sábado, 4 de diciembre de 2010

THAT I WOULD BE GOOD



Yo pronuncio tu nombre
en las noches oscuras
cuando vienen los astros
a beber en la luna
y duermen los ramajes
de las frondas ocultas.

Y yo me siento hueco
de pasión y de música,
loco reloj que canta
muertas horas antiguas.

Yo pronuncio tu nombre
en esta noche oscura
y tu nombre me suena
más lejano que nunca.

Más lejano que todas las estrellas
y más doliente que la mansa lluvia.

¿Te querré como entonces
alguna vez? ¿Qué culpa
tiene mi corazón?

Si la niebla se esfuma
¿qué otra pasión me espera?
¿será tranquila y pura?
¡si mis dedos pudieran
deshojar a la luna!

ROCKMANTIC LYNCHING

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Sweetest Sister Sparrow, how Should I Save my Self from you?



somewhere i have never travelled, gladly beyond
any experience, your eyes have their silence:
in your most frail gesture are things which enclose me,
or which i cannot touch because they are too near.

your slightest look will easily unclose me
though i have closed myself as fingers,
you open always petal by petal myself as Spring opens
(touching skilfully, mysteriously) her first rose.

or if your wish be to close me, i and
my life will shut very beautifully, suddenly,
as when the heart of this flower imagines
the snow carefully everywhere descending;

nothing which we are to perceive in this world equals
the power of your intense fragility: whose texture
compels me with the color of its countries,
rendering death and forever with each breathing.

(i do not know what it is about you that closes
and opens; only something in me understands
the voice of your eyes is deeper than all roses)
nobody, not even the rain, has such small hands.

martes, 30 de noviembre de 2010

UN LEZAMA PARA TRAPEAR (TRAMPEAR)


DEL VUELO DEL GATO AL COñO DE TU MADRE

Orlando Luis Pardo Lazo

Hay el Lezama lírico, de vuelo ilegible, ante cuyas volutas hacemos reverencia porque leerlas sería por gusto, por gasto. Y hacemos bien. Desde siempre esa lírica lezamiana nunca tuvo mucha salida, excepto para citarla y atesorar así cierto prestigio intelectual. Esa escritura oscura pero nada hermética, sino trunca en sus significados para multiplicar su sentido, era el puro espacio interior, intestinos de un autor que lo regurgitaba todo. Saliva solipsista, a ratos otra manera de nuestro ser sentimental, interjecciones incluidas. Lo menos cubano del mundo, que no quepa duda.

Pero hay también el Lezama Lima cacho e´cabrón. El prosista que tantea lo prosaico, aunque desafortunadamente su sobrediscursiva siempre se lo impidió. El hombre que llenó sus novelas de una Biblia homo para justificarnos no sólo ante el viejo Dios católico sino, llegado el caso, ante el nuevo Estado comunistón. El tipo que puso a tipos a tirarse a tipos con verbos raros y adjetivos inventados, lo mismo a finales de nuestra Republiquita que a inicios de la demasiada Revolución. El magister penis en cuyos párrafos de puntuación imposible la única palabra que falta para designar a la pinga humana es precisamente esa: la pinga (los peritos pacatos en este punto y aparte ya pueden ir escupiendo sobre mí, no serán los primeros: el ministerio de cultura y la policía política se les adelantó).

Ese Lezama Lima de "el coño de tu madre" y "el recoño de la tuya" (son citas de Oppiano Licario), el de maquillar sexos con camisetas porque si está la vagina, no sé, Fronesis no puede entrar (la cita ahora es mía, por suerte), el de la rascabuchadera en cines de pésima muerte y meadera en los zapatos de quien durante la última noche macha te la metió (Paradiso dixit), el de los 20 000 eudoxios salidos de la locura del padre de Foción (ejército de personajes que la literatura cubana no ha tenido cojones para procesar), el de los tríos incestuosos y tarros y degollinas con los huevos atados, más la sobadera nocturna de testículos parisinos por un árabe árido, en fin, el Lezama magistral de la materia antilírica (aún con sus glandes de cornalina exhibicionista y tronitonante), el de la etimología de por ejemplo templar ("palabra en extremo delicada"), el que esperó la muerte de su madre para huir entonces hacia el deseo o al menos publicarlo en la UNEAC, ese autor subterráneo será ya para siempre nuestro primer desconocido.

Lezama Lima merece un falolito en su tumba del tamaño de la Plaza de la Revolución (en su obra no faltan tales visiones pinguescas, incluso en plena canallita estudiantil contra la dictadura de turno). Pero nuestro hombre en el barroco poco a poco va siendo empantanado en la mierda mítica de la cultura (¡hasta el ministro fue lezamiano!), como si los clásicos a su vez (más no pocos santos en sus inicios) no fueran faunos fornicadores fundamentalistas.

Lezama Lima no lo fue. Lástima. Esos serán, supongo, los límites de su escritura descomunal, nunca descocotada. Ahí le faltó, creo, el toque de Verdad y Vida a la experiencia de su lectura. El sexo siguió siendo para él una caída. No pudo denunciar de frente a los que lo siquitrillaron porque el chantaje social funciona de maravillas en quien no se atreve a pronunciar en voz alta su propio placer.

Lezama Lima murió en falta. Nos debía un tin más. En sus novelas apenas comenzaba a liberarse en ese plano más respetable y privado. Tal vez sus versos últimos intentaron borrar, con la invocación del vacío absoluto, todo el dalepatrás y dalepalante de sus incontables cursos y su supuesto sistema poético, acaso para luego colocar en ese hueco negro, si la muerte le hubiera dado un chance, la magnificencia macrogenitosomática del pertinente pingón.

Ah, que tú escupas.

No deja de ser significativo que ningún biógrafo (él no los tiene, por cierto) se haya preocupado por identificar a un cubano que amara físicamente a José Lezama Lima. Nuestro hombre nunca encontró el amor de otro ser humano (el de los lectores no cuenta un carajo, no se hagan ahora los bienaventurados). Sólo obtuvo amistades mediocres maternales, espías al por mayor (le mandaban lo mismo anónimos amenazantes que ambulancias para que no se fuera a morir sin declarar que la salud cubana era gratis), y semen sato a cambio de su salario. Y esa imago sí que me desconsuela. Todo el tiempo deshabitó en una patria de cuello y corbata (excepto a la hora de hispostasiar por escrito, y ese don lo salvó). Todo el tiempo sigue siendo parodiado en su asma dicharachera y en su tocatoca querendón (todavía lo sobreviven epígonos que hablan con enfisema como garantía de autenticidad). No sabemos si al eyacular alguna vez su prosa gritó (en este sentido, su trascendencia es muda, casi nula).

José Lezama Lima murió virgen, pudiendo ser nuestro primer mártir maricón. La poca alegría de Cuba le tamponeó el orgullo de ser el mejor (del gay-pride él no llegó ni al gay-shy). Tal vez su cruz fuera justo esa. El forcejeo dentro de un closet, para colmo encasquetado con un corset.