miércoles, 9 de noviembre de 2011

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0NÉSTOR TEJE EL TIEMPO DORADO DEL EXILIO

Orlando Luis Pardo Lazo

1.

1La mala metáfora de pintar patéticamente la paleta de una escritura (pero, ¿hay alguna metáfora que no sea mala?). 2Retórica rota, bad-poetry antes que bad-painting (bad-panting). 3Enfisema, excritura, excretas del alma, hezcritura. 4Debris, derby de poesía corporal. 5Carnaval en carne viva. 6Disangelio incunable de un autor cubano desconocido (incubable). 7Leer a Néstor Díaz de Villegas en La Habana de la post-Revolución es un acto de fe (auto de fe).

2.

1Me fui con Cuna del pintor desconocido (Aduana Vieja, 2011) a un punto limítrofe de mi ciudad. 2A su periferia habanémica. 3Al cordón de carroña donde nuestra capital muta en páramos feudales y campos de girasoles decapitados en aras del mercado underground de la muerte. 4Me fui al kilómetro cero, donde nace la autopista que corre como un esófago a lo largo y estrecho de esta coney island híper-institucionalizada. 5Me fui al tiempo zero que corroe nuestra noción de sigloveintiumnidad (paleocubanity). 6Fui para quedarme solo entre renglones cortos, rimas improcedentes y un bilingüismo bífido candoroso y aterrador, y allí me dejé arrullar por el eco de los good old Chevrolet trucks del capitalism (viejos trucos buenos del capitalismo). 7Esta operación se llama contextualizar, aunque sea una pésima traducción (pero, ¿hay alguna que no lo sea?). 8Y es que no hay nada hay más primermundista que una súperexpressway, preferiblemente una en ruinas, hangar histórico venido a menos, como la iterativa reiteratura cubana. 9Fui porque toda lectura liberadora es prolepsis (gran salto individual hacia ninguna parte), mientras que la memoria es siempre una represiva vuelta de tuerca (paranoia colectivizada de Estado).

3.

1It´s ridiculous ejercer la crítica literaria sin haber entrado nunca en un Winn-Dixie, ni siquiera en una nota al pie. 2Nuestro vocubalario queda reducido a dicotomías un tanto funny mientras no nos explote en plena cara el laterío polifónico del world as a mall, democracia dialógica de significaos. 3Por eso lo cubano en la poesía estadísticamente sigue siendo un subproducto ministerial: boulevard de himnos sacros, tono coral de evangelistas del corazón, tufo totalitario a intraicionable tradition, traumas teleológicos del Arca de la Alianza con el poder político, instigación de la insularidad, edípicos quejidos de ataúd y nunca berridos de cuna (anorgásmicos bebé-artistas que no mean ni cagan a voluntad, sólo suck por decreto), coloquialismos cansinos y un estetiquísimo etcétera de cara a lo eterno-trascendental. 8Pero leer a Néstor Díaz de Villegas a la intemperie de La Habana pudiera ser una discontinuidad en la matrix: un bug en nuestro hardware editorial, un gap dentro de sistemas discursivos cerrados a cal y canto, un error a ras del horror. 9Porque Cuna del pintor desconocido restaura en parte nuestra mezquina condición material: villancicos venéreos, vulgatas de alta belleza, manierismos de manicomio, lírica alucinante y locuaz, adivinajas sin solución, decadent dreams of delusion, áridas arias, brochacitos de un vacío no tan gótico como grotesque, jingle bells de un shakespeare de la chapuza dentro del saran-wrap de las formas clásicas recicladas por tanto mis-use Made in USA. 10Paidemonium.

4.

1No entiendo ni pí de poesía. 2Sondeo sonoridades afásicas que debo pronunciar en voz alta como quien aprende a leer de pie contra la blackboard (equilibrio inestable de mi analfabeticidad). 3Leo a dedo, para no saltarme astigmáticamente los versos, en una especie de braille brutal: tortura táctil, frufrú efímero, eros indigerible de celulosa (canibalismo cretino al estilo de un Hannibal Lecture local). 4Ese es mi parapeto privado contra el pus patrio de las palabras (Cuba decúbito supimos), esa es mi resistencia reaccionaria contra la Revolución Cubana como medida de todas las cosas. 5A la postre, el material leído es desleído bajo la presión de mi piel (subsocialist skinhead) y mi pronóstico clínico se complica cínicamente peor: soy autor de lo que leo. 6Devenir narcisistamente Néstor. 7Días de Villegas entre la prisión y el exilio, entre la provincia y la hi-tech modernidad, entre la furia y el nirvana, entre la parodia y el paredón, entre una jerga mac cubana de entresiglos y cierto ingless overqualified (ambos argots arcaicos), como te lo prometió un martí ex machina y un fidel fofo te lo cumplió (metido en el closet, un ché gayvara enchumbado de sangre chanel).

5.

1Como una tétrica talking head del paraíso policial del proletariado, la prosodia de Cuna del pintor desconocido destruye a su paso medio archivo de poemarios cubanos tenidos por poemarios cubanos. 2Como cachos de antimateria, hay books que no pueden bibliotecarse en coexistencia pacífica: son serial killers genéricos (genésicos), biblias de la barbarie. 3Como ante cualquier novedad, lo más diplomático sería entonces dar el pésame y retirarnos de este catálogo de colores with no comments. 4Circo de cadáveres exquisitos, collage de colegas con expresión censurada, cuna en capilla ardiente (fumante). 5Humo, humus, humor. 6Es posible que Néstor Díaz de Villegas no haya querido nunca decir nada: de ahí que su lectura in extremis no deje apostrofar nada tampoco más allá de la dolorosa indolencia con que en Cuba se paladea, más acá del hedonista hedor que nos hechiza para enseguida huir de él. 7Fo, fuck. 8Paradójicamente, fe.

6.

1Me volví a casa con el libro bajo los sobacos: una cura de caballos (de curas y del Caballo). 299% perspiration plus 1% inspiration: formulita decimonónica del genio. 3La impresión en este caso es antípoda: un 1% de oficio de ofidio más el restante 99% de instinto. 4Juraría ante Jurado que se trata del cuaderno de un escolar complejo, el pequeño procaz que nunca fuimos por la traqueotomía de la pañoleta en nuestras gargantas de completo uniforme (exhibicionismos íntimos de un infant no tan terrible como aterrorizado). 5Néstor Díaz de Villegas no pertenece a ninguna generación, excepto a la de ese niño senil que nos saca la lengua con insolencia (insolvencia). 6Cuna del pintor desconocido habrá de ser entonces una obra pionera. 7Cubansummatum est!

martes, 8 de noviembre de 2011

Spoken Word en La Habana

El Laboratorio de Escritura del Festival Internacional de Poesía de La Habana,
junto a Caminos de Palabras (Grupo de Trabajo que se dedica a la Promoción de la
Poesía Hablada en Cuba),
invitan a la conferencia:
Spoken Word: Una nueva corriente en la Poesía Contemporánea
(por el poeta y promotor cultural: Elier A. Álvarez Arcia, El Brujo).

El próximo sábado 12 de Noviembre a las 10:30 AM, en la sala Rubén
Martínez Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

En la conferencia se hablará sobre el surgimiento del Spoken Word en
los Estados Unidos y como llegó a nuestro país, qué se ha hecho en
materia de poesía-performance en nuestra capital, y se explicará el
término con el que se promociona y se comunica en Cuba ésta manera
hacer poesía.

POST-DATA DE OLPL:
¿SE HABLARÁ DE ONMI ZONA FRANCA...????!!!
(¿Asistirán los compañeros de Kulturseguritat...?)

lunes, 7 de noviembre de 2011

DOS DÉCADAS DE DIEGO Y DAVID


Después de mil años, he vuelto a correr Fresa y Chocolate en mi laptop.

Fue un momento mágico, aquella época. Cuba se descojonaba. Pero la verdad emergía como nunca antes, sobre los restos de una ideología infame, infantil. Nos hacíamos libres de cara al Hegémono de nuestra Historia. También la muerte y la represión campeaban sobre las ruinas de una nación. Era la hora de los salvajes. Irse o callar, en el exilio o en una cárcel cubana. Y en medio de ese caos y de esa metástasis, el peor cine de América filmaba una película mediocre basada en un cuentecito cándido, pero en ambos casos cristaliza de milagro en ellos la esperanza política de repoblar un país, una ilusión.

Fue sólo eso, por cierto. Un instante. Nuestra realidad resiste gracias a tales fogonazos de lucidez. El resto es tedio totalitario, grosería gris, murumacas de mudos para ir chapeando bajito mientras el poder espera otro mes, otro milenio, otra mentira.

No le pregunten a Senel Paz, ni a Tomás Gutiérrez Alea, ni a José María Vitier, ni a ninguno de sus actores. Respondieron siempre con lugares comunes. Es lógico. No les alcanzaba el coraje de fundar un argot de futuro. No estaban convencidos de querer protagonizar una época, más allá de sus biografías. Todos son, en el mejor sentido de la palabra, sombras. Un efecto cromático del exceso de iluminación tan propio del cine para crear atmósferas, mientras más realistas más de ficción.

Tal vez Fidel Castro tuvo la respuesta en soledad augusta, pero como buen estratega de masas supo llevársela a su tumba (o a su incinerador). Tal vez yo ahora debiera pronunciar algo disparatado o doloroso al respecto. Pero sería traicionar la belleza íntima de la Revolución. La cosa limpia que todo proceso emputecido y suicida, como uno de los personajes, siempre conserva en el lugar más secreto y salvo del alma. De los sueños. Sería añadir nuevas capas de violencia verbal e incomprensión inmanente sobre las costras y costras de olvido que Fresa y Chocolate acumula a la vuelta de veinte años. Es preferible dejar correr el equívoco. Darle play a solas en la noche digital mercenaria del mundo. Allá ellos. Que sean los extranjeros de izquierda del Primer Mundo imperialista los que ejerzan de exégetas y narren sus mierditas académicas sobre el sentido del film.

La Habana eran tan preciosa en sus ruinas monumentales. La ropita tan raída. Las miradas tan de provincia feudal. La locura azuzando genes y hormonas. La fealdad tan definitiva que valía la pena sucumbir a ella. Las epidemias de Dios para seleccionar a quienes menos hambre pasaban. Cuba de cúbito sufrimos. Tenía razón Eliseo Alberto, poeta de títulos: Nadie quiere más a Cuba que yo. Cuando haya que botar la papelería pedestre de lo que nunca fuimos, emergerá, intacta, del fondo de los baúles de nuestra barbarie secreta, la pepita de oro prometida por Diego a David.

Sólo cabe el amor entre contemporáneos así. Compañeros de cadalso, gente al azar que coincidieron en sus idénticos derroteros de derrotados. Un pueblo imaginario que habla sin voz. Que respira desamparado la maravilla de coincidir y enamorarse de verdad entre sí. Fuera de eso, no hay nada. Pasaporte oficial, currículos súper-profesionales y dólares del enemigo, como los que abdujeron a los creadores de esta película de peligro (morirán todos viejitos y ni siquiera la recordarán, como Fidel Castro ahora). Fuera de eso, hay demasiado. Ser otros. Flotar en un universo sin islas. Hacerse cosmopolita y no malgastar palabras en un acto de puro pasado (como yo hoy). Fuera de eso, no sé. Yo también, como tú acaso, he extraviado el hilo de nuestra historia.

Quiero añadir algo. Intuyo que soy yo quién lo diré. Pero todavía lo ignoro.

No me hagan desesperar más en este punto neurálgico, supongo que un poco neurótico. Déjenme no pensar en paz, por favor. Gracias.