lunes, 12 de septiembre de 2011

PASTORES POR LA GUERRA


LA BARBARIE DE BRAULIO

Orlando Luis Pardo Lazo

No sé nada de Dios. Sé mucho menos entonces de la Doctrina de la Perfección, aunque literariamente suena magnífica: el Hombre está en condiciones de alcanzar su clímax de belleza, bien y verdad sobre esta misma Tierra, sin necesidad de morir y resucitar (¿qué mejor imitación de Cristo que ser en vida técnicamente indistinguible de él?).

Me cuentan que el Pastor Braulio Herrera Tito (ex-Pastor, pues hace más de un año le retiraron sus credenciales después de muchas quejas, consejos y advertencias de la jerarquía de la iglesia pentecostal Asamblea de Dios) predicaba sin permiso esa disidente Doctrina de la Perfección. También su hijo William Herrera Pereira (tiene cuatro, todos con W) le daba voz desde el púlpito de manera bastante agresiva (me aseguran que es más locuaz que su progenitor).

Desde que Braulio perdió esa licencia mitad divina y mitad burocrática quedó en rebeldía religiosa: es una especie de cuentapropista de la fe eufórica. Y eufónica, porque esta congregación no se mide a la hora nocturna de sonar bien alto la música para resentimiento de todos los vecinos tristes en trance terminal de la primera (y única) Revolución Socialista de América.

Técnicamente, nuestro hombre en la iglesia Fuente de Vida, el cincuentenario templo de Infanta entre Santa Marta y Manglar, no está sujeto a ninguna autoridad nacional. Y eso es algo que revienta a la Seguridad del Estado, supongo que con razón: con Braulio Herrera Tito, como él mismo la ha retado en pleno culto, la policía secreta nunca tendrá paz. "El Juicio de Cuba ya es inminente", les ha mandado a decir a través de los informantes colados en su congregación (informantes realísimos e informantes imaginarios, porque sin delirio este escandaloso retiro no tendría ninguna explicación).

Cuando por fin le cazamos el teléfono celular (+53-52501404) y hubo un chance en el bloqueo de líneas de la avenida Infanta, el primogénito W le declaró a Ignacio Estrada que se trataba sólo de un retiro espiritual, evento rutinario mal interpretado por el poder político y ciertos "indecentes" familiares de fieles. Pero yo creo que nadie en Cuba lee tan bien como ese perverso poder.

Estos hombres y mujeres y adolescentes y niños y bebés y fetos entraron allí por su volátil voluntad para gozar al cabo de una Glorificación, para descontaminarse de los impíos (aunque sea la madre de este o el marido de aquella), para salvarse de cara a la eternidad. Lo del tsunami detectado por Fernando Ravsberg es lo de menos. Tal vez sea un meteorito. O un virus inverosímil (con el HIV no es suficiente, el Señor proveerá nuevos mecanismos moleculares). O dos aviones de Cubana de Aviación contra las torres enanas de la Esquina de Tejas. O un golpe de Estado, sí señor.

Lo importante es que el mundo ha dado suficientes señales sísmicas y sociales de que se va a acabar ipso facto (está tecleado en blanco y negro en la Biblia) y ahora ya se han cerrado las puertas de Dios: la misericordia no alcanza en la Historia para salvar a todos, el Espíritu Santo no mora en cuantos creen creer en él. El Juicio contra esta nación es ya (léase: a orar, a orar, que la Revolución se va a acabar). Menuda perfección doctrinaria. No en balde su expediente en Villa Marista debe ser el duodécuplo de grueso que el mío.

Muchos colegas de la Asamblea de Dios lo vienen tildando de loco o, peor, de hereje. Me limito a citarlos en tanto locos o, peor, herejes para cualquier otra denominación eclesial. Nadie en este mundo de lágrimas levanta la vista más allá de su nariz. Nadie se da cuenta de que siempre es el Otro quien está equivocado. Así qué fácil es el paraíso. Qué maravilla es no sufrir la tentación intelectual de los conversos, de los parias, de los apóstoles o apostatas (y el pastor Braulio a su modo bárbaro lo es). Un fundador radical. Y pagará el precio por ello: prisión, exilio o cadáver accidental... No sé. Pero como todas las variables me aterran, estoy metido y salgo de estos días de vigilia con morbosa solidaridad.

Tal vez, al ver lo megalomaniaco del despliegue policial, los recluidos se asustaron y negociaron con los uniformados (de blanco y de verde olivo: todos soldados a sueldo). Pero nunca jamás se trataba sólo de un retiro espiritual, como afirma con voz ecuánime el Hijo del Pastor cada vez que revive un rato su celular. Desde antes del inicio quedó muy claro que se trataba de buscar una iluminación irreversible o salir muertos de allí. "Muertos", esa es la palabra exacta (y una de las más comunes con que se echan mutuamente sus maldiciones dentro de esos plantes pentecostales).

Por eso, de más de mil fieles proselitistas (invadían los ómnibus de Infanta con su perorata), se atrevió a enclaustrarse apenas una cuarentena (a muchos los botó con violencia del templo el propio Pastor, que para eso enrejó su bunker y contrató custodios privados que cargaban a los endemoniados e infieles). Los de dentro serían, pues, los elegidos por el Mesías a ras del materialismo cubano. Los más amados del Profeta patrio de pronto más conocido en el mundo hoy. Los que podrían potencialmente sacrificarse por Él (y sacrificar a sus vástagos llegado el apocalíptico caso). Son las víctimas con que el Noticiero Nacional de Televisión no quiere alarmar al pueblo ni a los francotiradores de las azoteas (y ojalá lo sean de verdad, de lo contrario está en riesgo todo el vecindario).

En los últimos dos años del quinquenio aproximado en que una y otra vez es reelecto para seguir, contra Braulio se han ido recibiendo denuncias a todos los niveles de su iglesia: conceptuales, teosóficas, fácticas, económicas. No quiero ni mencionar las cifras de pesos y dólares que dicen que sobremanipuló (y esto es algo que tampoco perdona la Seguridad del Estado: la creación de imperios personalistas que plagien el modelo de partido único).

Sea envidia o sea lucidez, lo citaron por lo menos a dos juicios que evadió sin molestarse en una justificación. El Comité Ejecutivo no lo expulsó profilácticamente, como hace nuestro sistema penal con la peligrosidad predelictiva. Lo dejaron arrastrar las mentes y corazones del electorado (así será en Cuba todo cuando llegue la libertad: un caos cómplice). Bastaba una mirada ríspida de Braulio y había gente llorando y pidiéndole misericordia en el acto. Era adorado y temido. Era buen mozo para su edad. Salió de un bajareque con piso de tierra y llegó al máximo esplendor dentro de su búnker fortificado. ¡Bravo! Pero, ¿por qué este párrafo suena tan luctuoso en pasado gramatical?

Ahora parece ser que nuestro hombre es tildado de anti-bíblico y de alejarse de Dios como un Saúl capaz de pasar de la insurgencia al asesinato en serie. Aunque lo hizo hollywoodensemente, la policía cubana de hecho tardó milenios en intervenir (ineptitud institucional y miedo a ser acusada de totalitaria), cuando los familiares dejados afuera comenzaron a agredir con sus propios medios al templo de la discordia. Pudo ser una tragedia. Ojalá que aún no lo sea. Este país merece una pizca de paz.

Para los excluidos, se trata legalmente de un secuestro (más allá de la ley, hay que entender la desesperación de no saber qué le hacen o se hacen nuestros familiares dentro de cuatro paredes extrañas). Con el detalle de que los secuestrados no quieren salir a contaminar sus almas con la rala realidad familiar. Han visto la tierra prometida y sus espíritus supuran saliva sancta como Palomas de Pavlov.

El comunicadito oficial, de no ser una maniobra para invadir de sorpresa el recinto, promete ecuanimidad estatal. Las palabras que oí en vivo de William Herrera Pereira igual eran un neurotranquilizante de última generación. ¿Debe callarme la boca entonces de una pésima vez? ¿Debo dejar correr y que se resuelvan o ripien entre policías y píos? No me da la gana.

He hecho lo justo por mera ética humana y por ganas de protagonizar el timón de opiniones de esta finquita feudal llamada Cuba. He hurgado y vomitado mi luz lúdica sobre este tema tan tétrico precisamente porque yo también sé ser bueno, bello y verdadero sin creerme que creo en Dios (para ellos soy menos que nada; para mí ustedes no).

Olfateo que hay algo podrido detrás de toda esta violencia en ciernes y quiero aventurar un atisbo de amor. ¿Se desea cerrar la denominación? ¿Es una cuestión personal entre el poder y el pastor? No me importa. ¿Quién politizó a quién? ¿Y los templos buldozeados en las provincias orientales por bateos similares: rebeldía religiosa o revolucionaria? Por favor, Braulio y Estado: hay inocentes que los sobrevivirán a ambos. ¡Paren ya esta barbarie! ¡No jueguen más a hacerse los civilizados en un Parte de Guerra leído en el noticiero, cuando en realidad ambos se desean demonizar!

La religión es demasiado importante para dejarla en manos de los religiosos (ni de Caridad Diego).

El gobierno es demasiado importante para dejarlo en manos de los gobernantes (ni de Braulio Herrera Tito).

Cuba es demasiado cubana para no dejarla posar preciosa en las manos de mi prosa. Amén, mi amor. Reza tú por tus compatriotas sin compasión mientras más se hacen los elegidos del Estado o de Dios.

1 comentario:

Puti Armienne dijo...

No queremos más salvadores ni mártires.