sábado, 9 de julio de 2011

SMALL TALK


REFLEJOS, ONDAS, INTERFASES

Orlando Luis Pardo Lazo

Como en la frontera, en los filmes de época. El guardia nos pide los documentos como rutina y los tenemos en regla, pero algo no va a funcionar. Todo se nos desarticula, hasta el lenguaje. Y lo sabemos de antemano. Instinto o intuición. Nos hundimos en el último instante. Nos salimos del juego. Nos arrastran al fondo. Inflexible, inexorablemente.

Los viernes de madrugada es así. La humedad moja las maderas de la vieja casona y nos carcome los huesos. Parece que flotamos, pero en realidad es la asfixia. El coágulo de agua en la garganta. El dolor punzante en los pulmones. Hacemos agua. Nos hundimos. Hasta aquí.

A todos, tarde o temprano, si nos mantenemos atentos, nos llega ese límite suave, de terciopelo insomne. Esa perla de locura esmaltada que se nos aloja en la base del cerebro desplazando nuestro centro de gravedad, haciendo la mente más densa que nuestro propio cuerpo, sumergiendo la frágil línea de flotación entre cordura e insania. A mí me pasó. No ahora. Hace muchas madrugadas maravillosas de viernes mojados como hoy.

A ti también, lo sé. Las inundaciones te acorralan. Pero no te acobardan. Pataleas, qué palabra tan pedestre. Boqueas. Juegas a flotar, como en las películas de ahogados, hasta que la cuerda se te consuma. Te consuma. Entonces veremos. Entonces viviremos. Entonces sobremoriremos placenteramente (de placenta) en el limbo denso del mar de la desmemoria. No me entiendas. Yo tampoco lo hago.

Pulpos pulposos, anémonas anémicas. Sueño sueños de agua y olor a agua. Es lluvia. Agua dulce de ríos inexistentes en La Habana. Agua fría de desconocidos que se tocan tras una pared líquida. Sueño deseos también de agua. Todo supura, surtidores de una voracidad que nunca hubiéramos creído de no ocurrirnos en carne.

Basta. La noche avanza más ágil que sus imágenes. Si amanece ahora, me muero. No sé si te extraño a ti o al mundo sumergido que nunca emergió en nosotros. Flotar es tan efímero, tan filme falaz. Trago en sueños. Me atoro, qué palabra tan atroz. El agua sabe definitivamente a ti. Huele a ti. Hiere como tú, la tú imposible. La de las visiones cosmogónicas irrepetibles desde la infancia. La que me arrasó. Lo siento. Nunca logré no estar loco.