miércoles, 9 de febrero de 2011

ESTA NO ES LA NOVELA DE LA REVOLUCIÓN ( 7 )


( ...CAPÍTULO 7... )

Orlando Luis Pardo Lazo



Sueños de muerte. Sueños de mierda. Pesadillas políticas de la sin patria.

Cerrar los ojos y abrir la mente. Rajarse el cráneo. Soñar no cuesta nada. Soñar sueños de una Habana deshabitada de Habana.

Materia blanca sobre las sábanas. Semen, cerebro, líquidos gelatinosos y asociaciones de ideas anticoagulantes.

La realidad se diluye en la irrealidad. La Revolución se reabsorbe en su propia retórica. Las imágenes se hacen inimaginables. Y duelen. Duele hasta cuando ya no duelen en absoluto.

No es necesario aspirar el humo picante y siempre adulterado de la hoja tan dulce que tiene el cáñamo tan prohibido por el Código Penal vigente y una Constitución Socialista a perpetuidad.

No es necesaria la jarra espumosa de hongos cagados por la ganadería cubana. Ni flores de campanas como sayas de muchachas con una oruga pedaleando en el bollo, chicas suicidas con pétalos y pistilos y polen en lugar de pene. Cliteratura. Muchachas chamán. Amén, aom.

No es necesaria la aguja desechable y así y todo invariablemente contaminada de HIV. Human Imagination Virus. La muerte puede ser otro sueño de libertad.

Orlando sueña sueños de muerte sobre la cama. Sueños de mierda a través de las persianas que son cuchillas para lasquear los sonidos madrugadores de su barrio y ciudad. Lawton, La Habana. Pesadillas políticas de la demasiada patria que nunca del todo fue. Cuba, América. Cortocircuitos de sinapsis fuera del control del Estado. Oníriteratura barata.

Suda, desnudo.

Las articulaciones en tensión, los músculos con tétano. Su cuerpo hace como un intento de caminar acostado. Las rodillas le tiemblan. En la cara una mueca. Respira mal, por la boca. Habanitosis que se llama disnea. Sueña peor, las órbitas desorbitadas bajo sus párpados. En la nuca, un frío que es la pura insolidaridad. REM de la Revolución. Se llama delirio.

Orlando delira dormido. Las sienes a punto de hacer implosión.

Sueños con Cuba, por supuesto. Sueños donde la isla da vueltas hasta hundirse en cámara ralentizada o es el cielo quien da vueltas arriba a tope de velocidad, las estrellas trazando rabiosos círculos de luz en los nervios colapsados de sus retinas. Orlando está en estado de shock. En un Estado de choque.

Sueños con Fidel, por supuestísimo. Hubo una época en que todo sueño era filtrado por ese pentagrámaton sagrado, palabra fundacional del calendario cubano y del resto de nuestro vocabulario. Vocubalario. Dame la F. Dame la I. Dame la D. Dame la E. Dame la L. ¡¿Qué dice...?!

Orlando ya no sabe ni qué dice. Sus labios se mueven y él lo oye todo en el sueño, pero igual no sabría decir qué dice esa estrella de cinco letras sin filo y aún con fusil, uniforme gris oliva y mirilla telescópica y grados de postcomandante.

Sueños con su madre muerta que todavía por supuesto no ha muerto. La madre y la Revolución eternas. Los cuerpos contemporáneos de María y Fidel. El miedo de ambos a envejecer. María rezando en la iglesia de Lawton, Fidel resabiando en la Plaza de la Revolución. La falta de hijos en ambas momias mefistofélicas. Orlando que no reconoce a ninguno en el sueño, porque precisamente ellos dos son ahora sus últimos conocidos. María que pare a Fidel. Fidel que se aborta en Dios.

Sueños con JAAD lejos, tan cerca. JAAD espejismo, JAAD generación de escritores que se calmaron la neurosis a golpe de pastillas, premios y pasaportes para pensar un poco menos en el sexo nuestro de todos los días. Placer podrido a falta de alma. Orlando que tampoco recuerda el juego de esas siglas salidas ya de otro siglo. JAAD.

Sueños con Ipatria cerca, tan lejos. Ipatria esperanza y enfermedad, Ipatria vida verdadera y bella que se pixela si intentas nombrar cómo era aquella música en sílabas de su pronunciación. I-pa-tria. La locura de un tren cargado de electroshocks en los sótanos con cucarachas de un hospital demencial, mientras un técnico mediocre le introduce un dedo con guante hasta el fondo seco de su vagina, y entonces ella ríe y le pide mansamente con sus ojos de Ipatria que, por favor, no. Orlando con la garganta también seca en el sueño por las demasiadas ganas de matar o hacerse matar.

Sueños con el amor. Ayúdenme, ayúdenlo. ¿No es suficiente? Basta.

Sueños con el cadáver exquisito de la Revolución. No lo dejen seguir soñando, no lo dejen seguir, no lo dejen, no.

Sueños con su muerte de mierda, mientras Orlando les pide mansamente con sus ojos sin sueño dentro del sueño que, por favor, no. Sí es suficiente, pero no basta.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Bravo, Orlando. No dejes de soñar.
Javier

Rolando Pulido dijo...

Ya estamos al despertar.
¿no la escuchan?
La alarma ya comenzó a sonar.
Nos espera un delicioso desayuno familiar en la mesa de todos.
Wake up!

Gordiano Lupi dijo...

Cuando la novela poetica de la revolucion estaria completa me gustaria traducirla al italiano. Si tu puedes enviarmela en word a lupi@infol.it...

Gordiano