jueves, 2 de junio de 2011

ESPÉRAME EN EL CAPITALISMO, MI AMOR


ESPÉRAME EN EL CAPITALISMO, MI AMOR

Orlando Luis Pardo Lazo

"Nunca más vas a entrar a Cuba", le dijo la cónsul cubana con sarcasmo a mi amiga. A mi amiga ex-médica "quedada" en un país democrático de Latinoamérica, casi del Primer Mundo. Deberían expulsar a esa cónsul de ese país democrático de Latinoamérica, casi del Primer Mundo. Deberían, como excepción, desterrarla también de Cuba. Por cruel, por descarada, por criminal, por verdugo, por HP, por aterrorizar a nuestra ciudadanía dejándola a la intemperie del resto del mundo.

Tengo el nombre de esa cónsul. Y no se me va a olvidar nunca, compañera. Y a la primera oportunidad haré una reclamación ante la instancia jurídica internacional que proceda. No por cruel, ni por descarada, ni por criminal, ni por verdugo, ni por HP, ni por aterrorizar a nuestra ciudadanía dejándola a la intemperie del resto del mundo. Simplemente por violar nuestra propia constitución (y decenas de convenios internacionales de derechos humanos).

Mi amiga ex-médica me llama al móvil desde su exilio reciente, llorando, y me dice que no puede ser verdad, que había oído casos así, pero que siempre había una justificación política que ella entendía, aunque no compartiera del todo. Que esto, Landy, no puede estarme pasando ahora a mí, que jamás me he metido en nada. Que le dé ideas de qué puede hacer para regresar aunque sea de visita a su casa, donde toda su familia se desespera. Que la consuele un ratico en lo que se le consume la tarjeta, como cuando me llamaba a La Habana desde el campo, en aquella epoquita paupérrima y feliz donde los dos nos amamos en cuerpo y alma con más intensidad que el amor a la patria (esa puta disciplinaria), hasta que un día mi amor médica tan real me dejó de pronto, para de pronto irse, llorando como ahora en mi celular, con papeles de "visita" para finalmente "quedarse", y convertirse sin darnos cuenta en mi amiga ex-médica virtual. Que le cuente algo lindo, me pide. Que no le diga nada, me pide, que sólo la escuche un rato y la deje sentir mi respiración. Y, que por favor, Landy, tú sabes, ahora que estás metido en la locura de esa de los blogs, que no escriba ni media palabra, ni media sílaba, porque ponerlo en voz alta puede ser mucho peor: ¿peor que la respuesta de perra rabiosa de esa cónsul contra-cubana?, pienso pero a la postre obedezco y no le respondo nada a mi amor (para mí siempre, tú también sabes, lo seguirás siendo en secreto, mi amor).

¿Qué hacer? ¿Contra qué muro rompernos la cabeza de tanta culpa humillada por un poder déspota que borra de nuestra historia a sus mejores hijos (a mí y a ti, por ejemplo)? ¿Por qué hace sufrir así al pueblo cubano un Ministerio de Relaciones Exteriores corrupto y desmesurado, políticamente de patas abiertas a la policía política y a la voluntad de uno o dos o una decena de hombres, no más? Estamos vivos, ¿recuerdan? Los vamos a sobrevivir, ¿recuerdan? ¿A dónde quieren llevarnos con esta ristra de odios entre hermanos? ¿Acaso a una guerra civil?

Mi amor, mi amada de perfil facebook en la noche gmail, muchachita que ya eres mujer a fuerza de que te cierren la puerta en la cara en una embajada en bancarrota (aunque sea la de un país democrático de Latinoamérica, casi del Primer Mundo), mi yerbita mala rockera de los desiertos recónditos y sabanas de pronunciación exquisita de este país, mi anónima florecita del destierro que te impuso la benevolencia de la Revolución (porque te dijeron que tú no estás exiliada, como los chilenos o los salvadoreños en su época de comunismo en ciernes, no: porque te dijeron que a los hondureños o guatemaltecos los dueños burgueses bien pagados por la CIA les pegaban un tiro en la nuca y, sin embargo, a ti el paupérrimo Estado proletario cubano te perdonó).

Mi amor, te prometo nunca escribir nada en mi blog de ti. O, mejor, te prometo que si lo escribo, como de costumbre cuando podíamos olernos de madrugada la piel, entonces sólo podremos notarlo tú y yo (y esa cónsul canalla, por supuesto, que serán ahora todas las cónsules canallas de Cuba, porque la verdad no la pueden comprar como a esos tarequitos con que atiborran sus apartamentos de lujo en nuestra isla-patria que van dejando tan náufraga y huérfana).

Mi amor, te tocó. Te lo dije antes de que cerraras los ojos de tanta desesperación y te echaras a ciegas a correr. No vuelvas. Si te vas es para no pensar tanto en el pasado (de eso me encargo yo). Sé otra. Sé libre. Cuba es estrictamente una maldición. Sé linda. Sé joven. Sé comunista, como ni siquiera eso te permitieron serlo de verdad aquí. Ama en otros todo ese amor de trenes interprovinciales que se nos descarriló. Tiempla a cielo abierto. Pare lejos del socialismo gratuito (de todos los socialismos gratuitos). No crezcas, no envejezcas. Y espérame en el capitalismo (en cualquier capitalismo del corazón). Espérame para siempre, mi amor, porque tú sabes que por más Landy lo intente, yo tampoco jamás llegaré.

Se nos acabó la cuerda. No supimos escapar del horror. Asumimos como sarcasmo de una funcionaria del MINREX lo que era a secas sinceridad. La cónsul cubana tenía razón. Nos equivocamos de vida tú y yo.

domingo, 29 de mayo de 2011

EL SUBGAYRINO AMARILLO...


WE ALL LIVE IN A HETERO SUBMARINE

Orlando Luis Pardo Lazo

El antiguo Club Atelier de 17 y 6, El Vedado, ha sido revestido con una iconografía beatlemaniaca de lujo. "El Submarino Amarillo" se llama ahora. Y desde ahí se invoca la música del John Lennon sentado y sin gafas en el parquecito de al lado (se las robaron como diez veces).

La disciplina dentro del club, como todo espacio de la nación, es cuasi-militar: no por gusto es el submarino insigne de la flota sesentosa cubana, aunque se replete de jovencitos con billete (se paga en moneda dura). No puedes saltar demasiado entre las mesas, menos aún corear al borde de la locura cuando ejecuta algún grupo de cover. No te puedes recostar a las paredes. Sólo la tripulación del local puede mover las mesas y sillas. Y, lo más coherente tratándose de una banda straight como The Beatles: no se pueden besar personas de un mismo sexo (en el baño, pasa; pero en la pista, apesta).

Y no es homofobia, por favor, los machotes de seguridad de "El Submarino Amarillo" no quieren ningún encontronazo con las Marielitas del CENESEX. Es sólo que mostrar afecto labio-lingual en público viola las normas de esa y acaso todas las instituciones nocturnas cubanas. Si, para colmo, el cuchún es entre chica y chica, o entre chico y chico, o entre ambos en cualquier desorden al azar, entonces se compromete la moral proletaria del Hetero Nuevo que nunca del todo fue.

Este sábado llegaron a expulsar a varios jóvenes del ex-Atelier, después de amonestarlos como si estuviesen en un matutino escolar (a besarse pa´ dentro del closet, digo yo: ¿será tan difícil de entender que detrás del relajo se resiente nada menos que la propia Revolución?). La violencia física incluso repuntó, cuando uno de los expulsados intentó filmar con un teléfono móvil. Es sabido que en el socialismo clásico (inmovilista por definición) las cámaras y reproductoras de video son un arma artera del enemigo extranjero.

No quiero dar datos. Ni detalles. No deseo ser verosímil. No me crean ni medio carajo, pues. De manera que váyanse ahora mismo a clickear por ahí, a comentar con aplausos en esos discursos demagógicos del Día Cubano contra la Homofobia. Yo me quedo con esta anécdota anacrónica en pleno siglo XXI (que en Cuba se lee como un anagrama del XIX). Yo me quedo con la certeza de que la represión en Cuba antes que física (y lo es muchísimo, por cierto) es cromosomal: de Cromagnon.

Conozco mil muchachas que son parejas de muchachas y no se atreven a mostrar afecto en la calle. Conozco mil muchachos que son parejas de muchachos y creen en Dios y no se atreven a decírselo al prójimo ni en voz baja. En esta Habana cínica e incivilmente parapolicial, los sitios de "tolerancia" son mugrientos y están llenos de gays que se prostituyen al borde de la delincuencia. Esas muchachas y muchachos que conozco ni siquiera se consideran gays. De hecho, no lo son. Son muchachas que desean o aman a muchachas. Son muchachos que desea o aman a muchachos. ¿Por qué hay que distinguirlos como si fueran enfermos que requieren una atención especializada? Son cubanas y cubanos, y ningún proceso social es mejor que el alma íntima de cada una y cada uno de ellas y ellos.

De todas formas, te invito una de estas nochecitas insulares a caer conmigo por "El Subamarino Amarillo". Si eres chica, cabecearé con calma a tu lado y no te diré ni un piropo subido de hormonas. Si eres chico, Oh Darling, te juro por mi madrecita que duerme ahora en Lawton, que no caeré rendido a la tentación de besar.