lunes, 10 de febrero de 2014

LIBRE EMPRESA SIN LIBERTAD




LIBRE EMPRESA SIN LIBERTAD
Orlando Luis Pardo Lazo


"Invertid en Castro, no importa: el castrismo os condenará..."


El magnate exiliado cubano Alfonso Fanjul ha viajado a Cuba un par de veces en 2012 y 2013. Recientemente ha declarado que él tiene un “punto débil en su corazón” y una “mente abierta” para, dadas las “circunstancias correctas”, de “forma legal” y en un “marco apropiado”, invertir su fortuna en la Isla.

Es sólo un ejemplo, por supuesto, pero no el único entre los millonarios del exilio cubano. Así que el escándalo mediático no se ha hecho esperar, incluso en la alta política norteamericana. El senador republicano por la Florida, Marco Rubio, dijo estar “sorprendido y defraudado” con el cambio de perspectivas de Fanjul, quien durante décadas apoyó muchas iniciativas frontalmente anti-castristas.

La pregunta clave en la actual coyuntura histórica es: ¿las violaciones de derechos humanos en Cuba preocupan en lo más mínimo a los intereses económicos que ya se ciernen sobre la Isla, sean de extranjeros o de cubanos exiliados? Para empezar, a los cubanos de la Isla el gobierno de La Habana ni siquiera les permite invertir o asociarse pacíficamente en su propio país. Según los intereses foráneos, parece que tampoco nos lo merecemos. Si ya hemos esperado medio siglo de despotismo, ahora bien podríamos esperar cien años de impunidad.

Los políticos europeos aprovechan la coyuntura para comenzar a pedir lo mismo. Apoyemos a Castro, y que Castro se encargue de lidiar con los cubanos.

Así todos buscan ahora ubicarse primero en los mejores términos posibles con la dictadura, con la idea de irla “democratizando” a golpes de solvencia después. Apuestan por la mezquindad del modelo chino a propósito de las reformas a cuentagotas de Raúl Castro, supuestamente con la tesis de no molestar a los Moribundos en Jefe, y de evitar que tendencias más radicales conviertan a la Isla en una Norcorea caribeña. Ja.

Pero esto es un falso diferendo, demagogia de lobby castrista complicada con donaciones a la campaña presidencial cada cuatro años. En la práctica, Cuba tiene ya tanto de la voracidad de mercados de Beijing como del despotismo criminal de Pyongyang. Acaso con esta justificación los tycoons expían sus culpas totalitarias de terminar hablando de ganancias entre ex-castristas y ex-anticastristas, unos y otros indistinguibles de cara al post-castrismo.

Lo sorprendente es que los empresarios internacionales se empeñen en desconocer que en Cuba sus inversiones serán más que inseguras. A menos que todos sean topos de la Seguridad del Estado desde el inicio de la Revolución o hayan sido captados/chantajeados por ella (como el Cardenal católico). De hecho, no pocos inversores han terminado acusados de corrupción y con todos sus bienes decomisados. En el mejor de los casos, los deportan a su país de origen sin derecho a indemnización. En los peores, están todavía en prisión (y sin juicio), o muertos como la mafia que abandonó en su estampida el matón Max Marambio.

Acumular ganancias sobre la humillación de los demás es una fórmula feudal. Más allá del derecho, la decencia es la fuente de toda legitimidad.

Es conocida la frase de John Stuart Mill: “la libertad propia acaba allí donde comienza la libertad de los demás”. En el caso de los negocios extranjeros con el castrismo, bien podría rescribirse esa sentencia como: “la libertad propia acaba allí donde acaban con la libertad de los demás”.

1 comentario:

John MC. Perscil dijo...

Para que diviertas Orlando. Mira este anuncio.

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Mariela vende su casa. Quien habrá sido simpático. Apuesto a que lo quieren matar. Cógelo antes de que lo borren.