martes, 13 de enero de 2015

Alan GGross



El silencio de Alan Gross
Orlando Luis Pardo Lazo


Vivimos no en la civilización de lo mediático, sino de lo mediocre. Y de ahí sin transición habitamos en lo miserable.

Los cubanos necesitamos desesperadamente testigos de nuestra tragedia. A falta de políticos en la isla, ciframos nuestras esperanzas en cualquier voz de la alteridad: blogueros, músicos, grafiteros, performers, etc.

Recién ha sido liberado un supuesto rehén norteamericano. Alan Gross cumplió su rol en el teatro demócrata-totalitario de la legitimación de la dictadura castrista. Ya es libre, pero aún sigue en el laberinto de sus abogados y de la indemnización de seis cifras con que lo han invitado a recuperarse y callar. En Estados Unidos ni por un instante dejará de ser un rehén real.

Los cubanos preguntamos entonces por qué no nos habla Alan Gross. ¿No siente vergüenza de su irresponsabilidad para con nuestra nación? No ha pedido disculpas, si es que se consideraba culpable. Ni ha acusado a sus verdugos de verde olivo que, según él, lo pusieron al borde del suicidio y le robaron cinco años de vida, de los tal vez menos que disfrutará ahora en libertad.

Alan Gross era otra de nuestras esperanzas estériles para evidenciar la crueldad criminal que pende sobre cada cubano. Pero ha salido, además de con la mirada desquiciada, dispuesto a no mojar ni con una gota de saliva a la Revolución. Él es el sexto héroe de esta comedia cómplice de trueques y trucajes. Y no tiene ningún problema con el G-2.

Así se perpetúa la impunidad del régimen cincuentenario impuesto a Cuba por una gerontocracia y por millones de norteamericanos y pronto por los millones de los norteamericanos. Excepto por los cubanos —incluidos los agentes de influencia y los espías y ambos—, en América se ama al socialismo. Eso es estadística consumada. Y el mes de mudez de Alan Gross es uno de sus síntomas más sensacionales.

¿Por qué calla y qué calla nuestro contratista de la USAID en La Habana? ¿Cómo fue su juicio a puertas cerradas? ¿Lo torturaron de hecho y de palabra? ¿Cómo son por dentro los edificios represivos donde lo desaparecieron hasta de su biografía? ¿Con quién hablaba Alan Gross en Cuba y qué conocía del mundo mientras duró su cadalso en tiempo irreal? ¿En Cuba lo amenazaron de muerte a él o a su familia si no cooperaba? Y, en Estados Unidos, ¿cuál es el muro de contención para también traicionarnos, salvando al mismo régimen que lo destruyó?

La maquinaria moledora de carne no cesará ni cuando caiga el castrismo. No hay justicia que pueda contra tanta violencia y vileza que nos inculcaron entre el paternalismo y el pánico. El mundo nunca se espantará de los Castros como nosotros, sus ejecutores que a su vez seremos ejecutados. En el pueblo hay demasiados Alan Gross.










2 comentarios:

Anónimo dijo...

Knight ot a thousand stars, por desgracia y verguenza ajena,esa realidad que describes, nos escupe la cara a diario. Yo lo supe hace tiempo. Y si, mi Landy guerrero, la infinita soledad es nuestro signo.

Anónimo dijo...

Orlando, Alan Gross habló lo necesario. Que mas esperas? El problema cubano es nuestro. El suyo fue haber sido de alguna forma estafado y por eso pide indemnisacion. Creo que es lo justo. Es triste que trates de responsabilizarlo por no decir lo que nostros, incluido tú hasta hace no mucho, no nos atrevimos a decir.
O me vas a decir que eres un heroe de cuna?