sábado, 27 de diciembre de 2014

DEL CHÉ MACHO





Seguro se llamaba Una. O Ágata. O Lil. O Ide. O Brighíd. O Sinéad. O Nóra. O Tilde. O mejor, Alaidh o Hilde. Cualquiera de esos nombres irlándicos que son reminiscentes de otros nombres de etimología inagotable, angustiosa, apócrifamente anglo.

Su nombre, sus nombres, para un nativo de la América civilizada —es decir, inculta— no es, no son más que jeroglíficos sin etimología, puros sonidos encaracolados entre la barbilla de Barbie y el paladar tan púdico de la muchacha irlandesa nombrada así: Una, Ágata, Lil, Ide, Brighíd, Sinéad, Nóra, Tilde, o mejor Alaidh o Hilde o todas en una sola.

En cualquier caso, ella siempre usando ese objeto inerte sobre su cabeza, que en cámara competía con la boina calada al estilo de él, de El Ché, en 1964. Y como a Ernesto Guevara le falta su emblemática boina durante la entrevista traducida por una intérprete —ella literalmente interpreta el rol de él—, podemos suponer que El Ché acaba de encajar su boina encima de ella, como una cofia sobre sus cabellos, una corona de coronel, el aura de una captura mágica para atraerla a su sonrisa de hombre nuevo, a su bigotín cantinflesco, a la cómica suavidad de sus respuestas de magnánimo conquistador. Que es la cómplice suavidad de los asesinos y suicidas.

Una, Ágata, Lil, Ide, Brighíd, Sinéad, Nóra, Tilde, o mejor Alaidhilde, luce a ratos como una pionera. Si el Ché ríe, ella es feliz y traduce esa risa confundiéndola con la suya propia. El periodista profesional que la contrata es de pronto un estorbo para esta escena de seducción. Por eso ese irlandés entrometido es, de hecho, tratado como un estúpido por la muchacha y El Ché: ambos contestan a sus preguntas de oficio con mutua ironía íntima; eluden la alta política y se intercambian códigos casi pornográficos al margen de todo poder.

La ONU, por ejemplo, es aquí mucho menos importante que la Una, la Ágata, la Lil, la Ide, la Brighíd, la Sinéad, la Nóra, la Tilde, o mejor la Alaidhilde. La muchacha se dirige al Ché con adjetivos en género de mujer: juega a los trabalenguas acaso para provocarlo en su hombría. Finge que no sabe pronunciar, que necesita un castigo privado por portarse en público tan mal. Y quién mejor para reprenderla que un represor. Y quién mejor para violentar su vagina de oro que un verdugo de verde oliva.

Es obvio que el final de esta entrevista será una escena extra-diegética, anti-biográfica, ridícula e irresistible como toda fornicación entre extraños, donde Ernesto Guevara —faro de América por entonces—, blandiendo su falo de higiene dudosa al aire tibio de la calefacción, invita con su inglés mejor de lo que aparenta a que Una, Ágata, Lil, Ide, Brighíd, Sinéad, Nóra, Tilde, o mejor Alaidhilde, se le escarranche encima en una habitación de hotel pagada por algún ministerio cubano en Revolución.

Es obvio, también, que Una, Ágata, Lil, Ide, Brighíd, Sinéad, Nóra, Tilde, o mejor Alaidhilde, irá y se abrirá de pelvis, sentándose sin quitarse la ropa sobre el héroe del horror. Ella no tiene ni veinte años. Es —era— virgen, aunque en sus noches de terrorismo infantil soñó con ser guerrillera, una década antes de esa época de guerrillas y guitarras eléctricas. Ahora prefiere bailar con los Beatles a pesar de ella. Y esa música impulsa su aventura de sangrar hasta lo preocupante por entre sus piernas primermundistas y, por supuesto, ese olor a hierro de hembra es lo único que en realidad excita al comandante de la estrella con asma: la sangre inspira y salva a este ejecutador, que a su vez será ejecutado casi tan joven como en esa entrevista de 1964, en una Irlanda irreconocible e irreconciliable desde una entrepierna patria.

Hay una palabra que ella trata de decir, pero se le traba. La muchacha millonaria del twist and shout se remueve en su asiento a horcajadas y rasga sus cuerdas vocales entre su salario y su ilusión de slogans de libertad. Entonces el Ché la corrige. Es una de esas palabras que de tan repetidas tienen no una, sino infinitas etimologías: un significado absoluto, totalitario. El entrevistador dice: “government”. La traductora tartamudea: “govermiento”. El entrevistado sentencia: “gobierno”.

Es una especie de torneo a trío de word-zap, de war-zap. Y el video se interrumpe inmediatamente después.

Hoy no queda en toda la internet otra traza visible de esta entrevista. Es posible que nunca se haya publicado en ningún periódico o TV. No es imposible incluso que todo sea un montaje, antes o después de la era digital. No hubo allí diálogo, sino delirio: deseo, que siempre adecenta. Igual tampoco hay evidencia histórica de que Ernesto Guevara haya amado jamás a otro ser humano, tal como se le nota en sus ojos de homagno homicida que amó durante el tiempo en cámara —más que en cama— a su beatlemaniaca intérprete.

Así que esta imagen inmarcesible debió ser lo único presentable poco después, en la entrevista del Ché ante Dios.

viernes, 26 de diciembre de 2014

MONEY MONEY MONEY



Cómo recaudar fondos: Manual para los demócratas cubanos
Clive Rudd
Orlando Luis Pardo Lazo

Las sucesivas “investigaciones” (o filtraciones de inteligencia) de Associated Press y otros medios, que intentan satanizar el aporte de fondos de Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y de gobiernos solidarios con la causa democrática en Cuba, no es un fenómeno nuevo ni exclusivo en el mundo libre. El gobierno de Cuba ha sabido manipular los ataques contra los fondos para la democracia, a costa de unos malabarismos históricos que evitan todo paralelismo con las recaudaciones de fondos del Partido Revolucionario Cubano de José Martí en Estados Unidos, o del mismo Fidel Castro en su búsqueda insaciable de dólares en México, Costa Rica y Venezuela, entonces no para propaganda anti-gubernamental sino para comprar armas y entrenar ejércitos y, en definitiva, imponer la violencia de por vida en nuestra sociedad.

La nueva forma de expresión de esta campaña, que se convierte en un sutil plagio de los métodos del gobierno de La Habana, está liderada por AP y el New York Times. Hay muchos otros “tontos útiles”, pero no tienen tanto eco. El castrismo, desde la época de la Sierra Maestra y los malos montajes de Hebert Matthews, siempre ha sido una cadena de golpes de efecto sensibleros en la opinión pública —impúdica— norteamericana.

Es obvio que el mensaje de estos medios hegemónicos no puede ser tan burdo como el de la dictadura de La Habana, por lo que llevan entre líneas un matiz más potente en su persuasión al buen capitalista del norte: “El aporte de fondos de USAID y otras organizaciones para el avance de la democracia en Cuba, lejos de lograr sus objetivos, es contraproducente y no funciona”.

Este mensaje es de sobra conocido. Es el mismo argumento que se emplea con impunidad para pedir el levantamiento del embargo: “El embargo no funciona y por eso hay que levantarlo de inmediato y sin condiciones”.

Bien, gracias en nombre de los pueblos cubano y norteamericano, pero… El problema está en que para poder defender el argumento de la ineficacia se necesitan pruebas firmes, no opiniones. Y las más sólidas se logran comparando los objetivos iniciales de un programa y sus resultados finales.  Y aquí es donde se les pone la cosa difícil porque, para que un medio de información serio pueda decir que un proyecto fue “amateur y profundamente fallido”, no solo se necesita tener acceso a un grupo de documentos fríos y ya obsoletos, como AP ha hecho, sino hacer un trabajo de investigación donde se tenga acceso a todas o la mayor de las partes implicadas, incluyendo el pueblo cubano.

Como se ha conocido por las respuestas de algunas de las partes implicadas a la última cruzada de AP, todo parece indicar que se ha mentido o se han fabricado resultados para poder calificar a estos programas de USAID como “profundamente fallidos”.

Según su entrevista en el periódico El Nuevo Herald, Aldo Rodríguez, líder del grupo Los Aldeanos, no recibió un centavo de USAID ni compuso sus canciones a petición de esta agencia ni recibió una laptop de fuerzas subversivas extranjeras, tres aseveraciones de la nota “objetiva” de AP.

Estas campañas de AP, en simbiosis con el gobierno de Cuba, para demonizar la recaudación de fondos hacia los proyectos pro-derechos humanos en la Isla, tienen alcance mediático precisamente porque el público nacional es una audiencia cautiva bajo el monopolio del Estado, y también porque no es común que los cubanos hagamos recaudaciones públicas, como sucede en cualquier país democrático del mundo.

En los países en que existen elecciones e instituciones libres se han creado reglas, normas y hasta se gradúan especialistas en cómo recaudar fondos de forma rápida y eficaz para las campañas políticas y la propagación de las ideas. Esta es hoy una asignatura pendiente para los demócratas cubanos y cualquier actor social que no quiera someterse al dictum despótico gubernamental.

Sería de mucha utilidad para nuestra sociedad civil, dentro y fuera de Cuba, que hiciéramos entre todos una especie de manual sobre cómo recaudar fondos de manera legal y eficiente para apoyar a los proyectos alternativos en la Isla. De esta forma seremos los propios cubanos los que juzguemos qué iniciativas ciudadanas han tenido éxito y cuáles no tanto, según aprendamos de los resultados para mejorar dichos métodos de recaudar, distribuir y utilizar fondos para la democracia de Cuba. El fin amerita los medios.

La solvencia en Cuba siempre fue penalizada por el castrismo. Solo un  pueblo paupérrimo es esclavizable. Al inicio, fue con el odio ideológico de clases. Hoy, en las postrimerías, es con la paranoia de una conspiración extranjera (a pesar de que La Habana ha recibido por igual tanto fondos de la ONU como del régimen criminal de Gaddafi). En tanto pueblo, acaso sea la hora de comportarnos menos como víctimas clandestinas y más como sujetos modernos en una economía global, trasparente en sus cuentas y convencida de la legitimidad de su vocación anti-totalitaria, más allá de las leyes castristas y las campañas mediáticas que lo apuntalan. 

Enredados con las reformas raulistas de mentiritas, los cubanos no debiéramos perder de nuestro foco a un Fidel no por fósil menos funesto. A pesar del patetismo de la AP y el NYT, nuestra redención radical sigue pasando por esta contra-consigna: “dentro de la dictadura, nada; contra la dictadura, todo”.

El 30 a las 3pm todos a la Plaza de la Revolucion #YoTambienExijo

jueves, 25 de diciembre de 2014

Fideless


ÚLTIMAS NAVIDADES CON FIDEL CASTRO
Orlando Luis Pardo Lazo

Diciembre es un mes triste, precioso, de luz azul y silencio soñador. En este mes nací yo. Y en este mes, de un año no tan lejano como ahora parece, regresaré a Cuba con un Premio Nobel de Literatura, el primero de los Nóbeles cubanos, el que restregaré en la cara de la dictadura que todavía tendremos en Cuba para esa fecha, y cuyo monto en metálico usaré hasta arruinarme en arrimar un poco la llegada de nuestra libertad.

Diciembre termina apenas comienza. Es un mes atemporal, acronológico, casi ucrónico, fuera del almanaque, al borde de ese misterio que es el cambio de año.

Somos otros y morimos a pedazos en cada diciembre. De hecho, casi nunca llegamos todos los que empezamos cada año. Los que nos reunimos ahora en este mes no sabemos si llegaremos al próximo mes dentro de un año. La muerte va cosechando a los mejores entre nosotros. Cada diciembre vamos quedando menos y menos cubanos. Los sobrevivientes somos los peores, somos los desechados hasta por los dioses.

Estas Navidades de 2014 son también nuestras primeras Morbilidades sin el dictador, que se nos murió sin enfrentar jamás la justicia. Fallecido Fidel (1926-2014), ya todo parece fácil, expedito, innecesario. La Revolución fue una pesadilla de unos pocos millones. La memoria se renueva a velocidad vertiginosa. En un ratico, los nuevos cubanos no sabrán ni deletrear el innombrable nombre de Fidel Castro, que en unos meses resonará apenas en la asignatura Prehistoria de la Nación, absorbido por la virtud de apatía y amnesia de las nuevas generaciones.

La muerte del hegémono nos ha sorprendido a todos. No se despidió el muy pendejo, como mismo no anunció su entrada sino que la impuso a golpes de muerte, mentira y maldad. Fidel Castro se ha ido para siempre de nuestro pueblo y nos ha dejado incrédulos, desconfiados, al punto de que preferimos no prestar atención a este hito histórico. Todavía no nos creemos que estamos solos, sin el déspota delirante. No lo creeremos tampoco cuando su hermano Raúl Castro nos lo anuncie, rodeado de su octogeniosa élite militar, acaso el 28 de enero de 2015, para hacer coincidir la muerte de Fidel con el nacimiento de José Martí.

Pero hoy vuelve a ser Navidad. Una parte del país perdido reconcentra lo mejor de su espíritu en esta fecha. La esperanza deja de ser una enfermedad congénita y la luz azul del niño dios entibia nuestros hogares-pesebres, haciéndolos menos pésimos, haciéndonos menos perversos en tanto ceros humanos que aspiramos a seres humanos, tras más de medio siglo o medio milenio de matarnos multitudinariamente por nada.

Vuelve a ser Navidad, hermanos y hermanas del alma, y en el 2015 brillarán las palabras que hace siglos debieron ser pronunciadas entre cubanos, pero que han permanecido sepultadas por la ristra de tiranos que ha traído nuestra innecesaria independencia. Acaso sea la época de aproximarnos más a la civilización de los cosmopolitas libres y alejarnos de la barbarie esclavoamericana.

Es Navidad y yo os amo.

martes, 23 de diciembre de 2014

Orlando Luis Pardo: Cuba In Splinters

Orlando Luis Pardo: sin miedo, por Cuba

#PLEBISCITOYA NO SÓLO PARA CUBA, SINO PARA LOS CUBANOS



El presidente norteamericano Barack Obama decide por los cubanos. Su Santidad el papa Francisco decide por los cubanos. El general de ejército Raúl Castro decide por los cubanos. Todos, menos los cubanos, deciden por los cubanos.

Tras más de seis décadas sin consultarse la voluntad popular en elecciones libres y plurales, es hora de que Cuba decida por Cuba, con todos y para el bien de todos. Es hora de que por fin los cubanos decidan por los cubanos.

Cualquier solidaridad internacional será inútil si los cubanos no cuentan. Cualquier disidencia y oposición nacional carecerá de marco legal mientras no sea refrendada por los cubanos. No hay gobierno con legitimidad sin participación efectiva de los gobernados. Ningún consenso será creíble mientras Cuba no decida por Cuba.

A vivir en libertad se aprende en el ejercicio pleno de la libertad. El presidente norteamericano y Su Santidad y el general de ejército cubano y todas las autoridades de buena fe en el mundo están invitados no a decidir, pero sí a acompañar a los cubanos en esta decisión, en una coyuntura histórica donde se define el tránsito del totalitarismo hacia una sociedad abierta o hacia otro régimen de control.

El reclamo de un plebiscito nacional ya está en marcha. Que nadie hable por el pueblo cubano. Apoya al pueblo cubano para que recupere su voz.