sábado, 17 de marzo de 2012

VOCES XIV


VOCES XIV, originally uploaded by orlandoluispardolazo.

La revista free-lance cubana VOCES XIV, con un dossier exclusivo sobre
la visita a la Islita de BENEDICTO XVI is about to come out of the
oven...

VOCES 14 ya a punto de ser sacada del hornito hosco donde se cocina el
presente precario cubano, con o sin papitas fritas o fieles...

VOCES es indesalojable de su propia catedral de palabras.

VOCES como E-WWWANGELIO.

viernes, 16 de marzo de 2012

LA CARIDAD ASALTADA ENTRE CURAS Y POLICIAS



Con frecuencia hacían y recibían llamadas usando sus teléfonos celulares

Orlando Luis Pardo Lazo


Finalmente ha ocurrido el milagro. La prosa de guerra de décadas y décadas de totalitarismo mediático emerge ahora en boca de la Iglesia Católica, otrora enemigo irreconciliable de las sociedades sin Dios.


El Comunicado de Orlando Márquez, director de la revista Palabra Nueva de la Arquidiócesis de La Habana, pedido por el órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, es el suicidio de una ilusión.


Sin llegar a primera plana, pero con la venia del Cardenal Jaime Ortega y el imprimátur del General Raúl Castro Ruz, acaba de quedar obsoleto (incluso estando aún en ciernes) el capítulo cubano de la "reconciliación".


Autor de mil y una columnas democratiformes, Orlando Márquez, no sin hidalguía humillante, ha pagado el precio de informarnos que ya no habrá tal. Al menos no entre los hombres y mujeres vivos ahora. Resquemor antes que reconciliación: en esto, también, fueron sabios nuestros señores de la guerra como fuente verde-oliva de gobernabilidad.


Da pena (y pánico) este excentricismo eclesiástico ante una cuestión doméstica de derechos humanos, en una nación que cojea al respecto desde el mismo texto constitucional. Maravillan (y mutilan) las amenazas de una intervención policiaca que arrasaría con la "libertad religiosa" de los cubanos (caerán justos por pecadores: es el dogma ejemplarizante del Estado revolucionario). Da risa (y rabia) la paranoia pacata de verse víctimas de un complot anti-papal. Es miserable (y mediocre) este matrimonio de una institución del espíritu en el altar más materialista —¿militarista?— del mundo.


Cuba es un cadalso muy conveniente. Control es catolicidad. Pero Orlando Márquez legitima y, sin saberlo, lapida a su Iglesia. Con esta cópula de fidelidades, comienza a decaer el protagonismo que en los últimos años la jerarquía católica se robó. Las primeras palabras a título de Dios en nuestra prensa oficial son ya una capitulación, más artera que atea. Se le ven las costuras cómplices dictatextuales. La religión luce reducida a terapia de grupo para cubrir "necesidades espirituales y aún materiales". El templo, como la calle toda, parece no pertenecer a nadie, por ese pecado patrio de no ser suficientemente píos (aunque las intervenciones de la Seguridad del Estado sí sean hermenéuticamente justificadas como performance político o daño colateral).


Aplaudiendo somos apabullantemente un pueblo. Pero al primer gesto personal, desaparecemos. O nos desaparecen. Y entonces ya no somos más que extraños en tierra de otros. Peor aún, somos ese Otro conocido e irreconocible: parias imperdonables bajo la aplastante demagogia del poder (que siempre es Uno y no admite el Afuera).


De ahí tal vez la barbarie de ese ballet de anuncio-represión entre católicos y comunistas. De ahí también el asco incriminador que en simbiosis lanza a Granma y Palabra Nueva contra unos ocupantes capaces de "con frecuencia hacer y recibir llamadas usando sus teléfonos celulares". En algún bit inverosímil de esa señal de futuro podría estarse incubando hoy la herejía humanista de nuestra libertad.


Del post-comunismo al post-catolicismo sólo hay un sms de diferencia.


miércoles, 14 de marzo de 2012

martes, 13 de marzo de 2012

SOLIDARIDAD CON ALDO EL ALDEANO ARRESTADO DESDE AYER EN CUBA

Ver más información en
www.twitter.com/OLPL

AS I LIE DYING


As I lay dying

Orlando Luis Pardo Lazo


"No mires", me tapaba la vista mi padre. Esa era invariablemente su reacción. Así le hacía al niño Orlando Luis cada vez que la muerte nos chamuscaba.

Recuerdo varios accidentes terribles. Manolito, negro, flaco, con pésima dicción y un corazón nobilísimo, con apenas diez años jugando pelota en la esquina de Beales y Fonts. Fue una tarde horrenda de los ochenta, la sangre durante horas y horas no se borraba de allí, a ras de contén, casi entre las arecas de mi parterre.

Otra vez en guagua, frente al parque de Dolores, hombres de la empresa telefónica saliendo de una alcantarilla y un carro que fue por ellos tras dar un corte sabe dios por qué causa.

Un muchachita cruzando la Vía Blanca, más o menos a la altura de Bacuranao. El carro la arrastró varios metros. Pude oler el caucho de los frenazos. Se la llevaron, inmóvil. Yo no podía creerlo, todavía no puedo creer que haya muerto así como así, con total naturalidad, ante mis ojos tapados y aquella frase fúnebre de mi papá: No mires...

¿Por qué él no quería que yo mirara? ¿Qué recuerdo quería evitarme mi papá? ¿Posponerme acaso la noción de la muerte? Fue un inútil intento. Cada día la muerte nos ronda con mayor promiscuidad. Mirarás la muerte con indiferencia..., recuerdo un tema antológico de Polito Ibáñez.

En estas semanas vi a alguien caer de cabeza bajo la goma delantera de un metrobús P7, en plena tardenoche aburrida de domingo. Más recientemente, también vi un tenis tirado en calle 23, a la altura del puente sobre el río Almendares. El resto del cuerpo yacía bajo un nylon negro de la policía. Luces de sirenas azules, frías y mudas. Era tarde. ¿Habrían encontrado a quién avisar? A mí ya no hay nadie que me tape la vista, sea por pánico o por piedad.

Paradójicamente, esas muertes inesperadas nos ponen en guardia, nos despiertan, nos hacen desconfiar del consenso y hasta de nuestros sentidos, reactivan el metabolismo de aprovechar cada gota de tiempo y no cometer errores por gusto (ese síntoma de la apatía), nos restaura cierto sentido bello y efímero de humanidad. Es ahora. Es aquí. Estamos vivos y vamos a defender ese privilegio en nombre de los que no supieron.

Así mismo, debiéramos exigir exprimir al máximo nuestras existencias ex-intelectuales. No podemos arrastrar más esa sensación de humillación mental, esa abulia que abate a Cuba. Sería terrible morir sin saberlo en semejante estado de miseria y mezquindad. O, peor, morir sabiéndolo y sin la voluntad para mover la punta de un dedo.

Lo repito, compañeros. Literalmente, compañeros: acompañantes de ruta. Es ahora. Es aquí. Estamos vivos y hay que defender este lujo entrópico que parece violar todas las leyes termodinámicas: la vida.

"Mira", debió haberme dicho mi padre. "Mira desde temprano, Landy, lo que nos puede pasar". "Evítalo, sé mejor que la barbarie del caos". "Resiste, sobrevive". "Mira lo que es un cuerpo convertido en cadáver". Incluso sin ocurrir accidente, digo ahora yo: Mira lo que es un cadáver que todavía no lo sabe y continúa cancaneando como un cuerpo cubano.

Mira.

Miren.