jueves, 8 de septiembre de 2011

HANNABA


HANNA DE HABANNA

Orlando Luis Pardo Lazo

¿Qué es La Habana?, pregunta, y sus ojos nórdicos se transparentan aún más. Sus ojos no, su mirada nórdica, traslúcida, calma, salva, a salvo de esta ciudad crónica por la que Hanna me pregunta como si yo fuera su fundador o acaso su despedidor de duelo.

Hanna, por supuesto, no se llama Hanna (ni lo sueñen, perseguidores políticos). Hanna es una obsesión para toda la people in need que pulula por esta aldea necesitada como nunca antes de las usaides y de una bomba atómica de ongs y de una división aerotransportada de alangrosses que engrose nuestras cárceles en lugar de nosotros. Hanna fue una invención, por si la desmemoria de este pueblo no alcanza, de Santo Tomás (Gutiérrez Alea). Basta volver a ver Memorias del Subdesarrollo.

¿Qué es La Habana?, pregunta Hanna y me deja respirar dentro de su boca importada, sus dientecitos como de leche uzbeka, su lengua de gata baikal, su piel impoluta, sus párpados atentos, todavía no contaminados por el horror, sus labios de bella durmiente alimentada con compotas post-socialistas. Dios mío, Chernóbil mío, Ararat de mi corazón, Baikanour de mis vísceras, qué edad tiene esta criatura, cómo la dejan cruzar sola el Atlántico anchuroso en un tarequito Cubana de Aviación, de qué asteroide cayó este angelito ateo con pasaporte H725, qué estaban haciendo los trapicheros de la aduana que no la viraron a casita en el mismo aeropuerto José Martí, mi niña de Guatemala, por qué la Seguridad del Estado me ha elegido precisamente a mí, tus padres sabrán que tú estás ahora y aquí preguntándole a OLPL qué es La Habana.

¿Qué es La Habana?, pregunta Hanna y a mí se me aguan los ojos porque sé que puedo fundar todo un universo si me atrevo a contestarle.

Es tarde, madrugada mefítica. Por las alcantarillas rugen las olas. Hace un calor indeseable. Todo se pega. Todo brilla de sudor. Salitre o sangre, indistinguible sabor. Sus axilas huelen a hembra prístina. Hanna es pulcra y natural. Creo que es virgen. Su falta de desolación delata que no es esclava de sus deseos. La belleza que destila es un efecto colateral. No se marea de ganas genitales, como un insecto entre las instituciones estériles, como todos en esta plataforma flotante llamada la Isla de la Revolución, como tú, como yo. Hanna duele.

El muro del malecón es un cinto represivísimo de gente fea incapaz de amarse en libertad. Cuando esto cambie, será peor. Nos mataremos como latinoamericanos. Qué atraso. Los policías se tocan sus güevas guantanameras y piden carnets a trocha y mocha. Los travestis están de fiesta. Les encanta el cacheo y las sirenas y los perros pastores sin bozal. Pinochet aplaudiría. Pero al menos los chilenos tenían una izquierda. Nosotros ni eso. Masa. Masas geriátricas de adolescentes con tatuajes y dientes de oro. De alguna manera, aunque estemos al borde del mar, La Habana habita en pleno Combinado del Este. Eso. La Habana es un Combinado oriental. La occisa de Occidente.

Le tomo las dos manos a Hanna y le digo: me tengo que ir, me quiero ir, no quiero cruzar contigo ni media sílaba más, cuando se acabe la magia de tu visa de falsa turista tú volverás a tu trabajo de élite y yo me voy a volver loco, estoy en riesgo, discúlpame, cada visión tuya es un holocausto, Hanna, ojalá Hitler se hubiera hecho cargo de tus europeísimos padres o tal vez abuelos. Tan joven, tan hoy, tan futuro. Y le suelto las dos manos a Hanna y no le digo absolutamente nada, nada, nada. Estoy perdido. Soy Orlando Luis.

Déjame descansar un poco. Déjame dormir en tu cuello, oír el tránsito democrático de tu circulación. Déjame ahorcarme en tus extremidades de abedul. Las guásimas son tan obscenas. Toda la sangre que he conocido en esta ciudad ha sido sólo un torrente de coágulos. Despotismo y mediocridad. Discúlpame. No sé lo que digo. Se supone que soy optimista. Que el público espera otra cosa de mí. Que hay esperanza más allá de la enfermedad. ¿Qué me preguntabas? ¿Que qué es La Habana? Lo siento. Llegué hace muy poco aquí, en diciembre de 1971. La Habana no tiene historia.

Hanna trae objetos del insondable mundo. Noticias de la realidad. Hay personas moviéndose allá afuera. Hay pasajes de aviones y apenas visas. Hay extraños productos televisivos. Noticias en colores impresos por las mañanas. Tiendas crispadas. Boicots a los productos que violen el ecosistema. Cafés tristes de soledad. Universidades laxas. Ropa interior imaginativa. Otros lenguajes más sustantivos que la retórica retro del español. Lenguas abocadas al silencio. Eso. Hay mucha mudez allá afuera. Ni trazas de la grandilocuencia de Fidel. Nada que justificar. Nada que modificar. Nada que te neurotice si sabes cómo inventarte una vida. Hanna lo sabe. Hanna entiende que mi silencio es carencia y no plenitud. No puede curarme. El tiempo se acaba y no pasa. Hanna es dios.

¿Qué es La Habana?, mi amor, cojones, qué clase de pregunta es esa si tú apenas dominas el argot con que los cubanos nos mentimos y nos ofendemos a diario. La Habana es un hito, un hueco, un hastío de Habana.

Hanna mira el mar. Es negro y con las lucecitas claustrofóbicas de los pescadores, que nunca se atreven a rebasar el veril. Los pescadores son la policía espontánea del pueblo. Hanna respira. Para ella todo es nuevo. Nada es tan terrible comparado con Sudán. Su trabajo la ha llevado armada hasta allí. Hanna no entiende que La Habana era París o New York. Ignora el bombardeo ideológico que deslavazó sus fachadas. La gente en estampida. Los diálogos rotos. El alma sin más luces que la del alumbrado público. Sin propiedad privada es imposible el amor. Hanna es un error.

¿Qué es La Habana? ¿Qué es Europa? Un día, después de esta paz eterna, te tomaré en mis brazos y te haré el amor. Si después de esta paz eterna aún corren los días. Si después de una paz eterna resucita el amor.

9 comentarios:

La Guardarraya de la Siberia dijo...

De alguna manera, después de tanto Silvio y tanto Pablo y tanto ego trasnochado y tanta mierda disfrazada de patriotismo subiendo con la marea en ambas orillas y cuando pienso que ya basta, coño, ya basto, aparece esta luz y me encandila. Todavía me queda eso.

la mar en calma dijo...

Yo no se muy bien si es que por el lío de Pablo y Silvio (que influyó en ese mal ánimo respecto a Cuba que traía hoy y en estar más sensible) que te he leído con más detenimiento que siempre, o si es que este texto es realmente excepcional.

Pero te tengo que decir que te la comiste Orlando, de acuerdo con "La Guardarraya" en que es más que hermoso lo que has escrito. He podido ver una a una todas las imágenes de que hablas. Felicidades! Porque logras decirnos el dolor, la belleza, la desesperanza y la esperanza también.
Besos

Anónimo dijo...

cuando me dijiste qeu sale tu primer libro de versos?
cada dia que no escribes sufro por tu ausencia chiquillo.
Que lindo

manny dijo...

wao como te debes de sentir pablo cuando has descrito a nuetra habana casi moribunda,que tristeza,pronto recontruiremos toda la isla como era antes,felicidades por tus escritos,en especial este de hanna.un abrazo hermano

Lo que le apetece a Ofelia. dijo...

Ñoooo, tanto dices que no se puede pensar.
La foto me encanta, tu visión de nuestra verdad me arrastra, porque es la de todos.
No te conocía hasta hoy...me encantas.

Puti Armienne dijo...

¿Será que La Habana ha muerto aún estando llena de cubanos?

Anónimo dijo...

tus tres últimos posts de lunes hablan por ti solo. Tristes, y tan recontra capaces de trasmitir (lo que ES) como siempre. Me duele el corazon cuando te leo. Me dan ganas de abrazarte fuerte, de abrazarme con mis propios brazos y hasta de no leerte nunca mas...pero no puedo.

Anónimo dijo...

COÑÓ COMPADRE..., muy bueno!!!!!!

Anónimo dijo...

Maravilloso!!!!!!!!!!!!!!!!!!!