viernes, 26 de diciembre de 2014

MONEY MONEY MONEY



Cómo recaudar fondos: Manual para los demócratas cubanos
Clive Rudd
Orlando Luis Pardo Lazo

Las sucesivas “investigaciones” (o filtraciones de inteligencia) de Associated Press y otros medios, que intentan satanizar el aporte de fondos de Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y de gobiernos solidarios con la causa democrática en Cuba, no es un fenómeno nuevo ni exclusivo en el mundo libre. El gobierno de Cuba ha sabido manipular los ataques contra los fondos para la democracia, a costa de unos malabarismos históricos que evitan todo paralelismo con las recaudaciones de fondos del Partido Revolucionario Cubano de José Martí en Estados Unidos, o del mismo Fidel Castro en su búsqueda insaciable de dólares en México, Costa Rica y Venezuela, entonces no para propaganda anti-gubernamental sino para comprar armas y entrenar ejércitos y, en definitiva, imponer la violencia de por vida en nuestra sociedad.

La nueva forma de expresión de esta campaña, que se convierte en un sutil plagio de los métodos del gobierno de La Habana, está liderada por AP y el New York Times. Hay muchos otros “tontos útiles”, pero no tienen tanto eco. El castrismo, desde la época de la Sierra Maestra y los malos montajes de Hebert Matthews, siempre ha sido una cadena de golpes de efecto sensibleros en la opinión pública —impúdica— norteamericana.

Es obvio que el mensaje de estos medios hegemónicos no puede ser tan burdo como el de la dictadura de La Habana, por lo que llevan entre líneas un matiz más potente en su persuasión al buen capitalista del norte: “El aporte de fondos de USAID y otras organizaciones para el avance de la democracia en Cuba, lejos de lograr sus objetivos, es contraproducente y no funciona”.

Este mensaje es de sobra conocido. Es el mismo argumento que se emplea con impunidad para pedir el levantamiento del embargo: “El embargo no funciona y por eso hay que levantarlo de inmediato y sin condiciones”.

Bien, gracias en nombre de los pueblos cubano y norteamericano, pero… El problema está en que para poder defender el argumento de la ineficacia se necesitan pruebas firmes, no opiniones. Y las más sólidas se logran comparando los objetivos iniciales de un programa y sus resultados finales.  Y aquí es donde se les pone la cosa difícil porque, para que un medio de información serio pueda decir que un proyecto fue “amateur y profundamente fallido”, no solo se necesita tener acceso a un grupo de documentos fríos y ya obsoletos, como AP ha hecho, sino hacer un trabajo de investigación donde se tenga acceso a todas o la mayor de las partes implicadas, incluyendo el pueblo cubano.

Como se ha conocido por las respuestas de algunas de las partes implicadas a la última cruzada de AP, todo parece indicar que se ha mentido o se han fabricado resultados para poder calificar a estos programas de USAID como “profundamente fallidos”.

Según su entrevista en el periódico El Nuevo Herald, Aldo Rodríguez, líder del grupo Los Aldeanos, no recibió un centavo de USAID ni compuso sus canciones a petición de esta agencia ni recibió una laptop de fuerzas subversivas extranjeras, tres aseveraciones de la nota “objetiva” de AP.

Estas campañas de AP, en simbiosis con el gobierno de Cuba, para demonizar la recaudación de fondos hacia los proyectos pro-derechos humanos en la Isla, tienen alcance mediático precisamente porque el público nacional es una audiencia cautiva bajo el monopolio del Estado, y también porque no es común que los cubanos hagamos recaudaciones públicas, como sucede en cualquier país democrático del mundo.

En los países en que existen elecciones e instituciones libres se han creado reglas, normas y hasta se gradúan especialistas en cómo recaudar fondos de forma rápida y eficaz para las campañas políticas y la propagación de las ideas. Esta es hoy una asignatura pendiente para los demócratas cubanos y cualquier actor social que no quiera someterse al dictum despótico gubernamental.

Sería de mucha utilidad para nuestra sociedad civil, dentro y fuera de Cuba, que hiciéramos entre todos una especie de manual sobre cómo recaudar fondos de manera legal y eficiente para apoyar a los proyectos alternativos en la Isla. De esta forma seremos los propios cubanos los que juzguemos qué iniciativas ciudadanas han tenido éxito y cuáles no tanto, según aprendamos de los resultados para mejorar dichos métodos de recaudar, distribuir y utilizar fondos para la democracia de Cuba. El fin amerita los medios.

La solvencia en Cuba siempre fue penalizada por el castrismo. Solo un  pueblo paupérrimo es esclavizable. Al inicio, fue con el odio ideológico de clases. Hoy, en las postrimerías, es con la paranoia de una conspiración extranjera (a pesar de que La Habana ha recibido por igual tanto fondos de la ONU como del régimen criminal de Gaddafi). En tanto pueblo, acaso sea la hora de comportarnos menos como víctimas clandestinas y más como sujetos modernos en una economía global, trasparente en sus cuentas y convencida de la legitimidad de su vocación anti-totalitaria, más allá de las leyes castristas y las campañas mediáticas que lo apuntalan. 

Enredados con las reformas raulistas de mentiritas, los cubanos no debiéramos perder de nuestro foco a un Fidel no por fósil menos funesto. A pesar del patetismo de la AP y el NYT, nuestra redención radical sigue pasando por esta contra-consigna: “dentro de la dictadura, nada; contra la dictadura, todo”.