sábado, 22 de febrero de 2014

VAMOS VENEZUELA




Venezuela bonita, tan grávida durante tanto tiempo de tener tú también tu propia Revolución. ¿Era esto lo que querías? ¡No! Por eso vamos a salvarnos.

Tanta izquierda universitaria, tanta nostalgia de Silvio Rodríguez y otros bodrios de la poesía patria, tanto castrismo disfrazado de intelectualidad incómoda, tantas armas contrabandeadas desde La Habana (los malandros antes eran los guerrilleros), tanta crítica marxista de la sociedad caduca de nuestros padres. ¿Era esto lo que querías? ¡No! Por eso ya nos salvamos.

Gracias, Venezuela.

Fidel Castro odia a los venezolanos tanto como odia a los cubanos tanto como odia al ser humano. Mucho más ahora, que ya se va a morir. Y él no resiste la idea de que millones y millones de personas vivan lo que él se quedará sin vivir.

Los venezolanos se le resistieron demasiado a Fidel, desde que en enero de 1959 el Comandante en Jefe le propuso al presidente Rómulo Betancourt hacer un pacto diabólico: Venezuela le regalaría a Cuba todo su petróleo y también su tierra como trampolín para expandir la Revolución; a cambio, Fidel juraba la destrucción en pocos años de los Estados Unidos y la imposición a cojones del sueño de Bolívar y Martí (casi lo logró en octubre de 1962, a costa de los misiles nucleares rusos, lo que prueba que Bolívar y Martí, más que sueños, tuvieron pésimas pesadillas).

Fidel mandó a invadir militarmente varias veces a Venezuela. Las consecuencias continentales fueron ínfimas. Nadie quiso creer en sus invasiones. Eran invenciones del imperialismo yanqui y de la oligarquía nacional. Y el pueblo reprimido aplaudía esas tesis, que lucían entonces redentoras en lugar de tétricamente totalitarias. ¿Te das cuenta ahora, Venezuela del alma? Sí, yo lo sé, mi niña mimada y fuerte.

Además, es posible que los venezolanos sintieran cierto energúmeno orgullo de izquierdas por haber sido invadidos una y otra vez desde la islita. ¿Se acuerdan? No importa.

Finalmente, cuando Fidel se dio cuenta de que el mundo había cambiado en parte, y de que él se hacía ya muy viejo, reclutó a miles de venezolanos, los alfabetizó con su jerga de odio y matonismo, y les dio el dinero para ponerlos en el poder (un dinero que en realidad venía manchado de sangre desde Libia e Irán).

En este ajedrez asqueante, Rafael Caldera fue el anónimo aliado del castrismo, en una operación que aún costará tantas vidas a los venezolanos, incluidas las de los incontables militares que debieron ser masacrados en “accidentes” autorizados por Hugo Chávez, e incluido después el asesinato del propio Chávez cuando el muy mansote le dejó entrever a las fieras que él debía ser el sucesor de Fidel.

Venezuela bonita, tan preñada durante tanto tiempo de parir tú también tu propia Revolución. ¿Era esto lo que querías? ¡No! Para nada. Ya todo está punto de pasar. Acaso ya todo pasó.

Hoy, los que no saben nada de esto, están ahora arrechos a ras de calle en Venezuela. Son una legión de héroes. Son la vida. Son la belleza. Son la verdad. No tienen ya fuerzas ni para rendirse. No se van a rendir. No los abandonemos, por favor. No los vamos a abandonar.

Los venezolanitos libres no quieren vivir una vida sin libertad hasta el fin de los tiempos. Están tan cansados como los cubanos, pero les queda aún este último hálito de esperanza. A lo mejor, ese rayito de luz nos despierta también a los cubanos apáticos.

Los venezolanitos libres no quieren existir dentro de una caricatura de castrismo sin Castros. En Venezuela se asoma hoy el futuro, coño, y nos están masacrando ese futuro en plena cara del mundo. No los abandonemos, por favor.

Por favor.

¿Qué hacemos?

Propongo unas Brigadas Internacionales de Paz para armar en un par de días una Flotilla de la Libertad, y navegar entonces desde todos los puertos de América hasta Venezuela, cargados hasta nuestra última célula de amor y de más amor (y de comida y de ropas y de medicinas para curar las llagas de las torturas y de brazos para cerrar filas a tu lado y de solidaridad en las miradas para no darte nunca jamás la espalda), y toda vez allí, refundar una patria donde la palabra no sea una parodia perversa, donde el despotismo sea una reliquia del Cadáver en Jefe que se cocina en su indecente delirio ya casi nonagenario en una Habana inhumada, inhumana.

Venezuela, te amo.

Venezuela, ya vamos.


5 comentarios:

Anónimo dijo...

EXCELENTEEEEE MILLL GRACIAS POR EL APOYO, ES HIRA DE QUE USTEDES REACCIONEN

Anónimo dijo...

Me conmueves Landy querido. Knight of a thousand stars: tu apasionada y justa alma aletea amores olvidados por los subhumanos ciegos,sordos y mudos.

Navego contigo!

Venezuela, soy toda contigo!
AT

Anónimo dijo...

Me conmueves Landy querido. Knight of a thousand stars: tu apasionada y justa alma aletea amores olvidados por los subhumanos ciegos,sordos y mudos.

Navego contigo!

Venezuela, soy toda contigo!
AT

Maria Ingelmo dijo...

Excelente! Como todo a lo que nos tienes acostumbrados!

Omar Requena dijo...


Gracias, hermano querido. Los cómplices del desgobierno criminal y asesino de mi país lo dejan solo, pero sus amigos libres lo abrazan y confortan.