viernes, 15 de noviembre de 2013

La verdad en la mirada



LUIS LEONEL LEÓN: Los ojos negros de Rosa María Payá
http://www.elnuevoherald.com/2013/11/14/v-fullstory/1614729/luis-leonel-leon-los-ojos-negros.html



La revista People en Español la seleccionó entre las 25 mujeres latinas más poderosas. En una lista donde confluyen Jennifer López, Sofía Vergara, Kate del Castillo, Lupita Jones, Paulina Rubio, la Doctora Polo y otras celebridades sobre todo del entretenimiento y la farándula: salta a la vista esta joven que no diseña joyas, no es empresaria ni protagoniza realities, ni grita o llora en las telenovelas. Por el contrario: contiene lágrimas inmensas que adoraría secuestrarle la televisión. No pocos lo han intentado, desde Bayly a María Elvira, pero sus ojos negros se quedan fijos, temblando por dentro. Solo lloran en la soledad. Y ese quizás sea su mayor poder.

Paradoja del destino, su imagen se hizo popular por un terrible suceso que marcó su vida y su mirada, quizás para siempre: el 22 de julio del pasado su padre, Oswaldo Payá Sardiñas, líder del Movimiento Cristiano de Liberación, y su colaborador Harold Cepero, perdieron la vida en una solitaria carretera rural.

Las autoridades cubanas dicen que fue un “accidente de tránsito”, donde estos dos cubanos murieron y se salvaron los dos extranjeros que los acompañaban: el político sueco Jens Aron Modig (que dormía en el momento del impacto y luego vivió 8 días de kafkiana reclusión en La Habana) y el español Angel Carromero (que en Cuba se autocondenó por homicidio involuntario y en su país exige una investigación internacional sobre lo que considera un crimen de Estado). Los dos extranjeros fueron aislados y coaccionados por la Seguridad del Estado. Hay testigos que vieron entrar a estas 4 personas vivas al hospital, pero las únicas “investigaciones” permitidas son las de la misma dictadura que en más de una ocasión amenazó de muerte a Payá, y cuya versión valida el gobierno español. Rosa María, como muchos otros, estamos convencidos que fue una sombría operación que aún espera, como tantos otros maquinados horrores, por la respuesta que jamás admitirá el gobierno de los Castro.

Para muchos, Payá era la figura más internacional y prominente de la disidencia en la isla. Fundador del Proyecto Varela, es hasta hoy el único hombre que ha conseguido reunir miles de firmas de cubanos (con nombres y números de identidad) solicitando un plebiscito a la dictadura. Nunca en 54 años nadie llegó tan lejos en un enfrentamiento pacífico al totalitarismo, a tal punto que obligó a la autocracia isleña a cambiar su Constitución, para contener el propósito de las firmas ya no solo con manipulaciones y terror de Estado, sino también con cadenas legisladas para obligar al pueblo a votar por la ironía de un partido único, hiriendo las elecciones libres que aún reclaman Payá y sus seguidores, arriesgándose a todo, incluso a la muerte. No en balde ganó el premio Andrei Sajarov a los Derechos Humanos del Parlamento Europeo en 2002 y fue candidato oficial al Nobel de la Paz en varias ocasiones. La versión oficialista se desmorona ante la oscuridad de los hechos y los antecedentes, mientras una respuesta flota en el viento: lo eliminaron porque no iba a pactar con las falsas reformas que el Estado Cubano vende al mundo y a sus propios ciudadanos, cimentando el poderío de sus nuevos dirigentes con chequeras consumistas engordadas en nombre de ese melodrama hipócrita que llaman socialismo.

A pesar de violar cotidianamente las más elementales libertades, Cuba ha logrado entrar una vez más al Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Rosa María Payá no ha dejado de proyectarse ante este y otros foros internacionales a denunciar la realidad, solicitar apoyo para impulsar la democracia y pedir una seria investigación que devele la verdadera razón de la muerte de su padre y su amigo Harold. También amenazada de muerte por agentes del régimen, desde hace meses reside en Florida con su madre. Como buena hija y tenaz discípula, continúa peleando por la realización de un plebiscito que siente las bases para una auténtica democracia en Cuba. Oponiéndose a la gran estafa del llamado “cambio cosmético” que hará legalmente ricos a los dirigentes del Partido Comunista (o cualquier ramificación que se inventen) y más pobres a los de a pie que se asfixian cada día, y que por suerte poco a poco pierden el miedo a protestar en las calles. Para muchos es una quimera. Para ella es su anhelo. Su fe. Otra herencia de su padre.

Gracias a People la imagen de esta cubana de 24 años (la más joven de la lista) se repite en noticieros y carteles, diarios y redes sociales junto a otras latinas mediáticas, poderosas (millonarias incluso), talentosas y hermosas. Así su mensaje, para millones aún desconocido, podrá servirse de canales mucho más populosos para seguir intentando romper la venda con que han tapado los ojos de un pueblo por más de medio siglo. Y también de una parte del mundo.

Ni triste ni alegre, es Rosa María la que nos observa desde esta instantánea de Orlando Luis Pardo Lazo, en la barriada de Lawton a pocos meses de la muerte de su padre. Llama la atención el corroído fondo donde asoma, entre la realidad y la metáfora, el muro de Cuba. Y sus ojos negros, profundos y sinceros, a través de los que podemos ver el horror y la esperanza, la persistencia y la ternura, y que premian con otro matiz esta especie de almanaque de mujeres exitosas. Extravagancias del destino. Desde allí, sobreponiéndose otra vez a la invasión de titulares y flashes de pasarela, siguen mirando fijos, contenidos, a la isla secuestrada.

1 comentario:

Anónimo dijo...

La Rosa escala montanas de dolor.

En la cima, sus ojos luz alumbran
el horizonte.

Antidoto del vertigo.

ATmariposa