sábado, 19 de febrero de 2011

Revista free-lance VOCES 6 ya a punto de caramelo...

Muy pronto.
Con suerte la semana próxima.
VOCES con sus habituales 60 páginas y una veintena de autores, más un
dossier mínimo sobre EL CUERPO COMO RESISTENCIA E INSUBORDINACIÓN,
dedicado al martirio del preso político Orlando Zapata Tamayo.

YAMIL Y MARLENY LIBRES PARA AMARSE POR FIN...!!!

Recién han liberado a Yamil Domínguez Ramos, el blogger preso de
INJUSTICIA NOTORIA, condenado a 10 años de prisión, y que tantas
huelgas de hambre hizo para exigir sus derechos, mientras su familia
tanto luchó y luchó sin cansancio para evitar la tragedia de una
condena atroz y vengativa por gusto. Viva la libertad! Viva el amor!
Felicidades!!!

injusticianotoria.wordpress.com/2010/05/28/hasta-que-el-e...

domingo, 13 de febrero de 2011

ESTA NO ES LA NOVELA DE LA REVOLUCION ( 8 )


(…CAPÍTULO 8…)
Orlando Luis Pardo Lazo

Maulló.

Al otro lado de las persianas. Un maullido manso, mullido. Lenguaje casi humano.

Varias veces maulló, raspando la madera milenaria y porosa de 1910.

Se acababa el 2010 y ella quería entrar. Esa era su vía preferida de colarse en el cuarto, siempre a ras del amanecer. Maullando para hacerse visible, para dejar claro que tenía sueño y frialdad. Para reclamar que estaba en su derecho felino, que era ella y no cualquier otra gata promiscua del barrio.

Maulló varias veces y esperó con cortesía silente hasta que Orlando se parara sobre la cama y descorriera el seguro de las persianas. Blanca y negra, flaca, sobreexpuesta y en alto contraste, neorrealista excepto por su mirada al estilo manga. Era ella. Vasumitra Súperstar. La misma gata que años atrás Orlando había recogido siendo apenas un feto, una bebé saturada de grasa de carro y con media piel comida en vivo por las bibijaguas.

Vasumitra Súperstar. Nombre collage que no significaba nada específico. Dos palabras sacadas de las tandas nocturnas del cine Chaplin por Ipatria, dos vocablos maullando desde el inicio en un latón de basura a la entrada del cementerio Colón.
Vasumitra Súperstar. Entre las moscas y los detritos traseros del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos. Entre rollos de filmes con hongos, recortería revolucionaria desechada de los archivos ICAIC, y tetrapaks de la pizzería en dólares de Zapata y 12.

Vasumitra Súperstar. Luego simplemente, Vasu.

Orlando se paró sobre la cama. Descorrió el seguro de las persianas. Vasu entró sin saludarlo. Por esta vez él tampoco la acarició de punta a punta de la columna vertebral, como era su matutina costumbre. Y los dos se tumbaron enseguida a dormir, calentándose con la doble circulación de la sangre.

Corazones asimétricos. Bronquios ronroneantes. Sprays sucesivos de salbutamol entre sueño y sueño. Taquicardia de pesadillas. Uñas perforando piel y sábanas. Los bigotes telepáticos de Vasu haciendo cortocircuito con la barba ininteligible de Orlando.

Maulló. Maullaron. Luego fue un silencio sin género, transhumano.

Luego fue nada. El tictac digital del teléfono móvil, inaudible. Nokia de la noche sobre la mesita de noche. Neuronas mudas liberando su mar de moléculas y desmemoria. Fogonazos inciviles en una recombinación inmiscible de especies.


Genética inaudita de los mamíferos. Darwinismo incivil.

Orlando Súperstar saltando en cuatro patas desde las escalinatas sobre las tejas francesas de Lawton, haciendo el amor a gritos de dolor salvaje. Vasumitra interrogada durante horas en una estación de la Policía Nacional Revolucionaria, sin comprender bien a aquellos maullidos de los tenientes coroneles Ariel y Alina, gatunos agentes secretos del G-2.