viernes, 12 de octubre de 2012

DEATH TOLL




EL OLOR DE LA MUERTE
Orlando Luis Pardo Lazo

Como parte del holocausto cubano inisecular, los deshabitantes de esta ciudad seguimos botando vida para la calle, abandonando seres recién nacidos en una esquina de la capital, separando hijos de madres con una violencia gratuita, por pura maldad o acaso por venganza contra medio siglo de un Estado absoluto que a su vez nos violó.

Estoy hablando, por supuesto y por milnovecientocincuentinovena vez, de los gatitos recién nacidos que ponemos a morir de hambre en La Habana. Esa es nuestra venganza contra la Revolución. El exilio o la muerte. Al final, a la mayoría de esas criaturitas maullantes las mato yo, que los recojo sin excepción y trato de darles leche diluida de la buena, curarles los ojos infectos, darles un tin de calor o al menos una mirada cálida, y lavarles el pipi para que orinen y hagan caca (a imitación de la lengua de su mamá).

Claro, que este caso la muerte en Cuba no es casual. Es la muerte del Máximo Líder la que de alguna manera exorcizamos al matar a miles de criaturitas inocentes (sin contar, los cientos de asesinatos que alegremente nos propinamos en cada concierto o asalto). Cuba como necrocomio.

Esta vez es verdad. Los comentarios oficialistas ya no alcanzan, ni ningún desmentido ni foto oficial de Fidel vivo podrá contrarrestar la avalancha. Se reparan mausoleos y se remueve el personal militar. La gente de a pie ni se entera (yo no soy un cubano de a pie, yo soy un cubano de a pinga).

Los píxeles del comandante culminaron de la mejor manera posible, recibiendo en marzo pasado la bendición apóstata del Papa Benedicto XVI, que vino a la Isla a encarcelar durante días (y semanas, y meses) a incontables cubanos, incluido yo, y a rubricar junto con Jaime Ortega la muerte siempre prometida y siempre pospuesta de Oswaldo Payá.

Los sintagmas del ex-presidente, sin embargo, corrieron mejor suerte que su biología. Continuó escribiendo hasta mediados del 2012, y del realismo demagógico ad usum pasó a un surrealismo gramático de excepción, con cortocircuitos de sentido dignos del autor de vanguardia que nunca fue.

Ahora termina un ciclo cósmico y con él la Era Castrozoica de nuestro pequeño y perverso país. Matamos animalitos a mansalva. A la par que preparamos la Gran Recogida de una Transición de Tramoya. Tanteamos la misericordia del pueblo y los especialistas de la Contrainteligencia comprueban que el nivel de piedad está en cero. Menos que cero. Del Velorio en Jefe podremos pasar sin contratiempos al Holocausto de la Oposición. El ALBA de nuestra nueva patria plurinacional no merece nacer con manchas en su ciudadanía incivil.

Termino de ver morir a los dos últimos gaticos que he recogido de una zona de embajadas. Dos hembritas. Negras. Preciosas. Depauperadas. Son ojitos por fin abiertos, toda vez contenido el pus pétreo de la infección. Las panzas infladas por el escaso movimiento intestinal. Temblando de hipotermia a pesar de bombillos y trapos. En una gaveta donde atesoro papeles inéditos de mi obra que nunca será, así como donaciones cariñosas de la contrarrevolución.

No les dará tiempo para sobrevivir. No nos lo darán.