sábado, 11 de junio de 2011

STASIOLOGÍA INSULAR


DE MILICIANOS Y MARICONES

Orlando Luis Pardo Lazo

mo han querido decirle. No fue un "quinquenio gris". Mucho menos una "década negra". Los 70´s fueron el esplendor, la era de lujo de la Revolución Cubana. Los 70´s son y serán la encarnación cristalina de la utopía totalitaria mundial, el ideal del siglo XX. En esos años todo concepto era un absoluto, incluida la miseria atroz de una isla donde, aunque nadie murió de hambre, la comida y los objetos civilizados desaparecían como por arte de magia (o eran atesorados a la espera ese futuro luminoso de grandes alamedas donde no tendrían cabida ninguno de sus propietarios). "Quemar las naves": esa era nuestra consigna poética. Por lo demás, en pleno 1971 nací yo. Así que, por favor, nada de metáforas mariconas de colores opacos. Porque los años 70´s aquí fueron, también, una fiesta innombrable, irrepetible e irradiante.

En comparación con estos tiempos de corrupción decadente e idiotez ideológica, imagino a aquella como una época de verdad. Donde la sinceridad podía ser pulcramente asesina. Donde todo sobraba al margen de la Revolución, desde la literatura hasta el dinero. Donde Fidel era una Fe sin fecha de caducidad y el paraíso se podía palpar. Envidio la existencia paupérrima de mis padres, con sus ropitas de cuadros y enguatadas de corduroy (compraron mi cuna de contrabando). Pocas veces el pueblo cubano estuvo tan cerca de encarnar poética y policialmente en su historia como en los años 70´s. Somos eso, no más. José Lezama Lima lo sabía. Por eso calló. No por miedo (a esas alturas ya vivía más amargado que en pánico), sino por mesías, por autor intelectual.

Y es que El Gordo de Trocadero se descubrió habitando a contrapelo su propia fabulación. Ya nunca más habría en Cuba frustración de esencias políticas (ni estéticas ni de ningún tipo). Tampoco cotos de ninguna realeza. Todo era evaporación invisible (la realidad arrasada por el logos verde olivo de un oppiano libertario). El barroco tocaba a su fin por exceso de gravedad en la isla de las micro-brigadas. Todo conflicto dramático era superfluo o debía ser resuelto empleando los canales establecidos. Todo deseo era cauterizado por la discursiva lúdica del líder (en los 70´s Fidel lo mismo lloraba mártires que hacía chistes desde su tribuna-tribunal). José Lezama Lima calló, además, por mentiroso. Le faltó decirle frente a frente a un Estado homofóbico que sí, que él era maricón (y que Paradiso, en efecto, no tenía lugar dentro del materialismo histórico: en muchos sentidos ese mamotreto es una Anti-Biblia y una Contra-Utopía).

Quien falta a la verdad de su cuerpo, fácilmente puede venderse a los enemigos de la patria llegado el caso de una invasión (y nadie se ría, coño: la invasión todavía hoy sigue siendo inminente). Por eso la Seguridad del Estado lo tilda de diversionista en un pdf, por no tener el talante de tirarse de frente contra el carrito loco de la Revolución. Por su élan elusivo. Por chismocito de barrio (se lo demostraron con grabaciones para que no clamara inocencia a mitad del desierto). Por ser un cubano tan querendón y atesorar tantos sucios secretitos de familia cada vez que le propuso acostarse a un pupilo, tal vez incluso a un pupilo infiltrado por el G-2: de ahí que le escanearan antes del escaner sus mecanuscritos inéditos (y en esto nuestros actuales Premios Nacionales de Literatura son los primeros sospechosos de semejante filtración, nuestro lezamagate o tal vez wikilima).

Qué mejor templo que la meca de la cultura cubana para hacer el amor con la policía política. La Biblioteca Nacional era el spot por excelencia, eje clitoriano entre los testículos de mármol del MINFAR-MININT y el falolito turgente de la Plaza de la Revolución. La guarida de tantas insignes polillas del pasado tenía que ser el sitio marcado con una X. Allí la momia de Lezama Lima dejó de ser en vida un escritor contemporáneo. Se lo merecía. Quien calla, otorga. El comunismo era una aspirina del tamaño del sol, decían por entonces los novísimos poetas del panfleto, y no tenía sentido esconder nuestros enfisemas en un hueco imaginario de Centro Habana (los milicianos marchaban frente a Trocadero 162, bajos, y el Magister de Orígenes se quejaba de que no lo dejaban dormir su siesta, mientras las cartas del extranjero le llegaban abiertas: justo a él, que había intentado la Reforma de Correos de Cuba durante la euforia efímera de 1959).

¿Por qué nadie habló antes de este brochure? ¿Lo habían olvidado sus colegas? ¿No hay sobreviviente de los 70´s que hayan laborado en la Biblioteca Nacional? No. He ahí el problema fundamental de la cubanosofía. No hay sobrevivientes, sino cómplices de nuestro horrorcito de tramoya. Cárceles, exilios, micrófonos, suicidios. Sólo los órganos de seguridad tienen memoria (si bien tienen prohibido narrar). Nuestro pueblo nació literal y literariamente ayer. Llego en este punto a mi desesperación de escritor: no puedo expresar mi gozo de sabernos tan libres en tanto nación. Sin maestros ni mártires. Sin más tradición que la reiterativa traición. Solos, silabeando la prosa presa de un folletico del DSE donde cabe toda nuestra literatura futura, toda la Órbita de Orwell con ron y risas de solar, más los imprescindibles penes de burdel a cambio de un par de pesos. Somos eso, no más. Ganaron los milicianos, el dogma hetero (que no la heterodoxia). José Lezama Lima lo supo demasiado tarde. Por eso calló. No por maricón (a esas alturas era ya más virgen que vilipendiado), sino por misericordia consigo mismo: cualquier palabra iba a ser usada en su contra.

No debo poner el punto final sin declarar que, en plena facultad de mis posesiones mentales, tengo a bien declarar que de tan locuaz me he vuelto un tin loco. De manera que no sé qué reminiscencias o resonancias me obligaron a teclear y publicar de inmediato este post. Tal vez sólo he pretendido adelantarme a los oficiales que atienden el CASO OLPL. Tal vez sea sólo la pena de haber tenido razón (o de haberla perdido a ras de los disímiles despotismos desde 1971 hasta hoy). Tal vez sea só