miércoles, 15 de junio de 2011

UN POST DE ANTOLOGÍA

POLICÍAS Y LADRONES

Orlando Luis Pardo Lazo

Aquí estamos todos. No podía ser de otra forma, siendo Francia la cuna moderna de la Revolución (y de la guillotina). Es sabido que una antología no hace verano, pero no deja de ser un síntoma de la enfermedad: esa dolencia sin cura llamada la Literatura Cubana.

La Isla Errante (Orizons, Paris, 2011) son doscientas y tantas páginas de escritura Made in Cuba y traducida al francés por Liliane Hasson (también es la antologadora) más un post-facio de Armando Valdés-Zamora. Como objeto es lindo. Como delirio, es mucho mejor. Porque en esta cajita mágica están clásicos e impostores (como yo), líricos y sucio-realistas, blogueros del G-2 y ciudadanos españoles, exiliados y chivatones, gays y machistas, muertos y vivos, policías y ladrones en general. Destapados todos los demonios del discurso, en el fondo del cofre queda, por supuesto, la desesperanza.

Es maravillosa la experiencia de leer literatura cubana en francés. De hecho, los relatos de Liliane Hasson en su mayoría resultan más potables que en el cubano de calle original. Toda la literatura debió ser francesa en sus inicios, y la nuestra, por más pacata que sea, no podía ser la excepción.

Como con cualquier antología, le doy vueltas a este libro que ha sobrevivido a los peritos (y perritos) de Aduana, y al final nunca logro entender qué conecta un texto con sus vecinos. La respuesta es simple, pero uno se resiste a soltarla: nada. Apenas somos contemporáneos. Cada quien es un refugiado de su propia maquinita narrativa. Cada cual creyéndose en posesión de un estilo. Tirando chistes contestatarios o retruécanos retóricos, fingiendo diálogos y personajes de palo, inventándose una verosimilitud igual perdida de antemano porque ya es muy tarde en Cuba para creer en ninguna ficción (la última se llamó Fidel). No por gusto vivimos en la epoquita sin épica del B-GAN. Copy and paste, doble-click and delete.

Más que los cuentos ya conocidos de estos 24 escritores elegidos por puro azar cibernético, leo con interés novelístico los currículos que cada uno nos inventamos para resultar llamativos en medio de la masa sin biografía. Nuestra obra se ilumina con cada gesto extra-literario: mientras más mediático y escandaloso, mejor (he sido víctima y héroe html de tales jugarretas).

Espero que La Isla Errante se olvide pronto, que pase sin penas ni glorias en Francia, que se haga literatura fósil cuanto antes. Hay algo ridículo en el hecho irreparable de pertenecer a cierta generación. Preferiría no ser tenido como un autor. Con ser teclero me basta. Un tipo rápido con las letras, como este post improvisado mientras cabeceo sin atreverme a dormir (últimamente sueño sueños de yo en prisión).

Gracias por haberme incluido. No hacía falta. No hago falta para nada yo. Gracias mejor por no quitar el nombre de Raúl Antonio Capote, por ejemplo, quien espiaba para los órganos de Seguridad en el show televisivo oficial Las Razones de Cuba. O el de Ernesto Pérez Castillo, devenido ilustre (e iluso) anti-Yoani en el blog del DSE llamado Cambios en Cuba. Ambos son buenos escritores, y ya me temía que nunca nadie los considerara de nuevo como tales por sus posturas de contubernio con la policía política.

Ahora, a lo mejor el mes próximo, cuando todos y cada uno de los 24, puntual, secreta y mercenariamente cobremos nuestros derechos de autor, la patria habrá dado entonces otro pequeño gran paso en la camita ecuménica de la reconciliación nacional antes de cualquier conato de transición.

Debiéramos celebrarlo con una ponina. La literatura no es mucho más que eso a estas alturas del siglo XXI. Un toma y dame de cualquier gaveta, una rapiña de raterito de tendedera que usa las prendas del otro, un cortocircuito entre política y estética, entre discurso y delación. Debiéramos donar esos euros que ya vienen en camino, por todos y para el bien de todos, para importar el primer B-GAN con papeles en regla de la internet por cable bolivariano que se nos viene encima junto con la cirugía cubana de Hugo Chávez (los paranoicos de la oposición hablan ahora hasta de clonación inter-presidencial).

La Isla Errante es en resumen un error insular. Un equívoco de excelencia. Me gusta haber sido incluido en este pie forzado, en este pastel de poéticas. Para ahorrar trabajo, mi próximo cuento lo redactaré directamente en francés. Voulez vous lisez avec moi cette soir...?

1 comentario:

Sandra dijo...

Isla errante, corazon inmovil. Espero leerte pronto, ce soir...