lunes, 30 de diciembre de 2013

EN LA MUERTE MALA DE UN HOMBRE BUENO



LÁGRIMAS PLÁSTICAS
Orlando Luis Pardo Lazo

En la cárcel de Boniato, en Santiago de Cuba, un impedido físico, un preso común (para mí ningún preso es común), Norge Cervantes, un ciego, le dijo como despedida a Antonio Villareal, uno de los 75 prisioneros de la Primavera Negra con que Fidel Castro reaccionó al Proyecto Varela: “las lágrimas que corren por mis mejillas son del corazón, porque tengo los ojos de plástico”.

Antonio Villareal apareció muerto en Miami el sábado 28 de diciembre pasado. Día de los Inocentes, que en paz descanse este niñón noble de sesentitantos años, que fue torturado hasta la saciedad en Cuba. Hasta perder por etapas la voluntad sobre sus reflejos más elementales, como el de controlar su micción. Y sus lágrimas. Habló con muchos llorando dentro y fuera de Cuba, por teléfono o en cámara, pero nunca sus verdugos de verde olivo lo lograron quebrar. Por eso mismo se ensañaron.

Nosotros no, por supuesto, a nosotros no nos pasará nada parecido. Nosotros estamos sanos y en control. Nosotros triunfamos, como triunfó ya Miami y muy pronto triunfará La Habana. Miami, una ciudad largamente modelada desde La Habana para cumplir el rol histórico que a partir del 2014 se precipitará: salvar a la Revolución castrista, gestionar un futuro empresarial para su militariado mafioso de cuello y corbata. Putinismo a pulso.

No hay nada que el gobierno cubano haga que no esté signado por la muerte (de ahí mana su verdadero poder a perpetuidad). La liberación de los 75, por ejemplo, ya arrastra con varias muertes, incluida la de Laura Pollán, que aún estaría entre nosotros de no haber ocurrido esas “liberaciones”, pues ella por sí sola se sabía defender mucho mejor del complot asesino que le quitó la vida por la espalda y la cremó para no dejar evidencias.

El Cardenal Jaime Ortega es artífice de todas estas deportaciones forzosas y cómplice de la ristra de crímenes a los que él en persona les va dando el consumatum est. Los Castros ponen sólo la mano de obra.

Se especula que fue un suicidio y enseguida la prensa lo perdona porque Antonio Villareal tenía “problemas mentales” o “estaba enfermo de los nervios”. Suicidarse no es un síntoma de enfermedad mental, sino de fortaleza espiritual: es un bofetón a la arrogancia de Dios o el sinsentido de la Nada. Si se mató, es porque así se lo merecía Miami. Pero, en cualquier caso, no existe la menor evidencia de que haya sido un suicidio. Atentado o enfermedad, lo que sí es un hecho es que los cubanos lo habíamos abandonado, incluso desde La Habana.

Los cubanos somos todos como ese prisionero ciego, pero al revés. Nuestras lágrimas sí son de plástico, como los ojos con que miramos sin ver.


7 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por escribir estas lineas geniales…me han dejado sin habla, llorando…no sé con qué tipo de lágrimas…de plástico seguro que NO

Anónimo dijo...

En ese abandono está la génesis de muchos de nuestros fracasos.


Teresa Cruz
Exilio New Jersey

Maria Ingelmo dijo...

Gracias por el video y por ser un luchador incansable difundiendo verdades.

Anónimo dijo...

Si, muy triste pero cierto, coincido con todo lo que escribes y me planteo si tendra que ser un milagro lo que nos salve. Pero y si yo no creo en milagros.....? Entonces que se hace? Como se vive? Gracias por tu artículo, excelente como siempre.
SC

anaolema dijo...

Ay Orlando, Ay¡

Diana dijo...

Gracias por incluir la entrevista, aunque fue duro terminar de
verla.

Anónimo dijo...

Bello escrito, Orlando Luis!