sábado, 17 de septiembre de 2011

IN GAY WE TRUST


¿LOS MARICONES TAMBIÉN VAN AL CIELO?

Orlando Luis Pardo Lazo

Si caes preso y te da un paro respiratorio agudo, la culpa irremediablemente es del que te encarceló. Nadie muere en prisión por azar. La atención médica entre rejas es una burla (error: en la calle es un burla, entre rejas en absoluto no es). La cárcel como concepto contemporáneo es siempre un asesinato. De la libertad. De la mente del individuo. De su cuerpo.

Nelson Linares García, de 34 años locales, pagó bien cara su putería en noche de Caridad. El 8 de septiembre último fue su cadalso a ras de la mugre mortecina del Parque de la Fraternidad (horrendo meandro que debiera ser sustituido por un rascacielos de vidrio como primer paso de la Transición). Nelsito, travesti habanero de enredos eróticos con la policía y la delincuencia, estalló a solas en un calabozo. O eso dicen. Porque, ni ofreciendo una recompensa al estilo de un Western obtendría nadie en el mundo ahora un testigo de lo que le pasó.

Se murió el maricón. Punto y aparte. Tierra le dieron y coronitas de organizaciones independientes de oposición. Trabajaba como fregona de pisos en cafeterías, Nelsito. Es lógico que el glamoroso CENESEX, con todo su poder cortapingas incluso a nivel parlamentario, no se diera por aludido en el caso tan común de un mamarracho disfrazado.

Era lindo Nelsito. En su cajón de la hedionda funeraria Bernardo Abreu (hedor de flores apachurradas) brillaba como la novia que acaso tuvo la reciente ilusión de ser. No todos podemos ser Wendy Súperstar en esta fábula de niños llamada Revolución. Hacer el culo en plena calle te descojona desde las hemorroides hasta el corazón. El semen rentado es veneno de virus y violencia. La voz se raja por los insomnios y las bronquitas a diario. La tristeza te traqueotomiza cualquier posible sonrisa de conocer a alguien que se deje querer. Hace rato que en este país es muy peligroso decir: me muero por ti... La cruda estadística revela que muchas veces se cumple a rajatablas la profecía.

A Nelson Linares García le abortaron en una estación policial sus próximos 34 años cubanos de lucha culipandea en CUCs. Nunca fue del todo un profesional. Hasta los yumas en esta Isla no son más que unos zarrapastraos (a otros, como a Alan Gross, los arrastran a la cañona para que confiesen su culpa o su cómplice candor). En lugar de cojín luctuoso, le pusieron un rifle de ron y una cajetilla de cigarros dentro del ataúd. Parte el alma, primos. Qué impotencia, qué desolación, qué rutinaria ya la muerte anónima a manos de la autoridad.

Nadie retrata en Cuba a los muertos. De Nelsito sí conservamos una última foto. Parece vivo. Quizás estuviera un poco cansado. La belleza escasea a nuestro alrededor. El carácter campechano nos camufla ante el coro comemierda de compatriotas, pero lo cierto es que deshabitar las ruinas reumáticas del siglo XXI en La Habana tiene un efecto devastador. Corroe los órganos. Coagula la sangre. Pudre la respiración. Va y los peritos forenses de la Policía Nacional Revolucionaria tenían por una vez la razón.

Un beso en tu frente de hielo, princesita póstuma de nuestra política pedestre.

2 comentarios:

Puti Armienne dijo...

Me imagino que, si existe, también vayan al cielo.
Otro crimen que va a quedar impune entre los de maricones desvergados y putas violadas.

Puti Armienne dijo...

Ah... y las putas también vamos al cielo.