martes, 27 de noviembre de 2012

SWEET NOVEMBER




NOCHES NUEVAS DE NOVIEMBRE
Orlando Luis Pardo Lazo

Todos los noviembres escribo esta misma columna. Sin notarlo, sin fijarme, sin necesidad de parodiarme o plagiarme a mí mismo.

Noviembre asoma y asusta. Los días son breves, el sol amable como nunca en Cuba. El gris comienza a colorear bellamente los tonos chillones y chatos de nuestra realidad. La Isla luce un poquitín más nórdica, menos despótica y más democrática. Cubislandia, Habaneijavick.

Pienso, por supuesto, en la Eslinda Núñez de finales de 1971, el año en que yo nací. Su pelo negro tan negro, casi azul digital antes de la era digital: chorrazos de luz líquida que caen en cascada sobre sus ojos desconsolados en primer plano de la pantalla. Su talle, ínfimo. Su voluptuosidad híperlaxa de ballerina. Sus manos de pájaro abandonado en un parquecito habanero entre la muerte y el amor. Su seriedad al besar, su talante para hacer el amor sin caer en un solo lugar común. Su maravilla, su milagro.

Estoy hablando de una música filmada por Humberto Solás y compuesta por Leo Brouwer: Un día de noviembre, obra que muy pocos en Cuba han visto y menos aún recuerdan (una película traicionada hasta por las entrevistas en que la ninguneó su director). Estoy hablando, también, de todos los sucesivos noviembres que vinieron mientras se dilataba el tiempo anacrónico de la Revolución, hasta llegar, por supuesto, a este del 2012, cuando ya no queda nadie vivo en Cuba, pero el milagro y la maravilla vuelven a retoñar con una voracidad atroz, de vida que reverdece en invierno, aunque sea sólo se trate de una muchacha en escena por medio mes, o por medio año, antes de saltar al jardín vacío del más allá.

Trato y trato, pero yo tampoco consigo evitar vivir a tope en noviembre. Me torno amable, adorable, y veo las cosas con una transparencia total, aterradora. Como la mirada de un mesías, que le toma prestado los prismáticos a un ángel o al propio dios. Y espero no cometer una herejía con esto. La verdad del alma nunca debiera constituir herejía de cara al Ser Superior.

Estamos ya a 27 y para mí es como si fuera principios de mes. Se acerca mi cumpleaños, en diciembre 10. Se acerca el 2013 y tornará muy pronto el verano, acaso desde marzo o abril. Es ahora o ahora. Estoy decidido, quiero ser yo. Quiero devolverle la sonrisa mutilada a la Eslinda Núñez del 2012. Quiero que se atreva a romper las trampas de cualquier época y a caminar de mi mano por las avenidas de esta ciudad con H (letra muda, mortífera). Quiero que la libertad no sea un derecho a reivindicar, sino un estado eterno de ánimo.

Miente del pí al pá el Eclesiastés. O tal vez no, pero casi. No habrá nuevo bajo el sol, es cierto. Pero bajo la luna de noviembre, hasta las ruinas resplandecen de estreno. No hay nada viejo bajo el cielo de esta noche única. Es inútil ahora intentar no amarte. Ni siquiera recuerdo el nombre de mi ciudad y país. ¿Cubislandia, Habaneijavick?

2 comentarios:

Eduardo Laporte dijo...

Me gusta mucho, lo muevo en redes.

Saludos desde Madrid a Habaneijavick

Eduardo

Armienne la Puta dijo...

Me gusta. Cada época del año causa una emoción diferente y el otoño, noviembre, nos lleva a la nostalgia.