NOCHES NUEVAS DE NOVIEMBRE
Orlando Luis Pardo Lazo
Todos los noviembres escribo esta misma columna. Sin
notarlo, sin fijarme, sin necesidad de parodiarme o plagiarme a mí mismo.
Noviembre asoma y asusta. Los días son breves, el sol
amable como nunca en Cuba. El gris comienza a colorear bellamente los tonos
chillones y chatos de nuestra realidad. La Isla luce un poquitín más nórdica,
menos despótica y más democrática. Cubislandia, Habaneijavick.
Pienso, por supuesto, en la Eslinda Núñez de finales
de 1971, el año en que yo nací. Su pelo negro tan negro, casi azul digital
antes de la era digital: chorrazos de luz líquida que caen en cascada sobre sus
ojos desconsolados en primer plano de la pantalla. Su talle, ínfimo. Su
voluptuosidad híperlaxa de ballerina. Sus manos de pájaro abandonado en un
parquecito habanero entre la muerte y el amor. Su seriedad al besar, su talante
para hacer el amor sin caer en un solo lugar común. Su maravilla, su milagro.
Estoy hablando de una música filmada por Humberto
Solás y compuesta por Leo Brouwer: Un día
de noviembre, obra que muy pocos en Cuba han visto y menos aún recuerdan
(una película traicionada hasta por las entrevistas en que la ninguneó su
director). Estoy hablando, también, de todos los sucesivos noviembres que
vinieron mientras se dilataba el tiempo anacrónico de la Revolución, hasta
llegar, por supuesto, a este del 2012, cuando ya no queda nadie vivo en Cuba,
pero el milagro y la maravilla vuelven a retoñar con una voracidad atroz, de
vida que reverdece en invierno, aunque sea sólo se trate de una muchacha en
escena por medio mes, o por medio año, antes de saltar al jardín vacío del más
allá.
Trato y trato, pero yo tampoco consigo evitar vivir a
tope en noviembre. Me torno amable, adorable, y veo las cosas con una
transparencia total, aterradora. Como la mirada de un mesías, que le toma
prestado los prismáticos a un ángel o al propio dios. Y espero no cometer una
herejía con esto. La verdad del alma nunca debiera constituir herejía de cara
al Ser Superior.
Estamos ya a 27 y para mí es como si fuera principios
de mes. Se acerca mi cumpleaños, en diciembre 10. Se acerca el 2013 y tornará
muy pronto el verano, acaso desde marzo o abril. Es ahora o ahora. Estoy
decidido, quiero ser yo. Quiero devolverle la sonrisa mutilada a la Eslinda Núñez
del 2012. Quiero que se atreva a romper las trampas de cualquier época y a
caminar de mi mano por las avenidas de esta ciudad con H (letra muda,
mortífera). Quiero que la libertad no sea un derecho a reivindicar, sino un
estado eterno de ánimo.
Miente del pí al pá el Eclesiastés. O tal vez no, pero
casi. No habrá nuevo bajo el sol, es cierto. Pero bajo la luna de noviembre,
hasta las ruinas resplandecen de estreno. No hay nada viejo bajo el cielo de esta
noche única. Es inútil ahora intentar no amarte. Ni siquiera recuerdo el nombre
de mi ciudad y país. ¿Cubislandia, Habaneijavick?

2 comentarios:
Me gusta mucho, lo muevo en redes.
Saludos desde Madrid a Habaneijavick
Eduardo
Me gusta. Cada época del año causa una emoción diferente y el otoño, noviembre, nos lleva a la nostalgia.
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