miércoles, 1 de enero de 2014

LETRA DEL DAÑO 2014




Por si la luz de la libertad no nos alcanza a tiempo.

Por si el Mal predomina sobre nuestros cuerpos y nuestra exhausta exigencia de libertad.

Por si Fidel y Raúl Castro no mueren, como amenazan.

Por si el apellido Castro continúa siendo una cicatriz tan cruel después de Raúl y Fidel.

Por si Cuba cae en manos o nunca sale de la debacle latinoamericana.

Por si los Estados Unidos no se acuerdan más de nuestra nación.

Por si la Europa libre no deja de traicionarnos jamás.

Por si la verdad era demasiado verdad.

Por si ya es muy tarde para resucitar el alma rota de nuestro pueblo.

Por si el exilio cubano nunca vuelve, como ya nunca volvió.

Por si la violencia se nos avecina todavía más.

Por si la muerte, siempre la muerte, nos mira a los ojos y nos mina el cariño que quedaba en nuestro corazón.

Por si la memoria nos envilece las ganas de vivir.

Por si no estamos.

Por si no fuimos.


Cuba, nadie te hubiera amado más que tú y yo.  

lunes, 30 de diciembre de 2013

EN LA MUERTE MALA DE UN HOMBRE BUENO



LÁGRIMAS PLÁSTICAS
Orlando Luis Pardo Lazo

En la cárcel de Boniato, en Santiago de Cuba, un impedido físico, un preso común (para mí ningún preso es común), Norge Cervantes, un ciego, le dijo como despedida a Antonio Villareal, uno de los 75 prisioneros de la Primavera Negra con que Fidel Castro reaccionó al Proyecto Varela: “las lágrimas que corren por mis mejillas son del corazón, porque tengo los ojos de plástico”.

Antonio Villareal apareció muerto en Miami el sábado 28 de diciembre pasado. Día de los Inocentes, que en paz descanse este niñón noble de sesentitantos años, que fue torturado hasta la saciedad en Cuba. Hasta perder por etapas la voluntad sobre sus reflejos más elementales, como el de controlar su micción. Y sus lágrimas. Habló con muchos llorando dentro y fuera de Cuba, por teléfono o en cámara, pero nunca sus verdugos de verde olivo lo lograron quebrar. Por eso mismo se ensañaron.

Nosotros no, por supuesto, a nosotros no nos pasará nada parecido. Nosotros estamos sanos y en control. Nosotros triunfamos, como triunfó ya Miami y muy pronto triunfará La Habana. Miami, una ciudad largamente modelada desde La Habana para cumplir el rol histórico que a partir del 2014 se precipitará: salvar a la Revolución castrista, gestionar un futuro empresarial para su militariado mafioso de cuello y corbata. Putinismo a pulso.

No hay nada que el gobierno cubano haga que no esté signado por la muerte (de ahí mana su verdadero poder a perpetuidad). La liberación de los 75, por ejemplo, ya arrastra con varias muertes, incluida la de Laura Pollán, que aún estaría entre nosotros de no haber ocurrido esas “liberaciones”, pues ella por sí sola se sabía defender mucho mejor del complot asesino que le quitó la vida por la espalda y la cremó para no dejar evidencias.

El Cardenal Jaime Ortega es artífice de todas estas deportaciones forzosas y cómplice de la ristra de crímenes a los que él en persona les va dando el consumatum est. Los Castros ponen sólo la mano de obra.

Se especula que fue un suicidio y enseguida la prensa lo perdona porque Antonio Villareal tenía “problemas mentales” o “estaba enfermo de los nervios”. Suicidarse no es un síntoma de enfermedad mental, sino de fortaleza espiritual: es un bofetón a la arrogancia de Dios o el sinsentido de la Nada. Si se mató, es porque así se lo merecía Miami. Pero, en cualquier caso, no existe la menor evidencia de que haya sido un suicidio. Atentado o enfermedad, lo que sí es un hecho es que los cubanos lo habíamos abandonado, incluso desde La Habana.

Los cubanos somos todos como ese prisionero ciego, pero al revés. Nuestras lágrimas sí son de plástico, como los ojos con que miramos sin ver.