EL OLOR DE LA MUERTE
Orlando Luis Pardo Lazo
Como parte del holocausto cubano inisecular, los deshabitantes
de esta ciudad seguimos botando vida para la calle, abandonando seres recién
nacidos en una esquina de la capital, separando hijos de madres con una
violencia gratuita, por pura maldad o acaso por venganza contra medio siglo de
un Estado absoluto que a su vez nos violó.
Estoy hablando, por supuesto y por milnovecientocincuentinovena
vez, de los gatitos recién nacidos que ponemos a morir de hambre en La Habana. Esa
es nuestra venganza contra la Revolución. El exilio o la muerte. Al final, a la
mayoría de esas criaturitas maullantes las mato yo, que los recojo sin
excepción y trato de darles leche diluida de la buena, curarles los ojos
infectos, darles un tin de calor o al menos una mirada cálida, y lavarles el
pipi para que orinen y hagan caca (a imitación de la lengua de su mamá).
Claro, que este caso la muerte en Cuba no es casual. Es
la muerte del Máximo Líder la que de alguna manera exorcizamos al matar a miles
de criaturitas inocentes (sin contar, los cientos de asesinatos que alegremente
nos propinamos en cada concierto o asalto). Cuba como necrocomio.
Esta vez es verdad. Los comentarios oficialistas ya no
alcanzan, ni ningún desmentido ni foto oficial de Fidel vivo podrá
contrarrestar la avalancha. Se reparan mausoleos y se remueve el personal militar.
La gente de a pie ni se entera (yo no soy un cubano de a pie, yo soy un cubano
de a pinga).
Los píxeles del comandante culminaron de la mejor manera
posible, recibiendo en marzo pasado la bendición apóstata del Papa Benedicto
XVI, que vino a la Isla a encarcelar durante días (y semanas, y meses) a
incontables cubanos, incluido yo, y a rubricar junto con Jaime Ortega la muerte
siempre prometida y siempre pospuesta de Oswaldo Payá.
Los sintagmas del ex-presidente, sin embargo, corrieron mejor
suerte que su biología. Continuó escribiendo hasta mediados del 2012, y del realismo
demagógico ad usum pasó a un
surrealismo gramático de excepción, con cortocircuitos de sentido dignos del
autor de vanguardia que nunca fue.
Ahora termina un ciclo cósmico y con él la Era
Castrozoica de nuestro pequeño y perverso país. Matamos animalitos a mansalva. A
la par que preparamos la Gran Recogida de una Transición de Tramoya. Tanteamos la
misericordia del pueblo y los especialistas de la Contrainteligencia comprueban
que el nivel de piedad está en cero. Menos que cero. Del Velorio en Jefe
podremos pasar sin contratiempos al Holocausto de la Oposición. El ALBA de
nuestra nueva patria plurinacional no merece nacer con manchas en su ciudadanía
incivil.
Termino de ver morir a los dos últimos gaticos que he
recogido de una zona de embajadas. Dos hembritas. Negras. Preciosas.
Depauperadas. Son ojitos por fin abiertos, toda vez contenido el pus pétreo de
la infección. Las panzas infladas por el escaso movimiento intestinal.
Temblando de hipotermia a pesar de bombillos y trapos. En una gaveta donde
atesoro papeles inéditos de mi obra que nunca será, así como donaciones cariñosas
de la contrarrevolución.
No les dará tiempo para sobrevivir. No nos lo darán.