sábado, 25 de septiembre de 2010



Dejaremos que lo oscuro afuera apague la luz de adentro?
Libertad es la única manera.
Apertura, tolerancia, democracia.
La libertad es un estado interior de adentro hacia afuera y de eso nos estamos percatando ahora.
Paz y Amor.

MÁS METROS CUADRADOS DE LIBERTAD



Intervenciones hoy durante el performance UN METRO CUADRADO DE LIBERTAD en el Parque de 21 y H, El Vedado.
http://www.youtube.com/watch?v=5fbj93LgYks

OTRO METRO CUADRADO DE LIBERTAD



Intervenciones hoy durante el performance UN METRO CUADRADO DE LIBERTAD en el Parque de 21 y H, El Vedado.
http://www.youtube.com/watch?v=4n0nX_1hJFc

UN METRO CUADRADO DE LIBERTAD



Habla Antony del Grupo Amistad (los mismos de la Marcha por la No Violencia del viernes 6 de noviembre de 2010), al inicio del performance UN METRO CUADRADO DE LIBERTAD, en el parque de 21 y H de El Vedado, La Habana, Cuba, hoy sábado 25 de septiembre de 2010 a las 4 pm.
http://www.youtube.com/watch?v=Pif802nT0G0

YOANI SÁNCHEZ EN VOCES 2



EL SACO DE LOS INCONFORMES

Yoani Sánchez

Una imagen endulzada muestra a Cuba como un país donde triunfó la justicia social a pesar de tener como enemigo al imperialismo norteamericano. Durante más de medio siglo, se ha alimentado el espejismo de un pueblo unido en torno a un ideal, trabajando denodadamente por alcanzar la utopía bajo la sabia dirección de sus líderes. La propaganda política y la turística, distorsionadoras de nuestra realidad, han echado a correr la voz de que quienes se oponen a la causa revolucionaria son mercenarios sin ideología al servicio de amos extranjeros.

Cabe preguntarse cómo ocurrió el proceso que llevó a millones de seres en este planeta a creer que la unanimidad se había instalado —de manera natural y voluntaria— en una Isla de ciento once mil kilómetros cuadrados. Qué les hizo creerse el cuento de una nación ideológicamente monocromática y de un Partido que representaba y era apoyado por cada uno de sus pobladores.

En el año 1959, cuando triunfó la insurrección contra el dictador Fulgencio Batista, los barbudos llegados al poder lanzaron a sus enemigos a un saco con el rótulo “esbirros y torturadores de la tiranía”.

A lo largo de la década del sesenta y como consecuencia de las leyes revolucionarias que terminaron por confiscar todas las propiedades productivas y lucrativas, aquel reservorio inicial tuvo que ensancharse y le añadieron las etiquetas “los terratenientes y explotadores de los humildes”, “los que pretenden regresar al bochornoso pasado capitalista” y otras de igual corte clasista.

Al llegar los años ochenta cayeron en el depósito de los contrarios al sistema también “los que no están dispuestos a sacrificarse por el futuro luminoso” y “la escoria”, ese hallazgo lingüístico que pretendía definir a un subproducto del crisol donde se forjaba no solo la sociedad socialista sino también el hombre nuevo, que tendría el deber de construirla y algún día el placer de disfrutarla.

Los rotuladores de la opinión no hacen ninguna diferencia entre quienes se opusieron a las promesas iniciales de transformación social y los creyentes que terminaron frustrados ante su incumplimiento. Porque toda promesa tiene un plazo, sobre todo si es política y cuando caducan las prórrogas proclamadas en los discursos, se agota la paciencia y aparecen posiciones difíciles de etiquetar por esos eternos clasificadores de ciudadanos. De manera que desde hace varias décadas han aparecido en Cuba quienes sostienen que las cosas debieron hacerse de otra forma, los que llegaron a la conclusión de que toda una nación fue arrastrada a la realización de una misión imposible, un gran número que quisiera introducir algunas reformas e incluso los que pretenden cambiarlo todo.

Pero ahí está el saco con su insaciable boca abierta y la misma mano arrojando a su interior a todo el que se atreva a enfrentarse a la única posible “verdad” monopolizada por el poder. No importa si es socialdemócrata o liberal, demócrata cristiano o ecologista, o simplemente un inconforme independiente; si no está de acuerdo con los dictados del único partido permitido —el comunista—, es tomado como un opositor, un mercenario, un vendepatria, en fin, se le clasifica como un agente a sueldo del imperialismo.

Obstinadamente muchos siguen mirando la estampita edulcorada que muestra un proceso social justiciero y tratan de justificar la intolerancia que lo acompaña a partir de sus logros —ya bastante deteriorados— en la salud y la educación. Son quienes no pueden entender que los modelos usados para perfilar el retrato triunfalista del sistema cubano, se tornan muy diferentes cuando se bajan del pedestal donde posan. Paciente hospitalario y alumno de una escuela no son sinónimos de ciudadanos de una república. Cuando un hombre o una mujer de carne y hueso —con aspiraciones personales y sueños propios— se encuentra fuera de “la zona de beneficios de la revolución”, descubre que no tiene un espacio privado donde fundar una familia, ni un salario correspondiente con su trabajo, ni un proyecto de prosperidad lícito y decente. Cuando además reflexiona sobre los caminos que tiene a su alcance para modificar su situación, encuentra que solo le queda emigrar o delinquir. Si llega a meditar en como modificar la situación del país, descubrirá lleno de pánico el amenazante dedo acusador de un Estado omnipresente, el insulto descalificador, la intolerancia revolucionaria que no admite ni críticas ni propuestas. Se dará cuenta entonces que ha ido a parar al saco de los disidentes, donde por el momento sólo le aguarda la estigmatización, el exilio o la cárcel.

jueves, 23 de septiembre de 2010

DESCARGAR VOCES 2


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VOLABAS EN CABALLO BLANCO EL MUNDO

Orlando Luis Pardo Lazo


CANCIONES MIERDERAS que marcaron de muerte a nuestro pobre y provinciano corazón. Baladas baladíes, por supuesto. Poemas plañideros que nuestros progenitores interpretaron mientras hacían sus labores domésticas de fin de semana o mientras hacían de noche mediocremente el amor (esa otra labor doméstica).

Música mala. Malísima. Inimitable y sin igual. Kitsch tropicaloso de alcoba. Boleros light y melodramas pop-corn de cornudos y tembas. Estrofas estrujadas con versos inolvidables, eufonías que nos acompañarán más allá del Juicio Final ante un fiscal del Estado o de Dios.

Con esa banda sonora chupamos teta y aprendimos las primeras palabras patrias del español. Hezpañol. Melodías genéticas, genésicas, geniales a pesar de su ingenuidad. Todo un background de barrios barridos bajo los berridos del bebé que fuimos y los onanismos oníricos del adolescente que envejeció sin serlo del todo nunca.

Hoy Cuba ha enmudecido a fuerza de gritos de repudio y demagogia política, pasto teatral para el vulgo: bullita de las postrimerías nada estéticas de una Revolución cuya cancionística nadie de nuevo tarareará.

Hoy somos como zombies en clave de sol sostenido mayor, el más aburrido de los acordes. Monotonía de un pentagrama que se quedó con los micrófonos en blanco. Así como nadie recuerda las amenazas apocalípticas del Premier de nuestro único Partido, tampoco ya nadie memoriza las letras del último hit de la temporada de baladas.

Borramos escenas. Deshabitamos apenas al ritmo de la resaca. Cuba como parónimo perfecto de Coda.

Y, entonces, cuando la esperanza se vaya asumiendo por fin como una enfermedad endémica, cuando sepamos que estamos solos en tanto generación y que no haremos nada que luego valga la pena pensar, entonces, cansados de darnos cabezazos contra los fantasmas suicidas y los funcionarios pragmáticos en que sin saberlo nos convertimos, cuando el brillo del día a día sea una bruma pasada por nuestras cataratas conceptuales de gente que se dejó robar el tiempo que le tocó existir, entonces, la molicie de aquella música de nuestras infancias mongólicas estará esperándonos todavía allí, como una visa para salvarnos, como un talismán contra las dictaduras de corte totalitario o democratizado, como una almohada donde recostar la nuca y pedirle perdón al amor por lo mucho que parloteamos en su nombre y por lo muy poco que lo practicamos.

La cultura entera sólo tendrá sentido entonces en dos o tres frases de pacotilla que expresarán mejor que cualquier tratado lo que fuimos pero ignoramos. Endecasílabos endemoniados de los que no tenía sentido intentar la fuga, porque entre sus metáforas mefíticas, en alguna de sus mil y una almibaradas fonías (mejor que la inteligencia falsa de los poetas de verdad), resonará el alma secreta de ese timo en fase terminal llamado la cubanidad.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

EL DINERO COMO DELITO


¡MARICONÁ CON EL MONEY, CONSORTE…!

Orlando Luis Pardo Lazo

No me lo crean a mí, que siempre estoy botado detrás del palo. Esto me lo han contado los que van a viajar. Dicen que ya no puede sacarse dinero duro de Cuba. Ni un centavo siquiera. El telón numismático se cerró.

El cubanito que por sus medios (o miedos) ha decidido irse de Cuba un rato, de pronto se ve requisado como un delincuente común. En el aeropuerto lo escanean a la caza de euros, dólares y otros papelitos apátridas. Lo interrogan y cachean al azar. “El baro de verdad no se va contigo, compatriota: te lo guardamos en un sobre lacrado para que te embulles a regresar”, es la instrucción a nombre del Banco Central que están aplicando ahora los per(r)itos de aduana.

Un asere de mi barrio se hizo español. Cuba, por supuesto, lo acata pero no lo reconoce. El cumbilita tiene aquí tonga burujón puñao de bisnes rentables, ha ahorrado como Marx manda, por debajo de la manga, y para este fin de año quería llegar con astilla larga a Madrid, a ver si ligaba rápido una jebita que lo legitime sino ante Zapatero, por lo menos ante Rajoy o el Rey (o ante Dinio, llegado el caso).

Los otros días el monina con money pasó berreando por la calle Beales. Nunca lo había visto perder tanto la tabla. Tenía que embarajar la talla si quería viajar en talla. Pagarle a un yuma pa que le sacara la pasta. Pero era a riesgo. De pinga, vaya, que un comemierda lo fuera a estafar a la hora del faster sólo por tener un pasaporte libre del MININT. Mariconá con el money, mi consortón, me dijo, pero yo sí que no parto pasmao pa Europa, ni aunque me coma un camión de locos.

No he me tomado el trabajo de averiguar de qué va la cosa ahora. Los bloggers y el baro no van bien de la mano (ahí está M.H. Lagarde para demostrarlo con sus manía de mercenariar a Yoani Sánchez). Parece que el ciudadano cubano recobra su estatus de indigente internacional. Tenemos que llegar al mundo sin un quilo contrarrevolucionario partido por la mitad (el dinero es siempre contrarrevolucionario, por eso en la década prodigiosa en un pueblito pinareño hasta se intentó abolir).

Parece que se está fugando el capital, síntoma de naufragio. Puedes sacar dinero cubano (como curiosidad de museo, supongo), aunque no lo puedas cambiar en ningún banco más allá del malecón. En casos críticos, puedes pedir un permiso excepcional a los jurídicos del Banco Central, justificando para qué piensas usar el dinero allá afuera, y cómo te hiciste de esa cantidad aquí dentro (demostrar la inocencia es nuestra especialidad cubinaria).

Bien. Bravo. Que así sea. Me gustan las cuentas claras con el Estado Total. El dinero es tiempo para el sistema socialista en su versión .cu. Queda, pues, en evidencia, por escrito y con copia a-quién-pueda-interesar (si es que por fin existe esa mítica resolución, vigente desde antes de la dolarización en los noventa), que el apartheid cubano continúa. La victoria es incierta.

¡Extranjeros del mundo, huíos!

Hasta la CADECA siempre.

Patria o Money: ¡Cambiaremos…!

martes, 21 de septiembre de 2010

DIBUJOS DE DIRUBE...?




UN VISITA A VISTA MAR

Orlando Luis Pardo Lazo

En una revista cultural de la Iglesia Católica leí la notica mínima, publicada hará ya un par de meses. Se hablaba de una capilla abandonada desde hacía años y de un mural de Dirube que sobrevivía en su decorado interior.

El fin de semana pasado subí la loma de Santa María del Mar, atravesé un parquecito enyerbado y repleto de presos o locos con uniforme gris (hacían labor-terapia), y encontré al final la iglesuca, con su cruz empinada al cielo entre una torre de telecomunicación y un hostal en moneda dura.

El lugar estaba apaleado por la desidia. Cercas peerles, tablas, ladrillos. En una parte de la construcción habitaba como peor podía una familia. Y, en efecto, vi trazos de maestro sobre la pared, colindante con lo que acaso pudo ser un altar.

Era una virgen. Una virgen picassiana, picoteada. A rayas, con bebé Dios y barquito de la caridad con sus tres balseritos incluidos. Líneas finas y gruesas, rectas y curvas entrecruzadas, ilegibles, acaso una flor distrófica, un ojo caprino, todo con destellos de luz que bien podrían ser sólo los restos de otra pintura que con el tiempo se diluyó.

Hacía un silencio atroz. Un vacío sonoro perfecto para Dirube, que era sordo de su infancia, además de desconocido en la Isla durante su biografía. Pegué mi oreja al mural. Al otro lado se oía el traqueteo en off de una familia negra cubana en los márgenes del siglo XXI mundial. Olía a cucarachas y cemento fresco.

Sentí una tristeza inconsolable. Hacía cincuenta años aquel reparto estaba siendo construido para poblar el futuro. La gente vino y escaló estas mismas lomas y puso su dinero en función de pensar una arquitectura de ruptura contra el provincianismo patrio de nuestro concepto de ciudad.

Luego tuvieron que huir enseguida de la demasiada justicia de la Revolución y se perdieron para siempre la visión epifánica del mar cianótico. La visión que tenía de gratis ahora yo, testigo ignorante pero susceptible al dolor.

Tiré fotos. Respiré. Miré la línea cóncava y claustrofílica de las Playas del Este. Era sábado por la tarde. Parecía el último fin de semana de la nación.

No sé si Dirube recordaría al morir en los noventa a este mural. No sé siquiera si lo terminó o si yo me maravillaba con apenas un boceto de sus manos de mago. Igual era un milagro que su obra permaneciera aún en pie, borrándose sin público ante la indolencia ministerial, esperando a que yo pasara de carambola por aquí y me arrodillara ante los dioses idos a rezar.

Quería humillarme un poco, hundirme ante el esplendor en ruinas de un compatriota muerto, pedir perdón por tantas patadas y ataúdes a cambio de nada. Quería reconstruir la Cuba inminente a partir de un Dirube que bien podía ser falso o de otro pintor (no confío en las revistas culturales de ninguna iglesia).

La cultura cubana es también un poco ese tachón, ese emborronar papeles y paredes, ese desprecio déspota contra quien no comulga con la fe oficial, esa obra maestra para nadie, ese apócrifo de élite que el pueblo emplea luego como cagadero o posada.

Me fui. No sé si regrese a la capillita. Tal vez debería organizar una acampada o una misa a nombre de todos ustedes allí. Ese templo modernísimo, que la molicie de la institución religiosa no supo conservar, sería un excelente nicho comenzar a repintar los colores del cambio en Cuba.