jueves, 13 de octubre de 2011

1 FIRMA POR LA LIBERTAD DEL GRAFITERO VANGUARDIA EL SEXTO

elsextocuba.blogspot.com/2011/10/cuba-firma-por-la-libera...

FIRMA POR EL SEXTO Y POR LA MARCHA LIBRE DE SUS AMIGOS EN CUBA POR SU
LIBERTAD...

Por favor, deja tu nombre como un comentario en este blogcito que con
mucho amor se le estuvo haciendo a El Sexto hasta que lo secuestraron
en plena calle habanera y hasta el día de hoy no se sabe absolutamente
nada de él, pues la familia de Danilo Maldonado Machado está aterrada
y chantajeada por la Seguridad del Estado, y por lo tanto puede estar
mintiendo sobre el hecho de que ya lo vieron (no dicen dónde) y que él
está bien, etc.

Todo es dudosisísimo.

¿Por qué sigue retenido sin cargos? (Bueno, porque en Cuba no hacen
falta cargos para condenar a un hombre libre, claro.)

¿Hasta cuándo?

¿Lo van a procesar penalmente?

¿Lo han estado torturando con o sin interrogatorios?

¿Lo intimidaron?

¿A qué régimen de mala comida y luz permanente o temperaturas extremas
lo tienen sometidos?

¿Le han suministrado medicinas falsas o drogas manipuladoras de la
voluntad para paliar su asma extrema?

¿Lo han vuelto a golpear o encapuchar como en su arresto violento tipo
Abu-Graib?

¿Por qué la propia familia es quien se resiste a nombrar un abogado?
Esto es típico de situaciones estalinistas, donde el culpable se
reconoce edípicamente como tal ante el Estado Dios que es todo Bien y
todo Belleza y todo Bondad, aunque te fusile en la Causa número 1.

¿Por qué la propia familia es quien se resiste a nombrar un abogado?

¿Por qué ya no responde nadie de la familia en el teléfono de su
hermana +537-2717826?

¿Qué se sabe de la huelga de hambre con que amenazó desde el inicio El Sexto?

¿La familia le ha dicho a El Sexto que todos sus amig@s estamos con él
y que vamos a hacer ya una marcha libre con sprays suyos, hasta que
nos arresten masivamente o nos encapuchen y golpeen como a él, o nos
propinen un infarto o una pancreatitis, o hasta que nos contaminen un
virus o bacteria pulmonar, pero que no lo vamos a abandonar en las
fauces fidelísimas de sus verdugos...?

1 000 000 DE FIRMAS POR LA LIBERTAD DE EXPRESION EN CUBA

www.gopetition.com/petitions/un-millón-de-firmas-por-la-...

miércoles, 12 de octubre de 2011

martes, 11 de octubre de 2011

Gracias Gabriel Davalos por la solidaridad socialista

Un solo pueblo, compay, un solo pueblo...

Gracias Yuris Norido por la coolaboracion

yurisnorido.blogspot.com/2011/08/el-sexto.html

Dejemos un buen comentario de agradecimiento al que empezó la campaña
anti-Sexto en Cuba que culminó ayer con su secuestro violento en plena
calle revolucionaria cubana...!!!

secuestrado El Sexto por desconocidos en plena calle cubana

Como en las dictaduras más asesinas de Latinoamérica, el grafitero El
Sexto fue secuestrado con violencia tipo Operación Cóndor en el
reparto Arroyo Arenas donde vive su madre, sin notificárselo a ella ni
a nadie, con escándalo de los vecinos que vieron que esto es peor que
con Pinochet.

La Policía Nacional Revolucionaria le confirmó a la familia que Danilo
Maldonado Machado no está en ninguna estación policial de Ciudad de La
Habana, pero no quisieron aceptar ninguna denuncia de DESAPARECIDO,
asalto mafioso o camorrista, sino que forzaron a la madre a esperar en
la Estatación Policial de San Agustín sin hablar con nadie ni
protestar más.

lunes, 10 de octubre de 2011

DEATHVOLUTION


FILMAR FANTASMAS

Orlando Luis Pardo Lazo

Fantasmas moribundos. Era 2007 y filmábamos espectros en una escena de extremaunción en un hospital habanero. Reconstruíamos la muerte de un coronel de apellido Lezama o Cemí, para la película "El viajero inmóvil" del director Tomás Piard, que se movía entre las sombras como un hechizado, poseído acaso por el capítulo 6 (caja de muerto) de Paradiso. José Eugenio Cemí va a morir solo y le cruza un testamento poético al aparecido Oppiano Licario, un aparecido fatuo cubano en tierras foráneas (toda muerte es esa soledad de extranjería limítrofe).

La luz artificial era, en efecto, pobrísima, de ultratumba, y saqué algunas fotos escalofriantes. Los actores, reconocidos o novatos, lucían mudos, resolviendo sus mímicas con lugares comunes. Pero la verdadera película ocurría a medio metro del set, a espaldas del cablerío y las cámaras. Era 2007 y estábamos en el Hospital llamado Emergencias de la calle Carlos Tercero de La Habana. Yo estaba tan triste que hubiera querido ser actor de verdad para morirme de verdad sobre la costra de aquella camilla de verdad que no era de utilería.

Como en un animado de sombras chinescas de la era soviética, se nos acercaban gargajitos humanos con sus esqueletos dentro de un pijama prestado por el MINSAP, prisioneros de sus próximos cadáveres, gente que vivía desde siempre en aquel funéreo pabellón, indiagnosticables por la institución. Nos hablaban como a extraterrestres, en un argot raro, de prótesis dental mal ajustada o ya en una tacita con agua como talismán, entre agradecidos y molestos por haberles roto la rutina de compartir su telenovela de turno en un pantry del hospital.

Negros. Muchos negros y negras consumidos bajo la piel (¿racismo de las dolencias?). Los ojos como última esperanza de sobrevivir. Un jarrito de lata y un cucharón. En chancletas. Un par de ellos usando el porta-sueros como bastón. Convencidos de que con suerte podrían lograr un pase el fin de semana, pero el Alta Clínica jamás. Incurables de la patria médica amateur.

Las puertas destartaladas. Los gritos entre enfermeros (negros también, pero saludabilísimos). El olor a desinfectante de shopping diluido con veneno de cucarachas. El descascaro del techo y las paredes. Y otra vez la luz mortecina, augurio de la luz peor que los esperaba ya en la capilla.

Esa es nuestra potencia clínica paradisiaca más íntima. A todos nos espera una escena última así. Lezama Lima lo supo en gordura propia. No habrá tiempo, incluso sobrando el tiempo de ingreso. Nada evitará la emanación de algún Oppiano Licario desde el camastro de al lado, que a la hora de quedarnos solos y asumir el adiós, vendrá inoportunamente a testimoniar nuestras lágrimas innecesarias y a anunciar que él se encargará de avisar a nuestra familia (como si aún tuviéramos una, sea real o filmada).

De esa noche de invierno ya no me queda nada (hasta Tomás Piard como autodefensa me ha llamado traidor). No me contratan más como fotógrafo de rodaje. Salí del Emergencias trocado en un fantasma del resto de los hospitales nocturnos de esta ciudad. Desde entonces las muertes me rondan generosamente de funeraria en funeraria (los flores son horrendas y huelen a pudrición). A todas llego de medianoche, para minimizar la bruma aburrida de las madrugadas. En todas me sobrecoge la falta de ritual a exceso de ritual. El vacío de los convocados. No tenemos ni siquiera nada de qué dolernos como nación.

Mi madre a ras de muerte asmática en La Benéfica, plagada de bolivarianitos a punto de Down, con borrachos que los policías expulsan como pueden del lobby, con recepcionistas sacadas de un filme no del ICAIC sino de terror, con las ventanas tapiadas con nylons y cartones, con los baños clausurados por los excrementos, y el elevador voceado desde cada piso para que el adolescente fronterizo que lo maneja sepa en cuál tecla parar: "¡seis, un muerto...!" (Es una cita textual del 2002.)

Mi novia a ras del Militar, con su ristra de uniformados cayucos llegados de las unidades militares de medio país, con sus cuentapropistas en la acera de enfrente, los limpiapisos con audífonos reacomodando la mugre y las bacterias endémicas de Marianao, con la cara de sueño de los técnicos que te hacen un ultrasonido sin pedirte ni un centavo a cambio de su dictamen (tal incluso un piropo a la muchacha si es joven).

Las historias de enfermeros emergentes son impronunciables sin cometer el delito de difamación. Sueros equivocados, concentraciones disparatadas, templadera en los cubículos (puede que como alquiler). También están los profesionalísimos diagnósticos que nunca fueron tales, hasta que una autopsia los delató. Pero no estoy criticando el sistema de salud nacional, al que, como todos, le debo incluso mi vida (y más de una vez). Estoy, como un clínico de experiencia, apuntando síntomas persistentes. Dejando en blanco y negro mi derecho de narrar la hiel solidaria con que se muere a la intemperie en este país (el falso techo abofado, los neones fundidos, qué más: una propaganda política al lado de un poster anti-HIV). Estoy vomitando la miseria colectivizada de la que ningún capitalismito nos va a salvar como cuerpos.

Coronel del Ejército republicano Cemí-Lezama ante una cámara digital. Dama de Blanco Laura Pollán bajo el lente de la prensa independiente o internacional (y por supuesto el bloguerío fascista gubernamental). Una luz del más allá amortaja la desgracia de tener que tenderse en una cama estatal, sin opción de pago por un tin tétrico de privacidad. El Estado totalitario es eso. Nada de dictadura sangrienta. Se trata de que, como ciudadano, el poder siempre nos acompañará. El anonimato individual atenta en primer grado contra la masa monitoreada de enfermos y por eso es una cuestión de seguridad nacional. Usted se muere como vivió: sin más biografía que la retórica oficial.

Era 2007 y yo no pensaba vivir tanto.

Es 2011 y la Revolución Cubana, por ley de la vida, ya ha enterrado al menos una vez al país donde en 1959 se instauró. A partir de ahora, como en el filme "El viajero inmóvil" de Tomás Piard, todo tendrá cierto toque de apropiación y parodia. Somos los huerfanitos de esta historia artificial. Nadie despedirá el siguiente duelo. Y es lógico. De algún modo todos compartimos un diagnóstico idéntico. Terminal. Por primera vez en medio siglo o medio milenio seremos compatriotas de verdad.