lunes, 24 de enero de 2011

ESTA NO ES LA NOVELA DE LA REVOLUCIÓN ( 2 )


( ...CAPÍTULO 2... )

Orlando Luis Pardo Lazo


Llegué a Lawton dos horas después.

Había caminado rápido. Me sangraba la nariz. Tenía escalofríos.

Me pasé de mi cuadra. No reconocía mi casona de tablas.

Viré varias veces, ubicándome por la escalinata que hace de la esquina de Fonts y Beales un pozo ciego.

Los postes sin luz. Los portales sin luz. La luna arriba sin luz. Una luna de atrezo, recortada como una cuquita bajo la lona cóncava del cielo.

Por fin abrí la rejita.

Fonts 125, mi casa.

Mi perro ladró al fondo. Kelly, recordé.

Reí. Kelly, la primera palabra del mundo.

La risa me dio mareo. Falta de aire. Me sequé la nariz con las mangas de la enguatada.

Ya no goteaba. Eran sólo los postillones frescos de la sangre coagulada. Negra.

Respiré.

Olor a hierro, a óxido, a trenes, a bahía.

Saqué las llaves. Me senté en el portal. La arecas se movían en cámara lenta. El frente frío entumecía toda la realidad.

Miré el jardín. La tuna mansa traída de casa de Fernández-Larrea en Víbora Park. Los falsos flamboyanes amarillos. Los lirios frágiles, de vidrio. Las brujitas anteriores a la historia del hombre en Cuba. Los caracolitos endémicos de mi casa. Las rosas, por supuesto. Y una mata de espárragos podada en cada boda pobre del barrio.

Lawton, la segunda palabra del mundo. También corsee.

No hablo español.

No hablo.

No.

.

Me acosté sobre las baldosas. Hincaban. Hielo en mi espalda. Tosí. Tener pulmones es un peligro.

Si pasaba una patrulla, me darían por muerto. Mejor así.

Después me tomarían por loco. Eso no.

Me incorporé.

Abrí la puerta. Pasé adentro. Cerré. Caminé sin ver, a lo largo y estrecho del pasillo de tablas machihembradas. Llegué hasta el baño.

Meé.

Larga y desconsoladamente, meé.

Borboteaba mi orina, espumosa. Cerveza de olor incivil y tierno.

Estuve mucho rato parado allí, en la oscuridad absoluta del baño. El pene descolgado en mi mano. La izquierda, siempre.

El pene flácido primero. Luego turgente, luego parado. Músculos tetánicos, circulación atroz. El pene reconocible en medio de un estado total de irrecognición.

Si movía ahora la mano me iba a desmayar.

No lo hice. Quería, pero no lo hice.

Más quería sobrevivir a esa noche. Que no amaneciera nunca, pero sobrevivir yo a esa noche.

Entonces sonó el teléfono.

Un latigazo de escalofríos en mi columna vertebral.

Un relámpago en la nada.

Por supuesto, era Ipatria.

Tendría que ser Ipatria.

3 comentarios:

Omar dijo...

Ipatria, Kelly, Lawton... el ombligo de la habanemia, de la habanada que andas y desandas queriendo y sin querer... Sin revolución posible, para qué.

Sigo leyendo, brother.

Sandra dijo...

Orlando, cuidado no te confundas en medio de la noche pozo ciego y des un paso más allá que te haga abrir una puerta en Z, Mühlebachstrasse 125, mi casa.

bufcor1969 dijo...

No es la Revolución en si misma, el hombre y su elemento. Novela de tí mismo, fotografías, nombres que dicen algo "Víbora" "Lawton".
19 días y 500 noches le puse yo a mi puta revolución. Ahora estoy haciendo el día 20.............