miércoles, 3 de junio de 2015

FIDELOMA





F con F, Fidel
Orlando Luis Pardo Lazo

Dame la F.

La única literatura del castrismo que sobrevivirá al castrismo es la literatura anti-castrista. Parece un trabalenguas, pero es algo peor.

En efecto, en Cuba no se publica nada en serio sobre Fidel. No circulan sus fotos ni información documental. Apenas se repiten las viejas poses icónicas en cada aniversario o cumpleaños: dos fechas que ya se confunden a fuerza de efemérides y eufemismos.

Dame la I.

El oficialismo está tomando distancia de Fidel. Y aún más, están traicionando a Fidel cada vez que lo exhiben en público como una momia, con sus manos de melanoma, su sombrero de yarey, sus ojos de ídolo ya ido, y su voz de ultratumba que ya no asusta ni a los bebés, a la hora de darles la papita o ponerlos a mimir.

En este teatro de títeres sin titiritero, en esta Cuba decrépita del día a día, es como si Fidel fuera un dictador, digamos, del Cuerno Africano. O del Cono Sur. Un Videla con su piyamita Adidas y una corona criminal de moringa. O un Pinochet en su clínica anglófona, intraducible en sus bisbiseos de viejo milico (como su argot de guerrillero hecho un guiñapo es ya intraducible, la TV cubana le impone subtítulos en español a Fidel: apócrifos, en su mayoría). O un Arafat tropicalosamente marica (como lo soñó el suicida Reinaldo Arenas). Porque, aunque nadie se atreva a pronunciarlo, su hermano Raúl Castro cada vez luce más macho en público, mientras Fidel se nos mariconea entre pioneritos y espías.

Dame la D.

La arqueología no se da bien en nuestra Isla. La ingravidez, sí. En el Archipiélago Cubag el ambiente es muy blando bajo la demasiada luz, la memoria se blanquea a la primera oportunidad y tras el último horror. Por eso Fidel flota tan fácil. Todo lo socialista se desvanece en el aire. El futuro será fósilmente feliz, después de decadentes décadas de Fidelidad. En tanto zombis de un país-páramo-patíbulo, ahora corroemos a ese fantasma entre afeminado y fascistoide del Compañero Fidel.

El legado de toda gerontocracia es ese: desvalijarnos del derecho de un cadáver donde escupir. Nuestro Matusalén marxista no terminará mancillado como Mussolini, sino canonizado por la tétrica Trinidad de un Big Mac en la punta del Pico Turquino, y un Mall martiano en el lobby de la Plaza de la Revolución y, el Comité Central del Partido Comunista en el pent-house de la Torre de la Libertad (Miami como una Habana del Norte mucho más castrista que la original).

No sólo no hay justicia en la Cuba de la auto-transición de la dictadura a la dictacracia, sino que tampoco habrá ni injusticia. El desierto atenaza a los cubanos, y únicamente Disneylandia puede redimirnos de semejante tragedia. Desde mucho antes del capitalismo —si es que hubo un “antes” del capitalismo—, a nuestro pueblo le encantan los muñequitos (como lo soñó el suicida Guillermo Rosales). Por eso nuestra historia es una historieta. Carecemos crónicamente de biografía: en nuestro pueblo no hubo ni un solo Camilo, pero sobran millones de Elpidio Valdés. El castrismo como un cómic incorruptible.

Dame la E.

Ah, ¡que Fidel escape cuando ya había alcanzado su definición mejor…! Pero, precisamente para canonizar las dos tibias y la calavera de nuestro tirano, ahí están los académicos norteamericanos, esos gurús gays que a golpe de grants han creado y consagrado al Ur-castrismo más homofóbico. Nada es como un macho sabroso en clave de sadoculturalismo: en una mano el cañón de la AKM, en la otra el pocket-book de la última constitución comunista.

Semejante ejército de ensayistas no está solo en esta epopeya. Paradójicamente, en las bibliotecas de exilio y medio, en las ONG “terroristas” de la capital del Imperialismo yanqui y en las fundaciones “mafiosas” del Miami de “línea dura” más “radical”, en los anaqueles de la “derecha reaccionaria” cubana, allí, fulgurante como un alef maléfico o apencado como un vulgar guayabito, allí se incuba por los siglos de los siglos hasta el fin de los tiempos, la imagen magnetizante de Fidel. No hay ícono mejor representado por el exilio cubano. Nadie representa más a los exiliados que Él.

Dame la L.

Entonces, hasta la reconciliación de los cubanos será gracias a ese Fidel en sí, a su réquiem en Rev Mayor, donde el cardenal católico Jaime Ortega podría bendecir guardaespaldas en Su misa de capilla ardiente, mientras la nación reza el Cubansummatum-est del Sermón de la Sierra Maestra.

Dame la F. Dame la I. Dame la D. Dame la E. Dame la L. ¡¿Qué dice…?!

Dice eso mismo: F, I, D, E, L. Cinco letras sin conexión entre sí. Pero sin las cuales Cuba y su carroñita de cubanos sin Castro no sabríamos cómo sobremorir al Funeral en Jefe de nuestro Fidel O´Akbar.


Améen.