sábado, 3 de noviembre de 2012

TEST AND MENTA





TESTAMENTO DEL TESTAFERRO
Orlando Luis Pardo Lazo


De pie, desnudo, los ojos ardiendo por las lágrimas y las noches cubanas sin pegar un puto ojo. O pegándolo, pero de pesadilla en pesadilla, endemoniado en una Habana sin Castro ni Marx.

De pie, decrépito, las falanges huesudas, la barba bárbara. Con un dolor y un vacío de alma de tres pares de cojones. Con la pinga rozando el teclado de mi laptop mercenaria, mercenárida, cadáver exquisito que anuncia en breve mi cadáver total.

Así escribo esto. Así quisiera ser recordado. Así fui mil novecientas cincuenta y nueve veces mucho más libre que tú.

Cuando era un niño de los setenta odiaba mi infancia feliz. Supe siempre más que los adultos que me rodeaban, pobres y apencados pero de un corazón enorme. Creía que al crecer, los años ochenta me sacarían para siempre de casa. Me liberarían de la modorra uniformada de este país y del sol bueno que hacía entonces de mi pobre barrio un paraíso vecinal.

Creía que Cuba no resistiría los cambios de fecha. Que La Habana se llenaría de colores irreconocibles y de gente loca antes del año 2000. Que el futuro era la vida. Me equivoqué.

Murieron todos los vecinos y todos los padres y todos los ministros y hasta el mismísimo premier se pudrió por dentro y por fuera en vida, sin tener la decencia de una despedida o al menos una disculpa. Nos dejaron solos en el zoológico, entre fieras todavía uniformadas pero ahora de un color verde olvido, verde mentira, verde mudo, verde muerte universal de nuestra nación. El futuro fue hoy: fútil, fósil, funerario.

Murió, por supuesto, cualquier intento estúpido de encontrar entre tanta mierda el milagro ínfimo e infinito del amor.

Envejecimos de corazón, el cuerpo atrapado en una infancia de penitencias por ser tan hipócritas, pero no lo suficiente como para encima sonreír.

Claudicamos. No encontramos a nuestro prójimo. No tenemos un solo singao contemporáneo cubano, así en la isla como en su exilio. Estamos extintos. Nuestras manos solo sirven para agitar los dedos en pánico, diciéndole a nuestra propia biografía: No, no, no…

Merecemos una Revolución Absoluta a perpetuidad. Somos esa Revolución Absoluta a perpetuidad. Aleluya, el tiempo humano se ha detenido y vivíamos sin saberlo en un estado de gracia.

Gracias.

Miro mis libros. Son miles y miles. Los voy a rematar con el viejito que vende polillas en la esquina. Salvo dos o doce, aún no estoy seguro. Son libros que provocan inestabilidad, ilusión de movimiento, de deseos en mutación. Son libros traicioneros, como uno de aquellos temas musicalísimos de tres tristes décadas atrás.

Miro la internet censurada para los cubanos de Cuba. Ha sido una imbecilidad ser partícipe de lo prohibido. La única actitud moral era el asco. Asco de tener que piratear lo que me pertenece por derecho propio. Asco de haberlos entretenido a todos, con un teatro de vodevil que insufló esperanzas a los enfermos de un totalitarismo sin fase terminal. No debieron creerme ni una sola sílaba de saliva. Asco de sobremorir con éxito en el desierto, en lugar de concentrarme en la fuente insaciable de mi sed. Asco de haber sido tan traidor y no saber habitar en paz póstuma mi fracaso. Asco de no haberte encontrado antes, amor.

Y todavía tecleo de pie, desnudo, con el estómago haciéndome cric-crac como un insecto psicorrígido. No inventen conmigo. No se proyecten ahora. Nadie se va a morir. Esa es nuestra tara tétrica. Llegar hasta un final sin final.

No moveré un dedo. Viajar es vergonzoso si eres cubano. Ser libre, dentro o fuera, es infame si eres cubano. La creatividad individual es un estigma mientras la realidad se coagula en torno a nosotros. El círculo de asesinatos ya se acerca, escualo sin patria, desde el poder omnímodo de un gobierno desconocido y ubicuo. Nombra a tres ministros si tienes cojones. Dale, nómbralos, y verás que ya no sabes quién son. Son seudónimos, seudópodos. Nombra a tres mil muertos a ver si recuerdas sus facciones falsas. No sabes ni pinga, hermano. Eres un ignorante excepcional. Tu lengua chirria como los insectos de mi barriga vaciada de hambre y de sentido. Y sólo por eso aún te amo, a pesar de mí.

Cuba por fin se ha convertido en la pura acción.

Ocurren cosas, pero ya no acontece nada.

¿Te das cuenta? ¿No te das cuenta?

Adiós.

7 comentarios:

Armienne la Puta dijo...

Quizás pasemos nosotros pero Cuba seguirá allí para los que vengan.
De todas formas, no te deprimas, primito, me gustaría mamarte la polla para alegrarte un poquito.

evelio guzman dijo...

Grande Orlando eres grande.Un abrazo

Camilo dijo...

Insustituible!

Anónimo dijo...

Orlando,

El futuro —quiero decir el futuro de verdad— llega de repente y sin avisar.

EN Europa del Este en un año mágico la historia corría ante nuestros ojos como un vídeo atascado en rebobinar hacia adelante.

Un ejemplo, en Rumanía no había ni Damas de Blanco, de Proyecto Varela, ni Yoani, ni Orlando, ni nada de nada, pero un día glorioso a unos pocos locos se les ocurrió empezar a abuchear al Conducator en la Plaza Mayor mientras daba un discurso desde el balcón del palacio ... y una semana después fusilaron al Conducator.

Orlando, te aseguro que el futuro llegará pronto a Cuba, inesperadamente, sin avisar, como una explosión. Los síntomas están por todos lados, para quién quiera verlos.

Este artículo tuyo es un síntoma de que Cuba está a punto de parir el futuro.

Gabriel

manuel villar dijo...

Mira man o macho o amigo, pero sobretodo cubanazo, me gustó mucho tu comentario. somos dos hombres y dos visiones, en mucho confluyen, yo acá, tu allá y esta rara vida que nos tocó vivir, diferente pero igual, aplastantemente igual...Pero te tengo una noticia: no hay dolor hermano porque estamos asistiendo al nacimiento, aún con distocia, de una nueva era en este mundo enajenado, narcisistas e inmaduro.
Puedo darte un abrazo ?

marinagp dijo...

Que propone el autor?

Anónimo dijo...

Un fuerte y fraterno abrazo.