jueves, 6 de octubre de 2011

Tarja Turunen The reign

CANCIÓN PARA MI TARJA


TAM TAM GO...

Orlando Luis Pardo Lazo

Me despertó por la ventana. A través del persianal de vidrio cerrado y una cortina. Qué música tan linda, qué ganas de no moverse nunca de este sitio, deseos de llorar, de hacer memoria, de no recordar nada, de haber sido alguna vez yo, de poder ser otro, de estar muerto entre dos fechas en mármol (lo estoy), de ser inmortal (lo soy), de imaginar quién podría estar a ras del alba escuchando a Tarja en el barrido barrio de Buenavista, en La Habana.

Es octubre. Por eso. Porque Cuba comienza a desaparecer con el cambio de clima. El otoño inverosímil empieza a hacerse creíble. Hay árboles que incluso sueltan sus hojas en un gesto paródico con la estación. Las noches se tornan aciclonadamente frescas y hay que taparse. Los ventiladores de pronto se descubren superfluos, aunque la inercia impida apagarlos aún (el ruidito de sus motores es la banda sonora de nuestra infancia, que de lo contrario hubiera sido un cine mudo asesino).

Es Tarja Turunen en su Reino de Winter Storm de cinco días o acaso un quinquenio atrás. Música de la más ligerita, de la que sabes que te emociona pero no volverías a darle Play. En cierto sentido, música de estación. Pero, ¿no es la vida un poco eso: pasar impasibles de estación en estación, de cama en cama, de disco en disco, en una rueca sin retorno de despertar en despertar, en un instante donde caben todos los meses, con las persianas siempre cerradas en todos los barrios barbáricos del mundo?

Y, sin embargo, Tarja no es Tarja del todo hoy, jueves 6 de octubre del 2011 en Cuba. Su voz es también la muerte. La mía, volando en un avión con deportistas y militares y terroristas sospechosamente monitoreados, que pudieron actuar tan libres como convino para que nuestro pueblo enérgico y viril pudiera luego eternamente llorar y la injusticia tétricamente temblar entre la masa y el monolito.

Tarja este amanecer en Playa fue la imagen de una muchacha de La Víbora cuyo padre voló cuando ella tenía sólo 5 años (mi edad en 1976). La conocí siglos después, en el Preuniversitario Raúl Cepero Bonilla (he estado varios minutos en blanco, sin recordar el orden de los apellidos). En uno de esos horrísonos matutinos (fue un vespertino), ella se paró con sus 15 años en el segundo piso del viejo colegio de los Hermanos Maristas, y con su uniforme de mostaza maravillosa leyó un Comunicado solemne por el décimo aniversario del sabotaje en Barbados a un avión de Cubana. Su nombre también empezaba con T. Qué tristeza. Qué tensión. Qué ternura. Lo sabía, lo sabía. Que no te iba a olvidar, Tamara.

Nadie quiere más a los cubanos que yo. Los empujo, los escupo, los abofeteo. Quien más te ofende, te quiere más. Me he enamorado de la mitad de ellos, de ellas. No consigo captar los crótalos de la belleza en ninguna cara extranjera (y mira que me convendría escapar a tiempo con todos mis papeles en regla de este pandemónium político). Vibro, pero el amor de otra patria me resulta racionalmente demasiado real. Y mi cuerpo ya no está aquí. Por eso, sólo con un cruce de brillos con quien ha compartido mi mismo sinsentido, mitad cómico y mitad criminal, logro saber sin saberlo que ya no te podré olvidar.

Como Tarja. Como la lírica popular en un reproductor de CDs con polvo y humedad habanera. A las seis y media de la mañana. Pensé en Tamara niña de pre-escolar, su llanto histerizado por las cámaras cómplices, ávidas de dolor, en la foto más famosa y manipuladora del periódico Granma. Pensé en la Tamara adolescente, en su voz túrgida leyendo sin pudor de ser tan hermosa y tan históricamente huérfana en el otoño de 1986, cuando el socialismo era una aspirina del tamaño del sol en los libros de texto de Literatura, y cuando Pablo Milanés era nuestra Tarja Turunen en una serie simplemente sensacional llamada Para empezar a soñar.

Yo quería empezar a soñar.

Tamara quería empezar a soñar.

Tú también querías o deberías haber querido empezar a soñar.

Sé que me equivoco, que todo está trastocado, que en ninguna parte crece el árbol que no sufrimos sembrar, que sólo la estafa tiene presencia real (es la esencia de cada estación de este blog). Que Tamara no habita hace milenios ninguna Habana. Que no recuerda aquel matutino con que amorosamente me mató. Que mis vecinos reproducen amnésicamente la música al azar que le compran a los cuentapropistas. Que hay un vuelo de Cubana de Aviación que todavía no aterriza, con un deportista o un militar que perdió a su hija de 5 años y no al revés. Que el otoño no volverá. Que no.


http://www.musica.com/letras.asp?letra=1180963

http://www.4shared.com/audio/-tqk-HIC/Tarja_Turunen_-_2007_My_Winter.html

jobsless


jobsless, originally uploaded by orlandoluispardolazo.

Apple Maria...