sábado, 26 de junio de 2010

REP(UBL)LICA


MANIFIESTO DEGENERACIONAL

Orlando Luis Pardo Lazo

Ser malos, ser lindos, ser reaccionarios, ser lúcidos, ser el mejor. Difícil tarea para una generación dejada al margen de la acción, suplantada en la calle del medio, plantada en la calle del miedo.

Qué lástima. Hubiéramos llegado tan lejos, dinamizando cualquier concepto cársico de nuestra noción de nación.

Hoy busco la mirada de mis amigos, que ya no existen, y veo sólo vidrios viles. Han renunciado a sus biografías a cambio de un poco de tiempo para no matar ni tampoco hacerse matar. Al cabo, cada cual se ha retirado a la cobardía cómplice de su covacha.

Atosigados por el azar del zar, nos hemos dejado solos a nosotros mismos, en manos de adultos adulterados que usan prótesis dentales para sus discursos y hacen penosamente el amor: en manos de misioneros mediáticos que cultivan el don ubicuo de la inquina o la imbecilidad, en manos de cubanos de coraza sin corazón, en manos de fantasmas asalariados que estigmatizan al por mayor a cualquier retoño de nueva vida, en manos de guerreros estatales que carecen de gracia en tanto pedantes patrios, pues lo único que sostiene sus garras groseras es la sombra cínica de las tropas de Seguridad Nacional: son sólo marionetas del matonismo ministerial, que patalean para que se les permita un micrófono mierdoso en la radio o la televisión, además de la consabida tarjeta blanca y el consentido cheque en blanco para viajar. Y ante semejante estado de mercenarismo intelectual sería ingenuo perder cinco minutos de texto para ejercer la réplica (es preferible seguir siendo el epicentro).

Ser narcisistas, ser anárquicos, ser terroríficos, ser mudos, ser el mejor. Difícil tarea para una generación que se dejó arrebatar la belleza de la acción, desplantada en la calle del medio, puteada en la calle del miedo.

Qué lujo. Hubiéramos llagado tan lejos, dinamitando cualquier concepto cársico de nuestra noción de nación.

martes, 22 de junio de 2010

domingo, 20 de junio de 2010

PÉSIMO POEMA


FOTO: SILVIA CORBELLE BATISTA


Oyendo a Mariela Castro en la UNEAC

En una de esas homeopáticas peleas cubanas contra la homofobia

Viéndola reír limpia y pulcra

Con el garbo guerrillero pero burgués de su madre joven en los 50’s

Acariciando el micrófono como un milagro

Entre sus manos sinónimas de la Hembra Nueva

Paladeando la retórica de su visión plurisex

En el corazón acrítico y monocorde de una institución cultural

Oyendo a Mariela Castro en la UNEAC

Pienso en todos los grandes maricones

Que hicieron la historia del himen hombre en esta isla

Tipos enmudecidos a botazos primero

Y encerrados a la gallinita ciega después

Lumpénicos al inicio y leucopénicos de remate luego

Cuerpos que no cupieron en el canon pacato pero promiscuo de Cuba

Pájaras parametrizadas en un poema de la virgen Piñera

Compañeros de closet de toda clase materialista y dialéctica

Glamour de tres por culo con las encías

Mamando un alambre de púas en la UMAP de los 60’s

Barriendo funerarias o como custodios de baño

Camilleros de sus propios cadáveres sin consolador

En cines cómplices o guaguas cutres de madrugada

Sobremuriendo al teatro real-socialista de los años machos

Viditas narradas por nadie en la tribuna trócula de la revolucioncita mundial

Oyendo a Mariela Castro en la UNEAC

En una de esas homeopáticas pataletas cubanas contra la homofobia

En la misma capilla donde Padilla se emputeció hetero

A pedido de la policía política de los 70’s

Pienso en toda esa sociedad incivil del placer en libertad

Disidentes del deseo como maldición de puertas adentro

Hasta fugar del país parapléjico en un barquito de papel sanitario en los 80’s

O esperando el proceso de rectificación de rectos y tendencias negativas

Clavados en las colas de prótesis dentales gratis en un policlínico de los 90’s

Envejecidos sin ser invitados al anésimo Congreso del Partido en los años cero

Enterrados en tierra santa del posproletariado mundial

Amables y amargos

Apelando al Parlamento para podar sus penes patrios

Sin un desfile

Sin una película

Sin un poema

Donde vomitar todo el injusto tiempo humano que les tocó