sábado, 30 de noviembre de 2013

NADAVIDADES

http://www.penultimosdias.com/2008/12/22/nadavidades/



De Julián del Casal (1863-1893) conservo sólo su inviernofilia.

Esas crónicas semanales donde se añora un invierno que dure meses en Cuba, para así disfrutar del silencio de unas calles ya apenas habaneras después del crepúsculo:

[…] ¡y que la nieve principiara a caer, colocando sus arandelas alrededor de los troncos de los árboles, poniendo sus caperuzas sobre las montañas eternamente verdes, y empezando a extender los pliegues del sudario en que todos nos hemos de abrigar!

Narrativamente, desde 1998 las Navidades cubanas se me han ido haciendo cada año menos rentables y más inverosímiles. Algo sutil se ha perdido en el aura vieja de la noche de 24 para 25. Algo sacro flotaba antes en el espíritu de resistencia contra su prohibición por edicto. Algo triste que se ha hecho ahora demasiado tangible.

Mientras Cuba más se mimetiza con el resto del mundo, cuando "demagogia" y "democracia" parecen parónimos o padecen de parodia, mientras la gente más se entusiasma con el día después o se suicida el día antes, yo intuyo que nuestro futuro está condenado a repetir represivamente siempre la misma vacua representación.

Habitamos una Habana deshabitada hasta por aquellas películas lánguidas, al estilo de "Los paraguas de Cherburgo", que la Cinemateca programaba puntualmente cada fin de año.

En el 2002, diciembre me sorprendió en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (Jalisco, México). Desde los primeros días del mes, la ciudad se llenó de flores rojas que yo no sabía nombrar y que ridículamente confundí con toda la parafernalia de adornos artificiales.

Un funcionario cubanófilo me preguntó de buena fe cómo era en Cuba el decorado de Merry Christmas, Revolución (el buen hombre me recordaba al John Lennon de una balada de navidad). Por entonces desgraciadamente yo aún no conocía esa útil figura retórica que se llama “diálogo diplomático”, así que le solté un desplante por el que después vía e-mail hasta le pedí perdón: "Nosotros colgamos banderas cubanas y caritas de Fidel en los arbolitos de Navidad".

En efecto, desde hace un par de años las he vuelto a ver, sobre todo en las tiendas en divisas de Ciudad de La Habana. Simulan ser estampas navideñas del Compañero Fidel. La barba cana como última reminiscencia de Papá Noel. El uniforme verde daltónico de Santa Claus. Y, al fondo, una marea humana de renos desfilando ante la Plaza de la Revolución.

Ese fin de año de 2002 una poeta valiente y callada de Matanzas me escribió, con los rescoldos o los resabios de nuestro amor, un poema como aguinaldo, cuya lectura siempre me deja cierto sabor a pesadilla post-Padilla:

[…] Cercenaron nuestra infancia en consignas vacías,
historias de mar, cárceles inútiles.
Nos arrancaron las manos de construir castillos de arena,
las piernas de correr delante de la muerte,
la voz de cantar salmos, los ojos de mirar a las estrellas.

Nos volvieron austeros, siniestros.
Han querido borrarnos el alma pero nos queda el llanto y la rabia
y la memoria como escudo ante tanta mentira.
Hoy todo es vacío y una densa paz ciñe la noche […].

Mi amiga poeta y yo cumplíamos ese diciembre 31 años. También 31 tenía Joseph Brodsky cuando escribió su poema “24 de diciembre de 1971″ (justo el año en que nacimos mi amiga poeta y yo):

[…] Vacío. Pero ante la idea del vacío ves
de pronto como una luz de ninguna parte.
Si el Monstruo supiera que mientras más fuerte es,
más creíble e inevitable es el milagro […].

Mientras tanto, la prensa plana cubana nos devuelve efemérides fúnebres de la patria. Es obvio que el Estado nunca desea la desmemoria total: antes bien, según Ricardo Piglia, se trata de un pugilato entre ficción de autor versus ficción estatal. De (mala) suerte que otra vez leemos reciclados los titulares y testimonios de las Pascuas Sangrientas, asesinatos cometidos hace medio siglo por Fulgencio Batista (anti-héroe al estilo de un Herodes local) sólo para aderezar la sangre amniótica de una revolución.

Sea solsticio o sean saturnales, disfruten de la venia papal o de una prohibición puritana, entre pesebres y despotismos, a ritmo de villancicos o de reguetón, igual las navidades en Cuba me remiten a otras crónicas finiseculares donde añoramos un invierno que dure milenios, para así disfrutar del silencio de unas calles apenas crepusculares ya después de La Habana:

[…] ¿qué mejor mortaja que la nieve puede ambicionarse en un pueblo que bosteza de hambre o agoniza de consunción?

ALASKA AND MY DAD



ALASKA
Orlando Luis Pardo Lazo


“Would you like to live in Alaska?”,
my father used to say.
“If you never go to Alaska, son,
death will surprise you incomplete”.

Mysterious words
pronounced in the late 70´s of an island
under the shrieking socialist sun of
La Habana.

Words not in English
nor in Spanish, of course,
but in a Cuban jargon with no references:
a dead tongue that in my childhood
sounded
as a curse.

I was 9 or 10
or maybe no age at all
and I looked as frightened as today.
But I had my father
which was also my grandpa
although he talked of death
and
Alaska
and
other incomprehensible
fates.

He was 52
when I was born
in the early 70´s of an island
under the socialist sunny shrieks of
La Habana.

Besides the transparency
of his Sicilian eyes,
I inherited two private homelands
from dad:
chess
and
English,
two labyrinths hard to distinguish
in the magic of his bookshelf.

We lived in Lawton
a delicate neighborhood
in the outskirts of La
Habana
now turned into a suburban wasteland
in the outskirts of La
Revolución.

My father so humble
so lucid
so loser
so tamed under the spell
of the official speech,
swallowing permitted pills
to overcome his nightmares of
Alaska
and
death.

My father so much my
grandfather.

He retired when I was still a kid.
Here and there he insisted
with his northern case
(technically, an escape)
calling me sometimes
“son”
and sometimes
“grandson”.

He hated life under Fidel
for sure
but this was something nobody around him
ever
guessed.

My father so shrewd.

He thought he would survive the
Commander in Chief.
But August is the cruelest month.
And on the 74th birthday of the
Maximum Leader
my father was generous enough
as to pass away
thus losing forever his bet
with his former Jesuit classmate:
Fidel.

It was a sudden Sunday and grandpa
had just turned 81.

An amateur autopsy
told us later he had cancer,
a merciful metastasis
that put him to sleep with no nightmares
and
no pain.

Never been to a doctor.
Never suspected a thing.
Just a couple of coffee-like throw-ups
and the transparency of his Sicilian eyes
became so opaque.
Maybe he did win his bet
with the decaying corpse of
Fidel.

“Forget about life in Alaska, son”,
were almost his last words:
“there´s not such a place on Earth”.

His name was Dionisio Manuel Pardo Fernández
(almost a 19th century name).

Since then,
it has taken me 13 years to understand
I wouldn´t need to pronounce more
his long and musical name.
No need to take him out of his sacred chamber
where decades and decades of American magazines
were frozen after the splendor of the 50´s
in his bookself.
His reading resistance resembled
the dearest delusions of a Don Quixote in La Habana of
Fidel.

I´m sorry, grandpa.
A deal is a deal, dad.

Not only there was indeed such a place on Earth called
death
or
Alaska
but I am here now
to challenge you to display
the chessboard
over those archaic English dictionaries
bought in the 80´s for a couple of Cuban pesos in
La Habana.

1. Pawn King-Four.

I know how you will defend.
Once Sicilian, always Sicilian.
The terminal transparency of your eyes
makes obvious that black square
now emptied for the ages.

1.      (…)     Pawn Queen-Bishop-Four.

FAREWELL CUBALASKA, WELCOME MANHATTABANA


Llego a la casita de Queens después de una semana en Alaska. Seis aviones intercontinentales. Menos veinte grados Celsius y el sol del mediodía asomando por el horizonte. Fui tan libre y tan feliz. Voy a amar allí, bajo las auroras boreales de Fairbanks. Allí nacerá mi hijo. Y será tan cubano como tú. O más. Porque no tendrá memoria del horror.

Llego a la casita de Queens y caigo muerto sobre el sofá. Ni desempaco. Estoy partido del hambre. Me duele la garganta. Casi no tengo voz. Si me enfermo en los Estados Unidos, tendré que curarme solo. Virar a Cuba sería un suicidio. Allá los médicos de la Seguridad del Estado me esperan para cumplir su misión.

Salgo y traigo una carne asada medio colombiana, con arroz y frijoles colorados. Le ponen una lonja de aguacate. Nada sabe a nada, pero en Estados Unidos es así. Huele, me da revolturas. Me quedo con hambre. 

En realidad, no me gusta comprarle a los latinos del barrio. Tienen una pinta mortuoria que ni los cubanos después de Castro. Entras al restaurant y se te quedan mirando como iguanas, con palillos de dientes y la ropa más chea el mundo, superada sólo por la música melosa que se disparan.

Igual ya lo compré. Mastico un rato. Luego, boto todo el sancocho a la basura. O no. Lo voy a botar, pero no alcanzo al latón de la cocina. Porque en ese instante se mete en el medio un ratoncito. 

Es gris. Está famélico. Es obvio que llevaba una semana sin mí, trancado en la casita de Queens, sin tener nada que tragar. Debe ser muy joven. Ahora casi me implora con la mirada, es como una mascota espontánea. Sería tan fácil caerle a palazos. Eso es lo que hacemos en la islita.

Pero yo le pongo las sobras sobre una jabita de nylon. Casi se las puse en la boca. Y el ratoncito comienza a comer los restos de mi comida en la casita de Queens. A cada rato me mira. Lo miro. Nos miramos. Estamos del carajo los dos. Qué solos. Qué desvalidos. Nadie se acordaría de nosotros si no nos ayudamos él y yo.

Me tiro de vuelta sobre el sofá. El exilio es eso. Sustituir lo que en Cuba hubiera sido una muerte sangrienta por una pizca de lástima mutua y solidaridad.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Santi Cuba


Santi Cuba, originally uploaded by orlandoluispardolazo.

OLPL in The North Pole

Ahhhhhhh laskahhhhhh...

Alega Julio que...


http://www.sampsoniaway.org/orlando-pardo-spanish/2013/11/26/i-have-not-stayed-in-the-usa-spanish-text/

Al sumar 8 meses de visita en USA, la Seguridad del Estado cubana comienza a ponerse nerviosa conmigo, lo mismo que la disidencia insular, tan coincidentes ambas que a veces resultan indistinguibles.

Varios agentes de la policía política coaccionaron a mis vecinos de la esquina de Fonts y Beales, en el barrio habanero de Lawton, y amenazaron al amigo que me transportó al Aeropuerto Internacional José Martí el pasado 5 de marzo: lo incriminaban de haberme alquilado su auto de manera ilegal, lo cual es falso. Difundieron la idea de que yo había pedido asilo político en USA y que estaba conspirando en una organización contra el gobierno cubano, lo cual es falso. Se aseguraron de que mi madre de 78 años se pusiera bien nerviosa cuando notó lo que ocurría, aunque no la interrogaron a ella por esta vez.

También han coaccionado a mis amistades no vinculadas al activismo social pro-democracia en la Isla, para que se comuniquen conmigo por correo electrónico y me “saquen” información sobre mis actividades en USA. A una amiga la instigaron a visitar a mi madre y colocarle clandestinamente un micrófono en mi casa, aunque yo no estuviese ahora allí. A otro lo interrogaron sobre mi orientación sexual, y casi lo obligan a dar testimonio de que yo sostenía relaciones homosexuales ocultas (la homofobia del castrismo es criminal).

Además, he recibido mensajes de supuestos colegas contestatarios desde Cuba, conminándome a regresar de inmediato, pues al parecer mi labor era insustituible en la Isla. Uno de ellos hasta me llamó desde La Habana, sin yo haberle dado nunca mi móvil a nadie de Cuba. El colmo fue cuando el periodista independiente Julio Aleaga llegó a mentir en un portal de la disidencia cubana, al sugerir que yo era un “emigrante económico”: término con que el gobierno castrista se burla de la naturaleza siempre política del exilio cubano.

Si mi permiso de residencia en el extranjero es válido por dos años, ¿cuál es la ansiedad de todos en Cuba con mi presencia allí? Olvídense de OLPL un rato, por favor. Entonces —y sólo entonces— les daré una sorpresa que como pueblo no podrán olvidar. Gracias.