jueves, 27 de enero de 2011

ESTA NO ES LA NOVELA DE LA REVOLUCIÓN ( 4 )


( ...CAPÍTULO 4... )

Orlando Luis Pardo Lazo



Prendo el televisor.

Retransmiten una vieja Mesa Redonda donde Fidel sonríe haciendo gala de su prótesis dental. Tiene un brazo enyesado, pero con el otro articula de más. Habla del dólar, esa maldición sin la cual la vida no sería potable.

Fidel discursea sobre los pros y contras del dólar norteamericano circulando a su antojo en la Isla de la Libertad. Afirma que ya ha sido suficiente descaro. Si se molesta, le va a poner un impuesto imposible. Tantea la idea. Se hace el tonto. Los panelistas lo apoyan por unanimidad. Casi lo empujan al medio de la arena. El pueblo de Cuba en pleno apunta hacia abajo con su pulgares, cada cual comiendo con un plato de lata frente al televisor. Pobre dólar, perderá esta espartaquiada tan teatral. Y Fidel le impone por fin aquel impuesto imposible. Domó al toro de las barras y las estrellas y un ojo no tan hermético como pineal. No le ha tomado ni una hora borrar una década de próceres yanquis como íconos de nuestra salvación nacional.

Es una Mesa Redonda de mediados del 2005, creo. Un año de ciclones y cortes de electricidad. El año en que Fidel tropezó en público y se partió la rótula en mil novecientos cincuenta y nueve pedazos, creo. Su último año en el poder. Y ni él mismo lo sabía. Todavía en esta madrugada de retransmisiones Fidel no se entera. Por eso es un inmortal, creo.

Apago el televisor.

El chasquido del tubo de pantalla ex-soviético deja un olor a ozono en la sala. Electrón-216.

Relampaguea a través de las persianas.

Al rato se escucha un trueno lejano, acaso sobre el mar abierto al otro lado del muro del malecón y la farola bífida del castillo del Morro.

Retumba un eco allá lejos, allá afuera. En la vida, creo, en ninguna parte.

4 comentarios:

Gordiano Lupi dijo...

es una nueva obra? una novela?

gordiano

Anónimo dijo...

Talento hay...
Javier

Omar dijo...

Sigue tomando forma el lienzo, brother.

Saludos,

Puta Armienne dijo...

La llamaría vivencia.