domingo, 17 de febrero de 2013

DEL CASTRISMO Y OTROS DEMONIOS


EL CASTRISMO NO EXISTE, MI AMOR
Orlando Luis Pardo Lazo

Existe el odio en tu corazón. Esa es la verdadera historia de Cuba. Una historia de desconfianza instigada desde el poder. De violencia lingüística que se traduce en violencia sobre los cuerpos. Una historia de aridez extrema, de insolidaridad como garantía única del socialismo. Un proceso de descubanización en clave de nacionalismo atrofiado, como primera fase de una deshumanización que nos hace luchar hasta la muerte no por liberarnos sino por ser más esclavos.

Existe la comodidad de sobrevivir. La indolencia de mirar hacia cualquier otra parte. De no ser culpables. La cobardía de asumirnos víctimas incapaces de protagonizar. La hipocresía de confiar abstractamente en Dios, pero nunca en la Verdad y Vida concretas que supuestamente Él nos dio.

Existe la fealdad cubana. Eso. En un teatro totalitario todo es feo hasta la ridiculez. Imposible sentir misericordia en medio de semejante paisaje. Empezando por la gente, ese grosería estadística de tabúes tétricos bajo el manto materialista de una humillante falta de imaginación.

Existe la nada a cuentagotas. El devenir decrépitos sin un solo sentido que nos sustente. El miedo que nos hace primero mediocres y después mezquinos, virtuosos del vértigo (presente que huye de su futuro sin tampoco atreverse a mirar atrás), incapaces de la menor salvación. Y existe, por supuesto, la muerte que habitamos mientras esperamos el Día F que será sin embargo el día de nuestro propio funeral.

El castrismo no existe, mi amor.

Existe sólo nuestro indecente desamor en tanto personas, pueblo, país póstumo o pésima patria que por suerte ya se perdió.