viernes, 10 de diciembre de 2010

10 del 2010



EL FUTURO SERÁ HOY
Orlando Luis Pardo Lazo

La noche en Cuba es larga y húmeda. Nieva una llovizna tenue sobre los barrios abandonados. Las fachadas se abofan, trazan sus inconcebibles obras maestras a punto de reventar. Todo es plástico en medio de la debacle, de una textura remota y muy humana. Todo habla, hay esperanza al término de la enfermedad. Cuba renace de sus granizos. Fidel fue ayer. El pasado no pesa, tan pasado de moda. El presente es técnicamente mero trámite. El futuro no pasa de hoy a las diez de la mañana o las cinco de la tarde. La felicidad era verdad.

Mi madre respira sus aerosoles cardiópatas. La casa de tablas es demasiado fría para su enfisema, que más temprano que tarde será también el mío. Siempre extrañé una chimenea aquí en Lawton. Quemar madera civiliza. El fuego es algo que siempre se extraña en las madrugadas. Mi gatito bebé se duerme después de hablar por teléfono con el corazón entrecortado de Europa. Resiste mucho menos que yo, tigre insomne. Ninguna criatura podría resistir más que yo ahora. Después de varios siglos, por fin estoy vivo otra vez. La Historia es hoy.

La música me salva, me sana, me seduce, me acelera. Le daría un abrazo al Ministro de Cultura Abel Prieto y le haría el mejor chiste del mundo sobre su innecesaria censura a mi voz en "Trocadero 162, bajo", el documental de Tomás Piard que se estrenará este 19 de diciembre sin mí. Me montaría de nuevo en el Geely de la Seguridad del Estado como hace un año y formaría menos revuelo, aprovecharía la crisis para mirar a los represores a los ojos, para darles un chance de respirar mejor. Como yo. En paz. En libertad. Le preguntaría al Presidente de la UNEAC Miguel Barnet si Reinaldo Arenas fue un muchacho bueno, si era lindo desnudo, si era fogoso o torpe en la cama, si no se compadece de todo el dolor y la desesperación que nos mata y mima y nos hace una raza bendita en el pastizal ladinoamericano al cual Cuba no debe jamás tender, si acaso no lo extraña jovencito en las noches así. Como yo, que nunca me he acostado con un hombre pero igual lo he amado en cuerpo y texto hasta su suicidio de ayer. Saldría disfrazado a la calle cubana. Disfrazado, por ejemplo, de Orlando. De lobo. De luz. De ángel (nadie dude que lo soy, mejor dúdenlo: será más creíble entonces). Daré dinero. Siempre he querido dar dinero a la gente pobre que me rodea. Comprar periódicos Granma a dólar. Cucuruchos de maní a dólar. Ver esos párpados alzarse al cielo y creer que se trata de un error, pero no, es un regalo: en mi cumpleaños lo más lindo es regalarte algo yo. Llamaría por teléfono al azar a un país remoto, desconocido y exacto, y estoy seguro que acertaría con una voz acerada y dulce de muchacha, una muchacha que estuvo a punto de tirarse de un puente bajo la nieve para evitar su cumpleaños que con suerte sería también hoy. Hoy pasa de todo entre los cubanos del mundo, todos estamos despiertos y al tanto el uno del otro. Nos queremos mejor. Somos por fin de lejos un pueblo. Y, aunque yo sería muy torpe en esa llamada de código incógnito, al menos los dos nos podríamos reír un instante, y entonces ya sabríamos que ganó la vida, que hay más tiempo que Revolución, que Cuba perdió, que este es el viernes de la verdad.

Ven. No te hagas. No cruces. Clickea aquí. Estamos todos. Sobrevivimos. El daño no funcionó. El deber era verde y se lo comió una vaca. Aprovechemos el frente frío. Si estiras la mano, te daré una carta mágica. El castillo era, por supuesto, de naipes. Te amo. Y lo sabes. No disimules. No mires al vacío. El vacío de mi mirada es mucho mejor. Esta noche armamos entre todos la primera chimenea del barrio.

Y respira para despedirnos. Préstame un tin de tu oxígeno molecular. Llámame por teléfono sin conocerme tú. Es serio. +53-53340187. Podrías hasta hablar con mi gato que se llama Diez, como hoy. Podría darte el abrazo que generaciones de generaciones no tuvieron el coraje ni la decencia de compartir. Cuba se corrompió entre todos. No fue una cuestión gubernamental. Cuba no es de ningún gobierno. Qué cosa. Cuba eres tú, bobo. Cuba soy yo. Respira. Esta noche sin fondo también me interesaría masticar un buen buche de tu CO2.

Hasta ahorita. Que no amanezca. Que la ilusión sea un poco vampírica. Que las brumas lo ennoblezcan todo. Por si no hay más cumpleaños. Por si el día de hoy fuera único. Por si se está acabando la disciplina del penal. Por si el panal estuviera a punto de producir jalea real, zumo de la bondad suma. El invierno es un bálsamo. Como esas nubes veloces, como esos árboles raros que en la escuela no aprendimos a pronunciar, como la infancia, como tu voz.

La venganza es una vergüenza. La maldad es apenas material. Por eso el espíritu siempre la barre. Por eso nos hablamos sin hablarnos tú y yo. Por eso recordamos que todavía era posible amar entre cubanos. Por eso el abrazo ministerial y mi curiosidad de UNEAC. Por eso el abrazo que le doy al asma artera de mi madre (su nebulizador eléctrico se lo mandó otro cubano de otro remoto país). Mi madre cada cumpleaños más triste: yo sé que piensa que cada uno será ya el último de ella y yo. Mi madre que tanto ha amado y a la que tanto trabajo le costó amar.

Hagámoslo más fácil de pronto. Así. Ya. Qué suerte tienes. Felicidades.

WILL YOU...?



Will you be there beside me
If the world falls apart?
And will all of our moments
Remain in your heart?
Will you be there to guide me
All the way through, i wonder will you?

Walk by my side, and follow my dreams
And bear with my pride, as strong as it seems
Will you be there tomorrow?

Will you be there beside me
As time goes on by?
And be there to hold me
Whenever i cry?
Will you be there to guide me
All the way through, i wonder will you?

HAPPY BIRTHDAY....


HAPPY BIRTHDAY...., originally uploaded by orlandoluispardolazo.

HAPPY BIRTHDAY....


HAPPY BIRTHDAY...., originally uploaded by orlandoluispardolazo.

HAPPY BIRTHDAY....


HAPPY BIRTHDAY...., originally uploaded by orlandoluispardolazo.

HAPPY BIRTHDAY....


HAPPY BIRTHDAY...., originally uploaded by orlandoluispardolazo.

HAPPY BIRTHDAY....


HAPPY BIRTHDAY...., originally uploaded by orlandoluispardolazo.

HAPPY BIRTHDAY....


HAPPY BIRTHDAY...., originally uploaded by orlandoluispardolazo.

39 ESCALONES TO NOWHERELANDIA...!

Poster de Rolando Pulido, el mago de New Oz...

martes, 7 de diciembre de 2010

ARGH$ÝOASIAjnd{QCHW%KFÉFOAWLFÚUBGWAEÑYN...



VIERNES DE ARENAS
Orlando Luis Pardo Lazo

Veinte años. Aniversario del adversario.

Suicidarse en invierno. Suicidarse para ganarle el maratón a los médicos y a los políticos (muchas veces indistinguibles) y también para patear a su público lector (que por entonces aún no existía), para putearlo veinte años más tarde. O sea, hoy.

Suicidarse cuando la belleza no alcance. Abrirse la cabeza cuando el cerebro ya no nos sirva para imaginar nuestra guerra en absoluta libertad. Para ejecutar nuestro delirio desde la paranoia, el panfleto y el complot. Para ponerse uno mismo la soga al cuello, la pistola en la sien o en el paladar blando (bajo la prótesis plástica), tirarse de cara al metro, las pastillas a cuncún cojones por la garganta, los pies al borde burdo de una azotea no de La Habana sino de Nueva York: la ciudad que nunca duerme sus pesadillas, mientras en el trópico roncamos la siesta o la resaca.

Matarse en el desarrollo. Aniquilarse joven y brioso, yegua con ganas furibundas de fornicar. Argh. Con irrigación gonadotrópica y humedades intestinas y semen para donar a los "pecadores nefandos" del Tercer Mundo, según el Viejo Testamento del Hombre Nuevo.

Matarse sin amor. En una cama sola. No yo, no todavía. Otro cubano límite lo hizo por mí. Se sacó de un tirón del mundo, en diciembre 7, un viernes venéreo de 1990, mientras Cuba se disponía a dinamitar su discursiva triunfalista e imponer otra (no menos despótica) para paliar la debacle: Período Especial, Guerra en Tiempos de Paz, Opción Cero, Estado de Excepción, Muerte o Muerte, Venceremos...

Estoy hablando de Reinaldo Arenas. El escritor. La maldición de los mediocres.

Su muerte coincidió con la de un mulato no tan bravío como este blanquito guajiro. Aniversario de un cortacabezas igual de templón, que se celebra hasta en la primera plana del periódico Granma. Antonio Maceo y olé, a quien no le caían en gracia ni traidores ni poetas ni maricones (muchas veces indistinguibles). Y Reinaldo Arenas triplemente lo fue. Se enorgullecía de habitar esos eriales de nadie, esos nichitos ninguneados de nuestra nación, esa marginalia materialista que linda con la locura a golpes de culo y de lucidez. Agrh. Falosofía zen.

En correspondencia, la Isla de la Inquina lo incineró. Cuba vomitó a Reinaldo Arenas y de esa culpa cómplice no se salva ni el Cardenal. Su biografía lo único que generó fue odio y envidia (y el dolor de quienes menos lo conocían, como su madre). Su obra lo único que genera es un pasmo en las manos y en la mirada, una arqueada de ¿cómo pudo este hijo de puta escribir así?

Reinaldo Arenas venía del futuro y él lo supo. Y lo dijo. La soledad de su misión fue autoimpuesta, porque un lobo herido no puede evitar la venganza hasta ver la sangre correr (más que la leche). Hay espíritus en los que cristalizan la rabia y la risa arrasadoras de las que carece el resto de la literatura local, embotada entre la tribuna y el tribunal, entre los cantos de un kamikaze comandantesco y la opereta o perreta en clave proletaria de una revolución. Puahfg.

Hoy, martes muerto del 2010, nadie a mi alrededor recuerda el cumpleaños de su suicidio con SIDA en USA (este viernes 10 se suicidan mis primeros 38 diciembres). Tampoco nadie de mi generación puede nombrar con exactitud el título de una sola de sus alucinantes novelas, excepto "Antes que anochezca", que no es una novela sino una película pésima, no tan cartoonesca como castroonesca, para colmo creo que Made in Hollywood.

En lo personal, me alegro en el alma. Reinaldo Arenas no se merecía formar parte de los curriculos académicos que todo lo clasifican en -ismos temáticos. Reinaldo Arenas se ha ganado por sus timbales de lata (el bronce que se lo coma el lugarteniente negrón a caballo) la medalla de la desmemoria nacional, trofeo mejor que la cita culta y complaciente de un ministrico melenón, o aún peor, de las mil y una niñitas de bien con suficientes tiempo y plusvalía como para doctorarse a costa de sus manuscritos originales en una biblioteca del exilio. Gfrah.

Reinaldo Arenas cayó primero que Cuba, como esos dioses desalojados por los brutos que son el síntoma clínico de la caída del resto de su civilización. No hay Cuba después de Él, nadie se llame a engaño. Su suicidio fue sacrificial, sacro. Se inmoló para imaginar la inmunodeficiencia congénita de una isla imposible o al menos irrespirable.

Su obra es apocalíptica y acelerada como esta columna y, como tal, ingenua. Fue más grande que los sabios. Fue un muñón podrido y paridor, caotrópico (hongos envenenados contra la demagogia del dragón).

Hoy hace veinte años y todavía no hay el más sutil o singao síntoma de su resurrección. Reinaldo, así se hace, repinga, cuando uno está convencido en vida de ser un inmortal. Vencido por la masa por ser un inmoral. Árido de arenas movedizas donde te fermentó la sangre este archipiélago de ciénagas o siglas GULAG/UMAP.

Cubansummatum est!

(Perdóname, por tus planos punzantes de luz como piedras preciosas. Leer es la experiencia excéntrica de un horror ahistórico. Todo texto mío es fotofobia.)

domingo, 5 de diciembre de 2010

ME FUI DE CUBA A DIARIO DE CUBA

CLICK YOUR CHIOCE AT

www.diariodecuba.com/de-leer/las-mil-novecientas-cincuent...

buy book ESQUIRLAS in web.....!!!!

Esquirlas para iniciar el siglo XXI
Orlando Luis Pardo Lazo

Reconozco su rostro terso y me abalanzo sobre la figura del más
reciente ganador del Premio Pinos Nuevos de Narrativa: el joven
escritor Ahmel Echevarría Peré (Ciudad de La Habana, 1974). Su libro
«Esquirlas» acaba de ser publicado por la Editorial Letras Cubanas
(2005) y el lanzamiento oficial ocurrió a la una de la tarde de un
suavemente soleado lunes 6 de febrero, junto a los demás Premios Pinos
Nuevos de la pasada edición, en la céntrica sala José Lezama Lima de
la Fortaleza de la Cabaña; todo en el marco de la XV Feria
Internacional del Libro de La Habana.
He podido leer «Esquirlas» antes de la presentación. Un amigo lector
de otro lector amigo me lo recomendó y hasta me facilitó de trasmano
un ya manoseado ejemplar, incluso antes de su distribución comercial.
Para mi grato desconcierto, se trata aquí de un libro que simula ser
un diario de apuntes que se disfraza como galería de fotos: una rareza
dentro del campo literario cubano actual. Me impresionó la sequedad de
la prosa desde su sentencia inicial. Me atrapó la imagenería visual de
las siete fotos en blanco y negro que van dialogando con sus doce
"esquirlas" de texto. Y, en ambos casos, reaccioné primero con el
cuerpo (como quien se clava una esquirla de vidrio o madera o metal),
y sólo después recuperé el aliento y el habla, y al cabo tomé la
decisión de escuchar en primera persona a esta voz autorial capaz de
acometer (y, por supuesto, también de cometer) un tipo tan radical de
ficción.
Ahmel Echevarría Peré firmaba sus libros. Largos textos agregaba con
cada autógrafo, como si no le bastasen las 108 páginas del original.
Me llamó la atención la juventud del público que rodeaba al autor.
Todos parecían haber estado largo tiempo al acecho de un objeto-libro
así, todos parecían ya familiarizados con lo que les depararían estas
«Esquirlas»: desnudos fragmentarios (algunos con un gramaje artificial
que remite a la caducidad de toda piel y de toda memoria, otros
sobreexpuestos hasta la ceguera, y aún otros resueltos desde un
altísimo contraste que no se limita a la técnica fotográfica sino a su
lectura); la violencia sobre un muñeco de plástico que también se
respira en la atmósfera de domesticidad indómita donde transcurren
estos relatos; la geometría angulosa de los encuadres nada típicos que
van generando una paisajística apenas nacional de tan privada, lo que
se refuerza con determinados usos personales del lenguaje para
condensar así toda una serie de anécdotas mínimas, en cuyos cruces de
camino Ahmel Echevarría Peré se juega el carácter fractal y punzante
de su cuaderno.
Mi única pregunta fue: «Esquirlas», ¿es un libro confesional o un
libro exorcismo o un libro libre o acaso un exabrupto generacional? El
resto es una verdadera miniconferencia concedida en exclusivo por
Ahmel Echevarría Peré, más locuaz de lo que pude calcular por sus
escuetas palabras de agradecimiento durante la presentación:
Todo eso y aún más y nada de eso en absoluto. Como narrador de
«Esquirlas», he sido muchos narradores de esquirlas (tal vez demasiado
pocos para mi pulsión de mutar, que no matar). Si queda algo estable
que hilvane estas puntadas al vacío, acaso sea el hecho de que siempre
me sentí una suerte de «estudiante del infierno», un tipo condenado a
tragar en seco y emigrar hacia mí. A hacer las maletas y cerrar todas
las puertas salvo la de mi propia escritura, última patria de la
cordura: devenir autista antes que artista. No creo haberle dejado a
nadie ningún mensaje más allá de mi cuerpo, que incluye, por supuesto,
al tatuaje de eso que llamamos escritura, que incluye, a su vez, no
sólo a la letra sino también a ciertos tropos impronunciables. De ahí
la mezcla de retazos con que se ensamblan estas «Esquirlas», donde
tomo al azar fotos y notas de mis colegas escritores de la Generación
Año Cero, y así me lanzo junto con ellos hacia una límiteratura que
ojalá sepa crear al público suficiente para crecer no tanto en la
vertical (como los árboles) sino en la horizontal (como los rizomas).
Creo en la emoción directa y honesta, como reclamaba Henry Miller, no
en la confesión en sí, ni en la lírica con que ésta ha sido abordada
por nuestra tradición. Tampoco me vale hacer catarsis como recurso
100% eficaz para manipular los resortes del lector (¿qué es un lector,
por lo demás?). Y mucho menos suspiro por esos espejismos
generacionales, siempre tan transitorios y en perenne pugilato y
relectura por quienes nos sucederán (porque nos sucederán, eso te lo
aseguro, Orlando L: de manera que ésta y no otra ha de ser nuestra
hora de provocar un suceso). Además, el campo literario no es un
colchón de flores, como bien nos lo hizo comprender en la práctica
Jorge Alberto Aguiar Díaz (JAAD), el escritor y asesor literario del
Taller de Narrativa «Salvador Redonet», donde a lo largo del año cero
(2000) decidí que valía la pena tener algo que decir y decirlo,
siempre que no impostáramos un discurso que primero no fuéramos
capaces de sentir como radicalmente propio.
Se trata de inventarnos nuestra tradición. De desmarcarnos para
significar más y mejor, pues con el caos puro no hay manera de
maniobrar: siempre caeremos en una otra forma preexistente, las que
habrá que conservar a la par que dinamitar. Puede ser una noción
paraplejizante de tan paradójica. Es como laborar y labrar desde
cierto dolor histórico, amasando la memoria que ya dábamos por
perdida, sin nostalgias obsoletas pero sí con sentido de la pérdida y
de su recuperación. Con olfato para lo bello, algo que pasa siempre
por una economía más o menos consciente de nuestros recursos
estilísticos y de nuestro mundo interior a desdoblar y desacralizar.
Y, por supuesto, de empuñar el estilete de la ironía con energía y con
óptima fe: no para lastimar ni dar lástima, sino para evitar
patetismos pasados de moda. Distanciarnos de los provincianismos y
actualizarnos al state-of-the-art mundial. Al respecto, te recuerdo
que no porque estemos en el primer invierno del año 2006, ya hemos
arribado al siglo XXI literario cubano. Eso sería un fenómeno que
ahora nos toca a nosotros inaugurar. Al menos, es eso lo que deseamos
cada vez que nos decidimos a eliminar una página en blanco y
exponernos en un texto de ficción: nuestra «satisficción» parte de
querer crear una porción del corpus texti de toda una nueva nación
literaria.
En este punto se hizo un silencio cómplice entre el entrevistado y el
entrevistador. Se me ocurrió pensar que ambos estábamos mucho más
cerca de lo que cada cual pensaba antes de abrirnos al diálogo (yo,
con la lectura a priori de su libro; él, con su monólogo con que
invito yo ahora a polemizar). Fuimos como uno sólo mientras duró su
palabra dentro de una fortaleza colonial, compartiendo la tarde
moderadamente invernal de febrero a ras de una Habana en Feria
Internacional del Libro. No sé. A fin de cuentas, él y yo somos casi
de la misma generación. Le di la mano y un abrazo a Ahmel Echevarría
Peré, el joven autor de «Esquirlas», y le deseé mucha suerte en sus
propósitos fundacionales. Este año, Ediciones Unión con suerte
publicará su otra propuesta inmediata: «Inventario», volumen que
ganara el Premio David de Cuento del 2004 y que todavía sigue sin ver
la luz. Sea el 2006, pues, el año inaugural para este escritor que
recién descubre o se empeña en inventar su propio siglo XXI, en tanto
literatura.

Recapturar la inocencia
Por Jorge Sariol

Esquirlas es un libro amargo. Está compuesto por doce relatos que
debieron ser una novela; o quizás —lo sigo pensando por más vueltas
que le doy— es una novela que finalmente se fragmentó cuando el autor
descubrió que no podía impedirlo. Con su alter ego en medio de una
implosión, estaban ambos —autor y protagonista—, aturdidos por la
alucinación de que en el desastre las esquirlas, en vez de
dispersarse, se concentraban. Y cuando se regresa de ninguna parte o
de donde nunca se ha ido, el resultado es demasiado lacerante, aunque
sea una vuelta retórica. Y Esquirlas es muy amargo.

Ahmel Echeverría Peré (La Habana 1974) es un escritor joven y su
irrupción con Esquirlas en el ámbito literario cubano con una obra de
tales tintes, ha sido sin embargo, venturosa. Nada de lo real, lo
autobiográfico o lo fabulado que pueda tener, se enemista desde el
punto de vista literario con lo trascendente o lo anecdótico, pero sí
con lo circunstancial: es un riesgo, pues es también el modo de muchos
para entrar, en momentos en que sólo así parece entrarse con buenas
resonancias en la literatura nacional.

Al parecer la década cubana de los 90s del pasado siglo ha sido
devastadora para todo, menos para el arte.

Esquirlas, a lo largo de sus 104 páginas (Pinos Nuevos, Letras
Cubanas, 2005), está escrito sin regalías en el plano lingüístico, ni
en el compositivo ni en su estructura. La lluvia, un gato gris y
flaco, un pájaro condenado a ser devorado por las circunstancias, una
mariposa moribunda, el vaho a petróleo de la bahía, un pasaporte en
varios idiomas, son algunos de los flash-back de una narración que
tiende —como en toda buena novela corta— a concentrar la tensión
horizontal de los acontecimientos a partir de imágenes, las literarias
y las fotográficas.

La síntesis está entre sus mejores virtudes, tanto a nivel del
lenguaje, de los hechos, como en el conceptual. Sólo por eso no podría
haber sido una novela. Pero hay demasiadas zonas oscuras, y eso es
difícilmente perdonable en un relato, o en varios, sobre todo si están
conectados entre sí, y de tal modo que dudo mucho que digan lo mismo
“porque dicen, sin dudas” leídos de modo aislado.

Con todo, los relatos “2” y “8”, a mi juicio, tienen todas las
trazas de ser los mejores y más legítimos campanazos del conjunto,
que hacen de por sí audible la entrada, muy por encima de “los ecos de
tantos grillos que cantan a la luna” y escandalizan en la literatura
cubana actual, hágase donde se haga.

Los personajes siguen viviendo y andan por estas calles de La Habana,
incluso los que partieron simbólica o literalmente —New Jersey, el
cementerio, Barcelona o el fondo del Estrecho de la Florida—, incluso
Henry Miller —¿El de París; el de la Gran Depresión, patriarca de la
generación beat?—. Son todos en cierto modo, más que motivos, leit
motif jugando entre símbolos: Yani, Orlando, los ángeles
providenciales vestidos de blanco y venidos del más acá, cuando otros
ángeles igualmente tutelares, decidieron lo contrario.

«Nos bastaba tenernos, nada más» dice el alter ego del autor,
admitiendo en el fondo que no era suficiente ante la evidencia de la
diáspora.

Entender un pistoletazo en la sien como ancla o como lastre es parte
tanto del derecho del escritor como del lector —o del crítico ¡válgame
Dios!—; sin embargo hay otros conceptos expresados demasiados
tangencialmente a través del símbolo de una vieja moneda gastada y
sucia donde, o se puede leer a pesar de todo la divisa Patria o
Muerte, o donde la divisa, explícita, se muestra tan vieja, sucia y
gastada como la moneda misma que se hunde en la bahía.

Las imágenes que participan en el ideotema del libro, construidas por
un ojo-lente sabedor de ser parte de la historia, van desde un
positivista e ingenuo toque postguevariano hasta la cruda —y casi
grotesca— energía buñueliana. La validez de tales mazazos conceptuales
es tan discutible, que sólo lo puede juzgar el tiempo.

Esquirlas necesitará tal vez de un poco de tiempo para ser asimilada.
No es una obra fácil; está construida, según su propio autor, como un
“desesperado malabar de libertad (...) escrito de cara al vacío,
siempre a riesgo de caer contra el suelo a la par que juntaba
fragmentos de cuerpos, recuerdos, fotos; o suerte de libro armado a
ras de la ciudad, la piel, el dolor”.

Otras narraciones escritas por Ahmel Echeverría y que inicialmente
estarían en Esquirlas —en esencia deberían estarlo— han sido
publicadas (el cuento Tierra, La Letra del Escriba # 33 Sep/Oct 2004),
como parte del libro Inventario, premio David de ese año.

«Pensé escribir un inventario de esquirlas» dice Ahmel-personaje, en
el relato que encabeza Esquirlas. En la historia que cierra el mismo
volumen, Camila, un personaje inasible —llegado de un planeta llamado
Argentina—, pregunta: «¿Has estado en Hiroshima?». Ambos están a punto
de empezar de cero, pero perdida cierta ingenuidad, adivinan ciertos
riesgos.

“Un hombre escribe para expulsar el veneno que ha acumulado debido a
su estilo de vida falso”, había sentenciado Henry Miller en los
tiempos en que no conocía a Ahmel, a Orlando ni al oso de peluche.
“Está intentando recapturar su inocencia, pero todo lo que logra hacer
(escribiendo) es inocular el mundo con un virus de su desilusión.
Ningún hombre pondría una sola palabra en un papel si tuviera el
coraje de vivir aquello en lo que creía.”

El exorcismo es alto riesgo. Lo sabía Miller. ¿Lo sabrá Ahmel Echeverría?

libro ESQUIRLAS a la venta.....!!!!

Una novela en cuentos donde el amor y lo político son sinónimos de la
belleza, del joven escritor cubano Ahmel Echevarría Peré. MUST READ,
la blogosfera cubana debería paladear la obra de este muchacho de
Altahabana que cautelosa y cáusticamente puede estar moviendo más de
un milagro en el moribundo campo literario cubano...

"Esquirlas" está a la venta en:

www.createspace.com/3504325
Más adelante saldrá también en Amazon.

About the author:
Ahmel Echevarría (La Habana, 1974). Ingeniero Mecánico por el
Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría. Es autor del
libro de cuentos Inventario (Premio David 2004, Ediciones UNION,
2007), y de la novela Esquirlas (Premio Pinos Nuevos 2005, Editorial
Letras Cubanas, 2006). Sus cuentos aparecen publicados en las
antologías Historia soñadas y otros minicuentos (Ediciones Luminaria,
Sancti Spíritus, 2003), Los que cuentan -Una antología- (Editorial
Cajachina, 2007), La ínsula fabulante -El cuento cubano en la
Revolución- (19592008) (Editorial Letras Cubanas, 2008) y La fiamma in
bocca -Giovanni narratori cubani- (Editorial Voland, 2009).
----
Esquirlas
Authored by Ahmel Echevarría
Photographs by Orlando Luis Pardo

Esquirlas es un libro amargo. Está compuesto por doce relatos que
debieron ser una novela; o quizás -lo sigo pensando por más vueltas
que le doy- es una novela que finalmente se fragmentó cuando el autor
descubrió que no podía impedirlo. Con su alter ego en medio de una
implosión, estaban ambos -autor y protagonista-, aturdidos por la
alucinación de que en el desastre las esquirlas, en vez de
dispersarse, se concentraban. Y cuando se regresa de ninguna parte o
de donde nunca se ha ido, el resultado es demasiado lacerante, aunque
sea una vuelta retórica. Y Esquirlas es muy amargo...
...La síntesis está entre sus mejores virtudes, tanto a nivel del
lenguaje, de los hechos, como en el conceptual. Sólo por eso no podría
haber sido una novela. Pero hay demasiadas zonas oscuras, y eso es
difícilmente perdonable en un relato, o en varios, sobre todo si están
conectados entre sí, y de tal modo que dudo mucho que digan lo mismo
"porque dicen, sin duda" leídos de modo aislado.

Jorge Sariol-El Caimán Barbudo.

Publication Date:
nov 25 2010
ISBN/EAN13:
1456361252 / 9781456361259
Page Count:
100
Binding Type:
US Trade Paper
Trim Size:
5" x 8"
Language:
Spanish; Castilian
Color:
Black and White
Related Categories:
Fiction / Literary