lunes, 5 de enero de 2015

SIN CUBA



¿Cuándo desaparecimos en tanto nación? ¿Cuándo Cuba dejó de serlo? ¿O tal vez nunca del todo lo fue?

Las naciones son inventos humanos, impulsos de nuestra imaginación histórica. Cuba fue el cuento que los cubanos nos hicimos a nosotros mismos. Un cuento crónico y, por lo tanto, increíblemente creíble.

De demócratas nunca tuvimos nada. Los grandes hitos de la República no son más que grandes estafas, tretas del comunismo planetario para ganar tiempo y corromper los restos del tejido social en nuestro país.

Las balas, los billetes, el vivo que vive del bobo, cualquier cosa vale más en Cuba que las boletas. Somos demagógicos compulsivos, aunque hayamos tenido santos y sabios y virtud. Pero nos faltaba el fascismo, esa experiencia a la que Cuba se hubiera sumado con entusiasmo de no haber sido abortada por la Revolución de izquierda de 1933. Hubo que esperar entonces hasta 1959 para poder consumar nuestra tara totalitaria congénita: un fascismo de derecha con narrativa popular.

Ahora se nos ha muerto Fidel Castro. Su despojos ya han sido cremados antes de ser presentados en público. Y sus cenizas serán dispersadas desde el Río Bravo hasta la Patagonia, asegurando de paso que no sean vandalizadas en venganza o como amuleto maléfico. Escribir sin Fidel en el mundo y saberlo, es para mí una experiencia límite, visionaria, algo a lo que millones de cubanos ya no pensábamos sobrevivir.

El 28 de enero o el 24 de febrero o el 17 de abril: el anuncio liberador de que nunca más los cubanos oiremos la voz telenovelesca de Fidel Castro tiene aterrado al régimen de su hermano ilegítimo Raúl. Como todos los asesinos, el castrismo es un estado de cobardía en medio de su insultante impunidad. Las familias se reacomodan. Saben que la sangre es la salida. Y están asegurándose que no sea la de ellos la que tenga que correr. En este sentido, han propiciado un pacifismo pacato de oposición que los perpetuará en el poder.

Es probable que jamás se anuncie que el Comandante en Jefe es cadáver. Y que ese silencio insolente sea estirado hasta el fin de los tiempos por las autoridades de la Isla como única fuente de gobernabilidad. Los periódicos de Norteamérica también están actualizando sus notas necrológicas de diez y quince años atrás. Pero será el texto menos leído del mundo, el más inactual. Porque los cubanos nos hemos adelantado al mundo en ese oficio de dejar atrás la impronta de Fidel Castro, a la par que en nuestro corazón cada uno ha devenido un decrépito dictador, hasta sumar millones de fidelcastros en miniatura no menos mortífera que el original.

¿Cuándo desapareció la nación? ¿Cuándo Cuba dejó de ser Cuba? ¿O tal vez nunca del todo lo dejará de ser?

Sólo sabemos que, en tanto cubanos, tenemos que alejarnos al máximo de los cubanos. Somos un universo en expansión, nos repelemos. La cercanía de lo propio saca lo peor del pueblo. La Isla no es reforestable. El desierto del alma hizo desierto al paisaje. Yo vengo de allí: puedo jurarles que hoy ninguno de ustedes sobreviviría ni a medio día de habanidad. Y mañana será mucho peor.

Perderse es hermoso. La memoria amnésica es hermosa. Lo que amamos y lo que nos amaron, emigró con nosotros. Seamos dignos de ese amor que no se repetirá. Seamos otros en las vidas de otras naciones. Y, en algunas madrugadas de luna universal, dejemos que ese amor o amargor nos asesine del todo, con suerte antes que el asesino estatal de turno.

Cuba nunca será libre. Los cubanos puede que todavía sí.

2 comentarios:

Dmis dijo...

Landy... hoy tu poesía se hizo tierra firme, tierra fluctuante a la deriva de una isla, que acaso voy olvidando, por sobrevivir a mi propio mártir. Yo también soñé en ser héroe. Me lo enseñaron como a ti en la primaria. Hoy tu crónica me hace historia, más incluso que aquellos libros que leímos, y entiendo en la piel, el arraigo del emigrante, del cubano que no quiere ser cubano. Como apátrida me declaro inocente, porque también alimento una esperanza de tener un país menos mío, más de cada uno, decidido o desapegado. Hoy tu texto me dio la mano, se la dio a la nostalgia que no tengo de las esquinas, a la nostalgia que tengo de mi otros amigos clandestinos de otras naciones, a lo que se han adaptado a otro planeta. Gracias mi hermano!

Anónimo dijo...

La roboilusion reboso la copa de tanta manipulacion.
Los cubanos estan hartos de deberes, de martires, de homenajes, memorias, colas, miseria y de lo inconvenientemente correcto.
Dejo de haber una muerte magica, esa que debia marcar el amanecer.