Poveda rimando como un buitre venenoso sobre las versiones de la verdad. 46Diversión de remar en contra, contrato contestatario, subversión subexpuesta. 47¿Cómo tolerar el sinsentido de semejante émbolo nacional? 48Embolia desenfocada a costa del individuo. 49¿Cómo explorar nuestro mapita gastado? 50¿Cómo descolorearlo, como el niño que no distingue lo sagrado de lo infernal? 51¿Cómo tantearlo, tacharlo? 52¿Cómo creer en su sinsentido de tanto crear con él? 53Banderas, banderas, banderas. 54¿Y por qué no; cómo no?

55Orlando Luis Pardo Lazo igual insiste en lo incisivo, no desiste de adorar la debacle. 56Retratos de "Los jardines colgantes de Hababilonia", reino en ruinas de habitantes ahorcados en un presente sin peso, pero aún en modo imperativo. 57Del silencio escuchad el cinismo. 58Cubansummatum est! 59Arríen...