miércoles, 12 de enero de 2011

CUBANACAN´T



EL FORO CUBANO

Orlando Luis Pardo Lazo

En Cubanacán, a la salida oeste de Ciudad de La Habana, no muy lejos de donde la imaginación comercial de los años cincuenta parió un hipódromo y hasta un autocine, están todavía los restos del que fuera el foro fílmico más importante de Latinoamérica.

Un estudio-hangar de primera categoría, ex-insonorizado, con ex-iluminación de lujo y un ex-clima de Primer Mundo (antes que existiera el concepto de Primer Mundo).

El "Foro", se le llama hoy no sin nostalgia, por custodios orgullosos aunque desconozcan qué encierra allá adentro ese cubo cinematográfico en ruinas. Ah, el Foro, el Foro, repito yo después de haber laborado en su vientre de hernias abiertas a la luna y al sol y a los ciclones cubanos. Un forro cinemomiatográfico...

Huele. Humedad sacra. Medioevo mediático. Olor a tramoya de lana de vidrio y también al agua podrida que le optimiza la acústica gracias a una piscina bajo el piso: manto freático fósil del capitalismito insular, reliquia homeopática de La República que La Revolución no alcanzó a desecar.

Huele a star-system que nunca llegó a Hollywood, supernovas de barrio trocadas enseguida en vedettes del exilio o milicianas del ICRT. Huele a Big Bang. Porque algo hizo crac dentro del Foro, algo rajó el espacio-tiempo de esta burbuja de ficción en vivo o en diferido.

La realidad arrasó su magia falsa, estética populista de élite, telenovelones de domingos con dios.

A este Foro nuestra querida Cuba, compañeros, para qué posponer la palabrota, inmisericordemente lo descojonó.

He estado allí, no se hagan los locos conmigo. No sé ya ni de qué hablo, pero sí he estado allí, entre sus clásicas seis paredes de ataúd actancial (excepto el techo, que es ahora un mirador estilo Hubble ante la magnificencia del espacio estelar).

He disparado mi cámara Canon entre grafitis de videoclips en dólares y mierda amorosa de murciélagos, que son sus ultrasónicos defensores contra el desierto presupuestario del funcionarato del ICAIC.

De noche, he oído como el llanto hueco de una muchacha. Como sus quejidos vacíos que le suben del pecho a la garganta. Pucheros de niña muerta en plena abundancia post-pretérita.

Una vez le pregunté a una asistente de Audio, un raro ángel que equilibraba al micrófono boom y a una arcaica consola analógica. "Allí", le dije, "apunta allí, por favor, y graba".

Y ella me obedeció en un temblor, dudando de mi cordura, y subió al máximo la impedancia o como se llame la sensibilidad (ella toda era pura técnica de cristal), y se quedó minutos enteros con los ojos velados bajo un par de audífonos más grandes que su cabeza (un osito panda que muy pronto se me extinguió).

"Nada", me dijo casi llorando ella a falta de mi fantasma, "serán grillos", "serán los carros que cruzan por 222", "ruidos parásitos, Landy", "ha sido sólo el viento y nada más". Poe.mp3...

De día, he visto la lluvia llover dentro, en picada preciosa, maravilla en contraluz gracias a las luminarias HMI acaso de los años cincuenta también. Nuestro arte audiovisual está condenado a ser retro (además de retrovolucionario, por supuesto).

Y a veces hay que detener el rodaje porque la alberca enterrada emite unas insólitas olas bajo el cemento del suelo, cementerio bajo nuestros pies sobre el que Tomás Piard, por ejemplo, rueda los desnudos de sus tragedias siempre alegóricas a los dos mil o años cero del socialismito insular, insulado en aquel Foro al margen incluso de la censura Made In MINCULT.

No quiero volver allí. No volveré, excepto fugado de la justicia cubana Made In MININT. Y eso sólo para encontrar allá adentro la muerte en un tiroteo, balas de atrezo que me partan el alma con más tristeza fiscal, mientras yo le hago magistralmente el amor a mi amor, que tendrá que ser aquella muchacha con audífonos para que no distraigan sus orgasmos las sirenas de las patrullas, ni los altavoces de coroneles anónimos de la contrainteligencia estatal (el Estado nunca es inteligente), ni tampoco mis gritos de animal cazado a muerte, alaridos de frustración de androide blade-runner que se desangra y vuelve a ser un niño noble antes de consumir las baterías de su ciclo vital.

Como en un road-movie malo, los únicos que valen la pena.

Como en una pesadilla llena de lugares comunes en el guión, los únicos que no parecen recitados por los actores.

Como Cuba, cojones, decúbito supino encajonada en un foro donde nunca hubo talento suficiente para filmar la felicidad.

En Cubanacán, a la salida oeste de Ciudad de La Habana, no muy lejos de donde la imaginación agónica de estos años diez no parirá ni abortará absolutamente nada después del deseo y el deceso de mi delirio.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias, Orlando Luis. Otro post brillante. Me ha dado mucha curiosidad por ver y sentir el Foro. La proxima vez que este en La Habana lo buscare.
Javier