jueves, 6 de enero de 2011

SUDORSUICIDIO


JANUICEBERG

Orlando Luis Pardo Lazo

Por primera vez en meses hoy he vuelto a sudar. La frente. Se perla primero de goticas inocentes. Luego es la sensación de vapor en la sien. Humo en la cabeza. Sudor, sadness, sal. Ósmosis asquerosa de bacterias y enzimas. Tristeza de que el clima de Cuba siga siendo verdad.

Necesito un amor lejos. Un amor más allá del círculo polar. Aunque los hielos se estén derritiendo ahora también allí. Mejor. Será un amor del fin de los tiempos, para ser testigos juntos de la muerte en verano de este planeta. Canícula criminal. Tendrá que ser un amor que no hable ni pizca de español. O que lo hable, pero con un acento falseado de tan correcto, una dulzura afectada, de diccionario académico, un acento postraumático, laxo, casi dislálico. Pido un lenguaje de inmigrante para mi amor nórdico, que se derretirá enseguida bajo los rayos horizontales de un sol asesino. Pido un amor efímero que me deje al final muy solo, con un charquito de agua de iceberg bajo mis pies. Un amor que me haga mear de tristeza, pero no de sudor. La urea es más potable que las lágrimas de verdad.

Si alguien conoce de un amor así, por favor que le pase mis datos: están por dondequiera en este blog y en media internet cubana ("internet cubana" es una exageración). Tendrá que ser, por el momento, una muchacha. Lo siento. Una muchacha con Cuba en su cabeza para colmo de contradicciones, aunque sea Cuba como maldición. Una muchacha dulce y acaso un tin tosca, pero no tonta. Escandinava, pero no escandalosa. Que sepa desde el inicio de qué trata paradójicamente este amor de tira y encoje. Que entienda que estamos ya en las postrimerías no sólo de mi país. Que quiera disolverse en las altas latitudes y no retornar jamás a la humillación de nuestra luz vertical, disciplinante y totalitaria, fotones oficiales del Trópico en estado estéril de revolución.

Una muchacha capaz de engendrar. De quedar grávida, grave de mí. Conmigo en su cuerpo interior, por si ella no muriera al derretirse y entonces tuviera que volatilizarme yo. Saltar al vacío, como hizo el domingo pasado una mujer adulta desde lo alto del edifico FOCSA, en La Habanada. Colgarme de un árbol sin nombre, como hizo una adolescente hija de diplomáticos para eludir con pudor impúber el 2011 en esta Isla medio imbécil. Cometer el acto altanero de desaparecer, como lo soñara para sí el mejor José Martí, antes de casi darse él mismo un tiro y un machetazo mortal: "Sé desaparecer..."

Hoy he vuelto a sudar y me doy cuenta que había olvidado este detalle. No resisto. No quiero insistir. No tengo refugio aquí dentro para mis vísceras. No me merezco tanta falta de ilusión invernal. De niño, "invierno" y "vida" eran sinónimos (la culpa la tuvo mi padre y los relatos que plagiaba para hacerme dormir). De viejo, "invierno" y "vida" se han hecho antípodas. Basta. Me voy. Estoy vencido. Muchacha, ven. Convencida.

5 comentarios:

Pedro F. Báez dijo...

... Y yo aquí tiritando con 11 grados centígrados en Los Ángeles, y dice que va a bajar a 7... Abrazos.

Puta Armienne dijo...

Conozco a una mujer así y que, además, es puta.

Puta Armienne dijo...

Pedro.
Sé que prefieres a las putas porque somos sinceras.
Pero Orlando... ¿querrás a una puta?

Aki dijo...

Now and till the end of time.

La Guardarraya de la Siberia dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.