domingo, 19 de agosto de 2012

KISS KISS, BANG BANG




¿Qué hubiera pasado si Oswaldo Payá portara un arma legal cuando la tragedia de su muerte tantas veces pronosticada por el Estado cubano?

De existir el derecho de obtener licencias para el uso civil de armas (derecho abolido, como tantos, tras la catástrofe legislativa de 1959), la policía política, por ejemplo, no podría ya actuar con esa impunidad de hampones que se te enciman en cualquier calle, lo mismo a pie que en motos Suzuki que en un carro.

La mafia del materialismo revolucionario sabría entonces que, ante semejantes asaltos sin siquiera identificarse, podrían irse con un balazo en la frente y sin derecho a reclamación, pues la legítima defensa propia es un valor universal que sobrevive incluso aquí.

El irrespeto con que los represores cubanos tratan al cuerpo de sus víctimas terminaría. Ni un secuestro express más. Ni una coacción más. Ni una amenaza pública más. Ni un acto de repudio más. El derecho de defendernos con armas, en tanto ciudadanos, sanaría toda la podredumbre humillante que ha denigrado a miles y miles de cubanos en las últimas décadas.

Si no estás investido de autoridad, y con la debida documentación emitida por los poderes correspondientes, ni te me acerques a darme pau-pau, porque te doy ¡pum-pum! en pleno ejercicio de mis facultades legales.

La convivencia pacífica pasa por ese empoderamiento primero, por esa responsabilidad de los hombres buenos que no merecen ser tratados como criminales por una policía despóticamente manipulada por los políticos.

Oswaldo Payá fue asesinado cientos de veces durante su vida como activista democristiano en Cuba. No se pudo defender apropiadamente ni una sola vez. No pudo defender su hogar de las hordas a sueldo que le pintarrajeaban su fachada. No pudo defender a su valiente familia acosada incluso en los hospitales. No pudo vender cara su vida al final.

Tal vez la tardía transición democrática hacia una Cuba futura debiera empezar por conservar a sus hombres y mujeres pro-democráticos, por detener este holocausto silencioso a cuentagotas.

Podrían dejar de exigirse tantos derechos abstractos y enfocarse hacia una sola reivindicación concretísima, que contaría con el apoyo de la abrumadora mayoría del pueblo, más allá de colores políticos, sobre todo ahora que comienzan a crearse intereses en la economía privada y los maleantes ya están poniendo en riesgo la seguridad de sus dueños (los delincuentes, como la policía, siempre consiguen las armas: ¿por qué no entonces sus indefensas víctimas ciudadanas?).

Por favor, ¿podría postularse alguien pronto para presidir un hipotético Partido Popular del Pum-Pum? El programa tendría apenas un punto, pero de tremenda puntería biológica:

1) NO QUEREMOS DEJARNOS MATAR.