sábado, 24 de julio de 2010

CARTA ABIERTA A PÍTER ORTEGA Y DESIDERIO NAVARRO


¿En base a qué criterio estético, según los polemistas, los peritos políticos perpetran bajo nuestras narices el performance patrio del Estado más culto del mundo que deja morir por concepto a un huelguista de hambre ignorante en arte?

Gracias de antemano por el elocuente silencio,

Orlando Luis Pardo Lazo,

La Habanada, sábado 24 de julio 2010 (a menos de un mes del Cubapocalipsis nuclear).

LAGE DE CULTO EN PERÚ

“Era una ciudad interminable. Por lo tanto, una ciudad irreal. Y la
irrealidad cansa". Señala de entrada Jorge Enrique Lage. Metáfora
perfecta para instalarnos frente a una Cuba que habla con el trazo de
uno de sus más potentes narradores. Por eso construye en Evelin esa
representación en la que todo sirve, en la que todo es apto para
elaborar una resistencia crítica donde los traumas personales lo
mantendrán a raya con la tensión estética que codifica la angustia
latinoamericana. Carbono 14: una novela de culto, funciona como un
símbolo de la decadencia y del virtuosismo multimediático que ubica a
Lage como un escritor a quien debemos repasar para comprender la
posibilidad experimental de una lengua que ha perdido, acertadamente,
la noción de su frontera. Acaso el más puntual ejercicio para
constatar la vitalidad del panorama novelístico de América...

jueves, 22 de julio de 2010

RA RE RI RO RÚ


RA RE RI RO RÚ, originally uploaded by orlandoluispardolazo.

www.diariodecuba.net/opinion/58-opinion/2507-risa-y-contr...

CODA CUBANO


DEL TELÓN ENTENDIDO COMO TRIUNFO

Orlando Luis Pardo Lazo

No hablar más de La Habana. No hablar más de Cuba. No hablar más de la Revolución. No hablar más.

Como intelectuales ingenuos, nos sobra todo un Diccionario de grandilocuentes palabras. Unas Obras Completas con parches de párrafos políticamente perfectos. Una Enciclopedia a tope con contenedores de papel pautado, puteado.

Es suficiente. Ya ha habido bastante significado sumiso. Conformémonos un poco a la idea de que no mediarán más ideas entre el lenguaje lírico y la rala realidad. Sintamos con satisfacción el silencio. La carencia de aliento gramático. Seamos menos. Estemos más. Este mismo punto y aparte, para ser consecuente conmigo, sintácticamente debería ser entonces un punto y final.

Pero La Habana persiste plúmbeamente en nuestras biografías de soldados de pluma. Pero Cuba nos esclerotiza a diario desde un contexto acéfalo. Pero la Revolución resiste a costa del pobre y enfebrecido imaginario de nuestra desmemoria senil, socialipsista al punto de lo suicida.

No podemos evitar esa formulita H-C-R, ni siquiera como omisión. Porque, en efecto, tenía razón, como casi siempre, la propaganda política más pedestre de la paleohistoria de esta nación. El experimento fue un éxito.

De suerte que, de tanto repetirlo sin darle crédito, ahora pagamos el precio de sobresaturarnos de tan ampuloso teatro. De tanto aspirar su humo mudo, La Habana nos convirtió en sus ventrílocuos aventajados. De tanto carajear o carcajearnos de Cuba, Cuba nos traqueotomizó. De tanto rumiar sus rimitas retrúecanas, la Revolución nos reclutó.

Por eso otra vez tecleamos, tímidos o temerarios, sin lograr extirparnos este tumor a trío de la garganta: histología no tan cansada como risible (segundas siglas H-C-R). Pero, en lugar del tic-tac sin tiempo de las teclas, lo que se oye de boca para afuera es un silbido de bronquios patrios podridos. El dislate discursivo de un paciente terminal. El lugar de nuestras obsesiones nacionasmáticas. La queja falsiforme y metastática de La Habana en Cuba en Revolución.

Esas fonías fósiles hablan hoy a nombre de nuestra parapléjica intelecnulidad. Es una jerga ubicua y omnisciente. Más que el fantasma estéril de un Estado absoluto, esas resonancias simulan ser el eco hueco de Dios. Cínica o sentimentalmente, lo son.

Hangar Habana donde recalar cancaneando.

Cuba sin cura clínica, un caso ya crónico.

Revolución en resurrección a la hora humillante de no hablar más de La Habana. De no hablar más de Cuba. De no hablar más de la Revolución. De no hablar más. Este punto y aparte, incluso siendo una inconsecuencia contigo, sintácticamente deviene entonces un punto y final.

miércoles, 21 de julio de 2010

CALL FOR PAPERS...!


CALL FOR PAPERS...!, originally uploaded by orlandoluispardolazo.

Una nueva revista de bloguiteratura cubana anuncia estar a punto de
publicar su nÚMero 1 desde la habana.
EstÁS invitado...!

martes, 20 de julio de 2010

El amor en los tiempos del cohete


EL PASADO DEL CINE

Orlando Luis Pardo Lazo

Un amigo, que soy yo mismo, me dice que no resiste oír a los actores cubanos actuar. Que existe un tono que es anterior a cualquier escuela escénica. Como el eco hueco del patrón de prueba de la televisión. Un debris de discurso: una cadencia, un aire de familia, cierta inopia inercial. Y yo, que soy mi propio amigo, no puedo evitar coincidir con él.

No es culpa de los actores, por supuesto, aunque sí es culpa de ellos. La tara genética es de los directores, que dejaron de pensar el arte cubano hace por lo menos dos decadentes décadas. En especial, los directores de cine como clase cómplice social.

Tampoco es culpa de los directores, por supuesto, aunque sí es culpa de ellos. La trabazón tétrica es de la institución cinematográfica, con su enyesamiento estético de los guiones por motivos extra-cinematográficos. Mientras más holgura económica, peor. Al cine cubano le conviene la crisis, la libertad carroñera del presupuesto no oficial.

Y ahora, una vez más, una fábula en clave de los ochenta. Una de esas comedias importadas directamente desde el primer Titón, con cierto patakín posmodernista como plusvalía.

Ahí están todos los estereotipos (dicen que las buenas comedias dependen de ese lugar común). Diálogos que explican tanto o más que la inverosímil o insoportable narración en off. Personajes que dicen mucho y muestran muy poco (pornografía pacata), caricaturizando la trama del filme a una suerte de ilustración del storyboard. El tipo de película que pudiera ser rodada con éxito por un aprendiz del director (su presencia en el set es una cuestión más laboral que autorial).

Y, como marca de agua, el patetismo patrio goteando a gritos a pesar de la intención desacralizadora de un momento histórico que se supone solemne: octubre de 1962, un hito histérico que ya pronto, en agosto de 2010, según las Reflexiones atómicas de Fidel Castro, lo volveremos a vivir desde el muro de Jerusalén hasta la sinagoga de La Habana (acaso la causa de que un contratista yanqui siga preso en Cuba, sin cargos, por repartir antenitas y laptops entre nuestros rabinos).

Este remake tardío de “Alicia en el pueblo de Maravillas” no debiera ser criticado como obra de arte, sino como síntoma sistémico de la paleoindustria cubana del cine. Pudo haber gastado millones en su making. Puede funcionar para la gran audiencia (aunque no noté carcajadas en el Acapulco). Podría ganar reseñas elogiosas locales y algún premio de la buena voluntad a título de la izquierda europea o latinoamericanalba. Pero toda esa parafernalia, incluido este comentario, serán mejor relato que lo que por fin ha parido el guión, donde para colmo hay narradores literarios implicados en su copyright.

Lo mejor, como en medio cine cubano, sea oficial o independiente, es ese efecto especial llamado Jorge Molina, que lo mismo come col que lombrices que fichas de dominó que caza a una Caperucita Roja en el gulag canábico de San Antonio de los Baños. Lo peor, que en la próxima temporada tendremos más y más de lo mismo en las butacas de estreno, como si Cuba continuase congelada en una era capaz de parir a un corazón. Como si el siglo XXI temáticamente nos diera pánico como creadores.

Y no estoy haciendo chatarra del cohete caído. Ni siquiera me estoy lamentando. En todo caso, me voy lamiendo todo con ese amigo mío que yo mismo soy.

domingo, 18 de julio de 2010