jueves, 10 de junio de 2010

LA BIBLIA DEL SUICIDIOCIALISMO


SANGRE, SUDOPLATOV Y LÁGRIMAS
Orlando Luis Pardo Lazo

Circula por La Habana del siglo XXI un libro terrible. Temible. Tétrico. Es uno de esos textos capitalistas que seguro forma parte de la “campaña mediática anti-cubana”. Se trata de OPERACIONES ESPECIALES, las memorias mortíferas de Sudoplatov, un espía ex-soviético que durante toda la Revolución Rusa arrasó, convencido de hacer el Bien en nombre del proletariado mundial.


De hecho, nuestro hombre inspira lástima clamando inocencia al final de su biografía literalmente rojísima. Nada, que como millones de hijos de puta patrióticos, Sudoplatov se limitó a “cumplir las órdenes del alto mando”. Así que él fue apenas un verdugo con sueldo estatal (oficio tan respetable como cualquier otro, por carroñero que sea) y no un genocida ortodoxo. Balada o blablablá del soldado. Hurra de las urracas. Manualito materialista de realismo sociocriminalista. Lírica de la Lubianka. Moscú, en efecto, no creía en lágrimas y mucho menos en la sangre.


Yo fui testigo de las purgas estalinistas. Yo fui el responsable del asesinato de Trotski. Yo conseguí los secretos de la bomba atómica. Yo dirigí el espionaje durante la guerra fría. Yo envenené a prisioneros en hospitales (extranjeros y secuestrados, preferiblemente). Pero yo también soy, nadie lo olvide, una víctima de la época, por lo que debo ser inmediatamente rehabilitado. Punto final de las acaso 666 páginas (Apocalipsis СДЕЛАНО В CCCP).


Y, sin embargo, OPERACIONES ESPECIALES no es un testimonio complejo. Su simplicidad es pasmosa. Al pan, pan. Y a la patria, patria. De hecho, se trata de un relato orgulloso, puntillista en los detalles técnicos. Cocido a frío lento, como toda misión ejecutada no por un pendejo, sino por un profesional del crimen secreto. Y es también al cabo un libro de viajes. Pasto para turistas trucidados por la guillotina del poder absoluto.


De México a España a los Estados Unidos, de Europa y media a medio Moscú. Vivir para cortarla. Sudoplatov es prolijo en pasaportes, pero muy parco de estilo. Sudoplatov es una Parca fatal (nadie se crea la versión de que él ya ha muerto de anciano: hombres así resucitan por montones en cada revolución radical).


Hace poco Leonardo Padura sin querer ha ficcionado un poco este libro. Su novela “El hombre que amaba los perros” reconstruye ese mismo siglo XX de la supuesta Gran Guerra Patria y la confrontación teórica o teológica entre Capital y Comuna.


Pero no hubo nada de eso, al parecer. La guerra fría no fue menos falsa que la de las galaxias. Hubo, sí, muchos Sudoplatov moviendo los hilos inasibles de la realidad. Hubo tipos destoletando a traición a troche y moche. Así se forjó el acero y el resto de los metales mortuorios de la Tabla Periódica, cuya etimología sin ética lo indica todo: per-odio…


La literatura de la violencia o del absurdo o grotesco o lo caníbal o el splash o el gore o el realismo sucio o sicópata o decadentista, en cualquiera de sus autores de culto (o de secta post), es de una imaginación irrisoria al lado de este mamotreto. Se queda chiquita la maldad intelectual al lado de este infierno factual. La moraleja de OPERACIONES ESPECIALES no puede ser otra que “salte a tiempo del potaje, ciudadanito, porque, aunque te largues bien lejos, igual si el Estado quiere siempre te la puede aplicar”.


Hay menos tiempo que vida. Bravo, Sudoplatov. Sin ti, Rusia queda huérfana de otro Premio Nobel de Literatura dura y delirante, o acaso de un laureado de la Paz póstuma de los camposantos. No desesperen, camada de camaradas, en otra vida será.

martes, 8 de junio de 2010

DESENCUENTRO DE LA COMUNISTURA CUBANESCA


ADIÓS A ENCUENTRO

Orlando Luis Pardo Lazo


Murió por fin la revista Encuentro de la Cultura Cubana, para beneplácito de los que no creen en encuentros cercanos de ningún tipo, y sobre todo para regocijo de los que no crean cultura alguna más allá de la política cubana.

Nuestro penquismo literario es literalmente tan ladino que ningún colaborador en la Isla le hará ahora la mueca de un epitafio. Así en Cuba como en el exilio, quien habla pierde por puntos.

Cuando murieron a Jesús Díaz, se sabía que era cuestión de meses antes de que culminara la operación. En efecto, Encuentro de la Cultura Cubana sobremurió a su fundador, cancaneante, unos pocos años.

Todos los escritores en Cuba la leímos, empezando por el Ministro de Cultura que en público la ninguneó. Las colecciones más completas seguro las tienen los camajanes comecandelas de la Nomenklatura oficial, incluidos los caballeros sin cabellera de la Mesa Redonda televisada.

De contrabando, en valija diplomática o disidentosa, en dólares con algún librero de viejo, y últimamente en su colección completa en digital: Encuentro de la Cultura Cubana, fuera o no su objetivo, nos hizo encontrarnos como autores de un campo literario hecho trizas tras décadas de demasiada autoridad.

Como cubanos cómplices de este asesinato editorial, todos también nos preguntamos por el finanCIAmiento de la revista. El Estado somos nosotros. Y, en los años cero, cuando comenzaron a caer siglos de prisión sobre decenas de periodistas cubanos, noté que varios nombres premiados pidieron borrarse del machón de los colaboradores. Perdónalos, Jesús, porque sí supieron lo que hacían.

Otras vacas cagadas nunca se atrevieron a publicar en Encuentro ni un cuentecito de realismo vil. Los compadezco. Pero muchos muchos muchos sí dimos el tímido pasito a ver qué pasaba, a ver si entre el Rojas bueno y el Rojas malo nadie nos llamaba a contar, a ver si eludíamos la ira laboral de Iroel, a ver si nos ganábamos un inconfesable copyright de autor (la izquierda penaliza este derecho), a ver si la Cultura Cubana nos regalaba al menos un parrafito de su insulsa inmortalidad.

Por supuesto, no pocos compartieron la certeza de que la revista fue un experimento más o menos fuera de control Made in Seguridad del Estado. Seguramente en Madrid no pocos fueron informantes ingenuos o agentes agresivos de La Habana. Igual gracias por todo, queridos compañeros: ustedes han logrado la excelencia de nuestra primera revista posnacional y, en todo caso, esta duda sólo reafirma la vocación de encuentro de Encuentro: ¡Espías de todos los países, uníos…!

No me queda un sabor amargo tras esta pérdida patria a la par que personal. Los vacíos se abren para ser llenados. Si nuestra mierdita insular letrada ha de servir para algo, más temprano que tarde surgirá el genio político capaz de armar un eco de Encuentro. Si nuestro miedo es tan mendaz que no nos deja ni reaccionar, entonces será mejor que nadie resucite a nuestras lúgubres letras. Escribiremos cada cual clavado en la cruz de su covacha cobarde, y desde esa soledad socialipsista estaremos entonces conectados para protagonizar el final de nuestra patética puesta en escena: Rev In Peace.

Adiós, Encuentro: fue lindo mientras duró (ESTA FRASE SERÁ CITADA DESDE REBELIÓN HASTA KAOS EN LA RED). Los mejores deben morir jóvenes y traicionados. La grandeza no se perdona entre los pequeños del paraíso perdido. Tal vez no nos merecíamos una revista así. Encuentro de la Cultura Cubana nos llegaba acaso de un futuro que nunca fue.

Jodámonos por fin en paz. Por el momento, aún nos queda La Jiribilla para convertirla en la mejor revista del siglo XXI. Cubansumatum est…!