lunes, 25 de marzo de 2013

DIME QUE NO TE AMO




TELL ME IT´S NOT TRUE
Orlando Luis Pardo Lazo

Espera la primavera, Bandini.

Los gorriones son universales, pájaros fuertes como aviones de guerra. Las ardillas son gatos, desconfiadas y mansas, orates y pendencieras. La nieve es sensual y tibia (mmm, lo siento, esto es algo que ningún cubano en ningún otro siglo notó). El sol es azul, traslúcido, traicionero: la temperatura sigue pegada a los cero grados Celsius, una unidad que en USA es desconocida. Así como Google Maps ha creado a la ciudad de New York, así la web de Weather anuncia que seguirá nevando este lunes más allá del equinoccio. Por primera vez en el mundo, es una primavera pospuesta.

Wait for the Spring, Pardini...

Los subways son el churre de la libertad. Son precisos y es imposible perderse si uno se fija en la sobre-rotulación de flechas y mapas. Tocan guitarras, pianos, saxos, por propinas de poca monta. Acaso hasta en la misericordia se apuesta aquí por la rentabilidad de la repetición, como en el arte pop, tan endémico. Cuando hay olor a homeless, todos huyen de su vagón. Yo también huyo, yo también huelo a no tener nunca más una casa donde esconderme de Cuba y atisbar los espasmos de New York.

Resulta que la gente es noble. Lucen lindas. Hay luz de futuro. Me sonríen los desconocidos. Conozco cubanos al por mayor, son mis nuevos vecinos. Las camareras son un género en sí, parecen todas intelectuales haciendo un part-time en lo que terminan su gran trilogía de Nueva York (porque es obvio que con una novela no basta).

Los puentes suben y bajan con la marea. He visto palomas sobre el tráfico de Times Square (como los gorriones, también son pájaros formidables, de traje y corbata civil). En los iPhones hay aplicaciones para posicionar bien las estrellas, haciendo virtualmente innecesario mirar al cielo. El cielo es una alucinación, mejor comprarnos una hamburguesa insípida (la comida en USA no me sabe a nada). Camino bosques y parques con pistas de patinajes. Me encantaría partirme un pie (en teatro trae muy buena suerte decirlo, y, además, así no me tendría que ir tan rápido, pues mis huesos se sellarían con la newcionalidad americana).

La bibliotecas públicas son un polo magnético, claustros que sacaron de la anomia a los borrachos geniales de la literatura norteamericana. Ya van quedando poquitísimos libros de uso en venta. Así va escurriéndose el tiempo exterior del alma de mi nación. Estoy a punto, pero todavía no me ofrezco en una vitrina para ser contratado.

New York, madrastra mágica y mala, dime que no es verdad. Dime que no me estoy enamorando de ti.