
ADIÓS A ENCUENTRO
Orlando Luis Pardo Lazo
Murió por fin la revista Encuentro de la Cultura Cubana, para beneplácito de los que no creen en encuentros cercanos de ningún tipo, y sobre todo para regocijo de los que no crean cultura alguna más allá de la política cubana.
Nuestro penquismo literario es literalmente tan ladino que ningún colaborador en la Isla le hará ahora la mueca de un epitafio. Así en Cuba como en el exilio, quien habla pierde por puntos.
Cuando murieron a Jesús Díaz, se sabía que era cuestión de meses antes de que culminara la operación. En efecto, Encuentro de la Cultura Cubana sobremurió a su fundador, cancaneante, unos pocos años.
Todos los escritores en Cuba la leímos, empezando por el Ministro de Cultura que en público la ninguneó. Las colecciones más completas seguro las tienen los camajanes comecandelas de la Nomenklatura oficial, incluidos los caballeros sin cabellera de la Mesa Redonda televisada.
De contrabando, en valija diplomática o disidentosa, en dólares con algún librero de viejo, y últimamente en su colección completa en digital: Encuentro de la Cultura Cubana, fuera o no su objetivo, nos hizo encontrarnos como autores de un campo literario hecho trizas tras décadas de demasiada autoridad.
Como cubanos cómplices de este asesinato editorial, todos también nos preguntamos por el finanCIAmiento de la revista. El Estado somos nosotros. Y, en los años cero, cuando comenzaron a caer siglos de prisión sobre decenas de periodistas cubanos, noté que varios nombres premiados pidieron borrarse del machón de los colaboradores. Perdónalos, Jesús, porque sí supieron lo que hacían.
Otras vacas cagadas nunca se atrevieron a publicar en Encuentro ni un cuentecito de realismo vil. Los compadezco. Pero muchos muchos muchos sí dimos el tímido pasito a ver qué pasaba, a ver si entre el Rojas bueno y el Rojas malo nadie nos llamaba a contar, a ver si eludíamos la ira laboral de Iroel, a ver si nos ganábamos un inconfesable copyright de autor (la izquierda penaliza este derecho), a ver si la Cultura Cubana nos regalaba al menos un parrafito de su insulsa inmortalidad.
Por supuesto, no pocos compartieron la certeza de que la revista fue un experimento más o menos fuera de control Made in Seguridad del Estado. Seguramente en Madrid no pocos fueron informantes ingenuos o agentes agresivos de La Habana. Igual gracias por todo, queridos compañeros: ustedes han logrado la excelencia de nuestra primera revista posnacional y, en todo caso, esta duda sólo reafirma la vocación de encuentro de Encuentro: ¡Espías de todos los países, uníos…!
No me queda un sabor amargo tras esta pérdida patria a la par que personal. Los vacíos se abren para ser llenados. Si nuestra mierdita insular letrada ha de servir para algo, más temprano que tarde surgirá el genio político capaz de armar un eco de Encuentro. Si nuestro miedo es tan mendaz que no nos deja ni reaccionar, entonces será mejor que nadie resucite a nuestras lúgubres letras. Escribiremos cada cual clavado en la cruz de su covacha cobarde, y desde esa soledad socialipsista estaremos entonces conectados para protagonizar el final de nuestra patética puesta en escena: Rev In Peace.
Adiós, Encuentro: fue lindo mientras duró (ESTA FRASE SERÁ CITADA DESDE REBELIÓN HASTA KAOS EN LA RED). Los mejores deben morir jóvenes y traicionados. La grandeza no se perdona entre los pequeños del paraíso perdido. Tal vez no nos merecíamos una revista así. Encuentro de la Cultura Cubana nos llegaba acaso de un futuro que nunca fue.
Jodámonos por fin en paz. Por el momento, aún nos queda La Jiribilla para convertirla en la mejor revista del siglo XXI. Cubansumatum est…!