sábado, 27 de noviembre de 2010

SATURDAY HAPPINESS STARTS WITH S...






If the sun refused to shine, I don’t mind, I don’t mind...
If the mountains fell in the sea, Let it be, it ain’t me...
Got our own world to live through...

jueves, 25 de noviembre de 2010

CARTA ABIERTA A QUIEN SEA, EXCEPTO A ABEL PRIETO (MINISTRO DE CULTURA DE CUBA)


CARTA ABIERTA AL MUNDO, EXCEPTO A ABEL PRIETO (MINISTRO DE CULTURA DE CUBA)

Orlando Luis Pardo Lazo



La semana pasada participé de una experiencia excepcional. Durante dos días hablé en cámara para el documental ficcionado “Trocadero 162, bajos”, del director Tomás Piard, sobre los últimos años de José Lezama Lima, sobre su ostracismo terminal de puertas adentro, sobre su resistencia contra el vacío cubano hasta que expiró en agosto de 1976, sobre el hueco negro que hoy sigue siendo su escritura no solo entre el público profano sino incluso entre los universitarios de la Isla (en el exilio igual Lezama Lima es un fósil raro, pero al menos ya entró a los programas docentes).



Compartí el set de grabación con una estudiante de Historia y una joven profesora de la Facultad de Artes y Letras, ambas de la Universidad de La Habana. También dialogué cara a cara con dos personas que paladearon cara a cara la amistad, la resignación, la risa y la orfandad del último Lezama Lima: aquel poeta inconcluso de “Oppiano Licario” y aquel narrador inédito de “Fragmentos a su imán”, esa sombra tan piñeriana que nadaba dormida con las dos manos amarradas (Virgilio vomitó su miedo, pero Lezama Lima se lo tragó).



La realización más reciente de Tomás Piard, que en el 2008 estrenó con el ICAIC el largometraje “El viajero inmóvil” sobre Paradiso, ya está en fase de edición en la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual, y se estrenará el domingo 19 de diciembre de 2010, día del cumpleaños 100 de Lezama Lima. Dije y dijimos parlamentos imprescindibles durante horas y horas de rodaje. La productora de UNIÓN no nos pagó el esfuerzo. Y ahora, de súbito, el perplejo de que en ninguna de las secuencias de “Trocadero 162, bajos” aparecerá mi cara o mi voz. El Estado cubano borra otra vez, por pacatería política, las huellas insignificantes y magníficas de Orlando Luis Pardo Lazo (como un Rey Meado, todo lo que toco se troca en horror).



Alguien, en secreto desde el máximo nivel en el Ministerio de Cultura, ha tomado al respecto la decisión más irrespetuosa, a algún “cuadro” se le escapó a destiempo un tijeretazo cómplice de despotismo, nuestra nomenklatura de mentiritas escupe su esterilidad sobre la memoria sin paz de José Lezama Lima. Repetimos el crimen de Carneado contra los escritores cubanos. Hoy es ayer todavía. Seguimos estigmatizando como terapia ocupacional. Cambiará el universo, pero los censores no cambian: siguen asalariados gracias a ese infantilismo de izquierdas que es inventarse enemigos por resolución. Si esto ocurre con tal desparpajo en pleno noviembre de 2010, no quiero ni imaginar sobre qué clase de “lecho de rosas” murió Lezama Lima en los años setenta del siglo ¿pasado?



No sé si en un país más país alguien debería renunciar a su cargo por una atrocidad así (yo por lo menos no renuncio a seguir siendo una de las prosas límites de mi generación). No sé si martillar una proclama de combate en la puerta de cada ministerio o conferirle a los nuevos Pavones el beneficio estilístico de mi perdón. Lo lamento en mi corazón de hijo huérfano por Tomás Piard, un cubano bueno y universal del que los brutos provincianos vienen burlándose desde su época de director amateur. Lo lamento por el 2011 que ya se anuncia no como otro Quinquenio Gris sino como todo un Quincuagenio Negro. Me alegro sólo por la transparencia de este gesto grotesco con que el poder pone en blanco y negro su desprecio absoluto por todo lo que tenga tufo a intelectual (la Seguridad del Estupro asegura así ante el mundo su estupidez).



Saben de sobra que ningún hijo de vecino y mucho menos un Premio Nacional de Literatura protestará (Lezama Lima mismo no protestó). Bien sabe el viceministeriado que este zapatazo soez disolverá solidaridades a mi alrededor por mero instinto de conservación (sálvese quien lea). Suponen que me quedaré más solo que un suicida, y justo esa es la fórmula del “odio triunfante” en el sistema socialipsista: con todos y para la mediocridad de todos (excepto Abel Prieto, ministro de cultura a quien eximo de leer esta carta abierta al mundo: su cargo le permite administrar los presupuestos de la culpa pero jamás el pundonor de la cultura).



Ante el reto de la belleza y la verdad, nuestra patria prepóstuma se pasa con ficha y sus cancerberos aún no se atreven a mover ni un tantito así (indecente dominó). Nacer aquí torna a ser un fiasco innombrable. Yo, que no sé decirlo: Revolución.



Por mi parte ya no espero nada, ni siquiera la ausencia. Cuba será libre. Yo nunca lo fui.



"La censura no existe", dice Juan Carlos Baglietto




Hoy tristemente mi experiencia insomne ha sido otra.
La censura en Cuba no existe como institución.
Basta con que exista el mINCULT, mi amor...
Qué paradiso tan pedestre nos tocó en suerte a los cubanos sortear!

martes, 23 de noviembre de 2010

ZOOMING ZOE



ZOELIDARIDAD

Orlando Luis Pardo Lazo

Cuando yo era bioquímico, en laboratorios cianóticos por los reactivos cancerígenos de importación y el aire acondicionado local (mucho mejores que los antros de la Universidad de La Habana, donde toda investigación era un chiste para obtener becas en el extranjero y quedarse), entre colegas que siempre estuvimos más al tanto de la literatura cubana que de la revistería científica mundial, Zoé Valdés era el best-seller absoluto, codo a codo con un Reinaldo Arenas que leímos ya póstumo por desgracia.

Pero Zoé Valdés, para colmo, sobrevivía. Era, de hecho, la única escritura viva que conocíamos en esos años de novísimos autores con muy buenas intenciones pero tan pésimas antologías. Zoé Valdés era la prueba irrefutable e irreverente de que existía una sobrevida a la Cuba in situ, sus fotos de solapa y su prosa destapada encarnaban un plus de coraje y locura ante nuestra experiencia intranacional de silencios no tan cuerdos como cobardes al punto de la complicidad.

Casi no recuerdo nada de sus novelas iniciales, aquellas que traficábamos forradas en los periódicos Granma de los noventa. Conservo sólo la intensidad. La pataleta magnífica. Lo grotesco pasado por los patético y a la par un toque de niña mala desde su voraz ingenuidad. Lo político y lo promiscuo, por supuesto, atravesándolo todo como un tour de fuck. Y también esa palabreja pacata con que los policías paraliterarios del proletariado han tratado de estigmatizarla: lo soez (ignorantes de que lo único soez ha sido nuestro realismo soso de carguitos y conferencitas a nivel ministerial).

Soez Valdés. Qué imbéciles. Qué elogio.

Ha pasado el tiempo. Zoé Valdés, que irrumpió como una tromba maldita, para ejemplo y envidia del resto del campo literario cubano (los restos del campo literárido cubano: retórica reumática de la revolución), acusada de manipuladora y mentirosa por intelectuales de obra respetable y opiniones repudiables, narrando a Fidel como una obsesa (o, más riesgoso aún, como una posesa que se retrata sentada con las piernas abiertas en tijera), más allá del cansancio y de la censura, tecleando tal vez demasiadas novelas pero cada una hija de un delirio desaforado (a ratos afónico), incorrecta con cojones, bestia beligerante que puede poner a incandescer ciertos párrafos, encadenada en las calles de un país llamado París que desde La Déspotabana es sólo una palabra imposible, firmando mamotretos y campañas que le pinchan el culo cojo a nuestras más altas autoridades, “cochina” (vocablo tan lezamiano, aunque nadie lo sospeche hoy así) como la oí llamar en más de una oficina oficial de la cultura cubana, y, además, insaciable, insecable.

Pero también cumpliendo años de un exilio in extremis que comienza ya a pesar en su obra como una cadena perpetua. Pero también una mujer muy sola en su batallita de éxito editorial (toda excritura límite se merece el don de ese distanciamiento).

Hace poco Cuba le propinó otro de sus ascos de repudio, organizados con el mismo guión así en Banes como en La Sorbona. La soberbia de quienes se postulan como el paraíso en La Tierra no tiene medida ni control. Y es lógico. El paraíso como concepto es eso, incluido el paraíso de Dios. Una tiranía terminal. Una socialización sonriente a la cañona. Un Bien a pepe timbales. Desde niño me aterraba la noción del paraíso que mi madre anunciaba como en juegos para después de nuestras respectivas muertes. Mi padre ya murió en el año 2000. Ojalá no nos espere allá.

Mi solidaridad con Zoé Valdés ante esta práctica de lapidación intelectual organizadas por quien sea que las organice en “solidaridad con Cuba”. He chocado inútilmente con ella en la blogosfera cubana, porque en mis delirios de debutante considero que ella en su prisa de tribuno ha terminado atacando a cubanos que sirven con ese mismo argot de la paranoia política que aplican aquí los órganos de seguridad. No le pido perdón por esos topetazos, ni ella necesita ni carajo de mí. Zoé brilla como un diamante oscuro y en esa sombra el que nunca se verá soy yo. Pero digo ahora que no se repetirán esos exabruptos.

No quiero conocerla ni un post más. No me hace falta saber de ella para defenderla contra los jodidos jiribillos que siembran la cizalla y el camorreo (viví uno en la FIL de Guadalajara 2002 contra la revista Letras Libres y temblé esa vez en la verja, y juré vengar con mi blog el crimen). Una Zoé subterránea me sabe mejor. Así era al inicio del Verbum, cuando la Barbariem de sus libros penetró la Isla finisecular, y, en medio de nuestra analfabetosis provinciana, sus novelas armaron en nuestro nombre el rompecabezas radical de la libertad.

Salud, Zoé. Vini, vidi, valdés.

VIMEO UTOPICS

Boring Habana Utopics from Sandra Gomez on Vimeo.