domingo, 29 de mayo de 2011

EL SUBGAYRINO AMARILLO...


WE ALL LIVE IN A HETERO SUBMARINE

Orlando Luis Pardo Lazo

El antiguo Club Atelier de 17 y 6, El Vedado, ha sido revestido con una iconografía beatlemaniaca de lujo. "El Submarino Amarillo" se llama ahora. Y desde ahí se invoca la música del John Lennon sentado y sin gafas en el parquecito de al lado (se las robaron como diez veces).

La disciplina dentro del club, como todo espacio de la nación, es cuasi-militar: no por gusto es el submarino insigne de la flota sesentosa cubana, aunque se replete de jovencitos con billete (se paga en moneda dura). No puedes saltar demasiado entre las mesas, menos aún corear al borde de la locura cuando ejecuta algún grupo de cover. No te puedes recostar a las paredes. Sólo la tripulación del local puede mover las mesas y sillas. Y, lo más coherente tratándose de una banda straight como The Beatles: no se pueden besar personas de un mismo sexo (en el baño, pasa; pero en la pista, apesta).

Y no es homofobia, por favor, los machotes de seguridad de "El Submarino Amarillo" no quieren ningún encontronazo con las Marielitas del CENESEX. Es sólo que mostrar afecto labio-lingual en público viola las normas de esa y acaso todas las instituciones nocturnas cubanas. Si, para colmo, el cuchún es entre chica y chica, o entre chico y chico, o entre ambos en cualquier desorden al azar, entonces se compromete la moral proletaria del Hetero Nuevo que nunca del todo fue.

Este sábado llegaron a expulsar a varios jóvenes del ex-Atelier, después de amonestarlos como si estuviesen en un matutino escolar (a besarse pa´ dentro del closet, digo yo: ¿será tan difícil de entender que detrás del relajo se resiente nada menos que la propia Revolución?). La violencia física incluso repuntó, cuando uno de los expulsados intentó filmar con un teléfono móvil. Es sabido que en el socialismo clásico (inmovilista por definición) las cámaras y reproductoras de video son un arma artera del enemigo extranjero.

No quiero dar datos. Ni detalles. No deseo ser verosímil. No me crean ni medio carajo, pues. De manera que váyanse ahora mismo a clickear por ahí, a comentar con aplausos en esos discursos demagógicos del Día Cubano contra la Homofobia. Yo me quedo con esta anécdota anacrónica en pleno siglo XXI (que en Cuba se lee como un anagrama del XIX). Yo me quedo con la certeza de que la represión en Cuba antes que física (y lo es muchísimo, por cierto) es cromosomal: de Cromagnon.

Conozco mil muchachas que son parejas de muchachas y no se atreven a mostrar afecto en la calle. Conozco mil muchachos que son parejas de muchachos y creen en Dios y no se atreven a decírselo al prójimo ni en voz baja. En esta Habana cínica e incivilmente parapolicial, los sitios de "tolerancia" son mugrientos y están llenos de gays que se prostituyen al borde de la delincuencia. Esas muchachas y muchachos que conozco ni siquiera se consideran gays. De hecho, no lo son. Son muchachas que desean o aman a muchachas. Son muchachos que desea o aman a muchachos. ¿Por qué hay que distinguirlos como si fueran enfermos que requieren una atención especializada? Son cubanas y cubanos, y ningún proceso social es mejor que el alma íntima de cada una y cada uno de ellas y ellos.

De todas formas, te invito una de estas nochecitas insulares a caer conmigo por "El Subamarino Amarillo". Si eres chica, cabecearé con calma a tu lado y no te diré ni un piropo subido de hormonas. Si eres chico, Oh Darling, te juro por mi madrecita que duerme ahora en Lawton, que no caeré rendido a la tentación de besar.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Chapeau!

Rolando Pulido dijo...

HOT PIC BROTHER!!!

Según leyendas anglo newyorkinas de la época Bitleliana, la idea detrás del submarino amarillo estaba relacionada con el orine...¿cierto?, que se yo. Solo cuento lo que me han contado "vejestorios" de esa época.
Pensé en la similitud del orine con el submarino habanero y me recordé de la "leyenda amarilla y apestosa".
Ay si John viviera...
Have you found the Sea of Green yet?
I did.