viernes, 6 de mayo de 2011

MAYÉUTICA DE MAYO


MAYO 666

Orlando Luis Pardo Lazo

En mayo siempre recuerdo la muerte de José Martí (la olvidé en un examen de escuelita primaria y, desde entonces, ya nunca la consigo olvidar).

No me simpatiza para nada este personaje. Los Cristos siempre me aterran. Pero a la vez me fascinan. Son fuentes de ética ipso facto (sólo que la ética es inexorablemente violencia sobre los demás). Sus destinos son trágicos por fuerza. Y eso me hace imaginarlos con compasión (conozco tipos así entre mis ex-amigos). Luego, para colmo, como todo evangelio serán vulgarizados hasta el ridículo por los manipuladores que lo sobrevivieron y los que aún sobrevendrán. Esto los hace unos fracasados mientras mayor sea el alcance de su inmortalidad. Y, en el caso cubano, Martí sería una especie de súperclímax al respecto.

A cada rato sueño con las páginas perdidas de su diario de campaña, acaso su escritura más sincera (para no decir la única sincera, libre por fin de su demagogia genial y de esas sentencias lapidarias aunque matizadas con su don de demócrata despótico).

A la misma hora y fecha en que hoy escribo estas líneas, Martí escribía otras malditas en la madrugada del 6 de mayo de 1895. Unas líneas o dibujos o listado o testamento de suicida inminente o mea culpa o quién podría intuir qué. Líneas sobre el peor Maceo o Gómez o Martí. Líneas intolerables que apagaban desde la cuna misma la idea idílica de la Revolución. Líneas de a pie y descalzo (sin la levita del exilio laborioso y libérrimo, también espirituoso y fornicador), quejido de dead man walking.

Ese Martí, por supuesto, también sería traicionado de inmediato por los hombres hipócritas a su alrededor. Esas hojas del diario fueron arrancadas tan pronto como Martí murió. Diríase que la misma mano que sesgó su intimidad más sagrada, bien pudo ser la que antes lo empujó contra las balas, acaso la que le pegó el primer plomazo en medio de la escaramuza menos importante de todas las llamadas guerras de liberación.

No estoy acusando a nadie. Prefiero la teoría inexistente de un complot existencial. Digamos que las relaciones meteorológicas entre el mulatazgo cubano en jefe no eran la mejores con aquel blanquito bocón. La Historia se funda en el mito y no en la verdad. Martí era mucho más que eso: un místico y un mixtificador espiritual. Un poeta más grande que cualquier pegote de patria. Y era imperdonable que, en un arranque de realismo raso, nuestro evangelista por excelencia pusiera el punto sobre la i y el palito sobre la t de la palabra dictador, por ejemplo.

Cualquier cubano con dos dedos de frente (con dos y sólo dos dedos de frente, como la mayoría del generalato que ganó la guerra: Martí tenía demasiados dedos de frente) hubiera actuado igual que el ladrón, arrancando y probablemente quemando las desdichadas páginas personales (las primeras no públicas del Apóstol). Esa mutilación fue un linchamiento colectivo fundacional contra futuras emanaciones de la verdad nacional. Esa mentira nos constituye mejor que cualquier Artículo Uno. Esa carencia nos hizo cómplices como garantía para generar un nuevo consenso social, fuese republicano o revolucionario.

A cada rato sueño con esas páginas perpetradas por José Martí. Lo más sobrecogedor es que en el sueño siempre las puedo leer, como desenfocadas por el esfuerzo de descifrar su letrica. Me juro entonces recordarlas, aunque sea a tramos, porque ya me ha pasado que al despertar no conservo ni siquiera una sílaba. Pero es un imposible. Despierto como con falta de aire y sed. Esa desmemoria instantánea es una especie de maleficio que me persuade de que estuve leyendo las páginas canibaleadas de verdad. Que mi sueño recurrente es en realidad una visión del original martiano. Y estoy con cada sueño más convencido de que si una de estas madrugadas, así sea vendiéndole mi alma al diablo, venzo la maldición amnésica y transcribo al despertar aquella escritura del 6 de mayo, entonces en mis manos quedará el desastre primigenio del concepto mismo de Revolución.

Sospecho que el milagro mortal será en mayo, al alba y con primer aguacero del mes. Como ahora mismo en La Habana.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola

En realidad no sé ni por qué me atrevo finalmente a comentar en tu blog.

Supongoq ue solo quiero agradecerte porlo controvensial que rsultas y porque nunca estamos de acuerdo completamente y esa es una virtud que debríamos a brazar los cubanos: el ejercicio del desconcierto.

Rolando Pulido dijo...

Hear hear Pardo Lazo.
Tanto sudor, tantas letras, tanto valor, tanto amor.
Todo lo que logró con su vida y con su muerte, lo arrazamos de un tirón.
Suerte de isla.
Lo fascinante es que aun, es fuerza inspiradora para seguir la lucha.