jueves, 30 de septiembre de 2010
SOMOS LA GENERACIÓN DEL CAMBIO
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miércoles, 29 de septiembre de 2010
Voces-1 te invitó a Voces-2 te invitará a Voces-3
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voces 2 te invita a voces 3.......
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http://issuu.com/OLPL/docs/ezine_trep_2
THE REVOLUTION EVENING POST
http://issuu.com/OLPL/docs/ezine_trep_3
THE REVOLUTION EVENING POST........
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the revolution evening post.......
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http://www.youtube.com/watch?v=WizTQ-EI40E
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LUIS ELIGIO SIN ZENSURA EN VOCES 2

ahora la revolución es zen
LUIS ELIGIO PÉREZ (OMNI ZONA FRANCA)
fragmento:
un ave vuela sobre una flor que
flota en el río la vida fluye hacia
la oscuridad que estalla
¿el resplandor te muestra el
infinito, los grandes mundos
dorados, utópicos, o te ciega
y te hace vagar en la ignorancia
de creerte en la verdad?
el maestro bastón-sable
en el aire
golpeó
al
pueblo
dos veces:
“ahora zen es revolución”
y pueblo en loto
espalda recta
mirada fija hacia el piso
con las horas pasando hasta un
nivel cincuenta que parte piernas
del dolor…
¿algunos no soportan no
poder pensar y se lanzan a la
marea sin ideas devorados son
hasta el fondo una mano
crispada un dedo cianótico
anónimos desaparecidos
dónde está el listado de sus nombres?
son víctimas:
un bloque a un lado y
un bloque adentro que no
puedes nombrar
el bloque adentro es
una sombra
el bloque adentro es
justo
el bloque zen
nómbralo y quedarás
sin amigos penitentes
aquellos que vuelan sobre
el río aplauden al bloque
y admirados no ven que
la flor ya no es loto
ya no es
ya se hunde
así uno pierde la visión
cuando el maestro bastón en mano:
“¡ahora la revolución es zen!”
y todos como náufragos
en una isla zen
en silencio
“esta posición nos ilumina”
pienso
y el bastón cae sobre mis hombros
pienso
y se parte en dos sobre mi cabeza
“ahora la revolución es zen”
“ahora la revolución es zen”
me arrastro sin fuerzas
vuelo
caigo
vuelo
me arrastro en el aire
toco el sol
¡qué maravilla!
¡caigo!
¡raspo los tanques
apesto en las esquinas
duermo sobre escombros!
no puedo decir
no puedo encontrar un sol
paso horas detenido
¿en dónde dejo caer este pesado
bulto que me hunde
por qué no quiero soltarlo?
¿¡¡¡qué le pasa a mi cuerpo
sentado
en el aire del esquema
en el aire del miedo
en el aire del control
en el aire del fatalismo
en el aire de la oveja
en el aire del para siempre o muerte
o muerte o muerte o muerte
o muerte o muerte o muerte
o siempre o siempre o siempre
la oscuridad
estallando
en nuestros ojos!!!?
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UN VENEZOLANO EN VOCES 2


Impresiones habaneras de un yuma a la deriva
Leo Felipe Campos
A JJ y al bueno de Adín
LA MÚSICA es intermitente y también la intemperie cuando el sol se pone, que es casi siempre en los nueve días que llevo caminando por algunas zonas de La Habana.
Su malecón entero, sus 17, 21 y 23; su G y su J; su O y sus calles de títulos nobles y personas recostadas de las barandas de sus balcones. San Lázaro, Infanta, bicicletas y taxis por puesto.
Su centro y ese lado viejo, más arrugado y turístico. Su Marianao en dos guaguas dobles, autobuses con panza de acordeón y mucha gente, conversando. Su Parque Central de costado típico con José Martí otra vez al centro; el esplendor extraviado en sueños que se diluyeron con el hambre, las injusticias y el tiempo.
La Habana tiene el brillo del óxido y la sonrisa salada. Se puede fumar en todos lados y cada uno busca sombra.
Cuando pasa una pareja de extranjeros, que se multiplican como moscas, los ojos de los cubanos parecen navegar de un lado al otro, constantemente, y entonces pienso que todos han sido marineros, o que lo serán algún día.
Es la ciudad que mira perdida el horizonte con la cabeza puesta en sus recuerdos, se mueve y se mueve bien, con tantas vidas, y baila despacio hasta que llega el silencio y se instala.
No es así La Habana, como una pregunta, sino como un desespero, un arrebato, una travesura que moja sus costumbres en la transparencia del ron blanco, mientras vive su olvido con el rumor de las olas al fondo.
Si La Habana no tiene dinero porque se lo han quitado a pulso, la dignidad de sus próceres y la resistencia de sus piedras y sus brazos enormes, ancianos y fibrosos, abrazan la posibilidad de una contradicción que impresiona: La alegría triste.
Por ejemplo, la ciudad se rinde a la milanesa de cerdo entre dos panes viudos, y al pescado que envuelve una lonja de jamón y otra de queso, pero hace rato que olvidó el bistec de res, quién sabe si es por temor a perder la leche, porque en Cuba, según me dicen, uno de los logros es que todos los niños tienen asegurada un porción de leche hasta los siete años.
La Habana habla de lo que fue o de lo que puede ser, pero pocas veces de lo que es, su risa es de un escapismo elocuente, su calma es notoria. Se entrega con resignación y estoicismo al lugar común que los turistas le reservan, la reivindicación de lo auténtico como un arma en forma de postal: Un fresco-noche de paladares rubio-Europa con flashes fotográficos en la casa del negro empulserado, hombre amable, a punto de devorar en una sentada lo que la mayoría de sus ciudadanos sueña desde hace unas décadas que, más que en años, se miden en fe. Hay que agregar que en este lugar los dueños de casa comen de pie.
En la pelea estelar de boxeo del imaginario mundial, que no termina, La Habana asume el espacio del cerebro retador, la posición del David sin piedras, la palma de la mano abierta y desguantada para decirle al extranjero: aquí hace falta solo un poco de lo que a usted le sobra, pero nosotros, que nadie lo dude, vamos a ganar.
He visto a miles de personas acá, aunque he conocido a pocas. Todas con las que hablé por más de dos o tres horas continuas, o cuatro o cinco días espaciados, tienen la virtud tatuada, son respetuosos y encantadores, muy inteligentes. La calle está ganada para la gente y ellos no parecen notarlo, andan por ahí, resolviendo sus días como pueden.
La Habana, más segura que las otras capitales que he conocido en el resto del continente, es un calidoscopio de sustantivos enfrentados, una ráfaga necesaria de respuestas imposibles. Es el calor pasmoso, el pasado que nunca pasa, la soledad que regala la fama, y la ruina, o los escombros. Es un lamento cantado con sabor. Un vestido hermoso traspasado por la luz al que le sobran las costuras.
No he tenido tiempo todavía de verla con el pecho descubierto, dejando caer su ropa al piso, y tampoco lo he buscado, pero la he estado mirando con atención, lo más cerca que he podido, y ahora que lo pienso estoy seguro de algo: hubiese preferido encontrármela desnuda.
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martes, 28 de septiembre de 2010
REINALDO ESCOBAR INÉDITO EN VOCES 2

La imagen del bosque, la identidad del árbol
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