miércoles, 12 de junio de 2013

LANDY Y LA LOCURA




Se me acercan los locos.

En Cuba era igual. Los Estados Unidos no tenían por qué ser la excepción.

Locos. Lindos. Mansos. Al margen de las grandes verdades que son las causas suficientes de las grandes masacres.

La cubanía, por ejemplo.

No hay genocidio más perfecto que la cubanía.

Comenzó con torturas en una escalera, y un poema malo y peor falsificado dos cientos años después. Espejos de picuencias.

¿Recuerdan la bofetada que le propinó Antonio Maceo a José Martí? No fue un piñazo, está escrito en las páginas secuestradas del Diario de Campaña de la víctima. Fue una bofetada, que es como en Cuba se le pega a las mujeres cuando se portan mal o, como en este caso, cuando no se callan y se creen en posesión de todos los argumentos.

Martí como maricón entre la machería mulata de manigua.

Maceo, con miles de muertes en su haber, en otro diario de guerra mató a una negra chivata que vendía dulces en el campamento mambí. Como no se ahorcaba porque estaba raquítica, el tirano de bronce se descolgó de su cuerpo guindado para acabarla de desnucar.

Yo amo la historia de mi país.

Mi patria linda y bonita.

Los camiones subían armas a la Sierra Maestra y bajaban café. Había que pagarle 500 pesos a los casquitos criminales que no mataban ni a una mosca (los que mataban no estaban allí, sino esperando alguna delación desde la propia Sierra Maestra para decapitar a los líderes del clandestinaje urbano).

La cosa empezó temprano, no se crean.

El tren blindado costó su dinerito, pero dio la cuenta.

Martí también parece que contrató a este o aquel anarquista para algunos asesinaticos selectivos ahí, en la mismísima metrópoli, que a la postre fueron los que ganaron la guerra contra España (la más sanguinaria que un newyorkino como él pudiera imaginar).

Nada de esto es mío, lo advierto para los lectores democratiformes que me leen con culpa, intentando excomulgarme de su pastel pacato de patria (yo de todas formas no deseo masticar esa piltrafa).

Todo es apócrifo y reniego de responsabilidad en tanto vocero. Son sólo locos. Loquitos lindos que se me acercan y me cuentan sus cosas a mí.

Así en Cuba como en los Estados Unidos.

Todavía no entiendo bien por qué.

Tal vez me lo ven en mis ojos.

Ven que mis ojos son los únicos ojos en el mundo que no se van a olvidar de su horror histórico.

Tienen razón.


Nunca.

Los amo tanto que no podría sobrevivir si un día cuerdo dejaran de acercarse a mí.

Ven ahora tú.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

No se trata de "olvidar el horror historico", se trata de: que las ruinas pueden ser el camino hacia la transformacion. AT

Ana Blanco dijo...

saber ver, saber decir, que locura!

Ancapi dijo...

Carajo, Orlando. ¡Qué buen texto!