domingo, 16 de septiembre de 2012

MEXICO DF, DE FIDEL


FASCISMO DE LA CHINGADA
Orlando Luis Pardo Lazo

La única vez que salí de Cuba fue a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Jalisco, en noviembre-diciembre de 2002. Allí México me regaló una descorazonante lección. En Cuba, ya todos sabíamos que íbamos de cabeza hacia un capitalismo de Estado policial. Pero en México tuve una sorpresa a la que nunca hubiera accedido por sí misma mi inquieta imaginación: en México, la Revolución Cubana día a día reverdecía laureles, era legado vivo, teoría tangible, retórica de la redención.

Como en una máquina del tiempo totalitario, vi la histeria izquierdosa de multitudes de adolescentes con temas atrasadísimos de Silvio Rodríguez (ni él mismo se atrevería a tararearlos en Cuba). Incluso los carga-maletas del hotel me lanzaban elogios de Fidel. Las familias me recibían con admiración en sus hogares (me regalaban dinero al comprar mis malos libros por piedad: siempre fui un mercenárido). En los restaurantes tendían a no cobrarme los mejores platos por el privilegio de ser cubano de Cuba y no un mierdita de Miami. Sin ser nadie, sentí trato de embajador: de haberme postulado, por lo menos alcalde de la ciudad hubiera salido sin mayor traba.

Hasta un acto de repudio viví en aquella FIL 2002, cuando en la presentación de la revista Letras Libres hubo una invasión chaparra de coros comemierdangas y, así, una tropita universitaria pagada desde La Habana (acaso por el Rojas local) le boicoteaba fratricidamente el evento al Rojas de rango universal que sería su presentador.

Por supuesto, hay muchos más ejemplos, incluidos asesinatos, que los que mi pobre biografía recuerda en carne propia. Ahora, las brigadas de espías rápidos van y crucifican una amenaza mafiosa en la puerta de una familia cubana que reside entre el DF y La Habana (el DF que, como sus siglas lo indican, también es De Fidel). Clavar carteles: en eso sí somos rentables en medio de nuestra miseria material. Se lo han hecho a tantos y tantos dentro de la Isla, y ahora le tocó el turno terrible a una familia de gente preciosa y leal, cuyo pecado capital es pensar con palabra propia en voz alta. Una familia cuya culpa original acaso sea preferir a los poetas oscuros antes que al sol socialipsista de esta nación de la coacción. Una familia libre cuya belleza ha atraído vilmente a la muerte.

Nuestros agentes son especialistas en intimidar y timar. En minarnos el cuerpo por dentro (con pánico o con cancerígenos, les da igual): acaso por eso es imprescindible gastar millones y millones en un ministerio del interior. Borramos la verdad a patadas. Tapiamos los deseos de futuro a cal y canto. De ahí el odio obsceno que remueve a los generales sin nombre cuando una editorial extranjera como Cal y Arena lanza un libro de crónicas como Viento a favor, de Eliseo Alberto (1951–2011).

A Lichi jamás le perdonaron lo suyo, su informe incómodo de finales de otro siglo y milenio (el último de la Revolución, excepto en México). Su espiral de la traición sigue vigente hoy post-mortem, a pesar de darle hasta el final aquellos permisitos de entrada a su propio país, a pesar de tolerar sus sagradas cenizas en un puente a punto de colapsar, a pesar de buscarle con desgano un riñón a título del MINSAP, a pesar de las palmaditas con melena del ex-ministro de cultura Abel Prieto (hoy candidato a presidente civil de la Junta Militar de esta atroz auto-transición). Eso lo sabemos todos.

Filman una película que por desgracia pronostico que será pésima, tras editarle esa novela paladeable para el poder. Lichi en ninguna parte. Y a la par masacran la salud mental de sus descendientes. Dejándoles saber que las cadenas cubanas son perpetuas más allá de la muerte. Que el ojo en la punta de la pirámide de la Plazatl cada vez cuenta con más criminales a sueldo de la utopía. Que vivir por la patria es morir. Que el corazón nos lo comieron los barbudos ya sin barba sobre la piedra sacrificial de la barbarie, quieras o no.

He leído la noticia con lágrimas. De misericordia. Soy un energúmeno. En México me hubieran metido un balazo en el culo y pa´ la pinga el bloguero maricón. Esa es la jerga globalizada que muy pronto vendrá. Y venderá. Que se vengará de los inconformes, de los poquísimos que aún no usen uniformes. De Lichi y de mí y de todos.

Releo esta columna con lágrimas. Para nada de misericordia.