sábado, 27 de diciembre de 2014

DEL CHÉ MACHO





Seguro se llamaba Una. O Ágata. O Lil. O Ide. O Brighíd. O Sinéad. O Nóra. O Tilde. O mejor, Alaidh o Hilde. Cualquiera de esos nombres irlándicos que son reminiscentes de otros nombres de etimología inagotable, angustiosa, apócrifamente anglo.

Su nombre, sus nombres, para un nativo de la América civilizada —es decir, inculta— no es, no son más que jeroglíficos sin etimología, puros sonidos encaracolados entre la barbilla de Barbie y el paladar tan púdico de la muchacha irlandesa nombrada así: Una, Ágata, Lil, Ide, Brighíd, Sinéad, Nóra, Tilde, o mejor Alaidh o Hilde o todas en una sola.

En cualquier caso, ella siempre usando ese objeto inerte sobre su cabeza, que en cámara competía con la boina calada al estilo de él, de El Ché, en 1964. Y como a Ernesto Guevara le falta su emblemática boina durante la entrevista traducida por una intérprete —ella literalmente interpreta el rol de él—, podemos suponer que El Ché acaba de encajar su boina encima de ella, como una cofia sobre sus cabellos, una corona de coronel, el aura de una captura mágica para atraerla a su sonrisa de hombre nuevo, a su bigotín cantinflesco, a la cómica suavidad de sus respuestas de magnánimo conquistador. Que es la cómplice suavidad de los asesinos y suicidas.

Una, Ágata, Lil, Ide, Brighíd, Sinéad, Nóra, Tilde, o mejor Alaidhilde, luce a ratos como una pionera. Si el Ché ríe, ella es feliz y traduce esa risa confundiéndola con la suya propia. El periodista profesional que la contrata es de pronto un estorbo para esta escena de seducción. Por eso ese irlandés entrometido es, de hecho, tratado como un estúpido por la muchacha y El Ché: ambos contestan a sus preguntas de oficio con mutua ironía íntima; eluden la alta política y se intercambian códigos casi pornográficos al margen de todo poder.

La ONU, por ejemplo, es aquí mucho menos importante que la Una, la Ágata, la Lil, la Ide, la Brighíd, la Sinéad, la Nóra, la Tilde, o mejor la Alaidhilde. La muchacha se dirige al Ché con adjetivos en género de mujer: juega a los trabalenguas acaso para provocarlo en su hombría. Finge que no sabe pronunciar, que necesita un castigo privado por portarse en público tan mal. Y quién mejor para reprenderla que un represor. Y quién mejor para violentar su vagina de oro que un verdugo de verde oliva.

Es obvio que el final de esta entrevista será una escena extra-diegética, anti-biográfica, ridícula e irresistible como toda fornicación entre extraños, donde Ernesto Guevara —faro de América por entonces—, blandiendo su falo de higiene dudosa al aire tibio de la calefacción, invita con su inglés mejor de lo que aparenta a que Una, Ágata, Lil, Ide, Brighíd, Sinéad, Nóra, Tilde, o mejor Alaidhilde, se le escarranche encima en una habitación de hotel pagada por algún ministerio cubano en Revolución.

Es obvio, también, que Una, Ágata, Lil, Ide, Brighíd, Sinéad, Nóra, Tilde, o mejor Alaidhilde, irá y se abrirá de pelvis, sentándose sin quitarse la ropa sobre el héroe del horror. Ella no tiene ni veinte años. Es —era— virgen, aunque en sus noches de terrorismo infantil soñó con ser guerrillera, una década antes de esa época de guerrillas y guitarras eléctricas. Ahora prefiere bailar con los Beatles a pesar de ella. Y esa música impulsa su aventura de sangrar hasta lo preocupante por entre sus piernas primermundistas y, por supuesto, ese olor a hierro de hembra es lo único que en realidad excita al comandante de la estrella con asma: la sangre inspira y salva a este ejecutador, que a su vez será ejecutado casi tan joven como en esa entrevista de 1964, en una Irlanda irreconocible e irreconciliable desde una entrepierna patria.

Hay una palabra que ella trata de decir, pero se le traba. La muchacha millonaria del twist and shout se remueve en su asiento a horcajadas y rasga sus cuerdas vocales entre su salario y su ilusión de slogans de libertad. Entonces el Ché la corrige. Es una de esas palabras que de tan repetidas tienen no una, sino infinitas etimologías: un significado absoluto, totalitario. El entrevistador dice: “government”. La traductora tartamudea: “govermiento”. El entrevistado sentencia: “gobierno”.

Es una especie de torneo a trío de word-zap, de war-zap. Y el video se interrumpe inmediatamente después.

Hoy no queda en toda la internet otra traza visible de esta entrevista. Es posible que nunca se haya publicado en ningún periódico o TV. No es imposible incluso que todo sea un montaje, antes o después de la era digital. No hubo allí diálogo, sino delirio: deseo, que siempre adecenta. Igual tampoco hay evidencia histórica de que Ernesto Guevara haya amado jamás a otro ser humano, tal como se le nota en sus ojos de homagno homicida que amó durante el tiempo en cámara —más que en cama— a su beatlemaniaca intérprete.

Así que esta imagen inmarcesible debió ser lo único presentable poco después, en la entrevista del Ché ante Dios.

viernes, 26 de diciembre de 2014

MONEY MONEY MONEY



Cómo recaudar fondos: Manual para los demócratas cubanos
Clive Rudd
Orlando Luis Pardo Lazo

Las sucesivas “investigaciones” (o filtraciones de inteligencia) de Associated Press y otros medios, que intentan satanizar el aporte de fondos de Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y de gobiernos solidarios con la causa democrática en Cuba, no es un fenómeno nuevo ni exclusivo en el mundo libre. El gobierno de Cuba ha sabido manipular los ataques contra los fondos para la democracia, a costa de unos malabarismos históricos que evitan todo paralelismo con las recaudaciones de fondos del Partido Revolucionario Cubano de José Martí en Estados Unidos, o del mismo Fidel Castro en su búsqueda insaciable de dólares en México, Costa Rica y Venezuela, entonces no para propaganda anti-gubernamental sino para comprar armas y entrenar ejércitos y, en definitiva, imponer la violencia de por vida en nuestra sociedad.

La nueva forma de expresión de esta campaña, que se convierte en un sutil plagio de los métodos del gobierno de La Habana, está liderada por AP y el New York Times. Hay muchos otros “tontos útiles”, pero no tienen tanto eco. El castrismo, desde la época de la Sierra Maestra y los malos montajes de Hebert Matthews, siempre ha sido una cadena de golpes de efecto sensibleros en la opinión pública —impúdica— norteamericana.

Es obvio que el mensaje de estos medios hegemónicos no puede ser tan burdo como el de la dictadura de La Habana, por lo que llevan entre líneas un matiz más potente en su persuasión al buen capitalista del norte: “El aporte de fondos de USAID y otras organizaciones para el avance de la democracia en Cuba, lejos de lograr sus objetivos, es contraproducente y no funciona”.

Este mensaje es de sobra conocido. Es el mismo argumento que se emplea con impunidad para pedir el levantamiento del embargo: “El embargo no funciona y por eso hay que levantarlo de inmediato y sin condiciones”.

Bien, gracias en nombre de los pueblos cubano y norteamericano, pero… El problema está en que para poder defender el argumento de la ineficacia se necesitan pruebas firmes, no opiniones. Y las más sólidas se logran comparando los objetivos iniciales de un programa y sus resultados finales.  Y aquí es donde se les pone la cosa difícil porque, para que un medio de información serio pueda decir que un proyecto fue “amateur y profundamente fallido”, no solo se necesita tener acceso a un grupo de documentos fríos y ya obsoletos, como AP ha hecho, sino hacer un trabajo de investigación donde se tenga acceso a todas o la mayor de las partes implicadas, incluyendo el pueblo cubano.

Como se ha conocido por las respuestas de algunas de las partes implicadas a la última cruzada de AP, todo parece indicar que se ha mentido o se han fabricado resultados para poder calificar a estos programas de USAID como “profundamente fallidos”.

Según su entrevista en el periódico El Nuevo Herald, Aldo Rodríguez, líder del grupo Los Aldeanos, no recibió un centavo de USAID ni compuso sus canciones a petición de esta agencia ni recibió una laptop de fuerzas subversivas extranjeras, tres aseveraciones de la nota “objetiva” de AP.

Estas campañas de AP, en simbiosis con el gobierno de Cuba, para demonizar la recaudación de fondos hacia los proyectos pro-derechos humanos en la Isla, tienen alcance mediático precisamente porque el público nacional es una audiencia cautiva bajo el monopolio del Estado, y también porque no es común que los cubanos hagamos recaudaciones públicas, como sucede en cualquier país democrático del mundo.

En los países en que existen elecciones e instituciones libres se han creado reglas, normas y hasta se gradúan especialistas en cómo recaudar fondos de forma rápida y eficaz para las campañas políticas y la propagación de las ideas. Esta es hoy una asignatura pendiente para los demócratas cubanos y cualquier actor social que no quiera someterse al dictum despótico gubernamental.

Sería de mucha utilidad para nuestra sociedad civil, dentro y fuera de Cuba, que hiciéramos entre todos una especie de manual sobre cómo recaudar fondos de manera legal y eficiente para apoyar a los proyectos alternativos en la Isla. De esta forma seremos los propios cubanos los que juzguemos qué iniciativas ciudadanas han tenido éxito y cuáles no tanto, según aprendamos de los resultados para mejorar dichos métodos de recaudar, distribuir y utilizar fondos para la democracia de Cuba. El fin amerita los medios.

La solvencia en Cuba siempre fue penalizada por el castrismo. Solo un  pueblo paupérrimo es esclavizable. Al inicio, fue con el odio ideológico de clases. Hoy, en las postrimerías, es con la paranoia de una conspiración extranjera (a pesar de que La Habana ha recibido por igual tanto fondos de la ONU como del régimen criminal de Gaddafi). En tanto pueblo, acaso sea la hora de comportarnos menos como víctimas clandestinas y más como sujetos modernos en una economía global, trasparente en sus cuentas y convencida de la legitimidad de su vocación anti-totalitaria, más allá de las leyes castristas y las campañas mediáticas que lo apuntalan. 

Enredados con las reformas raulistas de mentiritas, los cubanos no debiéramos perder de nuestro foco a un Fidel no por fósil menos funesto. A pesar del patetismo de la AP y el NYT, nuestra redención radical sigue pasando por esta contra-consigna: “dentro de la dictadura, nada; contra la dictadura, todo”.

El 30 a las 3pm todos a la Plaza de la Revolucion #YoTambienExijo

jueves, 25 de diciembre de 2014

Fideless


ÚLTIMAS NAVIDADES CON FIDEL CASTRO
Orlando Luis Pardo Lazo

Diciembre es un mes triste, precioso, de luz azul y silencio soñador. En este mes nací yo. Y en este mes, de un año no tan lejano como ahora parece, regresaré a Cuba con un Premio Nobel de Literatura, el primero de los Nóbeles cubanos, el que restregaré en la cara de la dictadura que todavía tendremos en Cuba para esa fecha, y cuyo monto en metálico usaré hasta arruinarme en arrimar un poco la llegada de nuestra libertad.

Diciembre termina apenas comienza. Es un mes atemporal, acronológico, casi ucrónico, fuera del almanaque, al borde de ese misterio que es el cambio de año.

Somos otros y morimos a pedazos en cada diciembre. De hecho, casi nunca llegamos todos los que empezamos cada año. Los que nos reunimos ahora en este mes no sabemos si llegaremos al próximo mes dentro de un año. La muerte va cosechando a los mejores entre nosotros. Cada diciembre vamos quedando menos y menos cubanos. Los sobrevivientes somos los peores, somos los desechados hasta por los dioses.

Estas Navidades de 2014 son también nuestras primeras Morbilidades sin el dictador, que se nos murió sin enfrentar jamás la justicia. Fallecido Fidel (1926-2014), ya todo parece fácil, expedito, innecesario. La Revolución fue una pesadilla de unos pocos millones. La memoria se renueva a velocidad vertiginosa. En un ratico, los nuevos cubanos no sabrán ni deletrear el innombrable nombre de Fidel Castro, que en unos meses resonará apenas en la asignatura Prehistoria de la Nación, absorbido por la virtud de apatía y amnesia de las nuevas generaciones.

La muerte del hegémono nos ha sorprendido a todos. No se despidió el muy pendejo, como mismo no anunció su entrada sino que la impuso a golpes de muerte, mentira y maldad. Fidel Castro se ha ido para siempre de nuestro pueblo y nos ha dejado incrédulos, desconfiados, al punto de que preferimos no prestar atención a este hito histórico. Todavía no nos creemos que estamos solos, sin el déspota delirante. No lo creeremos tampoco cuando su hermano Raúl Castro nos lo anuncie, rodeado de su octogeniosa élite militar, acaso el 28 de enero de 2015, para hacer coincidir la muerte de Fidel con el nacimiento de José Martí.

Pero hoy vuelve a ser Navidad. Una parte del país perdido reconcentra lo mejor de su espíritu en esta fecha. La esperanza deja de ser una enfermedad congénita y la luz azul del niño dios entibia nuestros hogares-pesebres, haciéndolos menos pésimos, haciéndonos menos perversos en tanto ceros humanos que aspiramos a seres humanos, tras más de medio siglo o medio milenio de matarnos multitudinariamente por nada.

Vuelve a ser Navidad, hermanos y hermanas del alma, y en el 2015 brillarán las palabras que hace siglos debieron ser pronunciadas entre cubanos, pero que han permanecido sepultadas por la ristra de tiranos que ha traído nuestra innecesaria independencia. Acaso sea la época de aproximarnos más a la civilización de los cosmopolitas libres y alejarnos de la barbarie esclavoamericana.

Es Navidad y yo os amo.

martes, 23 de diciembre de 2014

Orlando Luis Pardo: Cuba In Splinters

Orlando Luis Pardo: sin miedo, por Cuba

#PLEBISCITOYA NO SÓLO PARA CUBA, SINO PARA LOS CUBANOS



El presidente norteamericano Barack Obama decide por los cubanos. Su Santidad el papa Francisco decide por los cubanos. El general de ejército Raúl Castro decide por los cubanos. Todos, menos los cubanos, deciden por los cubanos.

Tras más de seis décadas sin consultarse la voluntad popular en elecciones libres y plurales, es hora de que Cuba decida por Cuba, con todos y para el bien de todos. Es hora de que por fin los cubanos decidan por los cubanos.

Cualquier solidaridad internacional será inútil si los cubanos no cuentan. Cualquier disidencia y oposición nacional carecerá de marco legal mientras no sea refrendada por los cubanos. No hay gobierno con legitimidad sin participación efectiva de los gobernados. Ningún consenso será creíble mientras Cuba no decida por Cuba.

A vivir en libertad se aprende en el ejercicio pleno de la libertad. El presidente norteamericano y Su Santidad y el general de ejército cubano y todas las autoridades de buena fe en el mundo están invitados no a decidir, pero sí a acompañar a los cubanos en esta decisión, en una coyuntura histórica donde se define el tránsito del totalitarismo hacia una sociedad abierta o hacia otro régimen de control.

El reclamo de un plebiscito nacional ya está en marcha. Que nadie hable por el pueblo cubano. Apoya al pueblo cubano para que recupere su voz.

sábado, 20 de diciembre de 2014

CARTA ABIERTA A OBAMA de Rosa Maria Paya



CARTA ABIERTA AL PRESIDENTE BARACK OBAMA
de Rosa Maria Paya Acevedo


Rosa María Payá Acevedo is a member of the Cuban Christian Liberation Movement.

Sr. Barack Obama
President of the United States of America

I am writing to you because I assume that goodwill inspired your decision to change U.S. policy toward my country.

I appeal to this goodwill, notwithstanding your decision to review Cuba’s place on the list of countries that sponsor terrorism despite the Cuban government’s attempt, just a year ago, to smuggle tons of weapons in a North Korean ship through the Panama Canal. And despite Cuban state security provoking the 2012 car crash that took the life of my father,Oswaldo Payá, one of Cuba’s best-known dissidents who represented the alternative to the regime, and his young associate Harold Cepero. And even though the Cuban government refuses to allow an investigation and has not given even a copy of the autopsy report to my family.

The Cuban regime has decided it needs to change its image, so it will relax its grip in some areas while it remains in power. It has discovered that it can allow more Cubans to enter and leave the country and that some people can create a timbiriche (a very small business), but the Cuban government still decides who can travel and who can open a small business. Mr. President, your laws are not what is preventing the free market and access to information in Cuba; it is the Cuban government’s legislation and its constant censorship.

We agree, Mr. President, that you cannot “keep doing the same thing for over five decades and expect different results.”

But there is nothing new in treating as “normal” the illegitimate government in Havana, which has never been elected by its citizens and has been practicing state murder with impunity. That strategy already has been done by all the other governments without positive consequences for democracy in my country.

What would be new would be a real commitment to the Cuban people, with concrete actions supporting citizens’ demands. We don’t need interventionist tactics but rather backing for solutions that we Cubans have created ourselves.

For 55 years, the only free, legal and popular demand from Cubans has been a call for a referendum on self-government, the Varela Project. We want changes in the law that will guarantee freedom of expression and association, the release of political prisoners, the right to own private enterprises, and free and plural elections.

You asked in your historic speech : How can we uphold that commitment, the commitment to freedom?

I take you at your word, Mr. President. The answer to you and to all the world’s democratic governments is: Support the implementation of a plebiscite for free and pluralistic elections in Cuba; and support citizen participation in the democratic process, the only thing that will guarantee the end of totalitarianism in Cuba.

My father used to say, “Dialogues between the elites are not the space of the people.” The totalitarianism of the 21st century — which interferes in the internal affairs of many countries in the region and promotes undemocratic practices in countries such as Venezuela — will sit at the table next to the hemisphere’s democracies. I hope censorship doesn’t come to that table as well and that we Cubans, whom you so far have excluded from this process, can have a place in future negotiations.

We expect your administration, the Vatican and Canada to support our demands with the same intensity and goodwill with which you supported this process of rapprochement with the Cuban government. Human rights are the foundation of democracy, and we expect you to support the right of Cubans to decide their future.

We ask you to support an independent investigation into the attack that caused the deaths of Oswaldo Payá and Harold Cepero.

We do not want symbolic solidarity. We do not want to participate only in the parallel forum to the next Summit of the Americas. The chair that will be occupied by the Cuban government is not the chair of the people, because the Cuban government does not represent Cuba’s citizens. That’s why we need to be present at the main summit, so that the demands of Cuban citizens are heard and empowered by the regional democracies.

Mr. President, dare now, after quoting our José Martí, to put into practice the honesty that a free Cuba deserves, “with all and for the good of all.”

God bless our countries.

Merry Christmas to you and your family,

Rosa María Payá Acevedo

viernes, 19 de diciembre de 2014

Mírame Miami y por tu muerte no llores




Alan Gross, como todo norteamericano que entra en contacto con el castrismo, y lo defiende incluso desde un cautiverio de mentiritas, atacando a su propio gobierno con reclamaciones millonarias, es un hombre malo. Sus amenacitas de suicidio, su falta de solidaridad con el exilio y la sociedad civil dentro de la Isla, su religiosidad retrógrada de salmos y milagrerías, su silencio cómplice con los asesinatos que cometió el castrismo mientras él supuestamente estaba en prisión, su abogado pagado por La Habana, su apoyo al levantamiento de un embargo que no parecía de su incumbencia cuando se hizo contratar por la USAID, su chicharronería con el Presidente Obama, su lealtad admirativa a los sacrosantos cojones de Raúl, su sospechosa pérdida de la dentición a la velocidad record de un diente por año, su pose y su esposa con pinta de izquierda insulsa, en fin: cuán fósil, cuánta fealdad, Estados Sumidos de Fidelidad…

Y, en simultáneo, el desembarco triunfal en la Isla de los 5 espías tanáticos, con sus músculos de matar con las manos, con sus miradas huecas de quienes se saben títeres de un poder tétrico que los puede hacer talco para la pinga, con sus denticiones exageradas, rodeados de un pueblo que hace décadas no es ya ni plebe, populacho perverso y paupérrimo, aterrados en su miedo que va de lo mezquino a la mediocridad, chachareando entre los vecinos en una lengua que los cubanos libres desconocemos porque es una jerga de establo, de Estado.

Cubanos, no nos hagamos ilusiones. La estupidez patria puede ser detenida aprovechando esta enésima coyuntura criminal de la historia. Nunca vamos a vivir en libertad. La tierra está maldecida contra nuestra belleza volátil. La raza que habita en la Isla es infecta y es ya indescontaminable. Los lúcidos, los virtuosos, escapan sin mirar nunca por encima del hombro, o han de pagar el precio corajudo de ser mártires eliminados a sangre fría, como el alma sagrada de Laura Pollán y Oswaldo Payá.

La estampida no puede detenerse ahora en Miami. Es muy tarde para quedarnos tan cerca del mal. Hay que huir más y más al norte del mundo. Durante generaciones y generaciones, los castristas se han hecho millonarios en el sur de la Florida. El castrismo es ley mediática y fáctica entre el exilio cubano. Es mayoría. Lo cubanoamericano mismo es hoy un invento insular, con esa nostalgia de nalgas abiertas a un fidelismo frígido, con ese argot que parece sacado de Google Talk, con esas guindalejas de oro de 19,59 quilates y las cejas delineadas hasta el delirio. Por favor.

Los legisladores de la Florida no cuentan para nada. Lo que impera es el poder corruptor de las mafias que Fidel ha institucionalizado en Miami, desde la iglesia hasta la academia, desde las marinas hasta los mataderos, desde una ciénaga hasta un cañaveral, desde el aeropuerto hasta sus horrendos museos y mausoleos, con sus ferias y sus colleges y su constante kitsch, desde los restaurantes hasta la mismísima Revolución.

Miami ha hecho su mejor esfuerzo, pero hoy Miami es millones de Alan Gross y de Cinco Héroes. Nada de espías, hermanos. Miami es la pura heroicidad del horror impune. La batalla de la Florida se perdió. Ni siquiera ganó Castro. Ganó Miami, que reprodujo y sedimentó un castrismo a cuentagotas durante decadentes décadas. Revisen en los malls, pobre gente mía, saquen de sus percheritos plásticos esas camisitas a cuadros que se venden al por mayor. Verás las etiquetas de la Seguridad del Estado, mi amor. La chealdad y la chaldonería. La trampa sucia entre el escamoteo y el secretismo. Como en Cuba, allí no hay una sola palabra dicha por los cubanos que no sea falsa. El castrismo es eso: la cáscara de la cubanía, su desechabilidad, su cuacuacuá.

Cubanos, es la hora de reconocer que no sólo no queremos cambios en nuestra nación, sino que tenemos unas ganas ubérrimas de nunca jamás volver a tener nación. La experiencia de haber sido súbditos de la muerte es irreparable. Ahora todos vamos a morirnos muy solos. Aletargados en una retórica quejosa que nos envilece. No merecemos ni lápida. Ni ser polvo esparcido sobre el Estrecho. Nos merecemos permanecer muertos por el resto de nuestras biografías sin vida.


Nadie es más triste que nosotros. Nadie es más nosotros que yo.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

FIDEL FALLECIÓ


Cuban democracy has taken so long that now it seems we Cubans can wait a little longer. President Obama, with his historical Cuban speech, is indeed recognizing the future rights of a leftist dictatorship that, in turn, has never recognized the rights of Cuban citizens.

His Cuban counterpart, General Raul Castro, dressed in military uniform instead of his much more accustomed expensive suits, delivered a simultaneous speech so solemn that he sounded as if he were in a funeral. It was obvious that this was his fraternal farewell to Fidel Castro, who can no longer be part of the Cuban equation in the new era begun today. I dare say that Fidel Castro has died and that the apocalyptic announcement may take place on the 56th anniversary of the Cuban Revolution, January 1st.

Next, we’ll see in Cuba the masquerade of new investments and markets and local licenses for business and more access to the internet and even an electoral reform, but private property will remain a myth. No fundamental freedoms are conceivable for Cubans while only one Communist Party continues to monopolize all of political life, with the State Security of the Ministry of the Interior serving as the real source of governance of a model based on secrecy and, of course, impunity to repression.

After decades of fostering terrorism, the Caribbean dictatorship is paving the path to a dynastic “dictatorcracy”, with second and third generation Castros perpetually positioned to lead this process without ever worrying about consulting the popular will. Thus, the Cuban self-transition from totalitarianism to State capitalism is underway with a new geopolitical ally: the United States of America. As such, Cuban democrats must re-schedule their expectations to live in a normal Cuba. This is the main consequence of the “normalization” of relations between the gerontocracy of the Revolution Square and a White House pushed both by the corporations and by the pro-Castro bias of the free press.

As for the Cuban exiles: thank you very much for what you’ve done for this great nation, yes, but your President Obama has just mentioned that, effectively, Cubans consist of only the 11 million still under Castro’s rule on the Island. So, our world-wide free diaspora will remain excluded from their own nationality, at most invited to collaborate by sending their billions of dollars every year in remittances. What’s more, the Cuban Adjustment Act from 1966 is likely to be ineffective soon, meaning that Cuban immigrants will lose their special status in the US. It’s conceivable that we will witness the first deportations of illegal Cuban newcomers as a means to stop the stampede.

Last but not least, Cuban “civil society”, as Obama stated, seems no longer interested in political opposition to the government and ultimately, in peacefully struggling to legally attain power. Reduced to the field of dissidence, their pro-democracy actions are now limited to a digital catharsis that is perfectly tolerable for the new status quo of post-Castroism.

So, welcome to the real thing. Cuban democracy, like heaven, can wait. Like hell.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

EL METRO DE MANHATTAN ME COMPLACE MAS QUE EL MAR

10 de diciembre en clave cubana de Castro


http://www.diariodecuba.com/derechos-humanos/1418171336_11725.html
Cuando la democracia llegue a Cuba mañana o dentro de otros 56 años —llegará aunque le pese a la izquierda internacional—, cuando los hombres y mujeres de mi país recuperen la vida en la verdad que la dictadura redujo al juego sucio del socialismo, cuando el castrismo sea por fin un etapa del pasado y sus culpables hayan sido condenados para que nunca vuelva a entronizarse el comunismo en la Isla (lo cual incluye no solo la división de poderes bajo el imperio de la ley, sino la prohibición de los partidos antidemocráticos), igual el 10 de diciembre será una fecha de triste recordación para mis contemporáneos.
Este día, para generaciones y generaciones será también el día de la impunidad suprema de la Seguridad del Estado: un ejército del color del silencio que aplaude o asesina sin consecuencias, que combate al ébola en África mientras incuba el virus de la violencia en casa, que crea escenarios a favor o en contra según las conveniencias de su tétrico teatro. Este día será para no olvidar el odio del castrismo hacia los cubanos y nuestra humillación histórica bajo el amor de nuestros amos: un día en que abrir el pecho a la necesaria reconciliación será aún menos fácil.
Los 10 de diciembre duelen, más allá del funeral doble que ya se avecina, sin nadie y para el bien de nadie. Los 10 de diciembre desconocen toda noción de olvido: no hay víctima que no esté a la espera de su victimario si alguna vez hemos de vivir en la verdad. La lucha del cubano contra el castrismo es la lucha de la memoria contra la memoria.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Se fue a la mierda el Mariel







Las rocas submarinas de la pataforma insular cubana también son gusanas, como homenaje a los 135,000 cubanos libres que se salvaron de los Castros a través de la estampida por la Bahía del Mariel: amigos castristas, con todo respeto y suma distinción, resulta ahora que los super-cargueros no caben por la boca de la bahía del Mariel, simplemente no pueden entrar a la bahía autista, de manera que todas las millonarias inversiones corruptas de Brasil y Venezuela y China y Rusia fueron en vano. El super-puerto del Mariel será sólo un super-fantasma. Como Fidel fósil mismo lo es. Gracias, rocas gusanas: sobre esas piedras construiremos la Cuba sin Castro. Amén!

viernes, 5 de diciembre de 2014

Roberto Ampuero: la factura de la historia

Lo que dije en FIU


Desde la época del Telón de Acero y los socialismos soviéticos, solidaridad ha sido una palabra con valor de uso anti-totalitario. En los modelos dictatoriales que imponen los comunistas cada vez que en la Historia han alcanzado el poder, se hace imposible socializar al margen del Estado-Dios. Todo vínculo social queda regulado según las conveniencias de un régimen que en principio todo lo politiza, pero en la práctica despolitizan la sociedad.

No hay vida política después que los Partidos Comunistas se apropian del poder, sea por las balas o por las boletas. Esta evidencia debería bastar para ponderar si los partidos comunistas, como los fascistas o racistas o fundamentalistas, se merecen la responsabilidad de participar en el juego democrático. Los partidos que aspiran no a ser parte sino a convertirse en el todo, no han demostrado responden ni respetar el imperio de la ley.

Ante esa falsa socialización en masa de los socialismos estancados en el poder, ser solidario a nivel individual es entonces una manera de vivir en la verdad, de involucrarse en el complejo tejido social, de reaccionar contra las injusticias sistémicas, de no dejar solos a los desplazados por la utopía.

Ante el monolito estatal que secuestra a todo el espectro ideológico, la solidaridad encarna el redescubrimiento del individuo, de su libertad interior y sus derechos de manifestarla; también la revalorización de su dignidad en tanto persona, de su inviolable condición de ser humano. La solidaridad devino así un vocablo secreto, subversivo, redentor.

En Cuba, el prestigio de este vocablo, como el lenguaje todo que ha sido minado hasta lo miserable por el Estado, es sinónimo de peligrosidad. La solidaridad, una palabra de sol, fue forzada a las catacumbas de lo contrarrevolucionario. Lo mismo que el término derechos humanos, la solidaridad sufrió el estigma del clandestinaje. Sospecho que la solidaridad ni siquiera despierta tantas simpatías en el cubano común, que la asocia con conspiraciones incubadas en el extranjero y así justifica su propia humillación de sobrevivir con la cabeza gacha.

Los pueblos aprenden de sus tiranos. Y en este sentido, el pueblo cubano es cínicamente sabio. A estas alturas de la historia es casi injusto pedirles más. Hemos sancionado al castrismo con nuestras mejores armas espontáneas, por más que esas mismas armas nos hagan un poco cómplices: el silencio, la apatía, la represión por inercia, la simulación sin otra ética que no sea el instinto de conservación. Ante un régimen como el de los Castros predicar pacíficamente la solidaridad es también recordarnos que todo evangelio culmina en un vía crucis, en las manos mortíferas de la Seguridad del Estado, un organismo dedicado precisamente a disolver cualquier traza de solidaridad.

De ahí lo precioso del menor gesto de muchos amigos extranjeros de mirar y trabajar y arriesgarse por Cuba sin la camisa de fuerza de los mitos compensatorios de la Revolución: los programas sociales, el alto nivel profesional de nuestros paisanos, y la estabilidad al precio de la esterilidad de la vida en nuestra burbuja verde-oliva, que ahora está mutando del color de los uniformes al color de los dólares.

De ahí lo invaluable de los gestos de coraje de los cubanos rodeados del castrismo por todas partes. Castrismo chantajista y castrismo académico, o ambos. Castrismo bursátil y castrismo a lo bestia, o ambos. Castrismo idiota y castrismo ideológico, o ambos. Castrismo como terapia anti-establishment o castrismo sentimental de la reconciliación.

Sin caer en pesimismos paralizantes, hay en esta tragedia escaso espacio para la esperanza, y por eso la esperanza brilla al punto de la virtud. Es este matonismo de Estado lo que hace que ni un solo líder de los movimientos pro-democráticos en Cuba haya dejado de anunciar de antemano su muerte, ejecutada con especial ensañamiento en los casos de Laura Pollán y Oswaldo Payá.

La diasporización de nuestra nación comienza con la indolencia ante la injusticia ajena, mientras no nos incumba en lo personal. E incluso, después de que nos incumbe, muchas veces los cubanos prefieren sepultar su dolor y su daño, no permitir que una mano amiga “politice” su trauma, presumiendo que de hacerlo las cosas podrían ponérsenos un poco peor.

Es así como terminamos siendo como pueblo la fuente de gobernabilidad más fiable del fidelismo: su materia prima que no lo traiciona. Aunque, como ya he dicho, también día a día votamos en un plebiscito con los pies que es uno de los síntomas más sostenidos que debieran ponerse en la balanza de las bonanzas de la Revolución: nos vamos, así sea para virar; nos vamos así sea para construir una nueva esclavitud post-nacional, donde sabemos que la política sigue siendo no parte de nuestra vida, sino un todo terrible cuyo largo brazo de la barbarie podría alcanzar a nuestra familia en cualquier rincón.

Ni una sola de mis columnas y fotos desde mi ostracismo en La Habana hubiera tenido el mismo impacto de no haber sido por la solidaridad casi siempre de los sobrevivientes al socialismo. Esto jamás implicó la mínima injerencia en mis contenidos. No he evolucionado en términos de denuncia: es posible que ni siquiera sea un demócrata en tanto autor interesado en lo terminal, de ahí que antes de saberlo ya era libre al punto de lo intolerable. No me interesan la corrección (mental o corporal) y me aburren toda creación que desde su génesis ya define su destino (y su sentido). Me obsesionan los límites de la provocación, y mi furia y mis autos de fe con Cuba no se quedan en la finquita fósil del fidelismo, sino que buscan en los huecos negros de nuestra democracia que nunca supo valerse sin la moneda de cambio de la violencia, empezando por la tierra arrasada de las guerras de independencias que consagraron los litros de sangre derramada como un valor universal, el martirologio antes que la concertación, el suicidio antes que la claudicación, el odio a nosotros mismos mutado en el odio a la diferencia cubana: una indigencia civil que resulta típicamente tribal y que en pleno siglo XXI todavía nos tienta y nos traba.

Son muchos las anécdotas dramáticas de solidaridad con esa Cuba libre imaginaria, a la par que es inconsolable nuestro desamparo en tanto pueblo bajo un apartheid que el mundo no le concede apenas prestigio. Como colofón, quisiera mencionar un ejemplo exclusivo de eso que los cubanos nos cuidamos de citar por el miedo —a ratos mediocre y ratos mezquino— de quedarnos en territorio de nadie, dentro y fuera de Cuba, como si ya no fuéramos parias a perpetuidad, fuera y dentro de Cuba.

Me refiero a la solidaridad legislada, a los escasísimos documentos que han intentado acceder a la fuerza liberadora de lo legal. En Cuba, por supuesto, ninguna iniciativa ciudadana apuntó de manera tan radical a la refundación nacional como el Proyecto Varela, que de Oswaldo Payá tuvo su genio de inspiración y perseverancia, pero que fue nuestra gran marcha pública de cara a los usurpadores de la Ley, y también un hito histórico para que las próximas generaciones sepan que se intentó todo antes de la masacre, que no hubo manera humana de decirle a los Castros que no son bienvenidos en nuestra patria, y que son ellos y no ninguna potencia extranjera los que han secuestrado nuestra soberanía como nación.

Otros documentos de solidaridad legislada, que tampoco parecen estar hoy de moda entre una disidencia que ya no pretende ser oposición, y mucho menos dejar de ser oposición y aspirar al poder a través de las boletas y no con las balas, estaría en la legislación norteamericana. Lapídenme como siempre me han lapidado los castristas antes y después de Castro, pero es un acto en el mejor de los casos de ignorancia no citar que la llamada ley Helms-Burton es en realidad la Cuban Liberty and Democratic Solidarity Act.

Más allá de tecnicismos de geopolítica, ese documento fija las claves para la desaparición el embargo financiero norteamericano, y esos escasos acápites para la normalización de las relaciones Cuba-Estados Unidos pero sin complicidades con el castrismo, son mucho más respetuosos de los cubanos que la avalancha de editoriales de The New York Times o las campañas de las ONGs que desde Miami hasta Washington DC quieren catalizar el cambio-fraude cubano, la auto-transición del poder al poder y no de la ley a ley, de un castrismo cansado a un post-castrismo dinástico con los Castros herederos de literalmente sangre.

En su Sección 205 se enumeran con carácter legal las características mínimas para echar a andar nuestra demorada democracia: Legalizar la actividad política. Liberar a los prisioneros políticos. Compromiso de sostener elecciones libres. Independencia entre los poderes del Estado. Legalización de los sindicatos obreros. Libre expresión individual y de prensa. Respeto a la propiedad privada. Protección de los derechos de los ciudadanos de la Isla y el Exilio.


En este riesgoso contexto donde se construye en Cuba un capitalismo de Estado no menos totalitario que el comunismo (que es otra manera de capitalismo centralizado), tal vez sea pertinente que los cubanos con una voz empoderada por su labor a favor de la libertad, exijan a las democracias no una sino muchas leyes de la libertad, para que los jerarcas de La Habana, que jamás se sentarían a una mesa de concertación porque no reconocen a sus enemigos más que como exterminios selectivos por ejecutar, al menos sientan una presión efectiva y legal, contraproducente para sus tácticas opacas, que sea una indicación inequívoca de que no son depositarios de ninguna legitimidad, porque 56 años gobernando de manera beligerante, inconsulta y manipuladora de la voluntad popular, son más que demasiados. 

lunes, 1 de diciembre de 2014

El Sexto en peligro de nuevo, DICIEMBRE 2014






Amigos del mundo, me acaba de llamar el grafitero El Sexto Danilo Maldonado Machado desde La Habana, Cuba. 

Los agentes de la Seguridad del Estado están como sabuesos detras de él por toda la ciudad, en motos y autos. 

Lo están intimidando, pero al final parece que es inminente su arresto policial. 

Las Asociación Damas de Blanco van a organizar una gran marcha pacífica pro-derechos humanos en El Vedado, el 10 de diciembre. Y los represores están haciendo como cuando la visita del papa Benedicto XVI en marzo 2012: arrestos preventivos en masa durante más de una semana, sin cargos judiciales ni derecho de hacer una llamada: puros secuestros de Estado. 

El arte de El Sexto no tiene cabida en el castrismo que castra nuestro corazón libre de cubanos. 

Los agentes lo han presionado para que se exilie. Yo también le dije que lo considerara, pues entre los tycoons cubanoamericatotalitarios y la izquierda empresarial europea, ya el juego está cuadrado para imponernos otro medio siglo más de castrismo sin Castros. 

El Sexto sólo me dijo: "Gracias por tu consejo de amigo, Landy, pero por mi p.... tendrán que matarme en este país". 

Y El Sexto sabe muy bien de lo que habla, pues él porta sobre su piel los cadáveres asesinados de Laura Pollán y Oswaldo Payá.


sábado, 29 de noviembre de 2014

LOS CIPRESES CREEN EN DIOS, PERO ¿CREE DIOS EN LOS CIPRESES?



Cipreses, sauces, almácigos. Ficus. Cipreses, cedros, sequoias. Árboles raros, irreconocibles, inexistentes acaso. Una línea sin forma en el horizonte desquiciado de la gran ciudad. Sombras de luna. Siluetas de perfil loco, como yo, viento cósmico sobre el asfalto arrasado, a esta hora desierto como una bendición. Desertado. Es tan difícil estar solo en La Habana. Es tan difícil quedarse solo en medio de tanta desolación. Silencio con voz de muerte. Todos mueren, todos morimos. Y antes y después el aire se satura del magnesio virgen de la clorofila, del sodio volatilizado de las bombillas en los postes de luz, del hierro oxidado de nuestros barrotes, del rocío imaginario que enseguida anuncia el amanecer. Ojalá nunca amanezca esta vez. Ojalá la prisión sea eterna. Camino en círculos. Corro con los ojos cerrados sin moverme de mi posición. Es el lenguaje, ese objeto perverso. Precioso. Es el deseo de ser libres, esa fuga imposible. Impasible. Eres tú. Cipreses, robles, pinos que no son pinos. Casuarinas. Cipreses, baobabs de las lecturas de infancia, palmas reales como pinceles apuntalando los cielos sin dios de La Habana, ceibas sin embargo sagradas y un framboyán florecido hasta tocar con sus ramas el pasillo del hospital. Árboles impronunciables, irrepetibles. Irresistibles acaso. Estamos ingresados, no hay futuro para los enfermos. Cualquier sueño sería efímero desde aquí. La luna hoy es un cero que se recorta contra los algodones rojizos, sangre con sabor a salitre. La luna otras veces es una uña del diablo, una hoz, un colmillo de elefante, marfil maravilloso a pesar de ser tan tarde ya para todo. Para todos. También para ti. Me recuerdo niño, en un año indivisible excepto por él mismo. Yo me asomaba a una baranda como esta y la ciudad era una colmena de alfilerazos de neón. Lomas, barrios hechos de escalinatas, chimeneas, iglesias. Me recuerdo arrodillado, fingiendo, murmurando ensalmos que no me protegían de nada. Perdiendo tiempo bajo techo mientras la noche se hacía más honda allá afuera. Una pasta viscosa, masticable, definitivamente real. Se ve tan claro todo en la oscuridad. Se distinguen tantos detalles que luego son aniquilados por el sonambulismo del sol. Te recuerdo niña, en otro año indivisible excepto por mí mismo. Tú te asomabas a un balcón como este y la ciudad no necesitaba simular un camposanto para serlo de verdad. Techos, muros, ropa raída sobre alambradas de púa, la voz matemáticamente exacta de unos seres queridos llamándote desde tu propio cuarto, una epidemia de semáforos sin electricidad, madrugadas aceleradas por la llovizna lunar. Ganas de tener ganas de reír, de llorar, de que amanezca de inmediato pero muchas veces antes de que amanezca del todo. La locura te preservaba íntima, intacta, intolerable. La inteligencia no es un don, es un despilfarro. Es tan amable la idiotez que imanta al resto de los mortales. Porque todos han muerto y todos de nuevo morirán. La memoria es un almacén de mentiras. Los árboles no te salvan de nada en la fantasmal línea claustrofóbica del horizonte. Tus árboles míos, nuestros, acaso de nadie. De raíces y sílabas sinuosas, de frutos ínfimos y efímeros como sueños menores de edad. Como yo. Árboles apócrifos de la patria perdida en algún pestañazo. Árboles arteros, ataúd de atardeceres. Maderas reiterativas de los mil y un milagros que han sobrevivido puntualmente a cada pesadilla de adultos. Como tú. Echo la cabeza hacia atrás. Me detengo sin haberme movido de mi posición, animal sésil. Abro los ojos y sigo un rato más a ciegas. Es insultante la imaginación. Sólo en la mudez queda aún esperanza. Sólo en el acto puro podría haber cura para nuestra enfermedad. Despierto. Eso es lo más difícil. Por un instante sé que hubiera sido feliz. Será tan fácil como un monosílabo afirmativo. Cipreses, cipreses, cipreses. Como un bostezo. Cipreses, cipreses, cipreses. No sé para ti.

domingo, 23 de noviembre de 2014

CUBA IN SPLINTERS in MIAMI BOOK FAIR




Imagine a country sequestered by a national narrative that leaves no space for dissent or even for disappointment.
Imagine the consequences for imagination in such a closed environment, aggravated by a mass media monopoly that occupies every channel of information, opinion, criticism and legitimation.
Imagine language itself as a prison, with grammar reduced to inertia, with syntax subjected to socialization and desire doomed to discipline, where beauty is suspected of being subversive, the whole vocabulary becoming a kind of vocubalary that makes superfluous any censorship because self-control is now constitutional.
Is fiction feasible under such pressure, between the Revolution and the deep red sea? But, isn’t fiction fostered best under the most despotic rhetoric? Creativity as resistance. Danger as the measure of all things. Literature understood as limiterature.
In the early 90’s, Fidel Castro and his Special Period in Peacetime threatened the Island with the so-called Option Zero: namely, concentration camps to survive local famine as the European Iron Curtain fell and Cuba found itself naked in a post-Cold War Era.
Paradoxically, this meant tons of fresh air for Cuban writing. Please, don’t laugh if you think it’s ridiculous but alas, yes, for the first time since 1959, our authors could publish their books abroad, skipping the need for official permission. Besides, the government’s Non-Governmental Organizations allowed writers to collect honorariums and copyright fees in hard currency, while prodigious privileges were being distributed according to the cultural politics of the “rule of loyalty”: to rent a house, to have access to the internet, to import a car, to own a passport with an exit permit.
Yet, despite the more ample margins for tolerance in terms of content, confrontational voices were still coerced, blackmailed, fired from their jobs, marginalized, stigmatized, beaten, jailed and forced to choose between silence or exile.
In fact, at the beginning of the 2000’s or Years Zero, maybe as guarantee of the original Option Zero, our literary field attained both tokens of totalitarianism: silence and exile. Thus, it was about time for a generation to start from zero.
Generations, of course, do not exist at all. In the case of Generation Year Zero, the 11 outlaws included in CUBA IN SPLINTERS (an anthology of new Cuban narrative translated by Hillary Gulley for O/R Books in New York 2014), behave like okupas or squatters or rather like textrrorists. Provocation as the distinctive trademark of a dysfunctional generation that, out of apathy and almost aphasia, are focusing their fiction on the black holes of memory and tradition, digging into the uncomfortable and the unpleasant, cannibalizing our cannon, escaping from correctness, reappropriating political scenarios to disrupt their logic, a bet on horror instead of heroes, épater le proletaire, vengeance as a fine art, yet from bad painting to worse writing, insisting on a scatological esthetics far from all Cuban stereotypes expected both by conventional readers and foreign editors.
The fragmentary as a splintered strategy to express the inexpressible, fractals versus fossils. A diary of dystopia as the cynical symptom to dynamize and dynamite our State establishment, dealing with a decubanized Cubanness not as scandalous as scoundrelous. I’m afraid that in this bible of the barbaric, quod scripsi, is crisis.
And the 11 trouble-makers of CUBA IN SPLINTERS by O/R Books have plenty of experience in this, since during the last decade they were the editors of the Cuban clandestine boom of independent digital magazines, like Cacharros(s), 33 y un Tercio, DesLiz, La Caja de la China, The Revolution Post, Voces, among other conflictive documents.
Let’s recognize that almost another dozen of writers could have been included in this literary warfront of new narrative: Lizabel Mónica, Osdany Morales, Jamila Medina, Ainsley Negrín, Abel Fernández-Larrea, Arnaldo Muñoz Viquillón, Legna Rodríguez, and Evelyn Pérez, for example. It is very likely that this anthology of newrrative is the portrait of a family that never was.
The communicating vessels between these short-stories are not bridges, but short-circuits: the tension among each fiction hopefully will produce a fertile friction that will render fractions of sense and nonsense, a bit of idiocy after so much ideology, from the Berlin Wall to the wall of the Florida Strait, from Fidel’s bodyguards to sex for sale at a regional train station; snob Buddhism and socialist zombies; cannabis cubensis so the mind can emigrate before our body crosses the claustrophobic line of the horizon; Habaniroshima, mon amour, the cenotaph city like tears in the ruins of a rheumatic Revolution; remake and collage, plagiarism taken to the paroxysm; who knows if poetry for the pariahs of the Cuban holocastro. It is also very likely that this anthology of newrrative is the portrait of a family meant never to be.
Del clarín, escuchad el silencio, as these 11 anti-national hymns turn out to be hyper-nationalistic histories, as no Cuban can truly escape from Cuba. Fidelity has given way to fatality. So, let it read. Or at least, let it rip these many Cubas in splinters. Unrest in peace.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Maten si van a matar



La Seguridad el Estado (o sea, los asesinos de Estado castristas), lo mismo que en La Habana, no han dejado de monitorearme y estigmatizarme ni un sólo minuto desde que estoy en USA.

Ese es el único legado de una dictadura que desde el inicio desintengró a nuestra nación de manera irreversible.

Pero los cubanos somos libres. Pero los cubanos no tenemos miedo del Mal. Castro se quedó sin cubanos. Y ahora vamos a refundar otro país, otra Cuba sin trazas de castrismo, sea en la Isla o en alguna otra parte (hay planes, basta con despertar la imaginación política: romper las cadenas de creernos que la dictadura es la dictadura).

Y la página del castrismo quedará coagulada como una Norcorea del Caribe, bárbara y abusiva, innecesaria.

Habrá otra Habana, hermanos y hermanas.

Nuestros hijos serán hermosos y libres. Nunca conocerán el horror de tantas generaciones arrasadas por la persona de Fidel y sus agentes chantajeados y a sueldo, también los ya sedientos de no dejar de sesgar vidas e ilusiones de vivirlas. El castrismo es una costumbre criminal.

Vendrá una Cuba de valores permanentes: el bien, la belleza, la verdad, la bondad, el amor, lo más fácil, lo más común, lo natural.

Si los asesinos de visionarios no me dejan llegar vivo hasta allá, habrá otro Orlando Luis Pardo Lazo que los querrá a todos los cubanos y cubanas libres tanto como los quiero yo.

El castrismo tiene sus crímenes contados.

Cubansummatum est!

Edmundo Garcia y Jorge de Armas versus OLPL

jueves, 13 de noviembre de 2014

CASTRONIRIA

Castroneirics: Is there Cuban literature after the Revolution?
Orlando Luis Pardo Lazo
  
This story started long before the triumph of the Cuban Revolution, on January 1st 1959. In the beginning it was not the Word, but the War. And in the war Fidelity is the utmost value, its betrayal usually paid with death, whether civil or political, from culture to corpses without much transition.

In March 1956, Alberto Bayo, which soon was to become a Cuban revolutionary commander, while training Castro’s little army in Mexico, wrote the first traceable record of Fideliterature, where Castro is compared with a “lighthouse than gleams airs of freedom”, and as one of our “great locos that pursue Glory to sow a beautiful fruit in History.”

Indeed, many charismatic leaders have been called “locos” by our national tradition, which despises common sense and praises maddened social actors, as much as it disregards conventionalism in order to foster improvisation.

Months later, Ernesto Ché Guevara himself depicted Fidel as a “blazing prophet of the dawn”. And then an avalanche of verses came pouring upon his epical guerrilla, from the Ecuadorian Elías Cedeño Jerves, who sees him as an eagle-in-chief flying over the mountains of Sierra Maestra (although those birds are inexistent on the Island), to Cuban Carilda Oliver Labra, who focuses her gratefulness to the “male groin” under Castro’s green-olive uniform (thus settling the basis for Latin American Machismo-Leninism).

Local Nicolas Guillen and Chilean Pablo Neruda, Pura del Prado (that was to become one of the most emblematic poets of Miami), Argentinean Julio Cortazar, and, of course, the rapport-reporter Herbert Matthews from The New York Times, who, as Anthony DePalma has revealed in a recent book, was “the man who invented Fidel” as a Western literary hero in a continent prone to Robin Hoods that could expiate the guilt of superiority of the United States.

The “farmer´s morning almond”, a “sun in every corner”, the “purest rose of the Caribbean” with his “warm forehead”, “thriving arms” and “sweet smile”, were among the miraculous metaphors of a time when kitsch was considered correct as long as the people could repeat it.

The Cuban troubadour Carlos Puebla sang contagiously that “fun is over, ‘cause commander is here to put a stop”, equating chaos and capitalism, while order and austerity were the new undeniable values. Puerto Rican singer Daniel Santos reached the climax with his guaracha: if Fidel is to be a communist, put my name on that list, for I do agree with him (just before fleeing from Cuba in the very 1959, as many ephemeral enthusiastic whose artworks remained behind as incessant icons.

In the summer of 1961, with his Browning pistol resting like a peace-pipe over a table of the Cuban National Library, Fidel Castro himself had to frame the limits of our intellectual illusions: “Within the Revolution, everything; against the Revolution, nothing”.

While abolishing fundamental freedoms, Fidel declared himself to be enemy of any cult to his own personality. Soviet-like monuments were carefully avoided, so we have little to say about fidelistics in Cuban statuary. But the cultural politics imposed socialist realism as the best approach to beauty. Many artists were censored for life, erased from dictionaries and catalogs. Castro as a literary character showed up here and there, in pamphlet paragraphs where he could be heard in the Revolution Square applauded by workers, or raising his machete in a sugarcane field.

One exemption is the deconstructive documentary “Coffea Arábiga”, filmed in 1968 by Nicolas Guillen Landrian, nephew of the Nicolas Guillen that was President of the Union of Writers. There, the image of an over-acting Fidel during a speech in Havana University Hill is followed by a soundtrack of the then forbidden Beatles: The Fool on the Hill, with captions emphasizing that he “sees the sun going down and the world spinning around.”

The bufo theatre was abolished very early, to assure no impersonations of a funny Fidel on stage, whose solemnness was consecrated by Article 144 of Cuban Criminal Law, which punishes with up to 3 years in jail the crime of “aggravated contempt” to his public figure.

Skipping over the seventies of obscene ostracism for all artists considered conflictive, and also over the centralized eighties and the balkanization of the nineties, we can concentrate in the Cuban representations of Fidel in the so-called years zero or 2000’s. 

The visual arts, quite provocative with their absence of words, undertook the post-totalitarian task of being iconoclast, a term of literary critic Francisco López Sacha that we could modify a little to Castroclast.

For example, Bernardo Navarro Tomás, now residing in New York, appropriates pop and retro banner design to re-narrate Fidel’s biographical milestones, where terror seems just a commercial masquerade.

Street artist Danilo Maldonado Machado, El Sexto, in Havana, bets on bad-painting with explosive collages and nightmarish splashes, including slogans in the lips of a Castro that reminds us of a Minotaur in his labyrinth. These dialogue boxes are his citizen response to decades of monologue with the trademark of Fidel. Just as his own skin is used now as a dissident canvas tattooed with two recent martyrs of Cuban civil society: Laura Pollán and Oswaldo Payá.

Yanoski Mora became famous when he was arrested for selling to tourists a portrait of Fidel crowned with feathers like a Native American chief, a reproduction of a photo of Castro in 1959 with Oklahoma Creek Indians. He later refused to be interviewed or show his oil original. He had learned this esthetics lesson from the political police: the international left is allowed to depict Castro’s decadence (for example, Ecuadorian Oswaldo Guayasamín), but Cubans should not cope with His Holy Image, unless it is to portray the virtues of the retired leader.

A painter awarded with the National Visual Arts Prize, Pedro Pablo Oliva, created oneiric landscapes where “Big Grandpa” leads smiling crowds that question themselves through text-boxes. Despite his international prestige, this exhibition of Oliva was doomed to take place only in his private studio in Pinar del Rio province, under the close surveillance of the authorities.

Anyway, during the 10th Biennial for Visual Arts 2009, the exhibit State of Exception included the installation of a carnival machine designed by Nancy Martínez: “A sequence of one”, which offered to winning players a series of plush dolls of Fidel Castro, from the young warrior to the convalescent old man.

The hinge between visual arts and writing came in the extreme style of Juan Abreu, exiled in Barcelona, who is updating in his website the evolution of a mural called “El super-ensartaje” (super-threading), where the historic alpha-males of Cuban Revolution are exposed in a homo-pornographic orgy. The complementary literary aggression is a trilogy, where the mummy of LoverCommander, toppled by a Coup de Etat, is exhibited in a cage, kept alive by drugs and condemned to listen for eternity the marathon of his own speeches, being fornicated by a character that travels from the future only to satisfy his Fidelist fantasy.

Not far from the Revolution Square, where he lives, Jorge Enrique Lage, as part of the fiction writers of Generation Year Zero, has turned Fidel into a Superhero with many Hollywood tics, in his short-story for the anthology “Cuba in Splinters” by O/R Books, New York 2014. Fidel, as a character by Argentinean Jorge Luis Borges, discovers the power of freezing time. He can now wander free of security and wonder what kind of country he has really created, in intense instants for reflection upon his long-lasting loneliness in power.

In the independent digital magazine The Revolution Evening Post, episode 4, in a list of 21 points to approach a 21st-century literature on the Island, the first provocation deals with the figure of Fidel, or rather with his abnormal absence in a context with a well-established genre of the Latin American Dictator Novel, from the times of “Facundo” in 1845, to “Mister President” and “The Great Burundún Burundá is Dead”, to “I, the Supreme” and “The Autumn of the Patriarch”, to “The Perón Novel” and “The Feast of the Goat” a decade ago. The Cuban exemption could be “Reasons of State” by Alejo Carpentier in 1974, where he prefers to caricature a collage of foreign dictators, to avoid suspicions from the active readers of Castro’s State Security.

At least three other writers of Generation Year Zero push the limits of Castro’s world as will and representation. 

Jorge Alberto Aguiar Diaz in “Fefita and the Berlin Wall,” explores two desperate lovers that cloister themselves out of a country devoured by crisis. Fidel follows their acts as an unavoidable voice in every TV set of a city in ruins, inhabited ruins that in his novel “The Surveilled Party” Antonio Jose Ponte believes that resemble the body of the premier, and moreover, that they were artificially imposed by him to resemble in turn the promised US invasion that never was.

In my novel in progress “Alaska”, in which I work as Visiting Fellow of the International Writers Project, fiction is understood as filling in the gaps of crucial pacts where Fidel Castro and other political, entrepreneur, exiled and religious elites become criminal complicit of contemporary historical deeds. 

Ahmel Echevarría in his censored novel “Training Days”, later published in Prague, uses a Fidel-like homeless as witness of a funeral procession at Revolution Square. This old and shrewd urban prowler has wanted all of his life to be a writer, and even dares to give a lot of advices to the narrator named after Ahmel, denoting a Lucifer-like lucidity: Fidel as a fatuous Faust. It was Gabriel Garcia Marquez who stated that his friend Fidel was an extraordinary writer, but without the chance ever to write, given his many official duties.
 
Dreams are the remaining realm of former revolutionaries. Guillermo Rosales, a 1993 suicide that destroyed most of his novels, in “Boarding Home” boasts of being an “absolute exile”, only to succumb every night to the nightmares of Castroism. His self-referential protagonist cannot get rid of the oneiric omniscient omnipresence of Fidel. The author himself is a kind of schizoid Fidel. His mental disease has literally and literarily immortalized Fidel, to the point that the director of the Cuban Book Institute recognized in private that “as long as those dreams remain in the book, it can never be published while Fidel lives”.

In the late 80’s, Heberto Padilla and Reinaldo Arenas came upon the same image in their novels “Heroes Are Grazing in My Garden” and “The Color of Summer”, respectively: to contemplate their lost homeland from the air, flying in a helicopter with Fidel Castro, who keeps describing the reality below only to please himself.

Arenas’ trip is a sarcastic series of bloody events that barely hide Castro’s homosexuality: as in Juan Abreu’s Super-Threading. On the contrary, the flight of Padilla embodies the Oedipus complex that Cuban intellectuals suffer since 1961, when a despotic pistol incriminated them for being so complaining and so little committed to the social process.

A similar edipic syndrome drove Norberto Fuentes, a former militiaman and secret agent of the Cuban Ministry of the Interior, now exiled in USA, to write in advance “The Autobiography of Fidel Castro”, in an interpretation of the personality of a man “much more intelligent” than his auto-biographer and former ex collaborator, and to whom the author renders his bitter-sweet admiration, verging in an unconfessed homoerotism towards the patriarch.

In this trend we can classify most books of Fidel’s defectors, although they are not fiction in principle, but it’s obvious their efforts —generally failed— to restore a certain human condition to the myth: a hitman like Jorge Masetti in “Furor and delirium”, a foreign diplomat like Jorge Edwards in “Persona non grata”, Cuban scientists like Hilda Molina in “My Truth” (2010) and Armando Rodríguez in “The robots of Fidel Castro” (2011), and even his personal bodyguards like Juan Reinaldo Sánchez in “The hidden life of Fidel Castro” (2014).

And this remits to the women that loved Fidel and decades later decided to tell it, as in “Havana Dreams: A Story of a Cuban Family” by the actress Naty Revuelta, who was his adulterous lover and mother of a girl named not Castro but Fernández who, when grown-up, fled disguised from Cuba only to predictably write “Castro's Daughter”. Just as his exiled sister Juanita Castro released “Fidel and Raul, my brothers” in a delayed 2009. The most passionate of the —let’s say— bed-sellers is “Dear Fidel” by German-American Marita Lorenz , who claims to have been drugged and forced to abort by Cuban State Security, and yet she returned as a CIA agent to poison Fidel, only for him to discover the plot and fetch her his Browning with this challenge: it’s loaded, shoot me, I won’t die, no one can kill me, I’m immortal (a startling spell that has lasted for over 55 years now).

Cuban novelist Zoé Valdés, sent to Paris in diplomatic mission, where she defected in the early 90s, deals in a prosaic way with Castro, making a cartoon out of his character and calling him Super-XL Size, according to the dimensions of his —you guess what— testiclesFurthermore, her compilation of political articles could not avoid a Castrocentric vision, even to criticize his communist dictatorship to its last foundations: so “The Fiction Fidel” was her choice for a title.

In fact, pornopolitics seems to be our artistic reaction to the sequestering of the Cuban body within the homogeneous masses in front of the uniformed unique leader. No places for pleasure are legal on the Island since 1959. And while many were being stigmatized and even expelled from their jobs for hiding a lascivious paper or a hot hard drive, Fidel could afford a 1-week 7-page interview with Playboy and return reinforced in his convictions to persecute capitalist degradation in our people.

Wendy Guerra, in her novel “I Was Never A First Lady” appeals to the nostalgia of her demented mother to recover the merciful monstrosity of the Number One Man in the golden years of the Revolution, a system devoid of first ladies since the revolution itself was the eternally virgin bride. Then, she also explores the first days without Fidel, when an urgency surgery almost kills him in July 2006. Wendy Guerra seizes the sinister silence or the deadly deafness of those meaningful minutes that opened the post-Castrozoic Era in Havana, while Miami yelled with histrionic hysteria.

In many ways Fidel seemed shielded by women’s wombs. The poet Reina María Rodríguez, in her now disregarded unconfessed crush on Castro, made it clear: “There is only one way to care about him. We have grown up beside him as if he were a tall tree”. No wonder why the official propaganda compares him to a centenary Caguairán tree, as his health looks more and more deteriorated in each sporadic appearance —or apparition— in national TV.

About his magnicide on the Island (quite common in a number of foreign best-sellers and videogames) the dystopia in progress “Alter Cuba” by Raul Aguiar is so far the best effort to reshape a Planet Cuba where Castro vanishes from our history before leaving a noticeable trace. About filming a fictitious Fidel, only in 2008 the local movie “Kangamba” timidly showed his shoulders with their emblematic epaulet. And then in “Memories of Overdevelopment” by Miguel Coyula, we have him all over as pop reference and reincarnated in a stout walking stick called Fiddle, which is humble enough as to dialogue after half a century of monologue.      

When Soviet communism collapsed, the Cuban troubadour Pedro Luis Ferrer released a series of songs full of good humor that provoked the anger of the censors. One of them reminds of the “Big Grandpa” paintings of Pedro Pablo Oliva, since it’s called precisely “Grandpa Paco”: “grandpa built our house with lots of sacrifice, but the least move needs now of his approval, as grandpa still keeps his old weapons ready to make himself obeyed”. The apotheosis was the underground punk band from Havana, Porno Para Ricardo. Paying the price of going to jail more than once, their front man Gorky composed the paroxysmal provocation called “Commander”, where he offensively mocks Grandpa —again from politics to pornophilia—, whose official newspaper by the way is called Granma from the beginning.

Once the fear of fictionalizing Fidel is over, I’m afraid that it will be too late for a fiction to be fully meaningful about him. Besides, it’s more than likely that Cuban literature as such will find itself in difficulties to be appreciated beyond the straitjackets of socialism or its symbolic undermining. Both market avidity abroad and the lack of local readers will pose a formidable barrier to avoid any experimental estrangements and thus to remain stuck to the stereotypes of what Cuban writing and arts in general should look like.

As politics was too important to be left in the hands of politicians, literature was it too to be left in the hands of intellectuals. Fidel Castro managed to impose himself for too long as a non-fictionalizable figure. Being an incontinent narrator himself, competence was considered contempt. It might be time to turn the F chapter of Cuban literature and delicately recognize our defeat. Unless, of course, some authors are willing to grab that Browning back from the summer of 1961 in the National Library, and make a statement that escapes the reactionary rationale of within/against/outside the Revolution.